La primera cantina universitaria gestionada por estudiantes trans

Es una iniciativa del colectivo LGBTIQ+ Devenir Diverse y la agrupación Estudiantes al Frente. La cantina de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba generó once puestos de trabajo para estudiantes universitarixs trans, un colectivo históricamente excluido de la educación superior.

1 de mayo de 2018

Por Alexis Oliva, desde Córdoba Fotos: Nayla Azzinnari —Hay sándwich de milanesa de carne, pollo, soja, garbanzos. Pero te recomiendo el de hamburguesa de lentejas. Es la novedad, te va a encantar. Dale, que se agotan… Peter acompaña la recomendación con una sonrisa de buen vendedor, desde atrás del mostrador de la cantina trans en el “Pabellón Verde” de la Facultad de Filosofía y Humanidades (FFH), Universidad Nacional de Córdoba (UNC). —Ahora sí, lo prometido: ¡mayonesa de berenjena! –anuncia Fe, una de las responsables de la cocina, y la noticia se celebra con aplausos. Es que todo luce nuevo en el recién inaugurado espacio. Nuevos quienes trabajan, los productos y los clientes; nuevas las palabras, gestos y sonrisas. Y no exagera Peter al advertir que la demanda supera a la oferta, porque la comunidad estudiantil y docente le hace el aguante a la cantina trans en esa facultad insular, en un ámbito universitario no exento del retroceso en derechos y conciencias que por estos días afecta a la sociedad argentina. —Cómo no vamos a comprar acá, si es la primera cantina trans en una universidad argentina. ¡Eso es muy groso! –destaca Irene, que a sus cincuenta y largos está a por terminar la carrera de Antropología. —Más vale que hay aguante…–confirma Lautaro, veinteañero estudiante de Historia. —Estamos muy contentos. Hay mucha onda de los estudiantes. Tuvimos muy buena respuesta, a pesar de que nos faltan cosas, pero vamos a ir trayendo más –promete Peter, oriundo de Bariloche y estudiante de Enfermería en la UNC.

Santiago y Peter, dos de los estudiantes que trabajan en la cantina. 

Ninguna conquista es pequeña

En la cantina y su entorno visual, el afiche de la Campaña por la Inclusión Laboral Trans y Travesti se hermana en el rebautizado “Pabellón Mariano Ferreyra” con los rostros del maestro Carlos Fuentealba, de Santiago Maldonado y Rafael Nahuel, de Facundo Rivera Alegre, el joven cordobés desaparecido en febrero de 2012. A contramano de las indiferencias, en ese politizado lugar ninguna esperanza es exagerada. Y ninguna conquista es pequeña. No es para menos, porque de arranque el proyecto generó once empleos directos para personas trans: Peter, Santiago, Ximena y Leah cubren sucesivos turnos de tres horas de atención al público, entre las 9 y las 21; Anna, Fe, Fabiana, Morti, Alan, Florencia, Bárbara y Bruno se encargan de la producción de los alimentos. Son estudiantes de Lengua, Filosofía, Historia, Enfermería y Artes. Se presentaron a la convocatoria y fueron seleccionados luego de una serie de entrevistas, con la sola condición de que estudiaran en la UNC y con un criterio fundamental: la necesidad. Para casi todxs es el primer trabajo de su vida. La iniciativa nació de una experiencia conjunta de la agrupación Estudiantes al Frente, a cargo del centro de estudiantes de FyH, y el movimiento por los derechos LGBTIQ+ Devenir Diverse, en el marco de la Campaña Nacional por la Inclusión Laboral Trans y Travesti: desde la gestión de becas para la escasísima población universitaria trans, al proyecto de la primera cantina gestionada únicamente por personas trans en una universidad nacional.

“El Estado nunca se hizo cargo”

“La realidad material del colectivo trans es paupérrima –dice a Presentes Gabriela Galván, presidenta del centro de estudiantes de FyH–. El Estado nunca se hizo cargo, la familia los expulsa y la sociedad en su mayoría es transfóbica. Eso limita mucho sus posibilidades profesionales. En las entrevistas con las trabajadoras sociales, apareció el dato de que muchas personas trans que estudiaban en la facultad tenían que prostituirse para poder comprar un apunte o pagar el colectivo. Frente a esa realidad, surgió este proyecto”. Para Gabriela, se trata de “una conquista muy grande, que empieza a marcar el camino de una reparación histórica de realidades que nunca se atendieron”. Y añade: “En un momento, nos ilusionamos con las leyes de Identidad de Género y Matrimonio Igualitario, y las voces, demandas y reivindicaciones de la comunidad LGTB empezaron a tener peso. Con este gobierno los pocos derechos que habían conseguido ahora están vulnerados. Para nosotros, como centro de estudiantes, lo importante es que comience a haber una visibilidad real de que las personas trans también estudian, trabajan y conviven con nosotros, y hay que contenerlas”. Falta mucho. Gabriela denuncia que el proyecto del cupo laboral trans en la UNC, iniciado con algunos cursos de capacitación, se interrumpió y “está cajoneado” en el Rectorado. Incluso, la ordenanza 9/2011 del Consejo Superior, que desde antes de la sanción de la ley de Identidad de Género ordenaba “reconocer la identidad adoptada y auto percibida de cualquier persona” en todas las dependencias académicas y administrativas de la UNC, “no se respeta en varias facultades”. “No queremos subsidios ni planes” Presidenta de Devenir Diverse y vicepresidenta de la Convocatoria Federal Trans y Travesti Argentina, Ivanna Aguilera se dedica por estos días a coordinar el trabajo en la cantina trans. Ivana Aguilera, presidenta de Devenir Diverse Con el orgullo de un sueño concretado, destaca: “Nosotras no queremos subsidios, ni planes de empleo, ni bolsones. Son parches que el Estado pone para decir que cumplen con la población trans, y eso es mentira. Son para un mes o dos y después te los sacan. Aquí hay compañeras y compañeros que por primera vez van a tener acceso a un ingreso fijo mensual.  Y más allá de ganar un dinero, hay una visualización: lo que no se nombra y no se muestra, no existe. Nosotras existimos, nos mostramos y demostramos que podemos estar al frente de un negocio, ejercer un trabajo digno y construir una cultura del trabajo para conservarlo”. Ivanna dice que de la población total de la universidad, lxs estudiantes trans representan el 0,05 por ciento. “¿Por qué tan poca cantidad de trans y travestis en el ámbito educativo? Muchas compañeras comienzan la primaria y secundaria, pero abandonan porque tienen que salir a laburar a una esquina. Al otro día les cuesta levantarse y están mal alimentadas. A las pocas que están en la universidad, les cuesta muchísimo. Más allá de que la educación es gratuita para una trans es carísima, y ni siquiera hay acceso a las becas. Por eso queremos que iniciativas como ésta se extiendan a otras facultades”. -El estereotipo positivo del estudiante universitario lo describe como joven, pensante, con la cabeza abierta y sin prejuicios. ¿Es así? -No necesariamente. Es algo a trabajar continuamente, porque no hay una interacción con las personas trans. La problemática trans atraviesa a toda la ciudadanía y a los pibes. Tiene que venir gente de afuera a abrir cabezas. La Ciudad Universitaria es el lugar de donde no solamente van a salir los formadores de otros jóvenes, sino también los padres y madres de los pibes y pibas que van a habitar este país. Por eso queremos que tengan la cabeza abierta para educar a esos pibes y pibas, y por eso hay que poner el foco en las personas jóvenes.

El brillo de una nueva vida

Son casi las 11 y llegan lxs encargadxs de la cocina con la comida para el almuerzo. Otra vez el brillo de lo nuevo. Son muy jóvenes e irradian una energía apenas contenida, a pesar de que pasaron la noche elaborando las materias primas para esos sandwiches que transportan en recipientes plásticos a los que adhirieron el afiche de #NiUnaMenos. Anna cuenta que tres son del Chaco y vinieron con la ilusión de “sobrevivir con un trabajo digno”. Ahora el sueño posible es sostener una carrera universitaria. Anna, una de las estudiantes que trabaja en el comedor.  Los militantes del centro de estudiantes salen a recibirlos, les convidan mate, se sacan selfies con la bandera de la campaña laboral trans. Analizan innovaciones en el menú: empanadas, aderezos, postres. La gastronomía inclusiva es política de resistencia en “Filo”. Santiago viaja todos los días desde La Falda para cursar segundo año de la Licenciatura en Historia. Antes subsistía con una beca Progresar de 1.500 pesos. Hasta que consiguió este trabajo, lo ayudaban sus padres. Le toca reemplazar a Peter a las 12, pero hace rato que está dando una mano en la cantina. —Hay momentos en que vienen todos juntos de golpe. Igual nos la arreglamos. Hay que hacer las cosas bien. La jefa es buena onda pero nos tiene cagando… –dice y arroja a Ivanna un guiño cómplice. Ella recoge el guante: —Acá hay que laburar y moverse. El trabajo es responsabilidad. ]]>

1 de mayo de 2018

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