Piden justicia por Camila, trans asesinada tras ser deportada de EEUU

Hasta hace tres días Virginia y Paola eran completamente desconocidas una de la otra, pero ahora tienen un mismo objetivo, denunciar y esclarecer el asesinato de su amiga en común: Camila.

26 de febrero de 2019

Hasta hace tres días Virginia y Paola eran completamente desconocidas una de la otra, pero ahora tienen un mismo objetivo, denunciar y esclarecer el asesinato de su amiga en común: Camila, una chica trans que migró a Estados Unidos en 2017 por amenazas de pandillas y fue asesinada tras ser obligada a volver a su país.

Por Paula Rosales, desde El Salvador 

El último recuerdo que Virginia Flores tiene de su amiga Camila Díaz Córdova es un mensaje de voz que le envió la noche del 30 de enero, horas antes de que desapareciera sin dejar rastro. La falta de trabajo, las amenazas de las pandillas y la discriminación social fueron la causa para que Camila decidiera emigrar hacia Estados Unidos en 2017. Por su propia voluntad se entregó a las autoridades para solicitar su asilo. Pero fue deportada.

Flores, una mujer trans de 36 años, se aferra con impotencia a la voz de Camila. En las notas de audio, ella le explicaba que estaba siendo amenazada por otra mujer trans con quien compartía el ejercicio del trabajo sexual en la 29 calle Poniente, una concurrida arteria de San Salvador llena de bares, restaurantes y clubes nudistas.

“Estos días yo ni tranquila me he sentido. Yo sé con quienes se lleva esa niña (pandilleros), ella sabe que uno callado se debe quedar porque sabe con quién lo hace (amenazas)”, se escucha en el último audio de Camila, enviado a su amiga cercana.

Camila desapareció el 30 de enero y la arrojaron en una zona lejos de donde ella solía moverse para ofrecer sus servicios. El inusual silencio y la no llegada a casa, hicieron que Virginia se preocupara por la suerte de su amiga, con quien había compartido los últimos 12 años.

Llamó en reiteradas ocasiones a su teléfono, pero nunca le contestó. Por esa razón, decidió comenzar a buscar y preguntar en diferentes lugares. “Nosotras anduvimos preguntando por ella en todas partes y no dábamos con el paradero de ella”, dijo Virginia Flores a Presentes.

Finalmente, Virginia llegó a una delegación policial al oriente de la capital y los agentes le informaron que una unidad había trasladado a una persona con características similares a las que ella pedía razón al Hospital Nacional Rosales.

Camila falleció por los golpes

La policía había recibido una alerta de un hallazgo de un supuesto cadáver a un costado de una concurrida carretera, por lo que los oficiales se hicieron presentes al lugar para supervisar el caso, pero, muy pronto se dieron cuenta de que no se trataba de una persona asesinada, ya que aún tenía señales de vida, así que la llevaron al hospital.

En el hospital fue intervenida quirúrgicamente en tres ocasiones, debido a los múltiples golpes que le propinaron a Camila no resistió y falleció el 3 de febrero.

El caso de Camila fue reportado como “atropellamiento”, sin embargo, el examen de Medicina Legal, al que Presentes tuvo acceso, estableció como causa de muerte “Politraumatismo tipo contuso”.

“Cuando fui al hospital me dijeron que probablemente era atropellamiento y en la fiscalía nos dijo que era una golpiza que le habían dado a Camila”, dijo Virginia, quien presentó ante la Fiscalía una petición para que se investigue y esclarezca el caso.

Es la segunda vez que Virginia Flores sufre la muerte de una amiga cercana, en mayo de 2011, su compañera Mónica Cardoso Elizondo fue asesinada por las pandillas, llamadas “maras”.

Las pandillas hostigan

El Salvador tiene una tasa de 50,3 homicidios por cada 100.000 habitantes, una de las más altas del mundo. La mayoría de los crímenes son atribuidos a las pandillas que disputan a muerte el control de los territorios, a las ejecuciones extrajudiciales de la policía y militares y a la violencia común.

En 2018, las organizaciones a favor de los derechos de la comunidad trans, registraron un total 19 transfeminicidios en el país, mientras que en lo que va del año 2019 se reportan tres casos.

De acuerdo al informe “Esperando la muerte (2016-2017)”, elaborado por la Asociación Solidaria para Impulsar el Desarrollo Humano Arcoíris Trans (ASPIDH), la población LGBTI se encuentra en mayor condición de vulnerabilidad, debido a la discriminación, golpes, extorsiones, amenazas, desplazamiento y los casos más graves, los asesinatos.

“Los casos de crímenes motivados por odio contra las mujeres trans se caracterizan particularmente por sus altos niveles de violencia: los cuerpos de las víctimas presentan señales de tortura y vejación y algunas veces sus órganos genitales son lapidados y expuestos al público para evidenciar la transexualidad en la persona asesinada”, indica el documento.

Camila y Virginia tenían doce años de ser amigas. Vivieron juntas hasta que la pandilla del Barrio 18 amenazó a Virginia de no volver a su casa, le dijeron que no querían homosexuales en sus territorios. Las pandillas tienen una organización vertical de mando y son extremadamente machistas en sus leyes.

La falta de trabajo, las amenazas de las pandillas y la discriminación social fueron la causa para que Camila Díaz Córdova decidiera emigrar hacia Estados Unidos en 2017. Por su propia voluntad se entregó a las autoridades para solicitar su asilo.

Los tratos en la frontera de Estados Unidos

Paola Artiga es una mujer trans de 35 años. Recuerda que conoció a Camila en 2016 cuando ambas cruzaban los poblados de Tapachula, en México, durante su primer intento de cruzar la frontera que las llevara a los Estados Unidos.

Luego de un año de idas y vueltas entre México y El Salvador, de visitas a la basílica de Guadalupe en Ciudad de México, de trabajar en una maquila de ropa, de limpiar casas y de cuidar ancianos, Camila y Paola, decidieron intentar llegar hasta los Estados Unidos nuevamente en 2017.

Paola y Camila cruzaron el punto fronterizo que divide a México de Estados Unidos, se entregaron a las autoridades estadounidenses el 8 de agosto de 2017 y solicitaron el asilo humanitario.

Camila llevaba consigo las pruebas de las agresiones sufridas y las denuncias ante la policía que hacían constar las amenazas de las que huía.

Ambas estuvieron detenidas en San Diego durante tres meses en el centro CoreCivic o Corrections Corporation of America, que es una compañía que posee y administra prisiones privadas y centros de detención.

Las mujeres trans fueron recluidas junto a los hombres porque los agentes de seguridad le dijeron que no eran mujeres. Los únicos momentos que compartían en el centro de detención fue durante las comidas, en esos lapsos, Camila le comentaba que se sentía desesperada de vivir en ese frío lugar.

Camila le contó de los maltratos, burlas y hostigamiento por parte de los oficiales del centro y otros migrantes que se encontraban en su misma situación.

“Siempre nos vivían diciendo los oficiales y a veces la gente nos discriminaba, porque nos decían que nosotros éramos hombres que no éramos mujeres, que no podíamos estar con las mujeres porque no lo éramos”, expresó Paola.

Obligada a volver a su país

Paola contó que los oficiales migratorios presionaban a Camila para que firmara la orden de deportación, le dijo que habían días que no le daban de comer como método de presión para que accediera a refrendar el documento que la devolvería al país del que huía.

Camila cedió a la presión y finalmente firmó su deportación, pese a no entender el contenido del documento porque estaba escrito en el idioma inglés y los oficiales no previeron que fuera asistida por un traductor.

Camila regresó a El Salvador el 7 de noviembre de 2017. Dos días antes de su cumpleaños número 27. De acuerdo a la Dirección General de Migración y Extranjería de El Salvador, Estados Unidos deportó durante 2017 a 14.902 personas.

Una de ellas era Camila. Volvió a la dureza de las calles de San Salvador y fue asesinada un año y tres meses después de ser devuelta. Las amenazas en su contra se cumplieron el 30 de enero de 2019, el día que desapareció, fue golpeada y lanzada a la carretera en donde espero la muerte.

Paola llora al recordar que su compañera de viaje está muerta.

“No quiero ni recordar porque me ha dolido tanto el alma, yo la quería como una hermana, vivimos muchas cosas desde México hasta adentro (del centro de detención) que solo recordarla me hace mucho daño”, expresó Paola con lágrimas en sus ojos.

Ahora Virginia y Paola se han unido para exigir al Estado salvadoreño que investigue y castigue a quienes asesinaron a Camila.

Somos Presentes

Apostamos a un periodismo capaz de adentrarse en los territorios y la investigación exhaustiva, aliado a nuevas tecnologías y formatos narrativos. Queremos que lxs protagonistas, sus historias y sus luchas, estén presentes.

APOYANOS

Apoyanos

SEGUINOS

Estamos Presentes

Esta y otras historias no suelen estar en la agenda mediática. Entre todes podemos hacerlas presentes.

COMPARTIR

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

Publicar comentario