#Argentina: abrieron una peluquería para salir de la prostitución

Diez mujeres trans y migrantes planearon cómo salir de la situación de prostitución. Lo están logrando en la peluquería cooperativa Las Charapas, donde se reparten las horas para trabajar. Cuentan que achicaron gastos, pero que la vida les cambió. "Respiramos aire puro", aseguran.

30 de enero de 2017

Diez mujeres trans y migrantes planearon cómo salir de la situación de prostitución. Lo están logrando en la peluquería cooperativa Las Charapas, donde se reparten las horas para trabajar. Cuentan que achicaron gastos, pero que la vida les cambió. “Respiramos aire puro”, aseguran. El ritmo de la peluquería Las Charapas, el emprendimiento cooperativo que hace apenas un mes inauguraron 10 mujeres trans de La Plata, se desacopla del pueblo de siesta y chicharras en que se transforma la ciudad de las diagonales en enero. Adentro del local, ubicado en 18 entre 39 y 40, la Red 92 con su estridencia, le saca varios cuerpos al sonido de los secadores. En el salón, Celeste, Andrea y Ariana, se reparten las tareas de tintura y corte de tres clientas, mientras otra mujer y un hombre esperan ser atendidos. “Hace un mes que respiramos aire puro”, asegura Celeste Shuña Villacorta (29), peluquera y presidenta de la cooperativa. “Es una lucha más ganada”, se enorgullece.

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En rigor, los vientos de cambio empezaron a soplar mucho antes: tres años pasaron desde que nucleadas por Otrans Argentina, que reúne a mujeres trans y travestis de La Plata y CABA, empezaron a pensar cómo darle salida a la violencia y el desamparo en que las ponía la prostitución. “Esto no nació de un repollo”, explica Claudia Vázquez Haro, referente de Otrans y docente de la Facultad de Periodismo de La Plata.”Más allá de la discusión abolicionismo/reglamentarismo, nosotras consultamos con las compañeras qué harían si pudieran acceder a un trabajo digno y la mayoría aseguró que dejaría la calle”. Según el censo de Otrans, hay unas 350 mujeres trans en la zona de La Plata, y el 95 por ciento ejerce la prostitución. Al preguntarles si abandonarían el trabajo sexual si tuvieran acceso a un trabajo formal, el 75 por ciento respondió que sí. Celeste siempre trabajó en la calle. Desde que llegó a La Plata del oriente peruano, hace ya seis años. En su país de origen también lo hacía. “La vida es muy dura allá, no nos reconocen los derechos. Migramos por falta de políticas públicas, porque vivimos violentadas por la policía y por una cultura patriarcal y machista que no reconoce nuestra identidad de género”, se endurece.
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Ya en Argentina, si bien la violencia y la discriminación siguieron, el oxígeno llegó con el reconocimiento de su identidad femenina. “Gracias a la Presidenta”, subraya, para referirse al otorgamiento de su nuevo DNI, según establece la Ley 26.743 de identidad de género, sancionada en 2012 y promulgada por Cristina Fernández de Kirchner en mayo de ese año. Después, junto a sus compañeras de Otrans, empezaron a idear Las Charapas, peluquería y belleza integral, el emprendimiento que toma el nombre de las tortugas típicas de la selva peruana, de donde provienen la mayoría de las chicas, y que abrió sus puertas el 6 de diciembre.

En búsqueda de nuevos horizontes

Andrea Vargas (26) llegó al país en 2014, impulsada por las nuevas leyes, “porque las chicas trans acá somos aceptadas y reconocidas legalmente”, se alisa sus mechas verdes. En Perú ya había trabajado en peluquerías, pero cuando llegó repartía CVs en distintos locales sin suerte. No le quedó otra opción que salir a trabajar a la calle. Allí pasó distintas situaciones de violencia. Una que especialmente no olvida fue el intento de secuestro por parte de un cliente. “Íbamos en el auto y encaró sin decirme adónde como si me fuera a secuestrar”. Entonces lo amenazó con tirarle gas pimienta, que es con lo que muchas de ellas se defienden, y la dejó bajar. Para entonces, unas amigas la invitaron a las reuniones de Otrans, y empezó a militar. Así se sumó al proyecto que la sacó de la calle. “Desde que estoy en la pelu me siento más protegida. No más palizas, ni robos, ni contagiarse enfermedades. Acá vemos otro tipo de gente. Nos relacionamos con otras personas”, dice. Al igual que las otras, Andrea se mudó a una pensión para que la plata le alcance y poder sobrevivir. En la peluquería son 10 chicas, todas peruanas, que se reparten las horas para trabajar y hacen una jornada de 6 horas cada una. ¿La calidad de vida? Mejoró mucho, asegura. Tanto, que se ilusiona con el futuro: este año, sin ir más lejos, Andrea iniciará sus estudios en la Facultad de Periodismo.

Cambio de hábitos

“Nosotras armamos esto mientras trabajábamos en la calle”, se seca las manos Ariana Linares (24), apurada por continuar con los lavados. “Ahora la dejé, tuve que achicar gastos y mudarme a una pensión como todas”. En el camino, organizaron campeonatos de voley, vendieron comida, todo para poder abrir la peluquería que, a falta de que alguna inmobiliaria les alquilara el local, montaron en la casa de Vázquez Haro. “No me veo trabajando como peluquera toda la vida”, se envalentona esta morocha alta y de pelo brushinado que el mes próximo empezará a cursar Administración de empresas en Ciencias Económicas. “Con Las Charapas venimos a reafirmar nuestra posición frente a la prostitución, que entendemos no es un trabajo, porque es violento y hay una cosificación del cuerpo que puede ser usado y descartado”, destaca Vázquez Haro, y define: “la prostitución no es un trabajo y es el Estado el que tiene que generar políticas públicas para que las compañeras puedan acceder a condiciones de vida dignas y a un proyecto de vida”.
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Sin embargo, Celeste asegura que “el Estado nunca nos regaló nada. Nosotras nos pagamos los estudios de peluquería y manicuría trabajando en la calle, donde sufrimos la violencia policial y de alguna gente”. Vázquez Haro se entusiasma: “el emprendimiento les cambió la vida a las compañeras, ahora duermen de noche para trabajar de día, no están tan expuestas al consumo de alcohol y drogas, a los abusos de la policía. Esto ayuda a cambiar el prejuicio de asociar la prostitución con la identidad de género. Sus vidas recobran otro sentido y les permite proyectarse en algo que es totalmente opuesto a la prostitución, como resultado de un proceso de empoderamiento político”.   Seguí a Presentes: Twitter @PresentesTLGBI Instagram: PresentesTLGBI Facebook: https://web.facebook.com/presentesTLGBI/]]>

30 de enero de 2017

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