Infancias y adolescencias trans: mitos y prejuicios para desarmar

Hay muchos mitos, prejuicios y adultocentrismo en torno a las infancias y adolescencias trans. Luis, Sofía y César nos cuentan en esta nota cómo desarmar estas creencias.

13 de septiembre de 2021
Georgina González@georginagon
Georgina G. ÁlvarezMilena Pafundi

Cuando tenía cinco años pedí de reyes el Ken barba mágica. Sentía que ese juguete reflejaba algo de mí, era igual a ver a mi papá cada mañana y saber que era como él pero distinto. El Ken nunca llegó, no porque los reyes (mi mamá) no quisieran, sino porque nunca lo encontró. Para mí este recuerdo es un tesoro y guarda una potencia a la que intento nunca darle la espalda porque era yo con cinco años comunicando en una carta algo que siempre supe: no soy mujer. La palabra trans vino después. 

Decido contar esto porque a las personas trans se nos asume siempre adultas, pero yo también fui une niñe trans. Porque es simple, las infancias trans existen. 

Ojalá pudiera concluir el texto en esta parte y no dar más explicaciones, pero 25 años después de esa carta de Reyes estoy aquí contando que aún hay quienes creen lo contrario y se basan en una serie de falsos mitos para asegurarlo, incluso para negarles sus derechos. 

Como pasó con la Legislatura anterior del Congreso de la Ciudad de México, al negarse, en más de una ocasión, a votar en favor de un dictamen que busca garantizar el derecho a la identidad de las personas trans menores de edad. Pero esos discursos no se quedan en el pleno, también se extienden desde los grupos antiderechos y llegan a la sociedad en general.

Para romper con esas narrativas, conversé con Luis, Sofía y César, tres adolescentes trans, quienes me enseñaron el paso uno: escuchar a las infancias y adolescencias trans.

“A su edad no saben quiénes son”: falso 

“Hay muchas personas trans que lo sabemos desde chiquites… solamente no sabemos cómo expresarlo, pero sabemos quiénes somos. En mi experiencia sentía que algo no estaba bien conmigo y supe que no era un niño desde los cuatro años pero no sabía cómo decirlo. A los ocho vi un documental de una persona trans y dije —esa soy yo y así pude decirle a mi mamá: —soy una niña.

Esta es la experiencia de Sofía, quien ahora tiene 16 años. César de 13 y Luis de 18 pasaron por un proceso similar cuando ambos tenían 11 años y fue el internet y un libro lo que les ayudó, en aquel entonces, a poner en palabras: —soy un niño. 

Y es que, la identidad de género no es una decisión, tampoco una fase. Ni se cambia, ni se impone. De hecho tú y la persona que está a tu lado tienen identidad de género. Todas las personas tenemos una y no la decidimos simplemente la vivimos y expresamos.

De acuerdo al Consejo Nacional de Población (CONAPO) de los 6.8 millones de adolescentes de entre 13 y 14 años que viven en México, entre el 1.2% y 2.7% tienen una identidad de género distinta a la que les fue asignada al nacer, es decir, entre 81 mil a 183 mil adolescentes. 

Y es probable que muchas de esas adolescencias hayan oído frases como “están confundidos”, ”no tienes la madurez para saber quién eres”, “no están en edad para decidir”. Al menos César, Sofía y Luis las han escuchado con el fin de intentar hacerles ver que por ser personas menores de edad no tienen, supuestamente, la capacidad de saber quiénes son.

Luis es cofundador de la Asociación por las Infancias Transgénero y desde su experiencia de vida y su activismo cuenta que la falsa idea de pensar que las infancias “no son capaces de comprender quiénes son”, es algo que ha costado mucho trabajo cambiar en las legislaciones, pues dice, “es un reflejo de cómo operan las jerarquías de poder patriarcales y adultocéntricas sobre las infancias, adolescencias y juventudes trans”.

“Los padres deciden cambiar de sexo a sus hijos”: falso

Eso que está entre comillas es otro falso mito alrededor de las infancias trans y para Luis, Sofía y César es “demasiado burdo”.

En concreto porque, en palabras de Luis: “dudo que una familia decidiera hacerse la vida más complicada. Es muy difícil ser una familia de una persona trans menor de 18 años porque existe todo un estigma dentro de la sociedad que va también en contra, específicamente, de las madres y se les acusa de — “es que no hicieron bien su trabajo, no el dieron (inserte cualquier cosa que podría inculcar masculinidad o feminidad clásica)”. 

El 85% de las personas que acompañan y brindan apoyo a les niñes y adolescentes trans son sus madres, de acuerdo a un informe elaborado por la Asociación por las Infancias Transgénero.

Además, como nos lo han explicado Sofía, César y Luis, la identidad de género es algo que sólo lo puede determinar quien los experimenta. No se cambia, ni se impone, ni se borra; intentarlo sería ejercer una práctica considerada tortura y violatoria de derechos humanos, que lleva por nombre Esfuerzos para Corregir la Orientación Sexual e Identidad de Género (ECOSIG) métodos que se prohíben y castigan en la CDMX; Estado de México; Baja California Sur; Yucatán y Zacatecas.

Pero acompañar desde el amor y el aprendizaje mutuo puede hacer la diferencia para que las infancias y adolescencias crezcan felices; libres y seguras. El viaje no siempre será fácil y en el camino tanto las niñeces como sus familias (des)aprenden juntes. Y es que las infancias trans al saber quiénes son y comunicarlo también hacen un ejercicio de pedagogía en sus entornos familiares y sociales y al vivirse como infancias trans visibles demuestran que pueden ser igual a otras niñeces, igual de libres, igual de felices.

“Yo me siento privilegiada porque mi mamá, mi papá y mi hermano me apoyan y mi experiencia ha sido muy buena. Creo que los primeros cuatro meses fueron duros porque no solamente es una transición para nosotres (personas trans), también es una transición para la familia, es acostumbrarse, es aceptar el pronombre de tu hije, es protegerte y eso también es difícil para ellos”, cuenta Sofía.

En un punto de nuestra conversación César puso hincapié en lo vital que representa el apoyo familiar para una persona trans de cualquier edad. 

“De por sí cuando eres una persona trans puedes correr peligros, cuando eres una persona trans sin apoyo familiar es aún más. La tasa de suicidio que hay de personas trans porque no les apoya su familia y la sociedad es alta, por eso es importante que tu familia te apoye. Hay veces que niñes me escriben por tik-tok diciendo: ‘sería lindo que también mi mamá me apoyara’ y no sé qué decirles. Siento mal de pensar que hay muchos niños trans y niñas trans que no son apoyades y que sufren día a día con eso”.  

Sobre la tasa de sucidio César tiene razón. De acuerdo a la Encuesta Nacional sobre Discriminación por motivos de Orientación Sexual e Identidad de Género (ENDOSIG, 2019), las personas trans reportan mayor prevalencia de ideación suicida como consecuencia de un contexto social hostil y discriminatorio. 

El movimiento que reivindica los derechos de las infancias trans no se le ocurrió a una persona adulta, ni cis ni trans. Esta lucha vino de las peticiones, de las voces de estas infancias que saben quiénes son, cómo se sienten y qué quieren. Escucharles solo es el primer paso y la primera oportunidad para que madres, padres, sus entornos familiares y sociales, les acompañen y aligeren el camino. 

“Quieren hormonar a los niños”: falso

Algo que he aprendido al cubrir el movimiento de familias trans es que nunca se ha tratado  de que quieran modificar las identidades y corporalidades de sus hijes sino todo lo contrario. Junto a elles aprenden que sus cuerpos no están equivocados, que no son un error, que hay niñas con pene y niños con vulva. 

En realidad desde la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) hasta la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) amparan que el reconocimiento de la identidad de género de cualquier persona (mayor y menor de edad) debe ser garantizado sin que tengan que acreditar intervenciones médicas, quirúrgicas, tratamientos hormonales u otros procedimientos. Sin embargo, en México aún hay muy pocas opciones para que las infancias trans sean reconocidas y protegidas plenamente. 

Recientemente la jefa de gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheibaum emitió un decreto que permite tramitar el cambio de acta mediante un proceso administrativo, pero éste solo aplica para personas mayores de 12 años nacidas en esa ciudad. Y Jalisco es una suerte de oasis, es la única entidad que cuenta con el mecanismo más alto en estándares de derechos humanos para garantizar el derecho a la identidad de las personas trans, simplemente porque no discrimina por edad y porque cualquier persona del país puede tramitar su acta de manera expedita, económica y no patologizante.

Pero seamos realistas, no todas las familias y personas tienen los recursos para viajar y tramitar su nueva acta en Jalisco. En México solo 14 estados cuentan con una ley de identidad de género para personas trans mayores de edad, y para que una infancia pueda obtener su nueva acta en alguno de estos estados tendrá que recurrir a un juicio de amparo, un proceso costoso y tardado. 

En los otros 18 estados del país que aún no garantizan este derecho a las personas trans (ni mayores ni menores de edad) la opción que queda es un juicio costoso, tardado y patologizante, donde se exigen dictámenes psicológicos y psiquiátricos que aprueben el estado de salud mental de las personas que lo solicitan y en ocasiones también de madres, padres de las personas menores de edad.  

Y es que en México el acta de nacimiento es un documento que garantiza la identidad de las personas y es esencial porque de ahí se deriva el acceso a otros derechos como la salud, educación, vivienda, trabajo, etc. No tener garantizado este derecho abre la puerta para que básicamente cualquier institución viole tus derechos humanos. 

¿Te imaginas que un juez sea quien decida quién eres? ¿Te imaginas tener que viajar de tu casa a Jalisco solo para que este derecho básico te sea garantizado? 

César y Sofía, que son del Estado de México, tuvieron que hacerlo junto a sus familias. Esto representó un enorme esfuerzo emocional y económico que no todas las familias pueden solventar. César lo resume así: “No está cool tener que viajar y pagar casetas para un derecho que debería ser posible en el estado donde vives. ¡Los derechos trans son derechos humanos!”.

“Nunca más voy a volver a ser invisible”

Esas fueron las palabras que Sofía pronunció el día que tuvo en sus manos su acta de nacimiento. Ese día también celebró sus 16 años.

“Es de las cosas más bonitas que le puede pasar a una persona trans porque ves tu nombre, el que tú eliges, oficialmente ya nadie te puede decir por tu deadname (la expresión para referirse al nombre con el que una persona trans no se identifica), ya no vas con miedo a inscribirte a la escuela y que todavía aparezca tu nombre anterior, ya eres legalmente lo que eres. Dejas de ser invisible y eso se siente muy bien”, me cuenta Sofía con una sonrisa.

César se siente muy emocionado y feliz, pero también nervioso, porque ahora que entre a la escuela al fin su nombre aparecerá en las lista de clases.

“Me gusta guardar momentos y cuando tuve mi acta, ese momento fue muy mágico. Lo recuerdo con mucho cariño, me hizo sentir muy seguro el saber que iba a estar protegido porque con el papel y el resguardo ya no tendrían derecho de ninguna forma de faltarme al respeto, de no respetar mi pronombre”. 

Luis me ayuda a dimensionar que el acta de nacimiento tiene una potencia distinta a la que da ser reconocide socialmente sin un acta de nacimiento que sustente para les demás, la legalidad de tu identidad.

“Sentía una presión gigante de tener que ser partícipe de un papel. Tener que representar ese papel esperado ahora como un hombre, porque si no tenía un acta de nacimiento y no me presentaba como el hombre estereotípico con una masculinidad estereotípica dentro de nuestra sociedad machista, pues entonces mi identidad era menos creíble a los ojos de la sociedad. Entonces tenerla (el acta) te da muchísima libertad de ser. Porque ya no tienes que convencer a nadie de nada y no tienes que pedir ningún permiso, ni estarte explicando. El acta te salva de muchas cosas que igual no son de vida o muerte pero que finalmente, si se empiezan a acumular —porque ese es el problema— que no es solo la discriminación social o de una persona o del sector salud o de las legislaciones, sino que es todas esas cosas en un día, entonces ir día a día con eso que se acumula se vuelve una existencia muy dificil”. 

Antes de apuntar con el dedo, de colocar en lo abyecto a las infancias y adolescencias trans, a sus familias elegidas y de sangre, sería bueno que te permitas escucharles. Creo que tenemos mucho que aprender de elles, de su amabilidad, del cuidado con el que tratan a las personas, del amor con el que abrazan lo que son y de la alegría y potencia que tienen por construir futuros posibles y sueños vivibles. 

13 de septiembre de 2021
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