Ballroom: Lenchitudes, transmasculinidades y no binaries en la pista

La cultura Ballroom se fortalece como espacio de resistencia y familia elegida. En México, la escena ball se desprende de "lo gringo" y se transforma en comunidad para lenchitudes, transmasculindades y personas no binaries.

8 de enero de 2026
Geo González
Ana Karenina
Edición: María Eugenia Ludueña, Milena Pafundi

CIUDAD DE MÉXICO. La cultura Ballroom se ha erigido como un espacio de resistencia y afirmación para las disidencias, buscando activamente «quitarle lo gringo» y contextualizar lo que se vive en el territorio mexicano. Annia Ninja, Kintsugi, Sijé y Estrella son algunas de las personas que construyen la comunidad ballroom en la Ciudad de México. Esta escena es un microcosmos que ofrece momentos de celebración pero también, nos cuentan, está atravesado por violencias internas que reflejan las problemáticas del mundo. 

En este cómic, cómo viven el ball las lenchitudes, personas transmasculinas y no binaries.

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Lenchitudes, autogestión y balls

En Ciudad de México la primera ball data de agosto de 2015. La representación sáfica fue escasa en los inicios. Las mujeres se vieron obligadas a «abrirse un espacio en ballroom«, dice Annia Ninja, bailarina y leyenda de ballroom en México. “En aquel tiempo se seguía resistiendo a cierta misoginia por parte de los hombres gay», recuerda.

La visibilidad como lenchitudes se consolidó con el surgimiento de espacios autogestivos. La Lenchas Kikiball, el ball más longevo en la escena mexicana, cumplió un lustro. 

Para Estrella,  fotógrafa y observadora desde 2016, esta kikiball es “un salvavidas necesario, de los más bonitos y mejor organizados”. Desde su perspectiva es la ball «menos violenta». 

El trabajo pendiente es amplio. “Falta mucha chamba por hacer para que las lenchitudes se sientan incluidas en todas las escenas o balls en México», dice Annia.

Transmasculinidades y no binaries en la escena de América Latina

La escena latinoamericana destaca por ser más abierta a las identidades no binarias que la estadounidense, explica Annia Ninja. En parte, porque las problemáticas de clase en la región impulsaron a la comunidad a «abrazar otras transiciones» que no dependen del discurso «transmedicalista» (procesos quirúrgicos u hormonales) para validar la identidad.

Para personas transmaculinas no binarie como Sijé, ballroom fue «parte primordial de mi transición», ayudándole a nombrarse desde una identidad que venía relegada. Sijé, de Kiki House of Travela, recuerda que, “las personas transmasculinas entraban a ballroom y se salían porque no se nos daba espacio. Hay aún mucha invisibilidad”.  

La kiki ball de +Kulones, dedicado a las transmasculinidades, fue un punto de inflexión. Tras el primer evento, Ángel Sijé sintió que “todo cobró sentido». 

“Al ver que éramos un montón y superdistintos, esa ball para mí se convirtió en un parteaguas de euforia y acompañamiento. Me ayudó a darme cuenta lo diverses que somos las personas transmasculinas. Además, me mostró a otros referentes y me hizo dar cuenta de que yo también puedo serlo”, recuerda.

Pese a ello, las barreras persisten. La transfobia y la misoginia hacia los cuerpos transmasculinos «está full», cuenta Ángel Sijé. Además, las personas no binaries siguen siendo cuestionadas. Sijé vivió en carne propia los comentarios sobre su cuerpo y sus genitales.

Política, familia y tiempo recuperado

El ballroom es intrínsecamente político. La acción de voguear, quebrar las muñecas y la cintura, pasarla bien, protestar y crear un mundo de fantasía, es un acto político en sí mismo.

Kintsugi, xadre de Kiki House of Millan, observa que la tropicalización del ballroom incluye “protestar directamente». Las formas de expresarlo no se basan únicamente en la temática de la ball, sino que se vinculan a estructuras que se dislocan en la cultura ballroom, como el concepto de familia. 

“En un contexto donde el fascismo defiende la familia tradicional, los lazos afectivos en ballroom son la convicción de acompañarnos, de abrazarnos, de sostenernos. Eso es tremendamente político y esperanzador en tiempos como éstos», dice Kintsugi.

Kintsugi, Annia y Ángel Sijé también encuentran en la ballroom otro regalo: “la devolución del tiempo perdido”.

Ballroom es el espacio donde puedo vivir una vida que sí me pertenece. Cada vez que camino vogue femme, exorciso los movimientos que me fueron prohibidos en mi juventud y adultez. Aquí puedo hacer y ser lo que sea”, explica Kintsugi.

Desafíos comunitarios y el futuro

A pesar de que en la ball se construyen espacios de cuidados y acompañamiento, también se viven violencias, denuncias poco atendidas y silencios que permiten que siga pasando. Estrella, testiga de esta década de ballroom en Ciudad de México, cuenta que “las denuncias de violencia y acoso me decepcionaron bien cabrón, se me rompió el corazón”. 

Annia lamenta que el ballroom “no está llegando a infancias y adolescencias. “La escena kiki, que nació para educar, prevenir adicciones en jóvenes y acompañar procesos de violencias, no está poniendo el foco en las infancias y adolescentes LGBT+. Al contrario, la escena envejece —y no porque esté mal envejecer— y en su mayoría está habitada por personas de entre 30 y tantos, y 40 años. Sí creo que es una conversación que debemos tener para involucrar a las infancias y también adultas mayores», explica.

En ballroom, cada categoría que se camina es como abrir una caja fuerte de memoria. No sólo se exhibe el brillo y la creatividad sino también los dolores y violencias que viven las poblaciones disidentes, como la identidad negada, el tiempo perdido en las juventud que les obligó a reprimir el contoneo de cadera, quebrar la muñeca, jugar a ser lo que se imaginaran. 

Kintsugi añade que, como comunidad, se debe combatir el capacitismo. “Yo me pregunto qué tanto estamos adaptando el espacio donde ocurren las ball para alguien que quiera caminar y viva con una discapacidad física o con alguna neurodivergencia”.Kinsugi concluye que además, “ballroom debe ser integral. Nuestra liberación como personas LGBT no se va a dar hasta que no haya ultraderechas genocidas en el mundo”.

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