La enfermera trans que le hace frente a la pandemia: «Necesitamos la ley de cupo laboral»

Forma parte del personal sanitario del Hospital Italiano de Mendoza y desde allí le frente a la pandemia de la COVID-19.

Por Mariana Guzzante

Julieta Antúnez Ríos forma parte del personal sanitario del Hospital Italiano de Mendoza y desde desde allí le frente a la pandemia de la COVID-19. Y la desvela la emergencia de la comunidad trans travesti que sufre desalojo y hambre. “No basta con la bolsa de comida para la foto. Necesitamos la Ley de cupo laboral trans Lohana Berkins”.

“Somos la generación de las dos pandemias”, dice Julieta Antúnez Ríos a Presentes al principio de la entrevista. Recuerda los días de la H1N1 desde el contexto, ahora, de la COVID, tan sólo una década después. Hoy trabaja en el Hospital Italiano de Mendoza y hace un mes que no ve a sus padres, hermanos y sobrinos.

«Esta pandemia hay que vivirla con información, para voltear miedos pero también para minimizar los errores”, aconseja. En este último mes, además de trabajar en el hospital, grabó videos para redes sociales sobre medidas para prevenir el coronavirus.

Hace 13 años que se recibió de enfermera. Comenzó a estudiar con su identidad biológica, pero le dieron el título con su verdadera identidad. Julieta ha desarrollado su profesión en el Hospital Italiano de Mendoza.  Allí, una vez electa como delegada sindical, se puso las prótesis.  “Había que poner el cuerpo, no te podías quedar en el discurso”. Parada en la militancia trans, la actividad sindical, y la vocación de servicio, se dedicó diez años a Urgencias. Y lleva tres en Administración.

“Fácil no fue: si a las mujeres las miden con doble vara, a nosotras con triple”, cuenta a Presentes. “Las enfermeras somos el nexo entre el sistema y el paciente. Caminamos en la delgada línea entre la vida y la muerte. La tarea de enfermeras y enfermeros es invaluable y siempre menos reconocida que la del médico”. Por eso la AMS (justo antes de la pandemia) declaró a 2020 como Año del Personal de Enfermería.

Hoy, 14 % de los contagiados por COVID-19 es personal sanitario. “Claro que tenemos miedo, pero estoy de acuerdo con las medidas que ha tomado el gobierno, el otro 50 lo tiene que poner la ciudadanía. Los que me parecen un peligro son los que subestiman la pandemia y creen que todo es un gran invento”.

Pero una de las mayores preocupaciones de Julieta pasa por la emergencia de la comunidad trans de Mendoza. “La vulnerabilidad del colectivo es terrible. Y no se soluciona con una bolsa de comida y posar para la foto. Eso me parece insultante. Tienen que dejar de levantar la bandera de colores desde el escritorio y pensar políticas públicas concretas. Necesitamos la ley de cupo laboral Lohana Berkins”.

Sin techo ni ley

“Para muchas compañeras, un 85%, la única alternativa de sustento es la prostitución. Y en este contexto no hay ni posibilidades ni clientes. Muchas comparten habitación o alquilan en pensiones y pagan por día o por semana. Si no tienen clientes, no comen. Quedan en la calle”. Julieta hace el diagnóstico con dolor. “¿Y cómo hablar del barbijo a una persona con hambre?”  Que el acceso a la vivienda está directamente relacionado con la inserción laboral trans travesti, lo viene diciendo (y militando) desde hace tiempo.

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“En 2015, presentamos a través del PJ un proyecto de Ley que fue cajoneado. Dos años después se volvió a presentar por el FIT y se cajoneó de nuevo”. En marzo de este año, junto a la Liga LGBTIQ+ de las Provincias, insistieron, con el aval de diputados de todo el arco político.

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La Liga es una organización cuyas acciones colectivas se orientan a la promoción de los Derechos Humanos de las disidencias que habitan las regiones Centro, Cuyo, NEA, NOA y Patagonia. “Es un espacio disidente, federal, nacional, popular, democrático y feminista. Está integrada por 32 agrupaciones, con presencia en 16 Provincias y 37 localidades de la República Argentina”. Según su informe, la emergencia del colectivo arroja cifras desesperantes:

El 91% no tiene un trabajo registrado. El 82% atribuye esas dificultades a la discriminación por identidad y/o expresión de género. El 45% ejerce o ejerció el trabajo sexual y/o está o estuvo en situación de prostitución. La cifra asciende a 85% entre las mujeres y feminidades trans y travestis. El 64% de las personas trans y travestis no tiene cobertura de salud. El 58% ha sufrido violencia por parte de las fuerzas policiales. Y 36 años es la expectativa de vida promedio.

La ley que impulsan Julieta y sus compañeras lleva el nombre de Lohana Berkins, en honor a la  activista travesti fallecida en 2016, y es uno de los proyectos a nivel nacional de cupo laboral trans. Julieta hace una aclaración: “No nos gusta hablar de cupo sino de piso. Creemos que el cupo lleva implícito un techo y, de alguna forma, una idea de concesión. Para que la inclusión sea real, nos parece mejor establecer un mínimo para que, desde ahí, pueda seguir creciendo el número de trabajadorxs”.

Esa meta no descansa. Tampoco su análisis permanente de los datos de la pandemia. Mira números, lee informes y observa la reacción de la naturaleza. El aire de Mendoza se ha purificado un 60%, por ejemplo. El hombre es un animal dañino, piensa. Pero terminada la jornada en el hospital, vuelve a encender la cámara para subir otro video contra el virus y cuidar a todxs los que pueda.

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