El primer refugio para personas trans en México se activó en la pandemia

El albergue Casa Hogar Paola Buenrostro fue fundado por la activista trans Kenya Cuevas y funciona desde abril de 2020.

3 de diciembre de 2021
Georgina G. Alvarez
Georgina G. Álvarez

El último día de marzo de 2020 se declaró en México el estado de emergencia sanitaria por la Covid-19. El 2 de abril Kenya Cuevas, mujer trans defensora de derechos humanos, abrió las puertas de Casa Hogar Paola Buenrostro, el primer albergue para personas trans del país, ubicado en Cuautepec, un barrio popular al norte de la agigantada suburbanización de la Ciudad de México. 

En el número 59 de la empinada calle de Lázaro Cardenas se ubica uno de los sueños concretados de la activista Kenya Cuevas, una mujer conocida por su entereza y determinación por construir futuros vivibles para personas que se encuentran en situación de vulnerabilidad. 

“En marzo perdí mi trabajo, no podía pagar renta y menos comida. Necesitaba ayuda. Le marqué a Kenya para pedirle si podía quedarme en Casa Hogar, y me dijo —claro que sí, vente para acá mi niño. Llegué el 3 de abril. Hoy soy coordinador de consejería. Pasé de beneficiario a ser parte del equipo, y considerar a estas mujeres y personas trans mi familia, y no mames, me siento feliz”, cuenta Christopher con una sonrisa grande.

Christopher acaba de cumplir 21 años y lleva cinco viviendo en México. Chris, como se presenta durante la entrevista, es un hombre trans que migró de Honduras debido a la violencia que ejercía su madre contra él y por amenazas de un hombre que todavía lo busca. Apenas este año el gobierno mexicano le otorgó el reconocimiento de refugiado. 

“Acá puedo ser yo, en mi país no”

En su seno familiar y escolar Chris no recibió educación sexual, “no sabía cómo nombrar mi identidad pero lo sentía y me sentía bien cuando me vestía modo niño”, recuerda. Cuando eso pasaba su madre arremetía contra él diciendo “pareces marimacha”. Además, las parejas de su madre ejercieron violencia sexual contra él. “Todo eso detonó salirme de mi casa, y me dije: no voy a regresar a la misma mierda”. Chris tenía 14 años cuando decidió salir de su casa. 

Tras la huída del seno familiar, un hombre mayor le ofreció trabajo y alojamiento pero también ejerció violencia en su contra. Chris no da mucho detalle al respecto y arremete diciendo, “a la fecha ese hombre me está buscando, me ha amenazado. En resumidas (resumen) mi vida en Honduras, aunque se escuche mal, era una mierda”.

Como Chris, muchas personas centroamericanas LGBTI+ se ven obligadas a dejar su país de origen por las distintas violencias, discriminación y hostilidad que enfrentan. 

De acuerdo al informe Vivo cada día con miedo publicado en 2020 por Human Rights Watch, las razones de movilidad humana en los países del Triángulo Norte (Guatemala, El Salvador y Honduras) responde a una multiplicadad de factores como las condiciones estructurales de desigualdad, violencia sistemática, violación a derechos humanos, violencias de parte de las fuerzas de seguridad y pandillas; y de manera particular, las personas LGBT huyen también por la discriminación y violencia por prejuicio hacia su orientación sexual, expresión e identidad de género

Chris decidió migrar al norte el 26 de febrero de 2017. A pie y a jalón avanzó de su natal San Marcos, departamento de Ocotepeque, hasta cruzar Guatemala. En el camino además de cansancio y hambre, enfrentó acoso sexual. 

El 3 de marzo Chris llegó a Tenosique, Tabasco, un estado del sureste mexicano y se alojó en el albergue La 72, uno de los pocos espacios de acogida en México que cuenta con un espacio integral para migrantes LGBT+. Ahí permaneció once meses, conoció a otras personas LGBT+, le inspiró el trabajo de las voluntarias, y pudo reflejar y poner en palabras lo que siempre ha sido: “soy Chris, soy un chico trans, soy este cabrón”.

“Hasta que llegué a México concebí la tranquilidad ¿sabes? porque literal no puedo volver a mi país, acá puedo ser yo, en mi país no. En primera por el peligro de la persona que aún me busca y dos porque a las personas como yo nos dan cuello. Es así, volver a nuestro país es como muerte para nosotros, hay mucha violencia para nosotros las personas trans”, reclama.

No miente. Desde 2016 la organización Trans Europe coloca a Honduras como el país con más homicidios registrados contra personas trans por cada millón de habitantes y aclara que “al examinar los número relativos, la situación en Honduras es incluso peor que en Brasil, que tiene el mayor número absoluto de homicidios reportados”. 

Además, el registro indica que hay una “tendencia preocupante” en lo referente a las intersecciones y enfatiza: “la mayoría de las víctimas son mujeres trans negras y de color, migrantes y trabajadoras sexuales”. Así mismo, América Latina sigue siendo la región más letal del mundo para las personas trans. El 70% de los 375 asesinatos registrados contra personas trans en el último año ocurrieron en México, América Central y Sudamérica.

“La tercera es la vencida”

Chris tramitó su solicitud de refugiado en la representación de Tenosique de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR) pero se la negaron dos veces.

“La segunda vez que me negaron el refugio decidí avanzar, con o sin papeles pero mi meta, aunque infantil, pero el deseo mío era llegar a la Ciudad de México para ver el Ángel de la Independencia”, dice. Chris entonces viajó en un autobús hasta la capital del país en donde con ayuda de amistades pudo conseguir empleo y rentar.

En las oficinas de COMAR en la CDMX, Chris contó su historia por tercera vez, dice que esa entrevista “no dolió tanto” y luego de cuatro años de solicitar refugio, al fin obtuvo su resolución. “La tercera fue la vencida y me acaban de dar el refugio, estoy que no me la creo porque eso significa que podré estudiar en una universidad, tener acceso a salud, trabajo y así porque básicamente el gobierno mexicano ahora está obligado a garantizar esos derechos”.

Chris está contento pero le gustaría que su tarjeta de refugiado reflejara su nombre. Y es que en Guatemala, El Salvador y Honduras a las personas trans aún no se les garantiza el derecho a la identidad, no existen leyes que permitan procedimientos administrativos para modificar su nombre y marcador de género en sus documentos oficiales.

A su vez, el Estado mexicano no expide documentos migratorios con el nombre social de las personas trans migrantes. De acuerdo al propio artículo 8 de la ley sobre refugiados, protección complementaria y asilo político, las autoridades mexicanas están incumpliendo el principio de no discriminación que busca que “los solicitantes, los refugiados y quienes reciban protección complementaria, no sean objeto de discriminación motivada por origen étnico o nacional, género, edad, discapacidades, condición social o económica, condiciones de salud, embarazo, religión, opiniones, preferencias sexuales (orientación sexual), estado civil o cualquier otra que tenga por efecto impedir o anular el reconocimiento o el ejercicio de sus derechos”.

“Por la pandemia era urgente que tenía que abrir el albergue”

En febrero de 2020 Chris se quedó sin empleo lo que dificultó el pago de su renta y comida. “Necesitaba ayuda urgente pero también quería aportar en el albergue. Hablé con Kenya y me abrió un espacio en Casa Hogar”, comenta.

Casa Hogar Paola Buenrostro es un sueño que Kenya Cuevas tuvo desde que su activismo se hizo más fuerte, cuando tomó las calles de la ciudad para exigir justicia por el transfeminicidio de Paola, su amiga. Y por quien, en memoria, fue nombrado este albergue.  

Y fue en diciembre de 2019 cuando la Secretaría de Inclusión y Bienestar Social (Sibiso) le entregó a Kenya un inmueble vacío en el barrio de Cuautepec

«Yo lo quería inaugurar hasta enero de 2021, pero por la pandemia era urgente que tenía que abrir el albergue. Muchas personas fueron afectadas. Había mucha hambre, no había empleo”, recuerda. 

La noche del primero de abril de 2020 el gobierno de la Ciudad de México decretó el cierre de hoteles y tuvo como consecuencia que personas que ejercen el trabajo sexual, sobre todo mujeres, se quedaran sin vivienda y sin lugar para laborar. 

De acuerdo a una encuesta del Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación en la Ciudad de México (Copred) antes de la pandemia, el 42.9% de las personas que ejercen el trabajo sexual son mujeres trans y el 49.6 mujeres cis.

La investigación Observatorio: género y covid-19 impulsado por Gire (organización feminista sobre derechos reproductivos) detalló que al inicio de la pandemia el gobierno de la CDMX se comprometió a realizar tres entregas de despensas para personas trabajadoras sexuales, pero solo las entregaron una vez. Así mismo, pactaron brindar apoyo económico durante tres meses por medio de tarjetas con saldo equivalente a 2 mil 600 pesos por mes, pero quienes accedieron a estas tarjetas solo recibieron un único pago de mil pesos.

De abril de 2020 a la fecha, el albergue ha brindado techo, comida, un lugar donde dormir y atención integral como regularización escolar, acompañamiento emocional y de adicciones y talleres de oficios a, al menos, 180 personas. La mayoría mujeres trans, pero también a toda aquella persona que lo necesite.

La mayoría de las mujeres trans que han pasado por este albergue han migrado, ya sea desde otro país como Honduras, Nicaragua, Cuba, Colombia o Venezuela; así como de otros estados del territorio mexicano como Tamaulipas; Baja California, Morelos y el Estado de México.

“Aquí no excluimos a nadie. Si bien nació con la idea de ser un espacio para personas trans, también hemos brindado apoyo, cobijo y canalización a mujeres y hombres cis. A personas que acaban de salir de la cárcel, personas en situación de calle, usuarias de drogas que buscan una reintegración y hemos servido como un lugar seguro para las personas migrantes que deciden seguir su camino o quedarse. Y a todas ellas les atendemos con una metodología integral y con amor”, comenta Kenya. 

Al mismo tiempo que comenzó a operar el albergue, Kenya Cuevas y el equipo de Casa de las Muñecas Tiresias, organización que preside, activaron también la entrega de comidas calientes en Revolución, un punto de trabajo sexual en la Ciudad de México. Durante cinco meses sirvieron un total de 8500 comidas y la calle se convirtió en un espacio de alegría donde mujeres trans ofrecían números musicales de imitación para “aligerar la incertidumbre”. 

Los shows eran una fuga, pero también sirvieron para visibilizar que las personas trans no solo damos show por las noches en antros gay, sino que también existimos y podemos estar en los espacios públicos… durante el día”, sostiene Cuevas.

“El gobierno tiene una deuda histórica con nosotras” 

A lo largo de los años y desde que fundó su organización, Kenya no ha parado de defender los derechos humanos de las mujeres trans de este país y de las migrantes, de las que por alguna circunstancia han muerto y de las que fueron asesinadas. 

“Esto no ha sido de okis (fácil), también ha sido a partir del sufrimiento, de las pérdidas, de los asesinatos, de las personas que mueren en la impunidad y el abandono estructural. Ha sido una experiencia hermosa, sí, pero esta es una tarea que deberían estar generando los gobiernos. El gobierno de este país tiene una deuda histórica con todas nosotras, a las que se nos fue negada la construcción de herramientas y derechos humanos desde el momento que dijimos —soy trans”, recalca. 

Tras la ausencia del Estado, Kenya no ha dejado de soñar y hoy su organización opera más allá de los volcanes que rodean la Ciudad de México, en cuatro estados: Nayarit, Morelos, Veracruz y Estado de México donde la apuesta son los proyectos de vida, reparación y reintegración social de las mujeres y hombres trans que lo necesiten. 

La metodología integral consiste en cuatro etapas: proporcionar documentación, evaluaciones médicas de salud mental y física; ingreso a escuela, certificación escolar y talleres de autonomía económica; profesionalización y “vida independiente”, cuando las personas que pasan por el albergue son capaces de mantener un empleo y rentar un espacio. 

“Yo sin estudios ni nada, pero con la experiencia de vida porque también me cruzan estas vulnerabilidades y las entiendo, yo siempre voy un paso adelante. Tan (es) así que desde Casa de las Muñecas logramos crear una metodología e intervención integral. Y no es por cacarear pero tengo muchos resultados y muchas chicas que pasaron por aquí que hoy están tranquilas, conocen sus derechos, tienen un trabajo, rentan un espacio, están motivadas. Ver feliz a estas mujeres es el mejor de los reconocimientos”, confiesa Cuevas.

“Nuestra mayor venganza es que seamos felices”

A Chris lo inspiraron las voluntarias del albergue La 72. Desde entonces el deseo por “devolver” lo que a él le brindaron algún día no se le escapó de la cabeza. En Casa Hogar ese sentimiento se afianzó aún más cuando conoció de cerca la fortaleza y el amor de Kenya Cuevas, a quien siente como una madre amorosa, “esa que nunca me abrazó, que nunca abracé, esa que nunca me dijo te quiero y a quien nunca le dije te quiero”, comenta.

“… pero aquí me siento feliz, soy yo y estoy en familia. Pasé de beneficiario a coordinador de consejería, un puesto que no sé cómo definir pero que, no mames, me siento feliz porque Kenya y el resto del equipo confían en mí, me dieron responsabilidades. Gracias a ellas logré esto, pero también gracias a mí porque me he esforzado como no tienes idea y a la fecha hacerme creer eso es muy difícil”, concluye Chris. 

A Kenya no se le acaban los sueños, tampoco su entereza. Antes de irme le pregunto —¿de dónde sacas tanta fortaleza? Ella sonríe, se ríe y respira hondo. 

“Ay chula. yo no sé. La verdad es que creo que es por tanta sed de justicia en medio de tanta impunidad. Y porque también tengo muchos sueños personales y eso implica ver una sociedad más inclusiva, más empática, comunitaria y para construirla sigo trabajando. Mi chamba (trabajo) no termina después de una disculpa pública por el transfeminicidio de Paola, sino al contrario, es el principio de la lucha porque si no, no vamos a ser felices. Y seguiré trabajando hasta el último día de mi vida porque nuestra mayor venganza es que seamos felices”.

A dos años de la pandemia de covid-19 el Estado mexicano no ha tomado acciones para mermar el impacto que ha tenido la emergencia sanitaria en específico con personas LGBTI+, trabajadoras sexuales y personas migrantes porque tampoco hay datos oficiales que nos permitan conocer cómo ha afectado a estas poblaciones. 

Por el contrario, son los activismos como el de Kenya y su forma de construir comunidad, ha permitido que Chris y tantas otras personas trans, encuentren, además de comida, techo y estudio, un espacio amoroso para ser libres en Casa Hogar Paola Buenrostro.

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