“Micaela, nos dolés y nos impregnaremos de furia travesti para cambiar la realidad”

La activista trans Violeta Alegre escribe sobre el femicidio de Micaela García, y describe los sentimientos de dolor e impotencia que la invadieron a ella y a sus compañeras el sábado pasado. "Mientras nos siguen matando, nuestros cuerpos cargan las heridas colectivas y se inscriben propias".

10 de abril de 2017

La activista trans Violeta Alegre escribe sobre el femicidio de Micaela García, y describe los sentimientos de dolor e impotencia que la invadieron a ella y a sus compañeras el sábado pasado. «Mientras nos siguen matando, nuestros cuerpos cargan las heridas colectivas y se inscriben propias». Por Violeta Alegre* El sábado pasado, maldito 8 de Abril de 2017, a eso de las once de la mañana, leo la noticia en uno de mis grupos de Whatsapp donde se confirmaba que Micaela García había aparecido, cuando en realidad lo que apareció fue su cuerpo. Micaela ya estaba expandida en todo un país conmocionado que la llorábamos y nos oprimíamos una vez más ante un inmenso fracaso, fracaso que las personas trans conocemos ya que somos constantemente advertidas ante las miradas de la violencia machista. Su cuerpo yace sin vida, su cuerpo feminizado, su cuerpo inscripto y leído mujer con 21 años de vida, militante, comprometida en lo social, su cuerpo que cuando entra en sociabilización padece desigualdades por el solo hecho de ser. Mientras nos siguen matando, nuestros cuerpos cargan las heridas colectivas y se inscriben propias. El sábado no fue una muerte más. Nunca es una muerte más pero teníamos esa sensación. Quizá fue la gota que nos rebalsó, o que nuestros cuerpos están cada vez más sensibles, o la frustración de pensar que no estaríamos encontrando estrategias para detener esto. No lo sé. [LEÉ TAMBIÉN: #Argentina: drástico aumento de travesticidios en 2016] Pero en todo caso adhiero a lo que dice Marisa Fournier, compañera y directora de la Diplomatura en Géneros, Política y participación de la Universidad Nacional General Sarmiento: “Siento hastío y una certeza: para frenar la violencia machista, además de nuestra insistente lucha en el plano y el lugar que nos toque, es necesario que los varones rompan, literalmente, el contrato sexual masculino. Que no se sientan agredidos, amenazados o en riesgo, cuando nosotras nos posicionamos colectiva y afirmativamente, que puedan conectar con sus masculinidades de modo radicalmente crítico, íntimo y a la vez colectivo, que puedan reconocer en el patriarcado, el poder y la autoridad patriarcal, la raíz más profunda sobre las que se erigen todas las desigualdades, todas las injusticias”. Quizá, también, a todo lo anterior se suma esa sensación de cercanía, de roce y nos recuerda cuando nos mataron a Diana Sacayán. Cuando nos enteramos del asesinato de Diana nos envolvió un escalofrío. Porque fue un travesticidio con sus características particulares, crueles, macabras. Pero aparte, porque fue Diana, comprometida hasta las vísceras con la causa travesti-trans. Nuestra compañera.

[LEÉ TAMBIÉN: Entrevista inédita a Diana Sacayán: “Hablo desde el núcleo travesti politizado”]
Pienso que al movimiento de mujeres, al feminismo, esta pérdida lo golpea como a nosotras nos golpeó la muerte de Diana. Micaela era, además, una chica comprometida contra la violencia de género. Una militante. Lo concreto es que desde el colectivo travesti-trans el sábado pasado salimos abajo del temporal que nos empujaba con viento y nos empapaba de más Furia. Dolor, agua, viento y abrazo colectivo que nos encontró en el Obelisco el sábado y nos une más allá de los partidos, más allá de los cuerpos, enfurecidas, envueltas en cantos y lágrimas a nosotras las travestis, entendidas en los pasos y en nuestra alianza contra las violencias machistas que sufren las mujeres, otra vez con el alma destrozada. Estuvimos esa noche junto a Alma Fernández, con quien cada grito furioso pedía consuelo y justicia que nos alivie, que nos haga soñar en la intemperie, que nos brinde alianzas poderosas contra ese maldito sistema que nos puso a otra joven, a otra vida sin futuro, para que venguemos. Vengar educando, vengar gritando, vengar aprendiendo de los movimientos feministas a los que pedimos aliarnos para pensarnos amplias y juntas. Nosotras muchas veces pensamos: ¿Mirá si por cada travesti asesinada o muerta por la desidia estatal tuviéramos esta potencia, esta conmoción en la calle? Y hoy no es así, lo sabemos. Pero eso jamás quitará nuestra alianza junto a miles de mujeres que son víctimas de nuestro mismo enemigo. Micaela, nos dolerás y nos impregnaremos de furia travesti para cambiar la realidad, la de tantas, la nuestra. *Activista trans, docente, consultora para el Banco Mundial, diplomada en Género por la Universidad Nacional de General Sarmiento.
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10 de abril de 2017

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