Acoso mediático a una activista trans: "Cómo duele este Nogoyá"

La activista trans de Entre Ríos, Keili González, fue agraviada primero por un legislador y luego sufrió violencia mediática por haber participado de la Marcha del Orgullo. En esta columna de opinión cuenta parte de su historia y cuestiona a los medios: Es hora que los medios de comunicación se preocupen en cómo incluir nuestras voces y miradas, que se interioricen qué es la diversidad sexual; en cómo hacerlo sin estigmatizarnos ni ridiculizarnos".

1 de febrero de 2018

Por Keili González Tras las Segunda Marcha del Orgullo Disidente realizada el 11 de noviembre de 2017 en Paraná, Entre Ríos, tuve que atravesar una serie de actos violentos. En primer lugar por parte de un diputado provincial de la ultra derecha peronista, que ocupa la banca por el Frente Renovador, Daniel Antonio Koch; y en segundo lugar por una serie de medios de comunicación digitales y radiales. Los detonantes que leudaron el costado violento de cada uno de los reinantes morales fueron: mi torso desnudo en la Marcha, una pared pintada y el hecho de que yo trabajo en el Departamento de Prensa y Diseño de la Municipalidad de Nogoyá. Solo mi condición de humana bastaba para movilizarme como militante y activista, comprometida con lxs demás. Mi reacción: denunciar ante los organismos del Estado al legislador y lxs comunicadorxs que ejercieron violencia. Además, instaron a que se vulnerara mi derecho fundamental a manifestarme y se llamara a tomar medidas en mi lugar de trabajo por algo que realicé fuera de horario laboral y en mi vida privada.

Violencia mediática

Ante las publicaciones de los portales digitales y los programas radiales, algunas acusaciones eran: no respeta a las mujeres; es una pervertida y promiscua; le gusta llamar la atención; busca fama. Los interrogantes más comunes eran: ¿por qué el intendente no la despide?; ¿por qué no valora su puesto de trabajo?; ¿por qué no la ponen a barrer? ; ¿era necesario mostrar las tetas?; ¿por qué no les dijo que no pintaran las paredes de la Unión Cívica Radical?; ¿nos va a pedir perdón?, ¿Por qué no hace como las demás travestis que llevan una vida “normal”? Mi respuesta fue: cómo duele este Nogoyá   Tras mis denuncias a los medios reproductores de mensajes de odio, que instaron a la violencia sobre mi corporalidad, no me callo más. A esta sociedad, a la que le genera pánico moral mi identidad, que anhela mi despido del trabajo en el cargo que me he ganado, que se esfuerza por someterme al sistema prostibulario, le contesto: Empecé a trabajar a los 5 años ante la triste realidad de haber nacido en una familia pobre, pero muy pobre. Ante el esfuerzo de un padre macho que se desvivía por llevar un plato de comida a casa y una madre que apelaba a la creatividad en las comidas para que parecieran diferentes, a pesar de poseer los mismos ingredientes la mayoría de los días. Descargo en Facebook de uno de los periodistas tras la citación por parte del INADI
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Laburar no me da escozor, como tampoco parece haberlo sentido una sociedad que no se inquietó porque hubiera un niño laburando en la calle. Para nada me da miedo laburar. De muy niñx solía acompañar a mis primxs en el carro por los negocios para juntar las sobras que alimentaban la olla de nuestra familia. Pasaba horas fuera de algún supermercado por alguna moneda para las golosinas; ni que contarles cuando apenas caía el sol …recorría las calles con mi tío el “Biguá Guzmán” juntando cartones y botellas para luego venderlos y ayudar en casa. Desde los 5 hasta los 12 años vendí diarios para poder vestirme, comprarme libros y útiles escolares; por los 8 o 9 años una clienta del diario oligarca ganadero – que me lo compraba los fines de semanas- me llamó para que le ayude hacer jardinería y ahí agarré la pala. También limpié casas cuando alguna amistad me llamaba para ayudarme en tiempos de flaquera, siendo tan solo un niño. Sí, un niño señorxs moralistas, porque yo no reniego de lo que fui. Siendo adolescente, de los 13 a los 16 años, en la llamada transición de mi identidad, me dediqué plenamente al estudio. Terminada la secundaria, para poder hacer mi carrera universitaria, comencé a laburar para bancarme la pensión donde estaba, algún boleto, cuando podía, porque si no viajaba a dedo. No fui de lxs privilegiadxs que disfruta de una familia que puede privilegiar “el estudio”. Algunas de las tantas cosas que hice fue hacer panificaciones para vender; vendía libros y hacía promociones; actividad (esta última) que detestaba porque me obligaba a ocultar todos mis rasgos masculinos, solo para agradarle a lxs destinatarixs de los folletos.
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Avanzado mis estudios universitarios, ingreso a la municipalidad, como pasante, para formar parte del equipo de Prensa y Difusión en la Intendencia de Daniel Pavón. Luego paso a formar parte de lxs empleadxs de planta transitoria y cambiada la gestión bajo la administración de Rafael Cavagna, continúo en el mismo espacio. ¿Qué me llevo a laburar a temprana edad? Por 1999 iniciaba la primaria en la escuela 103, la del barrio Sur. Ver el dolor de mi madre al quebrar un lápiz, al principio de año escolar, porque no tenía para comprarnos a cada unx de lxs hermanxs…Recuerdo muy bien esos lápices, eran de esos amarillos, cuya mina estallaba ante la mínima presión. Además, el deseo de festejar mis 6 años; hasta ese entonces, desconocía lo que era esa celebración, que muchxs chicxs disfrutaban cada año.

¿Te da cosita mi identidad?

Ante la gran incomodidad que genera mi visibilización y exposición, y los interrogantes el de por qué no me mantengo en las sombras como las demás travas, les repregunto: ¿por qué no se interrogan dónde están lxs demás travas?, ¿cuál es su realidad?; si son amadas, contenidas, contempladas, incorporadas. ¿Quiénes son las travestis que viven en Nogoyá? Pregúntense, porque estoy segura que ellas estarían muy contentas de que ustedes se sientan interpeladxs por la realidad que atraviesan a diario. Los travesticidios y transfemicidios son el último eslabón de una cadena de violencias que sufrimos las personas travestis y trans desde nuestra infancia y adolescencia. Tenemos un promedio de vida de 36 años y eso no parece ser un problema. La sociedad es indiferente, insensible a la cruel realidad que solemos atravesar y el Estado muchas veces no respeta nuestra identidad de género y cuando lo hace, no se tienen en cuenta: la expulsión, la falta de acceso y permanencia a los sistemas y los crímenes de odio, ese odio que usted suele manifestarme en cada posteo en las redes sociales.

¿Por qué denuncio a los medios de comunicación?

Porque como comunicadorxs sociales tenemos una enorme responsabilidad al ser generadores de opiniones. Yo no denuncio a lxs periodistas por hacer su labor, sino por instar a la violencia, algo que esta naturalizado y como sociedad no debemos dejar pasar. Partir de supuestos y acciones que jamás hice es faltar a la verdad. En la segunda marcha del Orgullo Disidente analizar un hecho desde la moral, es algo inadmisible. No te gustaron mis tetas, todo bien, no te gustaron, pero no podes negarme el derecho hacerlo en ese contexto. Yo no hago las cosas para tu agrado. Vincularme a las pintadas de la Casa Radical es otro tema que no debo dejar pasar. Como ya aclaré, yo no pinté. Eso tiene una intención y es potenciar ese odio que mi identidad genera porque no se puede problematizar un hecho. ¿Se preguntan por qué marché en tetas?, ¿Les interpela/ inquieta más una pared que el sufrimiento y las injusticias que sufrimos el colectivo trava trans? Es hora que los medios de comunicación se preocupen en cómo incluir nuestras voces y miradas, que se interioricen qué es la diversidad sexual; en cómo hacerlo sin estigmatizarnos ni ridiculizarnos. No quiero más este mundo, quiero una sociedad plural, igualitaria, que nos quiera. Compañerxs feministas, sigamos, porque sin su amor estoy segura que no estaría de pie.]]>

1 de febrero de 2018

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