#TackleandoLaHomofobia: Ciervos Pampas, primer equipo de rugby de diversidad sexual de América Latina

Para Ciervos Pampas jugar al rugby no es sólo anotar puntos en lo deportivo. Este club trabaja por la visibilización de la diversidad sexual y lucha contra lo homofobia.

18 de diciembre de 2017

Por Lucas Gutiérrez Fotos: Amanda Huerta-Morán Para Ciervos Pampas jugar al rugby no es sólo anotar puntos en lo deportivo. Este club trabaja por la visibilización de la diversidad sexual y lucha contra lo homofobia. Entre peloteo y gimnasio hay charlas y actividades para debatir sobre discriminación, derechos humanos, VIH y más. No buscan ser el políticamente correcto ‘equipo gay’, ellos prefieren llamarse ‘p.utos’ para convertir el insulto en orgullo. Ciervos Pampas se mete en un ámbito que se presupone de clase media alta, hetero y machista para hacerle un tackle al prejuicio y demostrar que el rugby es para todes. Ayer domingo se juntaron con más de diez clubes de rugby tradicional, femenino y mixto para compartir el primer encuentro de rugby #TackleandoLaHomofobia. Allí estuvo Jonathan Castellari, el integrante de Ciervos Pampa que fue agredido hace tres semanas en Palermo.  Una patota lo golpeó hasta dejarlo en el hospital mientras le decían insultos homofóbos.

“Buscamos romper con los estereotipos del rugby”

Hasta hace poco el rugby no era un deporte profesional en Argentina. Los sueldos raramente salen de los clubes sino que los ponen los espónsors. Esto le explica a Presentes Hugo Agüero, presidente del club Ciervos Pampas. “Esto te habla de un jugador que tiene otras cosas en su vida solucionadas. Entonces el rugby ha sido en nuestro país un deporte de clase media alta, perteneciente a una determinada élite sociocultural, blanco, hetero y con una masculinidad exacerbada”, explica Agüero.

También heteros

“Somos el equipo de los putos. Lisa, llana y abiertamente”, dice Hugo Agüero. Mientras los medios buscan las mil maneras para presentarlos de la manera más “correcta”, los Ciervos Pampas se apropian de la agresión y la convierten en identidad. “Le decimos ‘p.uto’ también a nuestros compañeros heterosexuales. Ellos entienden la impronta y nuestra ambición, más allá de su orientación sexual son un p.uto más”, explica Hugo abriendo el juego. Sí, los heteros acá también juegan y comparten.
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“No usamos la palabra gay. Nosotros no somos un producto que se pueda comprar y vender en un mercado, no vendemos nuestra identidad. No somos tampoco el equipo homosexual. La palabra homosexual en su momento fue el trastorno médico, no somos enfermos. Nosotros reivindicamos el insulto para visibilizarnos”, detalla Agüero que viene del campo de la salud mental, es psicólogo y actualmente trabaja de ello.

La camiseta como acto político

Cristian Guisande Donadio tiene 27 años, se acaba de recibir de biotecnólogo y desde marzo es parte del equipo. Lleva el número 1 y el arco iris en su camiseta. Alguna vez quiso jugar rugby pero le cuenta a Presentes: “no me animaba”. Pasa que esa voluntad coincidió con su salida del closet y este deporte no parecía un espacio seguro para combinar ambas cosas. Ahora corre la cancha con una cintita arco iris atando el pelo rojo fuego. Ese uniforme lleno de banderas del orgullo es una decisión política. “Cuando estás jugando un partido y vas 100 puntos abajo y te siguen golpeando, cuando te siguen pegando más allá de la violencia que implica el deporte, ahí hay algo más. En el torneo empresarial nos sucedió, nos miramos consternados. Después pudimos hacer consciente que lo que estaba pasando era homofobia. Una vez charlado jugamos los 4 o 5 mejores partidos del torneo. Entonces si vos me decís que la militancia y lo deportivo son dos cosas separadas esto claramente te demuestra que no”, explica Hector Agüero.

“Lo deportivo y lo social son indisociables”

“Te vamos a matar por p.uto”, le decían a Jonathan Castellari mientras lo golpeaban. El viernes 1/12 a este miembro del equipo un grupo de varones todavía no identificado lo atacó en la puerta de un McDonald´s de la Ciudad de Buenos Aires. Entonces el sábado 2 los Ciervos Pampas jugaron en asfalto, marcharon por avenida Córdoba desde el local de comidas hasta el sanatorio dónde ‘Jony’ estaba internado exigiendo una ley antidiscriminatoria de forma urgente. “Lo nuestro es político porque buscamos generar cambios sociales”, le cuenta Hugo Agüero a Presentes. Ciervos Pampas es una asociación civil sin fines de lucro presidida por una comisión directiva y conformada por áreas como deporte, comunicación, Derechos Humanos y proyectos. Caio Fabio Varela es el director de proyectos. Con 44 años este magister en Derechos Humanos y Relaciones Internacionales se acercó a Ciervos hace cuatro años para jugar rugby por primera vez. “Es un espacio abierto a todas las personas, no hay un criterio excluyente”, dice Caio quien es uno de los responsables de uno de los proyectos 2018 del club: una escuela de Derechos Humanos. El objetivo de la escuela será democratizar la palabra en un espacio circular, con diálogo horizontal y reuniones abiertas para con una metodología de educación popular poder debatir temas como diversidad y género, DDHH en la población LGBTI, desigualdad y discriminación y más.

Mundial y local

Los Ciervos son los únicos miembros de Latinoamérica de la International Gay Rugby (IGR). Esta organización nuclea equipos de rugby de todo el mundo que buscan visibilizar la diversidad sexual y cada dos años organiza la Copa Bingham. Este 2018 será el turno de los Pampas de jugarla. Mientras perfilan rumbo al mundial siguen entrenando en una plaza, alquilar canchas es muy costoso y el club decidió no aumentar la cuota de sus miembros. “Este puede parecer un proyecto súper burgués y clasista pero tenemos compañeros que no pueden cargar la SUBE para venir a jugar, tenemos compañeros que no pueden pagar los $200 mensuales de la cuota y eso no los inhabilita a seguir jugando”, comparte el presidente Agüero. Pensar que el rugby es un deporte para una clase social media alta es otro de los prejuicios que se rompe acá. Martes y viernes se puede encontrar a los Ciervos Pampas entrenando en la Plaza Uruguay de la capital porteña. Pero también jugando en actividades sociales, desde en un penal hasta frente a la embajada de Rusia reclamando por la homofobia. Y no es sólo la homofobia la causa que mueve a este equipo. A veces son la voz y otra son el cuerpo que acompaña. Urgencias como la necesidad de una ley que contemple las necesidades de los clubes de barrio, por ejemplo, son algunos de los tantos objetivos que los mueve y hace activar.]]>

18 de diciembre de 2017

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