“Hoy El Salvador es una sociedad sin alegría”, dice psicóloga que evalúa víctimas de régimen de excepción

La psicóloga Paulita Pike comenta las secuelas de las víctimas inocentes en el marco del régimen de excepción impuesto por el gobierno de El Salvador.

17 de agosto de 2023
Nelson Rentería
Paula Rosales
Edición: Maby Sosa

SAN SALVADOR, El Salvador. A fines de la década de los años setenta, un nutrido grupo de mujeres, con papeles en sus manos, frecuentaba un pequeño local aledaño al colegio jesuita donde trabajaba la entonces estudiante de psicología Paulita Pike. El constante movimiento de personas llamó su atención. Un día decidió acercarse para preguntarles sus razones de permanecer en el lugar: “Son fotos de nuestros desaparecidos y venimos a denunciar”, recuerda que le dijeron.

Las personas presentaron sus casos a la oficina del Socorro Jurídico, una entidad que fue creada por el sacerdote Segundo Montes (1933-1989) y luego dirigida por el ahora santo Óscar Arnulfo Romero (1917-1980). Ambos religiosos fueron asesinados en diferentes años por denunciar injusticias y exigir la defensa a los derechos humanos en una época de convulsión social y guerra civil (1980-1992).

Pike se unió al equipo de la oficina, hasta que en mayo de 1980 un grupo de soldados catearon su vivienda en busca de armas o propaganda de la guerrilla. Aunque no encontraron nada, ella fue detenida en las mazmorras del castillo de la policía durante diez días. Luego de su liberación debió exiliarse en diferentes países, donde continúa su labor por la defensa de los derechos humanos.

Paulita Pike durante una entrevista a una víctima del régimen de excepción de El Salvador.

La violencia que no termina

Cuatro décadas después, el local del Socorro Jurídico Humanitario ha vuelto a llenarse de familiares que están denunciando detenciones arbitrarias, abusos, acoso y torturas en el marco de un régimen de excepción que busca combatir a las peligrosas pandillas que operan en el país centroamericano.

El último fin de semana en marzo de 2022 un total de 87 personas fueron asesinadas. Los hechos fueron atribuidos a las pandillas, así que el polémico presidente salvadoreño Nayib Bukele pidió al Congreso decretar un estado de emergencia que suspende algunas garantías constitucionales.

La medida es popular entre los salvadoreños porque redujo el número de homicidios un 81.3% entre enero y julio, respecto al mismo periodo del año previo. El estado de emergencia aún permanece vigente y ha sido prolongada durante 17 meses.

Desde entonces, soldados y policías detuvieron a más de 72.000 supuestos pandilleros, algunas urbes y poblados están cercados por los grupos de seguridad del Estado, miles de personas guardan prisión en cárceles hacinadas a la espera que sean procesadas judicialmente, mientras sus parientes buscan información de su integridad en diferentes instituciones.

Organismos de derechos humanos han denunciado que miles de personas inocentes son detenidas simplemente por sus lugares de residencia, por sospechas, por denuncias anónimas o por el cumplimiento de cuotas de número de capturas por día. Cifras oficiales estiman que más de 6.000 personas han sido liberadas y más de 170 personas han muerto bajo custodia del Estado, sin que las autoridades realicen investigaciones.

En entrevista con Agencia Presentes, Paulita Pike sostiene que los detenidos no son las únicas víctimas del estado de emergencia. También lo son sus familias. La Secretaría de Atención Psicológica del Socorro Jurídico Humanitario ha identificado que hay más de 75.000 niñas, niños y adolescentes en abandono por el Estado. Además, atendieron a decenas de personas liberadas, a quienes les han identificado cuadros de estados de abstracción a la realidad, baja autoestima, procesos graves de depresión y ansiedad, tendencias al llanto y angustia.

– –El Salvador ha pasado del trauma de la guerra civil en los ochenta, luego a tres décadas de la violencia social y de pandillas y ahora por la coerción por el régimen de excepción. Suena a una espiral que no parece terminar.

– Eso es tan cierto y a la vez tan complicado. Podemos irnos muchos más atrás. En el 32 con Feliciano Ama, que en Izalco todavía tienen miedo los familiares. No te quieren hablar de lo que pasó hace 100 años. El miedo todavía lo tienen latente en el cuerpo. Pero vámonos 100 años antes, estaba el indígena (Anastasio) Aquino, en 1832. O sea, ¿qué pasa en este país cada cien años? Ya nos estamos acercando al centenario de 1932 y en medio tuvimos una guerra civil que dejó entre 80.000 y 100.000 muertos. Un Estado tan chiquito de 21.000 kilómetros cuadrados que no nos podemos respetar ni para estar en desacuerdo. Nunca hay un momento de sosiego en el país.

El Salvador un año antes de que se impusiera el régimen de excepción.

La especialista se refiere a la masacre de indígenas en 1932 en la zona occidental del país, luego de un levantamiento armado contra el gobierno del dictador Maximiliano Hernández Martínez. Por temor a represalias, muchas poblaciones abandonaron su idioma, vestimentas y tradiciones. Cien años antes hubo un levantamiento liderado por Anastasio Aquino en la zona central del país.

– ¿Cuál es su lectura de la situación actual?

– La falta del Estado de derecho. La democracia es la mejor, no es perfecta, pero es la mejor de todos los estilos de gobierno. En la democracia por lo menos sabemos a qué atenernos. Sabemos que, si rompemos la ley, nos van a castigar por quebrar esta ley. No como ahora, que es la ley de la jungla, es la ley de la selva. Y solo porque sos pobre y vivís en una comunidad marginal y los policías tienen que cumplir con sus cuotas de capturas, se llevan a todos estos pobres cipotes (jóvenes) que se han llevado y que sabemos que son inocentes. Si fueran elementos delincuenciales o criminales o terroristas, como les encanta decir, no estarían saliendo.

Las consecuencias del régimen de excepción

Desde la llegada de Bukele al gobierno en junio de 2019 y la obtención de una súper mayoría en el Congreso en 2021, el oficialismo ha desmantelado el máximo tribunal de la Corte Suprema de Justicia y la Fiscalía General para imponer sus allegados. Además, destituyó jueces y suspendió un acuerdo con la Organización de Estados Americanos (OEA) para instalar una comisión contra la corrupción.

Incluso, los magistrados de la Corte Suprema emitieron un fallo en septiembre de 2021 para permitir la reelección, pese a que está prohibida por la Constitución. 

– ¿Cómo se ha deteriorado la salud mental de los salvadoreños tras un año del régimen de excepción en el país?

– No podemos hablar de este régimen de excepción en un vacío, porque no se da en un vacío. Las pandillas se dan como una secuencia o consecuencia de la guerra civil. No existían hasta que empezó la guerra civil y se han mantenido gracias a todos los gobiernos que no enfocaron bien el problema, no lo han sabido enfocar o no lo han querido enfocar.

Entonces, estos cipotes que fueron abandonados en la guerra, ya sea porque mataron a las familias en las masacres que hubo o porque se fueron a buscar mejor vida al norte, dejaron a los cipotes acá. Después éstos se fueron a Los Ángeles, Estados Unidos. Crecen en Los Ángeles, que no es su país, elaboran un dialecto que es propio de ellos, un sentido de pertenencia. Porque no tienen familias y al ser deportados, claro, qué va a pasar, se mantienen unidos entre ellos. Y como me imagino, el afán es ir creciendo como una familia, como un negocio más.

Esta juventud está saliendo traumada de la violencia que viene desde los 80. No es un cliché. Yo, en un principio decía: “La gente que dice si no conoces la historia la vas a repetir. Eso es un cliché un poco barato”, pero lo estoy viendo de verdad. De verdad lo estamos repitiendo y lo vamos a seguir repitiendo. Es una sociedad violenta, ignorante, prepotente. Es la gente menos solidaria.

Hay afectaciones psicológicas por la incertidumbre de la ubicación y el estado de sus familiares detenidos. Usted ha dicho que las personas “Tienen derecho a saber”. ¿Por qué?

 – Lo más cruel para mí es que no se le avisa a la familia a dónde está el detenido o la detenida. Y si está vivo o está muerto.

¿Cómo afecta a las esposas, madres, compañeras de vida toda esta situación?

– Yo no puedo hablar de porcentajes. No sé cuánto es el porcentaje de hogares de los detenidos son mantenidos por los dos (madre y padre) o cuántos son mantenidos solo por el hombre. Muchos de estos lugares son desestructurados. Entonces, si se llevan a la mamá, esos niños quedan en el abandono más grande, porque la abuelita ya está mayor o ya no está. Esos niños ni van a comer bien, ni van a ir a la escuela, ni van a tener amor, ni van a tener apoyo de nada, van a crecer en lo salvaje. Las mujeres que se quedan como el sostén de la familia es otro asunto. Nunca han trabajado. Muchas de ellas son gente muy humilde, de extrema pobreza, que quizá la máxima educación que han recibido es hasta quinto grado. Entonces, los esposos eran los que salían a buscarse la vida, ellas nunca.

– Se ha mencionado que unos 75.000 niños, niñas y adolescentes están en abandono, sin recibir apoyo del Estado. Socorro Jurídico da ayuda emocional para niños. ¿Cuáles son los cuadros y características que presentan?

–Si se llevan al papá primero, si los niños lo ven, eso ya de por sí les causa trauma ver cómo los tratan cuando se los llevan., Que los golpean, que les dicen “hijos de puta” para arriba, que los tiran a la patrulla, que los esposan. Inmediatamente los niños quedan con pesadillas, rompen a llorar en cualquier momento.

Yo creo que eso es otra descripción, es una sociedad deprimida, no es una sociedad alegre. Nosotros creemos que somos así. Es una sociedad sin mucha alegría, y los niños, creo que son el mejor reflejo. Están escuálidos, no tienen la alimentación correcta. Tienen pesadillas. Es terrible vivir con esas pesadillas. Sueñan que ven al papá o al abuelo o al hermano al que se han llevado. Sueñan que lo ven en la cárcel y a veces me han hecho dibujos de los barrotes de la cárcel y de una figura. Y adentro sólo se ve rojo. Es la sangre que le está saliendo al detenido. Entonces, qué confianza van a tener estos niños en nadie. Si se muere su familia inmediata ¿quién queda?

Paulita Pike con niñxs salvadoreñxs.

Salir de la cárcel, volver de la guerra

 – ¿Cuáles son los principales traumas o secuelas que tienen las personas que salen de prisión?

– Hay uno que estuvo 12 meses, de una pobreza tan extrema. La mamá no fue ni una vez a dejarle un paquete, solo una vez fue su hermana. Y le pregunto “¿cómo te hace sentir eso?”. Se pone todo nervioso y dice “Ay, pues sí, pero usted sabe que con la pobreza y si no tenía dinero”… Una vez me habla y me dice: “Le quiero decir que tengo un gran dolor en el pecho justo en el medio del pecho”. Podrían ser las costillas porque a todos les pegan garrotazos en la iniciación. Les mandamos a hacer las ultras y no tiene eso, tiene gastritis, pero ¿quién no sale de ahí con gastritis?

Lo otro es que salen con ronchas desde la cabeza rapada hasta las uñas de los pies y los hongos. Están marcados con ronchas en todo el cuerpo. Salen con depresión. Pero eso de que no pueden definir, ni describir, porque no tienen el vocabulario tampoco para describir qué es lo que están sintiendo. Es bien difícil darles esperanza.

– Usted ha hablado en otros espacios que cuando los hombres salen de la cárcel tienen relaciones irritantes, incluso sus relaciones sexuales ya no funcionan. Padecen estrés post traumático. No están en libertad ¿Podría mencionar un poco más sobre eso?

– Es bastante común que, al querer tener relaciones sexuales con la pareja, el hombre es incapaz de ejercerlas. O sea, no está motivado, no siente el deseo, la lívido la tienen caidísima. Y las señoras no saben qué pensar porque lo más normal para ellos es cada vez que el hombre quiere en estos países machistas, y tienen la marimbita de hijos. Nunca se ha visto que el hombre no funciona. Ese es un síntoma obvio de las deficiencias, del trauma, del miedo, de todo lo que se ha padecido en la cárcel.

Otra de las características es que padecen estrés post traumático igual que cuando uno regresa de una guerra, o sea, hay muchas circunstancias que afectan y que son de tal magnitud que esto los acompaña el resto de sus vidas. Estamos teniendo una observación sistemática con estos hombres mayores y jóvenes que salen y que por todo se asustan, un portazo, un grito, los perros que andan peleando en la calle que a saber qué recuerdo les trae de la cárcel.

Mujeres esperan información de sus familiares detenidos, mayo de 2022.
Foto: Paula Rosales.

– ¿Cómo son esas sesiones con las víctimas?

Es de rigor que todos los que he visto no me quieren mirar. Les digo el nombre y que levanten la mirada. Me miran una vez. Yo les digo «míreme otra vez, pero manténganme la mirada. Ahora vamos a levantar el mentón. «Suban la cara, pongan bien el cuello. Tengan el cuello recto y mírenme». Lo hacen un minuto, dos minutos, pero inmediatamente de nuevo bajan la mirada. Es la postura que han mantenido en la cárcel. Y es la misma postura de sumisión total, que es un lenguaje corporal como de rendimiento, como de sometimiento, cero autoestima. ¿Por qué me quieren ver si yo soy una cucaracha, yo soy una mierda? Y si la miro a usted capaz me vienen con el garrote y me dan o te quedas sin cenar hoy o cualquier castigo. Entonces, el lenguaje corporal es tenso, sumiso.

Depresión. Ahí hay una depresión grande. No hacen planes de nada. Van viviendo el día a día. A ver qué trae. A lo mejor hoy regresan, a lo mejor no regresan. No Hay futuro.

Lxs niñxs salvadoreñxs

Paulita Pike cuenta que en una Navidad llegaron a una localidad con algunas mudadas de ropa para cada niño. Eran alrededor de 50. Antes de entregársela les dijeron que tenían que bañarse para poder usar la ropa limpia.

«Todos dijeron ‘¿adónde nos vamos a bañar?’ Es cuando me di cuenta que allí no hay agua corriente. ¿A dónde tienen el agua? en un barranco. Entonces, pusieron un barril de esos grandes e hicimos una fiesta del baño. Al principio decían “yo no me quiero mojar, que fría el agua”, pero luego eran gritos de alegría. Y como habíamos llevado champú, eso fue la máxima novedad: “Esto tiene burbujas. Este jabón tiene burbujas, tiene espuma”. Nunca se habían bañado con champú. Así que todos felices. Ya después no había nadie que se quisiera salir, todos querían pasar el día ahí, bañándose en esa agua que nosotros les tirábamos. Entonces, me dije: es una alegría tan mínima y ojalá hubiera más gente que se involucrara en estas actividades.

– ¿Cómo afectará todo este ambiente en el futuro?

 – En el futuro nadie sabe cómo se va a desarrollar psicológicamente, sociológicamente, históricamente este patrón de conducta violenta y selectiva. ¿Qué van a haber secuelas? Por supuesto, como hay secuelas después de cada acto traumático para una nación. Cada uno lo manifiesta de diferentes maneras. Nuestra guerra civil terminó hace relativamente poco, en el 92, y a penas nos estamos recuperando de los traumas de 12 años de guerra y ahora la población más pobre está expuesta a este nuevo trauma. Grosso modo, para la población entera también hay secuelas porque también está la incertidumbre. Así que, como no hemos salido de esto, sino que apenas estamos empezando solo podemos imaginar lo que va a ser el futuro para El Salvador, una población traumada, una población con miedo, una población desconfiada. Vamos a manifestar todas las características que un régimen dictatorial nos impone.

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