Defender el territorio: la sabiduría de las parteras ava guaraní resiste

Las lideresas de las comunidades ava paranaense recuperan la espiritualidad del pueblo como una forma de resistencia.

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1 de febrero de 2022
Leticia Galeano
Leticia Galeano

ASUNCIÓN, Paraguay. Desde la resistencia de las lideresas del pueblo ava paranaense, de la comunidad Tekoha Sauce, quienes retornan a su territorio ancestral, mantienen vivo el saber que recibieron de sus madres y de sus abuelas: la partería.

María Celia Benítez tiene 54 años. Es partera y nació en la comunidad Tekoha Sauce del pueblo ava paranaense. Acompaña la lucha de recuperación de sus territorios ancestrales, los cuales fueron tomados para la construcción de la hidroeléctrica Itaipú Binacional, a finales de los años 70.

Su comunidad, Tekoha Sauce es una de las 38 comunidades afectadas, ubicada en el río Paraná del territorio paraguayo.

María era una niña cuando acontecieron los hechos de desplazamiento forzoso. Como consecuencia de ese desplazamiento, sufrió la pérdida de muchos de sus familiares. En su mayoría fallecieron al no resistir en el sitio inhóspito al cual fueron reubicados y llevados, sin siquiera poder rescatar sus animales y pertenencias.

Como sobreviviente de este genocidio, siente que el sentido de su vida es la recuperación de su territorio y lo que realmente significa para el pueblo ava paranaense el significado de territorialidad.

En una sola palabra en guaraní, es el “tekoha”, que tiene que ver con la cultura, espiritualidad, la forma de vida, el sentido del bosque y todo lo que mantiene con vida lo esencia de su identidad. Además, para los pueblos ava paranaense su sentido de vida sigue siendo siempre al lado del río Paraná, que es de vital importancia.

Por esta razón, la resistencia y búsqueda de derechos hacia la recuperación territorial, está ligada a los aspectos espirituales y la sabiduría desde la medicina de las plantas, el cultivo tradicional, junto con la pesca y la caza, así como la partería natural que es lo que ella mantiene viva y lo recibió de sus abuelas.

Las mujeres que resisten

Como María, otras mujeres lideran y se mantienen ligadas a la resistencia hasta la recuperación territorial.

En medio de esta resistencia, está el hecho de que sus propios hijos nacen en medio de las circunstancias de precariedad. Este desafío también colabora a mantener los saberes en cuanto a las prácticas culturales de las abuelas, y que se ligan directamente a la medicina natural y de las plantas nativas.

Desde que empezaron a retornar a su territorio, se dieron muchos nacimientos y ni un solo caso de muerte por parto desde el 2015.

Alumbrar para la lucha

El testimonio de las mujeres en cuanto a dar a luz, tiene que ver justamente con la misma resistencia.

Los dos hijos de Nancy Ramos (26), una de las mujeres, son fruto de este modo de vida. Ella menciona que es el mayor símbolo de la resistencia y resguardo de saberes. Que tampoco se siente cómoda cuando le toca ir a los servicios de hospitales públicos de los pueblos y ciudades aledañas.

Además de no tener insumos básicos, explica, el trato hacia las mujeres indígenas deja mucho que desear. Por lo tanto, considera muy importante que sus hijos conozcan su historia y la puedan seguir manteniendo viva.

Así también comenta Lorenza Benítez, (54) mujer medicina.  “Cada persona llega con un don para desarrollar al servicio de la comunidad. El legado que brinda María mantiene viva la forma de llegar al mundo. Fue siempre realizada con mucho respeto por varias generaciones y debe seguir siendo una práctica vigente, más allá de que existan otras medicinas. Muchas veces al dejar de utilizar estos saberes, se dejan de valorar las medicinas ancestrales, se olvidan sus nombres y su función con el resto de las plantas que deben coexistir juntas para que el bosque siga siendo bosque, tal y como se realizan los diversos intercambios entre los seres humanos y la naturaleza”.

Parir y recuperar

Otras varias mujeres, que también han dado a luz en la comunidad Tekoha Sauce, comparten las mismas miradas que sostienen Nancy y Lorenza. Destacan que en esta lucha está muy claro que lo que se busca es la recuperación territorial y no piden ningún favor, y estas son las circunstancias por las cuales se reconocen fuertes, y como reivindica una de las lideras.

Amada Martínez, (33) dice que no son historia, como muchos quieren hacerles ver, más bien «están haciendo historia». Y que, de hecho, estos nacimientos demuestran que su cultura tiene mucha sabiduría, que es muy valiosa y que podría ser útil para todo el mundo, ya que respeta la naturaleza.

La amenaza permanente de los desalojos

A la fecha actual, Tekoha Sauce, se encuentra resistiendo en parte de lo que fuera su antiguo territorio, que hoy pertenece oficialmente a la reserva Limoy de la Hidroeléctrica.

Están allí desde la expulsión en el año 2016, luego de haber intentado recuperar durante un año, otra parte de sus antiguos territorios, que hoy actualmente pertenece a un terrateniente brasileño.

Esta comunidad vuelve a sufrir una demanda para el desalojo, esta vez impulsada por la Itaipú, que sin embargo resulta inviable, ya que existen muchos cabos sueltos jurídicamente.

De hecho, desde 1975 a 1978 que fueran expulsadas, se pasaron por alto las leyes internacionales del convenio internacional de la OIT que les amparaba, resguardándoles en sus derechos y apuntando principalmente a que, si fueran a trasladarse de sus tierras, debería ser dado por acuerdo previo y en un lugar con iguales o mejores condiciones.

Desde el origen

En esta lucha de tantos engranajes, el valor de María se funda desde la raíz.

Todas las niñas nacidas en medio de esta búsqueda de restitución han nacido de sus saberes, con la conjunción de los rezos de las lideresas y líderes espirituales que aún viven y realizan sus jeroky aty o espacios de canto, baile oración.

En diversas celebraciones, María también se encarga de la bebida espiritual a base de maíz, llamada kagyui o chicha. Cada mujer lleva su takua pu o bambú para hacer sonar en la tierra, que es un instrumento para acompasar los cantos rezos. Esa fortaleza mantiene viva la resistencia.

Medicina ancestral

Estas prácticas espirituales y medicinales responden a la identidad de su pueblo y sostienen una lucha social y pacífica que prevalece, incluso en estos tiempos de narco política e intereses de macro emprendimientos.

Entre las reflexiones que comparte María, afirma que sin las medicinas del bosque no se podría sostener la vida.

Por ejemplo, para que el cedro viva, que es uno de los árboles más emblemáticos de sus pueblos necesita de una red de vida que pertenece al mismo hábitat.

El cedro se utiliza para muchos objetos rituales como sanar enfermedades y heridas físicas y mentales. Este árbol, como el mismo sentido del tekoha, la red de vida es lo que le otorga vida al mismo río. Un río que sufre sequías lo que afecta directo al ser humano, a todos los seres vivos e incluso a la misma hidroeléctrica.

Partera, un oficio de lucha

María considera que el oficio de la partera no se puede perder. Como tampoco pueden perderse todas las medicinas que llegan desde los bosques. En 40 años, desde que resisten, no han tenido necesidad de las farmacias. Esto es por los saberes que se mantienen vivos. Y, por otro lado, porque en el estado paraguayo, los servicios básicos no le llegan debidamente a las poblaciones rurales o indígenas.

Sin embargo, actualmente, ante la situación de estar viviendo en carpas de plástico y de la dureza de la resistencia, como son las constantes fumigaciones, lastimosamente estas medicinas naturales no son suficientes. Muchas personas buscan apoyo en los centros hospitalarios urbanos o sufren consecuencias nefastas.

Pero la resistencia sigue firme ya que hay organizaciones y equipos de personas que se suman hasta la restitución, así como la fortaleza de la comisión de mujeres de Tekoha Sauce.

Con ello, sigue viva la esperanza, y la posibilidad de que María transfiera sus saberes. No solamente a su pueblo sino también a la red de personas que despierta y acompaña, a quienes quieren volver a nutrir ese bosque, esa agua y nuestra Madre Tierra, desde los saberes y pasos de nuestras abuelas y abuelos.

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