«No soy lesbiana de a ratos, soy bisexual todo el tiempo»

El 23 de septiembre es el Día Internacional de la Visibilidad Bisexual. La periodista María Sanz cuenta en primera persona los prejuicios contra la "b".

23 de septiembre de 2018

Por María Sanz

No soy lesbiana de a ratos. Tampoco soy hetero en mi tiempo libre. Soy bisexual todo el tiempo. No creo que el amor, el sexo o los afectos sean una cuestión de porcentajes. También cuando estoy con un hombre soy bisexual. Inclusive, es entonces cuando más tengo que recordarlo, cuando más tengo que afirmar que sí, que yo también formo parte del colectivo, de ese ele-ge-te-be-i-cu donde la B se queda, a veces, desprovista de voces y de banderas.

Ser bisexual, para mí, es que te atraigan sexualmente hombres y mujeres, cis y trans, queer y de género fluido, y todas las categorías no binarias que se nos puedan venir a la cabeza. Es sentir un deseo sexual que no necesariamente esté influido por un género en particular. Es romperse un montón de esquemas y hacerse un montón de preguntas. Y confrontar -y confrontarse- todo el tiempo. Enfrentar la misma lesbofobia que las lesbianas y la misma violencia machista que las heterosexuales, todo junto. Y enfrentar, además, la desconfianza.

Porque, para otres, ser bisexual es como tener una identidad a medias. Es despertar recelos.

Como la vez en que un amigo te preguntó si no estabas segura de que “lo tuyo” no era vicio.

Como la vez en que un novio te dijo que no le gustaba la idea de tener una relación abierta, pero que se sentía menos amenazado si te acostabas con  mujeres, y no con otros hombres.

Como la vez en que una lesbiana te dijo que tu lucha valía menos, porque vos solo estabas jugando medio partido.

Como la vez en que esa misma lesbiana te dijo que era mejor no confiar en vos, porque “vos dormís con el enemigo”.

Como la vez en que tu madre te dijo que “lo tuyo” debía ser un “desequilibrio emocional”.

Como la vez en que ella misma hizo una lista de todas tus amigas, y te preguntó, una por una, si te habías acostado con ellas.

[LEE TAMBIÉN: “Ni confundida, ni en transición: ser bisexual es mi decisión]

Como la vez en que otra lesbiana te dijo que de las bisexuales no se fiaba un pelo, que siempre eran “pa’ quilombo”.

Como la vez en que un compañero te dijo que andaba buscando a una bisexual para un trío con su novia, que si no estabas interesada.

Como la vez en que otro amigo te preguntó “cómo habías empezado” a tener sexo con mujeres, como quien va al médico y le preguntan cuánto hace que tiene esa tos seca, o que camina renga.

Como la vez en que ese mismo amigo, al enterarse de que tu pareja era un varón, te preguntó si no era que “ya se te había pasado”.

Como la vez en que otra amiga te dijo que te fijases bien, que no te engañases, porque las mujeres solo te interesaban para el sexo, pero las relaciones largas de pareja las tenías siempre con varones.

Como la vez en que te mordiste la lengua para no decirle a la familia de tu novio que te ibas a la marcha del Orgullo porque a ti también te gustan las mujeres.

Como la vez en que le dijiste a ese novio que tener una relación monógama con él equivalía a postergar una parte importante de tu sexualidad, pero se ofendió.

Como la vez en que, en guaraní, te dijeron: vos sos ‘mbatará’, sos como la guinea, que no se sabe si es blanca o es negra.

Como las tantas veces en que te dijeron: decidite.

Porque les bisexuales no son de fiar: o blanco o negro, tenés que elegir, porque todo no se puede. Y te preguntás si ése no es el mismo binarismo -limitante, castrador- contra el que se suponía que luchábamos. Y te preguntás si vas a poder participar en esa actividad lésbica, si te van a mirar bien o no, porque sos torta pero no sos torta, y ellas lo saben bien. Y te preguntás si estará bueno decir en una asamblea que no ves representades a les bisexuales. Y te preguntás si ignorarnos, si hacernos invisibles, no será también otra forma más de la violencia. Y te preguntás por qué todes asumen que, si tu última pareja fue un hombre, sos heterosexual ya otra vez, te curaste, volviste al redil, bienvenida. Y te preguntás qué hubiera pasado si vos nunca te hubieras hecho ninguna pregunta.

23 de septiembre de 2018

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