Arte y memoria queer: la urgente conexión entre pasado y el presente

Las obras de Carlos Herrera y Ulises Mazzucca recuperan las miradas y la historia de las vidas disidentes. Un discurso poco frecuente en las artes plásticas.

BUENOS AIRES, Argentina. Los artistas Carlos Herrera y Ulises Mazzucca llenan la galería Ruth Benzacar (Villa Crespo) de activismo, biografía, grito, sensibilidad y mariconada. El primero con un recorrido de sus obras entre 1996 y 2006 que van del terror rural al homoerotismo religioso, todo atravesado por un fantasma viral de VIH y sida. El segundo con una danza de corporalidades en madera que escapan de los atriles para proponernos un viaje sensorial de herida, fluído y orgullo cero padeciente.

Hasta el 2 de mayo ambas muestras se podrán visitar de forma gratuita.

Una VIHografía rural

Una muestra de arte sobre la urgencia del VIH y sida, el terror que vive en el campo acechando voluntades y la respuesta queer como vector de interpelación. ADENTRO AFUERA de Carlos ‘Charly’ Herrera reúne una selección de obras que el artista realizó entre 1996 y 2006 enrostrándonos una vigencia preocupante y el vigor poético de un artista que sostiene la rabia y ternura a través de las décadas.

Era un temor imposible de entender porque de esto no se podía hablar, ni había demasiada información”, explica Charly a Agencia Presentes. A mediados de los ’90 su despertar sexual lo exponía a esa “peste rosa” que mucho se condenaba pero de la que poco se informaba. “Un profesor de la universidad me orientó en estas lecturas y son los libros que hoy están en varias de las obras de esta muestra”, explica. Son libros que leídos hoy reflejan más culpa que datos. Ahora viven en trampas de animales salvajes, teñidas también de ese rojo icónico ahora en sus mecanismos metálicos atrapan al tiempo y sus prejuicios.

El adentro y afuera del título que lleva la exposición tiene que ver con el sentido de comunidad del artista y cómo sus propias preguntas hacen eco y reflejo con lo colectivo. El proceso de «revisitar» todo el material para seleccionar lo que incluyó en la exposición, lo lleva a una reflexión: “esta obra me provocaba mucha preocupación, investigación y deseo de que se acabe. Lo que se veía para atrás era espantoso. Todo lo que había sucedido en la década anterior (los 80) era terrible y pensar en eso como imagen del futuro era aterrador”.

La democracia y lo que el arte falocéntrico adeuda

Bruno Mendonça es artista, escritor, investigador brasileño y el curador de la muestra. “Después del backlash de la derecha en los últimos años, nos dimos cuenta que algunas cosas que el propio activismo daba por resueltas no lo estaban”, dice y coincide con Charly. El terror de las imágenes unidas al deseo que produce «ADENTRO AFUERA» está vigente. Aunque los artistas celebran los avances, la medicación y la VIHsibilidad actual, la presencia actual de políticos como Milei, Trump o, hace unos años, Bolsonaro, rememora el clima de la época de Ronald Reagan y Thatcher.

La pandemia del VIH y sida surgió en la década de los ’80, en coincidencia con la recuperación de la democracia en varios países de América Latina. “De alguna manera el arte en ese momento estaba canonizado en general por artistas hombres, heterosexuales, pintores de brocha gorda. Entonces, no aparecieron muchas observaciones sobre la pandemia del sida”, comparte Charly. Era tiempo de hablar de la recuperación de la democracia, de los cuerpos desaparecidos por el terorrismo de Estado, y “los artistas que reclamaron por una visibilidad en relación al sida no fueron muy observados”.

Herrera recuerda y destaca la importancia del Centro Cultural Rojas, un lugar de la contracultura artística en Buenos Aires y reflexiona, “siento que algo se perdió y muchos artistas en las provincias no fueron reconocidos por la red del arte que digita nuestra Capital Federal”. Esa primavera democrática, también en el arte, priorizó a los artistas varones que creían que la política sólo podía ser seria y solemne, (y hetero y CABAcéntrica).

“Siento que mostrar estas obras salda en algo de esa época en la que estos temas tampoco eran muy receptivos por las instituciones”, dice Charly. Mientras habla una línea roja lo envuelve a él y a toda la muestra. Es una línea que no se sabe dónde empieza ni dónde termina, infinita y autoconcluyente. Esta homenajea la instalación del colectivo Group Material que constaba de otra línea roja pero con toda la historia de un VIH y sida en 1989. Ahora Charly vuelve a mirar su creación y habla en presente: “Estas obras tienen rabia, una energía violenta”.

Like a Jesus to a Child

A fines de la década del 90, George Michael, encumbrada figura del pop británico, fue arrestado por un policía en Beverly Hills por supuestos «actos lascivos». Así, el mundo supo (o confirmó) que Michael era gay. Parte de la muestra de Herrera, celebra a George Michael. “Esa salida del clóset de George me sirvió para pensarme y entenderme. Esto era lo más difícil dentro de mi familia en el campo. Fue la posibilidad de ser diferente”, dice mientras en la pared una de las piezas es un cancionero con las letras en español del cantante.

Al cancionero lo sobrevuelan santos con penes inmensos incrustados, vírgenes con la palabra «SIDA» sobreimpresa y hasta un mingitorio con una imagen de Jesús crucificado pero sin cruz. “La confrontación con la religión fue uno de mis primeros encuentros/desencuentros para repensar ese espacio que me había formado”, dice. Ahora habla y construye un recuerdo sin tiempo para tirar la siguiente frase: “Como si ese Jesús hubiese sido de alguna manera el primer estímulo homosexual desde la niñez”.

En la otra sala de su exhibición, el Martín Fierro se pone muy al palo y las alimañas salvajes portan falos. El folk horror o terror folklórico es un subgénero que utiliza mitos, leyendas y creencias rurales para inocular pánico. Qué peor miedo que un hijo trolo, qué momento más atemorizante que el del testeo. La obra de Charly Herrera encarna todo esto yendo a buscar a las décadas pasadas los gritos que todavía hoy se necesitan ampliar. 

Elige tu propia lastimadura

Si ADENTRO AFUERA grita, la parte de la exposición titulada “Aniversario de todas mis faltas” a cargo del artista Ulises Mazzucca invita a la introspección y sensorialidad. Desde su primera exposición individual en 2021 en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, Ulises explora cómo llevar sus dibujos a la corporalidad.

En una primera sala tanática un cuerpo dibujado desafía todas las articulaciones. No se retuerce, parece revelarse y poner en movimiento todas las pequeñas calaveras que lo fagocitan. Este es el preámbulo a un espacio dónde la tridimensionalidad danza y se llena de colores. Rojo sangre, amarillo pus, piel multicolor, heridas como portales.

Sus personas/personajes exponen todos sus desgarros. “Hay algo de volver al dolor que me parece importante. Yo trabajo mucho con las lastimaduras”, describe Ulises. Sus creaciones tienen cierta reminiscencia a la cara de los Juanito Laguna de Berni pero en un apocalipsis kitsch. No transmiten angustia a pesar de estar desintegrándose. “Hay algo del sufrimiento que tiene como un aprendizaje”, dice Ulises.

Las caras forman cuerpos. La madera expuesta como carne de mutante. El festín queer de sus existencias se expresa en la subversión a las normas de humanidad. “Estos cuerpos tienen que ver más con una cierta exclusión y de ahí yo me paro también trabajando como marica”.

¿Para quién es el arte?

En todo lo que dicen los artistas hay una búsqueda de conectar con el mundo y la urgencia que hay fuera de la galería. No vinieron a encerrarse sino a expandir. En la inauguración y las visitas gratuitas las amistades, las mostras, todas las identidades que son parte y hasta que fugan de las siglas vienen a recorrer el espacio. El VIH y sida se exponen no como conquista sino como ofensa y urgencia. La sensibilidad y el dolor baila invitándonos a supurar. Ruth Benzacar se propone como espacio de encuentro, como punto de partida para esa línea roja que desde 1989 recorre la historia y ahora vuelve.

Arriba de la sala de danza de Ulises Mazzucca hay otra obra del artista. Es una especie de vitral sagrado con más de esas figuras desgarradas. Corona el espacio y vive por encima de las oficinas de la galería. En lugar de rezos atestigua máquinas de abrochar, cintas que se cortan y el murmullo de visitantes. Terminar debajo de esta vidriera catedralicia luego de los santos erectos de Herrera y las cuerpas mutantes de Mazzucca es una gran manera de terminar esta misa que no pide ni ruega, sino que inspira y propone.

Las muestras se pueden visitar hasta el 2 de mayo en la sala Ruth Benzacar de Villa Crespo, en Juan Ramirez de Velasco 1287, de martes a sábado de 14 a 19.

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