Cuando ser trans "se te nota"

A partir de las expresiones “se te nota” o “no se te nota”, la activista Violeta Alegre reflexiona acerca de la tendencia, para las feminidades trans, de reproducir modelos hegemónicos, muchas veces a costos físicos y afectivos altísimos. Y se pregunta: ¿acaso hay una universalización del ser mujer? ¿Qué sería sentirse mujer? ¿Portar una vagina? ¿Qué te atraiga lo opuesto?

3 de marzo de 2017

A partir de las expresiones “se te nota” o “no se te nota”, la activista Violeta Alegre reflexiona acerca de la tendencia, para las feminidades trans, de reproducir modelos hegemónicos, muchas veces a costos físicos y afectivos altísimos. Y se pregunta: ¿acaso hay una universalización del ser mujer? ¿Qué sería sentirse mujer? ¿Portar una vagina? ¿Que te atraiga lo opuesto? Por Violeta Alegre* Fotos: Archivo de Violeta Alegre Ya sea como afirmación o con una negación por delante, todas las personas con expresiones de género disidentes escuchamos estas tres palabritas a lo largo de nuestras vidas: “se-te-nota”. Cuando se trata de cuerpos cis*, podemos enterarnos o no de sus gustos sexuales: si es gay o lesbiana o bisexual. No ocurre lo mismo con el cuerpo trans, donde todo “se nota”. Cuando “no se nota” es que esos cuerpos pasaron por muchas intervenciones y procesos de hormonización para borrar todos los caracteres masculinos. Pero ¿pueden todos los cuerpos trans pasar por esa transición? ¿Siempre es posible? ¿Cuál sería el fin? Cuando tenía diez años, encontré a mis padres conversando en su habitación sobre mi identidad-expresión de género. Mi padre le decía a mi mamá: “me parece que vos no te queres dar cuenta…. Se le nota que tiene comportamientos que no son de un nene normal”. Claramente ya se me caían las plumas. A lo que mi madre le respondió: “¿Y cuál sería el problema? Hay que dejarlo ser.” Ese momento fue medular para poder construirme libremente. Recuerdo que sentí un gran alivio. En mi hogar, el trato conmigo cambio positivamente. Sentía más protección y supongo que sabrían que socialmente la recepción de mi deconstrucción-construcción no iba a ser igual que en casa.

Violeta a los 4 años, con su hermano. 

Empecé a escuchar el ‘no se te nota nada’

Pasó el tiempo y me hice amiga de una marica de mi barrio, con quien blanqueábamos nuestros gustos sexuales. Empecé a usar remeritas por arriba del ombligo y salíamos con la cara de color ladrillo de tanto polvo compacto. En su casa mi amigo no tenía la misma libertad para tocar ciertos temas y mucho menos para manifestar con su cuerpo una expresión de género no masculina. Su familia estaba formada por una madre cómplice con él y un padre policía, en donde el límite en ese entonces era decirles “soy gay”. Y hasta ni llegaba la tolerancia. Como podrán darse cuenta, no fue lo mismo para mí. Comencé a “montarme” en la habitación de mi casa. Hacía pruebas de vestuario para asegurarme de que me gustaba como me veía. Me iba perfilando para el cambio dentro Bunker, un boliche “gay” de los ’90. Y así fue cómo, con rostro aniñadx, el cabello largo, y lo flaquita que era, empecé a escuchar el “no se te nota nada”. La sombra del bozo la tapaba con base de maquillaje y mi angel face y chau. A mi amigo sí se le notaba que era marica.  Violeta a los 13 años 

Devenir lo abyecto

Pero saliendo de mi biografía, me interesa reflexionar sobre cuál es la raíz que hace que se nos note o no. Y en cualquiera de los casos ¿qué es lo que se nota? Claramente esto parte del pensamiento binario, de la supuesta imposición de que si nacemos con pene devenimos masculino-hombre, o si portamos una vagina devenimos femenina-mujer. A eso se le suma la obligatoriedad de actuar (performatizar) el género, y la heterosexualidad, claro. Además tenemos que casarnos, “agrandar la familia”, hacer a nuestros padres abuelxs y un gran etcétera que, de no cumplirlo, podría generar culpa. Lxs LGB (lesbianas – gays – bisexuales) pueden -dependiendo, claro, de muchos factores amorosos y de contención- encajar a la perfección en lo binario, en la hegemonía. Si bien la orientación sexual también hace a lo identitario, no es necesario pasar por intervenciones corporales ya que se sostiene un cuerpo cis-género. El género es una construcción que sirve para controlar los cuerpos, la reproducción y la economía. Durante mucho tiempo todo lo que se saliera de esa norma, gracias a la Iglesia, la doble moral y el discurso médico, se convertía en algo abyecto. Me acuerdo de una marica amiga que sentía tanta culpa de ser gay que decía: “yo al menos un hijo tengo que tener para que mis padres se sientan orgullosxs de mi”. Muchxs reproducen ese sentimiento de culpa.

Violeta a los 16 años

Pueden ser muchos los factores por los cuales nos feminizamos

La T (Trans) (lo utilizo como término paraguas para hablar de feminidades Travestis – Transexuales – Transgénero) también hoy podemos caer en lo binario y en la hegemonía. Tener un documento – gracias a la ley de Identidad Género- que nos ubica en lo femenino como “mujer” es una forma, también, de comenzar a borrar todas nuestras diferencias. Casi todas pasamos por el momento de transición estética. Pasando (o no) por una imagen andrógina (y dependiendo de las decisiones personales, situaciones económicas, contención emocional, sensibilidades) deconstruimos caracteres físicos leídos como masculinos. Pueden ser muchos los factores por los cuales nos feminizamos y los medios que utilizamos para hacerlo son todos validos. Por ejemplo, no tolerar (por exigencia del sistema) ser leídas como algo intermedio o que salga de lo binario. O para tener más atracción sexo-afectiva por parte de los hombres. O para entrar en el mercado prostitucional-competente porque no existen otras alternativas posibles de subsistencia, o tan solo porque se nos da la gana. Todas esas posibilidades pueden darse de forma estática o móvil, dependiendo de las situaciones personales, geográficas, o de privilegios que no queremos o estamos preparadas a perder o tolerar.
[LEÉ TAMBIÉN:“La transfobia no es una fobia: no es enfermedad”]
Entre las maricas muchas veces decimos “estás logradísima loca” o “estas re mina”. Eso, dependiendo del momento en el que estemos, puede ser un logro híper positivo o algo que ya ni nos interesa. Cuando venimos de familias que no nos sueltan la mano -el abrazo es determinante en todo el proceso de construcción identitaria- las experiencias son diferentes. No es lo mismo la deconstrucción y construcción desde la emergencia identitaria que desde el empoderamiento que nos brindan de niñxs y adolescentes. Allí podríamos construirnos antes o también, por ejemplo, como “artistas”, si nos permitieran la libertad y la responsabilidad de abrazarnos en nuestras construcciones.

Violeta los 17 años

 Los cuerpos a disposición del mercado

¿Por qué importan tanto las decisiones que tomemos sobre nuestros cuerpos o los deseos sexo-afectivos para donde redireccionamos nuestras vidas? Respondiendo a grosso modo: si tuviéramos la libertad absoluta de expresar nuestras identidades desestabilizaríamos a los sistemas económicos que pretenden que seamos productorxs de bienes y servicios y pongamos también nuestro cuerpo a disposición de ello, a cualquier precio y bajo el rótulo de “normal”. Recién en 1990 dejó de existir dentro del DSM (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders ) la homosexualidad como desorden psiquiátrico, no así nuestra identidad auto percibida que continua figurando en el DSM-V como “Disforia de Género”. Los estándares de belleza femenina se sostienen también en nuestros cuerpos, en donde la traducción más cercana es “ser mujer”. Pero ¿qué es ser mujer? ¿Qué sería sentirse mujer? ¿Portar una vagina? ¿Qué te atraiga lo opuesto? ¿Acaso hay una universalización del ser mujer? ¿Un reduccionismo a lo genital? ¿Acaso no estaríamos cayendo nuevamente en el discurso biologicista?

¿Por qué inscribirnos dentro de la identidad ‘mujer’?

Lo pretendida homogeneidad femenina parte de la hegemonía mujer = portadora de una vagina, blanca, clase media, universitaria, occidental. Está colmada de significados de acuerdo al dominio que lleva el hombre, de la misma manera que dominó las tierras, el lenguaje, la economía. Desde el poder, el sistema patriarcal fue posicionando a la mujer en una construcción subjetiva – por oposición- cargada de “instintos”, “delicadeza”, “tareas de cuidado” etc. El feminismo ha venido a resignificar al género como una construcción cultural independiente del sexo genital. Entendiendo cómo es leída una mujer desde el patriarcado ¿no se reduce y oprime a un ser por portar una biología diferente? ¿Acaso la mujer cuando se corre de su rol esperado no hace una transición? ¿Se le nota?
[LEÉ TAMBIÉN: Cuando el límite del feminismo son las feminidades trans]
¿Cuál sería el motivo por el cual una identidad trans se inscribiría en la identidad mujer? ¿Para ser aceptadas dentro del sistema hegemónico? Sí es así, tiene un costo: borrar todas nuestras particularidades para que “no se nos note”. La teoría travesti – trans latinoamericana viene a romper con esos binarismos y, entre otras cosas, sostiene que debemos abrazar todo eso que portamos. Porque ¿saben qué? ¡Se nos nota! Y nos da orgullo. *cis o cisgénero: término que se utiliza para describir a personas cuya identidad de género y género asignado al nacer coinciden. (NDR) *Activista trans, docente, consultora para el Banco Mundial, diplomada en Género por la Universidad Nacional de General Sarmiento.]]>

3 de marzo de 2017

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3 comentarios

  1. Muy interesante. En relación a esto, recuerdo mis propios prejuicios acerca de las trans; pensaba que todas ellas terminaban reproduciendo un estereotipo de femeneidad. Sin embargo, relacionandome con muchas de ellas, descubrí que hay tanta diversidad dentro del “colectivo trans” como la hay dentro del “colectivo cis”. Trans que se hormonizan, se operan, se hacen la depilación definitiva, que son hiper delicadas…otras que no desean operarse, otras que sólo se hormonizan, unas que se definen como heterosexuales y tantas otras que no… en definitiva, ¿por qué exigirles a las trans que sean “revolucionarias”? ¿acaso no es eso un estereotipo también y una forma de cargarlas con una responsabilidad extra por el hecho de no encajar en la “norma”?

  2. UCHA QUE FLOJERA DE CAMBIAR, DE CUESTIONAR, DE REVOLUCIONAR…….EL ESTEREOTIPO TE VUELVE UNA MUJER TRANS SUMISA, OBEDIENTE, QUE NO CUESTIONA Y SE CONFORMA CON LO QUE HA LOGRADO. NO LE TENGAMOS MIEDO AL CAMBIO, AL QUE DIRÁN, POR QUE LUEGO NO TE HABRÁS DADO CUENTA QUE YA ERES DEL COMÚN Y CORRIENTE QUE PUEDE MANIPULARSE Y MANEJARSE.

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