“El racismo no es una sensación, es un hecho y se cobra vidas”

Todavía no se entendió que el racismo es un flagelo que nos atraviesa y que no podemos salir solxs: la sociedad en su conjunto tiene que entenderlo.

5 de junio de 2020

Por Sandra Chagas*

Imaginemos esto: imaginemos quién querría ser negro cuando lo negro es sucio, bajo, que te va a tocar un día negro, que lo peor que te puede pasar cuando consigas un trabajo es que tengan en negro. Toda la connotación que tiene eso de lo negro, es lo que no permite que nosotres tengamos una existencia sin racismo. Porque también, entendamos, a mayor colorismo en la piel de negritud, peor son las oportunidades que podemos llegar a tener en la vida. Generalmente se decía antes, cuando nacía un niño, la gente quería saber “cómo te nació”, “de qué color es”. Siempre pensando que si el niño nacía más claro, iba a tener mejores oportunidades.

A la gente le molesta muchísimo cuando traemos al debate el tema de la esclavización, porque cuando hablamos  de esto tenemos que hablar de genocidio y no usar otras expresiones, como “delito de lesa humanidad”. Justamente a nuestres ancestres no se les reconocía su humanidad en la trata esclavista. Esa trata esclavista tiene consecuencias hasta hoy, cuando casi nadie en el mundo tiene derecho a una vida digna, sin exclusión, sin sentir constantemente ser observados. Cuando una persona negra entra a un supermercado, generalmente la persona que está de seguridad están constantemente mirando hacia donde va a esa persona. Eso es racismo, con el que una tiene que vivir en el día a día. Y no lo digo solo por un ejemplo: son anécdotas que nos seguimos contando cuando nos encontramos.

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El racismo está enquistado en la sociedad y en el imaginario pero no es una imaginación, es real. Y lo vivimos las comunidades negras e indígenas, los mal llamado “negros” de la Argentina. Al indigenismo también les dicen “los negros”. Hay una connotación despectiva, excluyente, de lo negro. En ese sentido, las fuerzas de seguridad tienen un rol primordial. Hay que hablar de José Delfín Acosta Martínez, un compañero de candombe, de capoeira, justo con él y su hermano Ángel Acosta Martínez y otro grupo de afrouruguayos se formó en la década del ’80 el grupo cultural afro. Allí queríamos transmitir nuestros valores y nuestra cultura ancestral, ya sea de la capoeira o el candombe. Y así se fundó el grupo cultural afro.

En 1996 hubo un incidente por el cual el compañero José Delfín Acosta Martínez, tratando de ayudar a dos compañeros afrobrasileros, fue detenido y asesinado. Al salir en defensa de esas dos personas, a los tres se lo llevaron preso, pero José salió asesinado a golpes y patadas por la policía. Hace 24 años que Ángel Acosta Martínez viene pidiendo justicia para José. Es así como este pasado marzo el caso llegó a la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Eso se elevó, hubo una audiencia pública y todavía faltan los alegatos y varios procesos legales internos. La CIDH dijo que el Estado argentino era responsable.

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Durante todos estos años, Ángel sufrió el hostigamiento y persecución de las fuerzas de seguridad. Por eso entendemos que el racismo se cobra vidas, no es una sensación, es un hecho. Hace poco a un joven lo patearon y asesinaron entre varios rugbistas. A Fernando Báez le gritaban “negro de mierda” mientras lo mataban a golpes.

Deberían haber campañas contra el racismo en todas partes del mundo. Porque todavía no se entendió que el racismo es un flagelo que nos atraviesa y que no podemos salir solxs: la sociedad en su conjunto tiene que entenderlo.

  • Sandra Chagas es activista afrocandombera y lesbiana.

5 de junio de 2020

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