Televisión e identidad trans: las cinco violencias de cada día

Por Quimey Ramos El lunes pasado me entrevistaron en el programa «Involucrados», en canal América, a raíz del personaje trans interpretado por Maite Lanata en la tira de Telefé «100 días para enamorarse». Durante el programa tuvimos un cruce con los panelistas, principalmente con Luis Ventura, periodista de espectáculos enquistado en la televisión desde hace…

20 de julio de 2018

Por Quimey Ramos

El lunes pasado me entrevistaron en el programa «Involucrados», en canal América, a raíz del personaje trans interpretado por Maite Lanata en la tira de Telefé «100 días para enamorarse». Durante el programa tuvimos un cruce con los panelistas, principalmente con Luis Ventura, periodista de espectáculos enquistado en la televisión desde hace 30 años. Esto se dio porque él reprodujo algunos prejuicios sobre el colectivo trans que, no casualmente, escuché repetirse en todos los programas de donde participé. ¿Por qué parece que ahora se interesan por nosotrxs?

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Esta columna tiene por fin rebatir algunas ideas bastante fijas que hay en los medios sobre el colectivo trans. Deseo demostrar por qué las frases disfrazadas de ignorancia que escuché con tanta liviandad decir a los panelistas no son para nada ingenuas sino que reproducen lugares comunes cargados de violencia por prejuicios.

1- “La ley de identidad de género puede ser usada por delincuentes para ocultar su identidad, accediendo a realizar cambios físicos para su beneficio”

– La respuesta es muy corta: el número de DNI y las huellas digitales siguen siendo las mismas, por lo que no hay margen para utilizar la ley de esta forma. Sin embargo, es uno de los argumentos más usados para poner en duda la ley, y deslizar la necesidad de que algún ente la “regule”. La respuesta a lo que piden estos periodistas es lo que pasa en España, Canadá, parte de E.E.U.U, Países Bajos, Finlandia, y aquí mismo antes de la ley: si querés que el Estado te reconozca, que lo determine un profesional de salud mental.

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Pero por suerte la ley argentina deja bien en claro que nos basamos en la autopercepción, no en lo que otrxs ven de nosotrxs, ni siquiera lo que ven otrxs compañerxs trans. Y a pesar del caso de Sergia (del cual sigo dudando de su existencia, dado que ¡nunca se la vio!) hay que decir que no creo que para nadie pueda ser un privilegio transicionar. A Luis Ventura y Cinthia Fernández les propongo que lo intenten un día y salgan a la calle.

2- “Hay que buscar la aceptación”

– Esto continúa el discurso anterior. Es la misma caca, en otra parte del proceso cerebro-intestinal de estos periodistas. Entendamos que la idea viene de que la sociedad (mayoría heterosexual), como si fuera un castillo, nos ha dejado fuera a lxs pobres siervitxs trans (minoría). Entonces lxs trans debemos pararnos frente a la puerta del castillo y decir, “¿Martín ( o Luís)  heterosexual, me dejará pasar?” -”Pasarás, pasarás, sólo si te hormonás”

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La idea de que debemos buscar la aceptación parte de pensarnos a lxs trans como una minoría que debe golpear las puertas de la gran mayoría hetero-normal para que nos hagan lugar. Ni somos una minoría, ni estamos afuera de la sociedad: somos sus tíxs, amantes, hijxs, madres, padres, abuelxs,vecinxs, etc. Estamos en el mismo espacio geográfico, por lo tanto no afuera. Pero el lugar que nos toca son los márgenes, y esa es la misma realidad que la de muchxs otrxs. En esto Luis Ventura no se equivocó al responderme “bueno, no son los únicos que tienen problemas”, en un intento de exigir que mi reclamo se sume a la cola de las minorías que esperan pacientes a ser escuchadas. No, Luís: a esta “minoría” la atraviesan los mismos problemas que a muchas otras minorías, que si nos sumaramos, somos las grandes mayorías. La minoría que debería empezar a esperar y escuchar son ustedes.

3- “Celebremos que ahora están representadxs en la T.V.”

– Es cierto que a muchxs personas, en especial lejos de las grandes urbes, un personaje trans en una serie puede ser un acercamiento a nuestra existencia. Pero el hecho de que esté encarnado por una persona cis* es injusto, no por una cuestión de quién puede performatear a quién, si no porque entendiendo lo que nos cuesta acceder a un trabajo (recordemos que reclamamos un cupo laboral trans) bien podría ser fuente de trabajo para un actor trans. Además, son personajes “asesorados” por personas trans, pero guionados por personas cis-heteros: siguen siendo representaciones desde el imaginario de una persona cis de lo que es una vida trans. Una estandarización mediática de una vivencia trans, desde un ojo cis.

4- “Sos muy agresiva”

– De esto, cualquier cuerpa no sumisa que se enfrentó a un machirulo, sabe. Es la estrategia histórica para cancelarte la voz, para deslegitimar tu reclamo: tratarte de agresiva, intolerante, loca. Desde la Madres de Plaza de Mayo que eran llamadas “las locas de la plaza”, hasta el movimiento disidente y de mujeres actual donde aparece el “feminazi”. Sumémosle una parada al recorrido en la historia de estos insultos, y frenemos en la esquina perdida donde paramos las travas, escuchemos de rebote el ya sabido “sos un loco con peluca”. La respuesta es simple: compañerxs, a la gilada ni cabida!

5 ¿Por qué, a pesar de todo, nos dan más cámara ahora?

– Hay muchos factores que entran en juego. Pero hay uno sobre el que prefiero hacer hincapié, y es el clóset: el clóset como expresión que diferencia el ámbito privado del público. Lxs trans, a diferencia de muchos gays y lesbianas (no todxs), no hemos tenido posibilidad de clóset, hasta ahora. Asumir nuestra identidad es asumirnos siempre públicamente: desde el momento en que lo hacemos, seremos visiblemente sujetxs irrumpiendo en la belleza del espacio público.

Pero desde un tiempo a esta parte, gracias a la profundización del desarrollo de las tecnologías de género, especialmente en hormonas y cirugías de modificación genital, facial o de pecho (implantes o mastectomías), muchas personas trans tienen la posibilidad de tener clóset. Posibilidad incluso de no tener que siquiera nombrarse trans. Y que sea un secreto, incluso para tu pareja (pero siempre una verdad ineludible para unx mismx).

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Y ahí es cuando los medios, los gobiernos, las hegemonías nos abrazan: te entrego la llave para entrar al castillo, a cambio de que sepas negarte a vos mismx. Sin embargo, que quede claro: no hay nada malo en modificar nuestro cuerpo como querramos. Lo malo es que se vuelva un paradigma, y  la ansiedad y tristeza que nos hace sentir esta sociedad por hacerlo rápido y “bien”.

Elijo haber modificado mi cuerpo, pero cuando lo hice, fue más por el deseo de salir a la calle tranquila, que por el de ver mi cuerpo cambiado. Por eso no es inocente atar la vivencia trans a la experiencia con hormonas, que es lo que constantemente preguntan lxs periodistas. Por eso, cuando Cinthia Fernández preguntó por los cambios físicos, le respondí que yo quiero un cambio social.

* persona que se identifica con su sexo y género asignado al nacer.

20 de julio de 2018

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