¿Qué les pasa a las “nuevas” masculinidades con las feminidades travestis y trans?

Hasta ahora no escuché a ningún varón cishetero reconocer sus deseos por feminidades travestis y trans, a certezas de que existe.

En tiempos en donde un virus amenaza y se sigue cuestionando todo, la presencia del debate sobre las masculinidades, la creación de talleres, capacitaciones y diferentes formatos reflexivos sobre la temática se está haciendo más fuerte.

Estas propuestas en su mayoría están impulsadas desde los feminismos, pero más aun desde quienes fueron sociabilizades como masculinidades y fugan hacia otras identidades disidentes.

En los espacios donde fui invitada a participar, la incomodidad de las masculinidades parecería ser un buen augurio. Se reclama fervientemente “desaprender” la pedagogía masculinista hegemónica que perpetua prácticas patriarcales y machistas, que son sin eufemismos violencias concretas. Se habla de “nuevas masculinidades” como proceso de reaprendizaje y reconocimiento de privilegios socioculturales, políticos, económicos, erótico-vinculares  frente a las identidades feminizadas y de nuevo la incomodidad, la voz quebradiza del hablante que se reconoce parte.

La propuesta es limitada: reconocer no salva vidas. A su vez el corrimiento al reconocimiento como primera instancia es necesario, la neutralidad de señalar a otro varón que los lleva a decir “no todos somos…” irrita, pero también es parte. Pero tomar la posta y accionar en pos de la erradicación de las violencias machistas sigue siendo todo un desafío.

¡Organícense! Les gritamos muchas veces cual madres retando a sus hijxs. Esa organización aun es oratoria y acongojada. La falta de acción política es un hecho a contrapelo de los años de lucha de las feminidades.

Reconocer el deseo por una feminidad trans

El límite del reconocimiento de las violencias sigue estando dentro del sistema heterocis. Hasta ahora no escuché a ningún varón cishetero reconocer sus deseos por feminidades travestis y trans, a certezas de que existe y que inclusive luego de una propuesta reflexiva en algún espacio (cual fuera) inmediatamente después te comiencen a seguir en Instagram y a likearte compulsivamente. De eso no se habla.

Pueden reconocer actitudes machistas en lo social, en vínculos con sus parejas mujeres cis, entre mismas masculinidades, pero reconocer deseos o practicas violentas hacia travestis-trans sigue quedando en “stand by”. ¿Puede que porque no existan? Lo dudo. ¿Puede que sea porque los privilegios tienen niveles de reconocimiento permitidos y aceptables? Puede ser.

Hasta dónde llega el amor deconstruido

Quienes nos vinculamos sexoafectivamente con masculinidades cishetero sabemos hasta donde llega “el amor”.  Estos varones suelen ser muy reservados con su vida privada. Aun diciéndonos que nos quieren (o nos aman), atreverse a decirle a su familia, amigos, o sociabilizarse junto con nosotras es en la mayoría de los casos un proceso concreto de pérdida de privilegios, entre ellos afectos.

Además se suma la mirada sospechosa a su propia masculinidad, a un rol sexual,  de acuse y el recibo de cuestionamientos por parte de sus pares y mujeres cis en sus entornos que sepan que se vinculan con una de nosotras.

Cuando pregunto a una mujer cis: ¿qué harías si tu pareja-compañero desea a una travesti-trans? suelen responderme: se termina todo: ya no le puedo dar yo lo que necesita.

El entramado de la lengua cis-sexista explicita y evidencia con múltiples tesituras que ante la existencia de un vínculo con nosotras “el varón en cuestión” pierde “capital erótico” para satisfacerlas. En otras palabras ¿qué podemos brindarles nosotras que ustedes no? ¿Acaso la sustentabilidad de un vinculo sigue quedando reducida a una genitalidad? ¿A un deseo inamovible? ¿Acaso esa inflexibilidad se puede desprender de violencias machistas?

La clandestinidad es precariedad y deriva en violencia

Necesitamos que la clandestinidad no siga siendo la única opción por ser identidades que ponemos el cuerpo a un género que se agencia de forma disidente.

Necesitamos que lxs compañerxs reflexionen y lleven a sus espacios debates por fuera de las cis-heteronorma.

Necesitamos que las mujeres cis brinden el espacio (y el cobijo) ante la existencia de otros placeres.

Necesitamos más aun que los varones cis transiten procesos de reaprendizaje, que los horizontes disidentes que reconozcan como posibles dejen de ser agentes reproductivos de violencias machista. Necesitamos que sepan que existe la posibilidad de ser ellos mismos con una de nosotras y de no morir (ni matar) en el intento

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