Pensar el periodismo al calor de nuestras luchas disidentes

Solemos ver que los medios de comunicación hegemónicos ponen en escena una idea del mundo dándole importancia a la clase privilegiada.

7 de junio de 2020

Por Keili González*

Solemos ver que los medios de comunicación hegemónicos ponen en escena una idea del mundo dándole importancia a la clase privilegiada o relevancia a les sujetxs desde una mirada meritócratica, por supuesto blancxs, heterosexuales y de representaciones sujetas al medio para el cual producen

Preguntarse por qué ser periodista en una sociedad cisheteropatriarcal, dividida en clases sociales y que además es presentada como si fuésemos todos iguales, no debe ser una tarea menor. Más aún cuando se es integrante de la porción que se llevó la peor parte y percibe que entre lo que se hace y lo que se dice hay grandes diferencias y antagonismos, hay una relación dialéctica.

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El oficio en la actualidad mayoritariamente está atravesado por una falta de perspectiva de género y la carencia al hablar de las problemáticas de las disidencias sexo afectivas. A esto se le suma la conformación de grandes grupos empresariales y una vertiginosa dinámica de producción. Es así que la rigurosidad en un contexto donde la información abunda, la temporalidad periodística y las condiciones laborales, marcan el andar de un sistema que piensa en términos de pérdidas y ganancias, en la primicia, el zapping, el rating y el click.

¿Hay un mercado de la palabra?

“Nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes ni mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores. La experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan. La historia aparece así como propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas las cosas”, afirmó Rodolfo Walsh en el marco del “Cordobazo” en 1969, para el Periódico de la CGT de los Argentinos.

Solemos ver que los medios de comunicación hegemónicos ponen en escena una idea del mundo dándole importancia a la clase privilegiada o relevancia a les sujetxs desde una mirada meritócratica. Son blancxs, heterosexuales y de representaciones sujetas al medio para el cual producen. Frente a eso están quienes se plantean desafíos y postulan otra visión de la realidad, corriendo viejas estructuras, contando otros mundos, visibilizando otras perspectivas y mirando la sociedad con otras lentes. El periodismo es acción política y es ejercicio del poder para transformar la sociedad ética y estéticamente.

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Los grupos empresarios en su espíritu corporativo buscan maximizar beneficios y minimizar las pérdidas, entre las últimas, la labor de les periodistas es un costo y eso se ve reflejado en la precarización laboral, que ubica a este trabajo en uno de los sectores de menor remuneración. La lógica empresaria y la intervención del Estado mediante diversos mecanismos como la pauta publicitaria, delimitan la tarea y, en casos extremos, coartan la libertad de expresión.

Las nuevas tecnologías de la comunicación y sus respectivos progresos imponen modificaciones en el manejo de la información para los medios tradicionales. Además de introducir diversas nuevas tareas y formas de narración, otras maneras de contar los hechos previamente investigados, transformando a les trabajadores de prensa en artefactos multifunción.

El periodismo sincera la falsa igualación

Rodolfo Walsh, en el provisorio epílogo de la primera edición de Operación Masacre, expresó: “Tanto entonces como ahora creo que el periodismo es libre, o es una farsa, sin términos medios”. Ser periodista, en primer lugar, es ser sensibles con las problemáticas que acontecen, es tener la capacidad de dudar e indagar hasta en lo que nos rodea por más simple que parezca, para saber si detrás se esconde algo, confirmar los hechos o develar la verdad o una parte de ella. Ser periodista, entonces, es un oficio de valientes y revolucionaries cuando la palabra que se narra es la que se tiene que decir y ésta no hubiera sido posible sin su presencia en el lugar y sin un uso responsable de las fuentes de información.

El periodismo sincera la falsa igualación entre el hecho ocurrido y lo escrito, y explicita que la mirada de quien lo ejerce forma parte de lo que se publica. Como en los casos de quienes narran nuestras vidas y se encuentran atravesades por las problemáticas de un mundo diseñado para unes pocxs, tomándose los desafíos de instalar en la agenda lo que nos sucede a las travestis y las trans, alejándose de cualquier pretensión de objetividad.

Tenemos que ser conscientes de que les periodistas tenemos una enorme responsabilidad, que la desigualdad tal vez no termine porque contemos las cosas que no se dice, pero sí ayudará a que les oprimides y damnificades tomemos las riendas y luchemos para construir una sociedad distinta.

*Keili González es activista travesti y periodista

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7 de junio de 2020

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