Viruela del mono: «Estigmatizar no cura, necesitamos respuestas»

El abordaje mediático e institucional de la viruela del mono replica un discurso discriminador y homoodiante.

29 de julio de 2022
Lucas Gutiérrez
Geo González
Flor Capella
Edición: Maby Sosa

El 21 de Julio un informe del New England Journal of Medicine dice que de 528 casos positivos de viruela del mono tomados en 16 países entre el 27 de abril y el 24 de junio de este año, 98% correspondieron a hombres gays o bisexuales. Esto lejos de hacer que el foco de atención y respuesta se vuelque sobre estos grupos hizo que los medios lo levanten para potenciar el estigma.

Pero no es la primera vez que ante una alerta epidemiológica, en este caso por la viruela del mono, la respuesta que se decide tomar es el odio. En 1985 el presidente norteamericano Ronald Reagan habló por primera vez sobre el virus de VIH. Habían pasado cuatro años desde el primer caso registrado, miles de muertes y un estigma: es cosa de putos, travesti y drogadictos. Hasta que no afectó a las personas “heterosexuales” (vaya concepto, la heterosexualidad) a nadie le alarmaba que esta ‘plaga divina’ o ‘cáncer rosa’ se estuviera llevando a lxs parias.

Mientras la medicina y las ciencias necesitan de investigaciones objetivas, de miradas macro e inclusivas, en lo social históricamente el camino fue buscar un culpable, una población sobre la cuál deposita la (falta de) responsabilidad colectiva. Pasó en los 80 y 90, pasa en este 2022. Pasan las pandemias y pareciera que no aprendemos nada.

La recomendación de la OMS sobre viruela del mono

Mientras la ciencia continúa devanándose los sesos para lograr los viajes en el tiempo, esta semana el director de la Organización Mundial de la Salud realizó una recomendación que parece redactada en 1980. Pero que fue hecha en vivo y en directo en este 2022. Sugirieron que los hombres que tienen sexo con hombres de momento reduzcan la cantidad de parejas sexuales para evitar la propagación.

Es decir: la solución no es aplicar vacunas preventivas. No. La solución es que las maricas usen cinturón de castidad. Si bien la viruela del mono no es una ITS (infección de transmisión sexual), durante los encuentros se puede provocar el contagio. Para la OMS la salida no es tomar medidas preventivas ni vacunar a lo que se pueden considerar poblaciones más expuestas sino lanzar propuestas retrógradas e inútiles. Bravo.

¿De qué sirve entonces todas las estadísticas y números que leemos en los medios? ¿Para qué hablan de la cantidad de gays y bisexuales con viruela del mono? Esta información que se dice objetiva debe servir para tomar acciones concretas pero solo se la utiliza para responsabilizar a un sector de la sociedad y no para formular las respuestas sanitarias urgentes. Se necesitan vacunas, tratamientos e información. Y en su lugar nos dan prejuicios y titulares amarillistas.  

Por estos días en México los activismos reclaman un subregistro de casos de la viruela del mono por parte del Estado. La OMS no habla de la ineficacia de los sistemas de salud vaciados e ignorados, de los profesionales de la salud quemados luego de atender una pandemia. No retomamos los debates sobre patentes de medicaciones, vacunas y sus procesos burocráticos de compra con ganancias inimaginables para algunos pocos. No, acá urge hablar de la sexualidad de los hombres que tenemos sexo con otros hombres y amamos hombres que aman hombres y así ad eternum.

El rol de los medios en la desinformación y el estigma

Ilustración: Florencia Capella/Agencia Presentes

La búsqueda voraz del titular que más clics coseche convierte a los medios de información en un caldo de cultivo del estigma y el prejuicio. La OMS emite un mensaje vetusto y a la vez en sus textos llama a no estigmatizar. Y el filtrado de edición a los grandes titulares y destacados llega que gays, hombres que tienen sexo con hombres y varones bisexuales son el ojo de la tormenta símica.

Ese foco morboso que hace el periodismo obedece a que la prioridad parece ser el impacto en las métricas de redes. Sin que importe el otro impacto, el de la sociedad. De estas acciones irresponsables se desprende una estructura histórica: gente que no se trata ni testea porque “total no soy gay”. U otra que si tiene síntomas prefiere negarlos para no ser tomado por “maricón”.

Mientras los virus que, de orientación sexual, identidad de género y demás se siguen expendiendo, los medios ganan seguidores en base al show y el miedo. La ecuación es nefasta.

El peor virus

En lugar de asumir las problemáticas, responsabilizarse de los errores y encarar respuestas colectivas se prefiere culpar a un grupo de personas. La estructura es tan vieja como siniestra. Nos demuestra que la historia del mundo es un eterno deja vu con resultados catastróficos de los que nada aprendemos. 

Mientras los mismos medios que difunden el terror, se maravillan con el caso de una persona en Barcelona que logró controlar el VIH sin medicación, las organizaciones de activismo VIH denuncian a la Comunidad de Madrid por imponer trabas burocráticas que dejen sin medicación a las personas VIH+ migrantes.

Los mismos medios que celebran un caso aislado y no visibilizan la urgencia sanitaria que afecta no solo a migrantes sino a toda la población evitan todo el tiempo nombrarla, ¿a quién? a la presidenta de esa Comunidad: Isabel Diaz Ayuso. La misma que después de negar que el crimen homoOdiante del joven Samuel dijo que la homofobia “vive en la cabeza de las izquierdas”.

Los sistemas de salud están colapsados, los grupos antiderechos se llevan puesta la educación sexual, los virus se multiplican, la prevención es ignorada, pero claro, para la OMS la solución es que los putos cojamos menos. La presidenta de la Comunidad de Madrid le niega atención y derechos humanos a migrantes pero los medios se fascinan con un caso aislado. 

Mientras pareciera que vamos saliendo de otra pandemia, en el cielo las nubes peligrosas nunca se fueron, esas que precipitan en odio y estigma. El peor virus fue, es y seguirá siendo el odio. Seamos la vacuna de información, más derechos y empatía.

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