Lulén y Max: la historia que la Justicia de Córdoba no quiso escuchar

Lulén Watts y Max Caviglione, dos varones trans, fueron condenados por la Justicia de Córdoba a 12 años y seis meses de prisión por intento de homicidio. La historia detrás de la sentencia que la Justicia no quiso escuchar.

Foto: Eze Luque/La Tinta

BUENOS AIRES, Argentina. Lulén Watts y Max Caviglione son dos varones trans que en agosto fueron condenados por la Justicia de Córdoba a 12 años y seis meses de prisión por intento de homicidio. El hecho ocurrió en febrero de 2025 y se llegó a sentencia después de atravesar un proceso judicial, según denuncian, carente de perspectiva de género. De acuerdo a las declaraciones finales de Lulén, el juicio fue “tortuoso”. Tanto las abogadas defensoras como amigues y compañeres de los jóvenes, dicen que en ocasiones hasta les negaron su identidad de género. 

“Estoy arrepentido. Me hago cargo del error que cometimos”, dijo Lulén al finalizar el juicio. Allí reconoció junto a Max haber agredido a William Watts, el hombre que lo crió pero que también lo violentó desde los 10 años. 

El tribunal de la Cámara 5ª en lo Criminal y Correccional de Córdoba, integrado por Cristian Griffi, Alfredo Villegas y María Susana Blanc Gerzicich consideró a Lulén y a Max coautores de homicidio calificado por el vínculo y criminis causa, en grado de tentativa. El agravante de criminis causa se debe a que el tribunal considera que el intento de homicidio tuvo como finalidad un robo. El fiscal de la causa fue Marcelo Fenoll y el juicio se realizó por jurado popular. 

Mesa por la libertad para Max y Lulén en el 39 Encuentro Plurinacional de Mujeres, lesbianas, travestis, trans, bisexualas, NB en Córdoba. Foto: Mala Racha

La historia de Lulén

Lulén nació en Misiones y a los tres días de vida fue adoptado por William Watts y su pareja. Se enteró a los 9 años, pero recién cuando cumplió la mayoría de edad pudo acceder a información sobre su familia biológica y llegó a conocerla. A diferencia de su padre adoptivo, respetaron la identidad de Lulen, quien para entonces llevaba años sufriendo la hostilidad de Watts. 

El joven tenía 12 años cuando le dijo a su familia que era lesbiana. Watts primero se enojó, pero después pensó que la mejor solución era mandar a Lulén a una terapia psicológica para que se “curara”. Como no vio los resultados, la dio por finalizada. Por el contrario, la psicóloga, según contó Lulén, les recomendó a sus padres que le dieran libertad, estaba descubriendo su identidad. Lejos de escucharla, el padre adoptivo de Lulén comenzó un hostigamiento que no terminó nunca. 

Incluso, durante el juicio, según consignaron a Agencia Presentes las abogadas Rocío García Garro y Dania Villanueva, William Watts no ocultó su maltrato contra Lulén. Además de pedir más años de pena contra su hijo, en su declaración aludió varias veces al joven como “mugriento”, “vago”. Agregó que nnunca iba a llegar a nada porque “no le daba la cabeza”. El tribunal ignoró esto por completo a hora de disponer la condena. 

Max y Lulen en el Festitorta en el 39 Encuentro Plurinacional en Córdoba.

En violencia permanente

“Lesbiana puta”, le gritó Watts a Lulén cuando tenía 13 años. Estaba molesto porque una amiga de la escuela, que también era lesbiana, andaba siempre con ella. Watts comenzó a apropiarse de la vida social del joven. Fue a la escuela y pidió que “prohíban” que su hijo se vinculara con esa chica. Desde entonces, la llevaba y la traía de la escuela a la casa para que no se relacionara con otras mujeres. Eso no pasaba con los compañeros varones. 

Cuando comenzaron las invitaciones para las fiestas de 15. hubo otros problemas. Para ese entonces, Lulén empezaba a transitar otra etapa, vinculada a su expresión de género. Se vestía de forma más masculina, algo que a Watts particularmente le molestaba. Las discusiones iban en aumento cada vez que Lulén salía o volvía. Hubo compañeros y compañeras testigues de esos hechos y declararon en el juicio. Contaron que el padre adoptivo del joven lo maltrataba, lo humillaba y lo descalificaba. También relataron, en especial las mujeres, que Watts les hacía permanentemente comentarios desagradables o fuera de lugar cuando eran adolescentes.  

“Esto socavó su autoestima como persona. Fue cuando Lulén comienza a autolesionarse. Un médico forense dio cuenta de que esos cortes comenzaron durante la adolescencia de Lulén. Es decir que es una persona con rasgos depresivos por la violencia psicológica y social que padeció”, expresó la abogada Dania Villanueva. 

Para esa misma época hubo un episodio que marcó a la familia. La mamá adoptiva de Lulén tuvo que irse de su casa luego de una situación de violencia de género, donde el joven también recibió varios golpes. Tuvo que intervenir la policía y las lesiones de ambas fueron constatadas. Tanto Lulén como su mamá ese día se fueron de su casa, y excepto ropa y algunos objetos, no pudieron recuperar nunca más sus pertenencias. 

Pedido de libertad para Max y Lulén, en la plaza del Encontrolazo, un espacio para las disidencias en el 39 Encuentro Plurinacional de Córdoba.

Qué pasó en febrero de 2025

La casa del barrio Cofico, de Córdoba capital, en la que vivieron Lulén y sus padres está en el mismo terreno que la de su abuela paterna. Fue ella quien crió a Lulén y con quién el joven tenía una relación especial. Al tiempo de irse de ahí, cuando volvía a esa casa lo hacía para acercarse a su abuela. Incluso fue quien cuidó a la mujer luego de una cirugía. Aún así, de visita, seguía padeciendo los insultos de Watts, quien nunca cesó su hostigamiento contra el joven. 

En el verano de 2025, por un mensaje que su madre leyó en Facebook, se enteró de que su abuela había muerto. Watts nunca le avisó. “Me pidió que si se moría no te avise”, le dijo con malicia días después, cuando Lulén fue hasta la casa a corroborar la noticia y a rescatar algunas fotos de él con su abuela. 

Durante ese encuentro, según contaron los jóvenes en el juicio, se dieron muchas situaciones. Por ejemplo, Watts se acercó a Max Caviglione, pareja de Lulén desde hacía un tiempo, y le increpó que por qué se hormonizaba. Le dijo que “teniendo esa cara de mujer”, todavía estaba a tiempo de hacerse pasar por mujer “así no le iba tan mal”. Y le dijo a Lulén que su abuela había muerto de tristeza por su culpa: “por como sos”. 

“Ellos asumieron que hubo un intento de homicidio. Lo que nosotras planteamos es que había circunstancias extraordinarias de atenuación. El motivo de ese intento de homicidio tenía que ver con esa violencia a lo largo de su vida. No había otro. Han intentado sumar la codicia para decir que querían robar, pero estamos hablando de personas súper austeras. Ellos pidieron disculpas, asumieron la responsabilidad, pero sin dudas toda la violencia que Lulén sufrió fue parte de lo que lo llevó a intentar hacer eso”, dice García Garro, una de las abogadas defensoras de los jóvenes. 

“El hecho sucede en el marco de ese hostigamiento. Hay un enfrentamiento cuerpo a cuerpo en el que inclusive la víctima, Watts tiene 15 días de curación. En el caso de Lulén, por los golpes que sufrió en ese momento tuvo 20 días de curación y terminó más golpeado que su padre, con marcas en los brazos y en el cuello. Aún así, ellos nunca negaron haber cometido este hecho”, dice, por su parte, la otra abogada, Dania Villanueva. 

La red de amigues

Victoria Dasein es amiga de Max. Lo conoció apenas llegó a Córdoba desde Santa Fe, donde nació y vive toda su familia, y se hicieron amigos. Comparten trabajo como administrativos en oficinas del Conicet. El 6 de febrero de 2025 estaban arreglando una salida al río pero Max dejó de responderle. Pasaron los días y Victoria fue hasta la casa del joven a ver qué le pasaba. Allí se encontró con una custodia policial y rápidamente se puso al tanto de lo sucedido. 

A Lulén lo conocía por Max y sabía de la violencia que había sufrido de su familia. Max tampoco tiene mucha relación con su familia, con quien se contacta a veces por teléfono. La red de sostén de ambos son les amigues. 

“La de Lulén es una historia que se repite. Todos quienes alguna vez salimos del clóset tuvimos que enfrentarnos a esa situación en la familia cercana o extendida. Todos conocemos a un William con mayor o menor intensidad. Es ese tipo que no le cabe ni ahí quién sos ni lo que hacés y te lo hace saber por todos los medios”, dice Victoria a Presentes. “Es la sensación de que el monstruo está en tu casa. Constantemente todo lo que hacés, decís o podés llegar a expresar te va a jugar en contra”. 

En Lulén esta violencia tuvo un impacto gigante, comenta Victoria. “En el juicio quedó constatado que tiene lesiones en absolutamente todo su cuerpo. Es una forma común de casi cualquier persona de la comunidad. En esto de no poder expresar la angustia o lo que sea, las autolesiones son un recurso que casi todo el mundo conoce. Es liberar algo de todo esto que está pasando y del odio contra los otros y con uno. Es una situación fea. Que el fiscal diga muchas veces ‘bueno, es autolesión no intento de suicidio’, eso ya es violento”. 

Victoria visita todas las semanas a los chicos en el penal de Bower. Apenas se enteró del hecho, en febrero del año pasado, alertó al resto de amigues. Después de un primer abogado defensor que no ayudó casi nada con la causa, dieron con Rocío y Dania, las defensoras de Lulén y Max. “Sabíamos que ellas litigan bien y lo hacen con perspectiva de género. Aceptaron la causa a pesar de que no contábamos con dinero en ese momento”, recuerda. Les amigues y compañeres de los chicos armaron la organización Mala Racha para concretar acciones de pedido de justicia y sistematizar colectas que les permiten por un lado pagarles a las abogadas y por otro, tener dinero para pagar cada presentación judicial. 

Justicia sin perspectiva 

Tanto las abogadas como Victoria, que presenció todas las audiencias, coinciden en que el juicio no  tuvo perspectiva de género. Incluso, el Consejo Directivo de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba emitió un comunicado el 13 de octubre, en el que cuestiona la falta de perspectiva de género en el tratamiento judicial del caso. Advirtió que “la decisión judicial expone una problemática estructural del sistema argentino, vinculada con la reproducción de estereotipos y la falta de reconocimiento de las distintas formas de violencia y discriminación”. 

“Fue un juicio plagado de estereotipos desde el tribunal y desde la Fiscalía”, dice Rocío García Garro. “El Poder Judicial de Córdoba es, del país, al que más le cuesta tener perspectiva de género”, agregó. 

Por su parte, Dania Villanueva expresó que “en el marco del juicio, la objetividad de la fiscalía estuvo perdida. Acusó a los chicos por cinco agravantes, del vínculo, criminis causa, alevosía, codicia, uso, estupefacientes, muchas cosas que no se condecían con la prueba. El monto de la pena claramente es arbitrario. Una escala penal de 10 a 15 años con personas trans con este historial de vida. Esa escala no se la dan ni a violador ni a un homicida varón. Con ellos esto no pasa. Claramente hay una discriminación”. 

Un insulto a la comunidad LGBT

Con Mala Racha, el grupo que armaron para acompañarlos, entraron a varias audiencias. Como eran públicas, invitaban a quienes quisieran ir a presenciar el juicio. Victoria fue a todas y quedó muy incómoda con lo que observó allí.

“Me molesta el fallo y que no se tenga en cuenta toda la situación de Lulén. Lo siento un poco insulto al resto de quienes pasamos alguna vez por esa situación. Como si la falta de aceptación no tuviera efectos reales en tu vida, que no te acepte tu familia o que no te acepte tu entorno, o que no puedas conseguir trabajo, que no puedas alquilar. Todas cosas que salieron en el juicio y que minimizaron. Por ejemplo, la crisis económica golpea todos los sectores, pero no se puede desconocer que particularmente como persona trans tenés una dificultad en acceso al trabajo, el acceso a la vivienda, el acceso a la salud. Es un gran desconocimiento o ignorancia”. 

Y agrega, “no sé si es miedo, es odio, es ignorancia o mezcla de las tres el necesitar que estas formas de expresión no se expresen. O sea, invalidar cualquier trayectoria de vida que no estuviera de acuerdo a sus estándares de lo que está bien. No estaban cuestionando a los chicos únicamente por el hecho en particular, se les estaba cuestionando por todas las decisiones que tomaron, ¿por qué no tenían otros trabajos? ¿por qué no tenían una mejor casa? ¿por qué sufrían las violencias?”

Una discriminación permanente

A Victoria le llamó mucho la atención durante el juicio el destrato del fiscal Marcelo Fenoll a las personas de la diversidad. También que no se haya tenido en cuenta que, la vez que Lulén tuvo que volver a su casa, a los 18, su padre lo echó porque estaba con su novia de ese momento. La chica declaró en el juicio y en su testimonio detalló que Watts los corrió de la casa, gritando, tirando cosas, dándoles golpes a las paredes.

 “No puede ser que los ojos de la justicia sean así”, dice Victoria. “Son situaciones que siguen pasando. A los chicos y chicas los siguen echando de sus casas cuando son gays o son lesbianas. Las dificultades para conseguir trabajo siguen existiendo, las dificultades para acceder a la salud, a la hormonización, a lo que sea”.

“La perspectiva de género tiene que estar no únicamente cuando sos una víctima, sino cuando estás en el banquillo de los acusados. Porque en última instancia, si bien los chicos no son víctimas del hecho del que se los acusa sí fueron víctimas durante muchísimos años”

Lo más fuerte en esas audiencias para Victoria fue el testimonio de Lulén. “Ahí te das cuenta de que lo que lo movilizó a hacer esto fue el dolor, no llevarse un televisor. Por eso la condena fue un golpe grande. Nos quedamos pensando en todo lo que pasó durante el juicio donde a los chicos no les respetaban los pronombres, maltrataron a las abogadas, ningunearon a testigos que eran de la comunidad LGBT y al final, en la condena pusieron agravantes extraños como ‘criminis causa’. Si la justicia no tuvo en cuenta toda esa violencia que quedó probada durante el juicio, no se puede hablar de que hubo justicia”. 

Los caminos que quedan 

Las abogadas Villanueva y García Garro presentaron ante Casación la apelación de la condena y la revisión del juicio. “En Córdoba, pasa algo y es que para una mujer o una disidencia se determina la privación de la libertad en el momento del hecho y a partir de ahí se dicta la prisión preventiva de manera automática. Eso lo vemos todo el tiempo. Paralelamente tenemos casos como el de Barrelier (el femicida de Agostina Vega) en el que se tarda muchísimo para dictar una prisión preventiva”, dice García Garro. 

 “La fiscalía nos llegó a decir que estábamos haciendo un uso burlesco de los derechos de la comunidad LGTB. Que hay mujeres trans a las que las matan. Como que la única violencia válida era si mataban y olvidándose de cómo se inicia una violencia, del iceberg de la violencia descrita incluso en la Ley Nacional de Violencia que aplica a la comunidad LGTB”. 

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El 39 Encuentro Plurinacional de Mujeres y Diversidades estuvo atravesado por el pedido de justicia por Lulén y Max. Incluso en los documentos iniciales y finales del Encuentro que se realizó días antes de la presentación en Casación.

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