Por qué existe una contramarcha del orgullo LGBT

"Con genocidio no hay orgullo" es la consigna para esta nueva contramarcha que se realizará en la Ciudad de Méxicos. Las acciones en otros países de América latina.

CIUDAD DE MÉXICO, México. Activistas y colectivos de la diversidad confluirán en una nueva Contramarcha LGBT el sábado 27. Las contramarchas emergen como espacios de resistencia, memoria y reclamos políticos. Este modelo de protesta busca recuperar el sentido original de la revuelta de Stonewall, cuestionando la cooptación de identidades LGBT+ que hacen los Estados y las marcas. 

Durante junio, en México las contramarchas se realizan en la Ciudad de México y otros estados con demandas particulares atravesadas por sus contextos. A inicios de junio se realizaron en Guadalajara, Mérida, Oaxaca. Las próximas serán el 28 de junio en Monterrey, y también en Costa Rica, Chile y Bogotá.

A diferencia de los comités que organizan las marchas del orgullo de la mano del Estado, frecuentemente señalados por opacidad y por la venta de espacios para automóviles alegóricos, las contramarchas se basan en la horizontalidad y la autonomía de colectivos y activistas independientes. 

¿Qué es una contramarcha?

La contramarcha  es una apuesta por politizar las sexualidades y los afectos. En la Ciudad de México, su origen se encuentra en el Bloque Rosa, un grupo de personas disidentes organizadas desde 2013. Ya en ese entonces, buscaban insertar las necesidades de la diversidad sexual en las discusiones de otras luchas sociales como la crisis de derechos humanos por la militarización, la reforma laboral y educativa de ese año. 

Emmal Álvarez es activista y ha participado en estos procesos desde sus inicios. Explica que en 2014, ante la creación de la Comisión de la Familia en el Senado, impulsada principalmente por el Partido Acción Nacional (PAN) que buscó desde promover el concepto tradicional de la familia y ser un contrapeso a las iniciativas de legalización del aborto, nace esta respuesta colectiva de organizarse y plantarse en contra de las decisiones legislativas que intentaban poner en riesgo el avance de los derechos humanos de las mujeres y personas LGBT+.

“El orgullo en su inicio pues era disidente, pero también poco a poco fue cooptado”, señala Emmal. Se refiere cómo los procesos de pinkwashing se acrecentaron en las marchas del pride y con ello se desplazó el sentido de protesta.  

El punto de inflexión ocurrió en 2016, cuando más de trece colectivos detuvieron el avance de la marcha del orgullo para protestar contra la participación de embajadas y empresas transnacionales

“Ese año marcharon por primera vez las embajadas de Estados Unidos, Israel, Dinamarca, Reino Unido, Francia, Noruega y también muchísimas empresas transnacionales. Detener por unos minutos el orgullo fue todo un reto porque sabemos que en la marcha van miles y miles de personas. Creo que eso marcó un antes y un después en lo que significa el orgullo, porque era también un mensaje a los países occidentales y coloniales que te muestran esta cara como LGBT friendly... Pero simplemente es una máscara del capitalismo y del imperialismo”, explica Emmal. 

Para las disidencias, la presencia de países como Estados Unidos o Israel en el pride es una estrategia de pinkwashing. Es decir, el uso de la diversidad sexual para limpiar la imagen de gobiernos con políticas imperialistas y antiderechos.

La respuesta a la asimilación: el caso en Monterrey

Fuera de la capital, la contramarcha adquiere otros matices. En Monterrey, la organización disidente se enfrenta no solo al mercado y la idea de progreso que está más asentada en este estado fronterizo, sino a una cultura política conservadora que replica ideas políticas del gobierno de ultraderecha de Estados Unidos. 

Un integrante del Frente Kuir de Monterrey, explica en entrevista que “la contramarcha nace de la furia por no ser utilizados por partidos políticos y empresas. Acá hemos empezado a cuestionar por qué la comunidad celebra hitos que no transforman la realidad de las personas más vulnerables. ¿Por qué deberíamos estar orgulloses de que un funcionario público sea gay? ¿por qué eso debería ser importante para mí, si este funcionario luego va y niega que hay una crisis de desapariciones en mi país?”.

Para las colectivas en Nuevo León, el orgullo organizado de la mano de los gobiernos “se ha convertido en un aliado del discurso de ‘orden y progreso’” que históricamente han manejado los gobiernos de este estado del país y que ignora problemáticas estructurales como la crisis del agua o la militarización de la policía estatal. Y recientemente la discusión en el Congreso sobre la tipificación de los transfemincidios que diputades buscan desechar.

¿Cómo se organizan?

En Monterrey el proceso inicia meses antes a través de un comité donde participan colectivas LGBT+ pero también de lucha estudiantil, movimientos populares y grupos anarquistas o comunistas. De manera horizontal se definen rutas, horarios, actividades y roles estratégicos como la seguridad.

En la Ciudad de México, desde 2024 se ha consolidado una coalición de diversas colectividades y activismos independientes bajo consignas específicas que vinculan las demandas coyunturales a nivel local y la solidaridad internacional como lo es posicionarse contra los genocidios en el mundo.

¿Para qué sirve una contramarcha? 

En los últimos años, la contramarcha ha servido para romper la burbuja de la diversidad sexual y conectarla con otras luchas sociales. El lema «no hay orgullo en genocidio” se ha vuelto central, especialmente en solidaridad con Palestina. Emmal destaca que esta narrativa desenmascara a los estados que utilizan lo LGBT+ para justificar graves violaciones a derechos humanos.

A nivel nacional, la contramarcha abraza demandas que el pride organizado por el Estado con participación corporativa, ignoran:

Desapariciones forzadas: Se integran familiares de víctimas, recordando que la violencia del Estado y el crimen organizado atraviesa a todos los cuerpos.

Derechos laborales: La exigencia de la reforma para la jornada de 40 horas y mejores condiciones de trabajo es un eje principal.

Gentrificación, despojo, limpieza social y megaproyectos: En Monterrey, Guadalajara CDMX, se denuncia el impacto del mundial de la FIFA y cómo los proyectos de las ciudades encarecen la vida de las personas residentes.

Entre otras cosas, también marchan contra los crímenes de odio, transfeminicidios y feminicidios, el colonialismo, el sionismo, el racismo y la militarización.

“Una contramarcha nos recuerda que las personas de la diversidad sexual no estamos en una burbuja. También nos afecta la explotación laboral, las desapariciones forzadas, la guerra contra el narco, la militarización”, agrega Emmal.

Alternativa frente al avance del fascismo

En un contexto global de ascenso de la ultraderecha, con figuras como Donald Trump, Javier Milei o Nayib Bukele, las contramarchas se posicionan como una opción necesaria contra los discursos de odio, políticas transodiantes y el retroceso de derechos.

“Definitivamente hay un avance de las extremas derechas real, con políticas muy explícitas y un descaro muy fuerte en toda esta violencia. Y en México quizá no es tan visible por este gobierno supuestamente de izquierda, pero sí hay grupos disputando el poder que en el futuro podrían crecer”, advierte Emmal. 

Desde la experiencia en el norte del país, el integrante de Frente Kuir agrega que “no se puede confiar en que las instituciones o los líderes políticos sean el escudo definitivo. Ante la alza del fascismo pues hay que organizarnos… la contramarcha no es solo una caminata diferente, es un recordatorio de que el orgullo será político o no será, y que la libertad solo se construye desde el fondo de la sociedad, de manera colectiva y horizontal”.

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