Luis Larraín: "Quiero ser el primer activista gay en llegar al Congreso”

Las señoras le dicen que se parece a Ricky Martin. Salió del closet a los 23 años y saltó a la fama como modelo en una campaña de Sebastián Piñera, político al que critica siempre que puede. Hijo de una familia conservadora y tradicional de Chile, convive con una enfermedad renal, que le hizo enfrentarse a la industria farmacéutica en varias ocasiones. Hace cinco años que es activista de la diversidad sexual y quiere ser el primero en llegar al Congreso. Hoy es candidato independiente a diputado.

10 de septiembre de 2017

Por Airam Fernández, desde Santiago de Chile 

Luis Larraín Stieb se hizo mediáticamente conocido en Chile desde que protagonizó un polémico episodio con el expresidente Sebastián Piñera. En 2009, fue el rostro de su campaña presidencial para apoyar el acuerdo de unión civil, que entonces sólo quedó en promesa. Lo más recordado de ese spot es la imagen de dos chicos sonrientes y tomados de la mano, uno de ellos Larraín, quien abraza al candidato y le dice: “Serás nuestra voz”. Fue un escándalo. No solo porque se trataba de la pública salida del clóset del hijo de Luis Larraín Arroyo, un hombre de la derecha tradicional chilena y fundador del Instituto Libertad y Desarrollo, sino porque provocó divisiones y reacciones en los sectores más conservadores del país. Era la primera vez que un candidato de derecha incorporaba la temática gay en una franja política.

Larraín ha tenido varias facetas. Mientras estaba en la universidad, fue modelo y probó con la actuación. Cuando se graduó de ingeniero civil, tuvo un cargo en el gobierno. Luego se metió de lleno en el activismo de los derechos de la diversidad sexual y creó Iguales, junto al escritor Pablo Simonetti. En diciembre de 2016, después de casi cuatro años en la fundación, anunció que la dejaba. Ahora quiere convertirse en uno de los ocho diputados del codiciado distrito 10 de la Región Metropolitana. El distrito agrupa a las comunas de Ñuñoa, Providencia, Macul, San Joaquín, La Granja y Santiago, donde está la sede de gobierno.

Desde su oficina en Providencia, una casona que convirtió en comando de campaña, Larraín habló con Presentes sobre su vida, su salto a la política, su entusiasmo por lograr ser el primer activista gay en llegar al Congreso. Y  también sobre los temas que considera más urgentes para legislar en materia LGBTI en Chile. 

En las elecciones presidenciales y parlamentarias del próximo 19 de noviembre, Larraín irá como independiente en un cupo de Evópoli, partido que lo apoya “sin condiciones”, como dice. Evópoli forma parte de la coalición que hoy busca el regreso de Piñera a La Moneda. Un candidato que Larraín critica cada vez que puede. Quizás por eso arrugó la cara cuando se le preguntó si cree que el ex presidente fue su trampolín: “No sé si llamarlo de esa forma. Porque sí, llegué al activismo público sin buscarlo. Pero incluso antes de salir del clóset, ya era una especie de mini activista en los pequeños círculos en los que me movía”.

-Primero fuiste modelo, luego creaste una fundación y te convertiste en activista. ¿Cómo fue el proceso?

-Siempre me interesó darle visibilidad a la causa gay. Pero nunca pensé que tendría que ser yo uno de los que liderara el tema. Nunca se me ocurrió verlo como una fuente de trabajo, sino como un hobby quizás. Pero en realidad todo lo que hice antes y lo que hago ahora está ligado, aunque de manera muy fortuita. Cuando era modelo hacía muchas escenas con mujeres como pareja. Recuerdo una para el día de los enamorados, en la que tenía que besarme con una de ellas y me sentí un poco falso. En ese momento comenté que tenía ganas de hacer algo así pero con un hombre. Varios años después, me llama un director de cine que había conocido haciendo comerciales, y me dice que está haciendo el aviso televisivo de la campaña de Sebastián Piñera. A la par, empecé a trabajar en ese gobierno, en la Secretaría General de la Presidencia, pero no por temas de la diversidad sexual. El ministro con el que yo trabajaba era extremadamente conservador, aunque no era mi jefe directo, no quería que hubiese ni un avance en estos temas. Entonces terminé renunciando.

 -¿Te sentiste usado?

-No, porque de alguna forma yo siento que también los usé a ellos. O sea, en política siempre hay un poco de aprovechamiento. En general se mezcla la convicción con el cálculo electoral, que en una campaña siempre va a existir. Así que no me siento usado porque a pesar de lo poco que se avanzó, creo que fue muy bueno porque abrió la discusión de los temas de la diversidad sexual en este país. Ese mismo año, cuando salí del gobierno, critiqué a Piñera muy duramente, diciendo que estaba sometido por los partidos de su coalición y no se la había jugado. Hasta hoy lo sigo criticando. En aquel momento, él trató de contrarrestar mi posición mediante la presentación de un proyecto de ley. Pero hacer eso para luego no ponerle urgencia es solo un acto mediático que no revela voluntad de legislar. Igual el tema quedó y dejó de ser una discusión de nicho para convertirse en discusión de toda la sociedad y al final la unión civil se aprobó con el gobierno siguiente. Pero fue justo con este conflicto cuando me di cuenta de qué era lo que realmente quería hacer con mi vida y a lo que quería dedicarme.   

-¿Cómo ha sido la relación con tus padres? ¿Cómo fue salir del clóset en una familia tan tradicional?

-Creo que al principio mis papás sufrieron un poco lo mismo que yo, por culpa de la cultura del tabú, del secretismo con estos temas. En aquella época el mundo era distinto. De la diversidad sexual no se hablaba, o al menos no en mi mundo, ni entre las personas de mi edad, ni mucho menos entre las de la edad de mis papás. Entonces yo sabía que ellos no iban a entenderlo tan fácil. Antes de que mis papás lo supieran, todo mis amigos, mi colegio y mi universidad ya lo sabían porque alguien me había visto besando a otro niño y le contó a todo el mundo. De pronto me empezaron a llegar muchos correos y mensajes de personas pidiéndome consejos, contándome que tenían una situación parecida, pidiéndome ayuda, invitándome a un café para hablar. Por eso siempre digo que incluso antes de salir del clóset yo ya era una especie de mini activista en los círculos en los que me movía, eso me preparó para el contexto familiar. Mi papá jamás lo esperó. La única que lo esperaba o tenía ciertas sospechas era mi mamá, pero estaba en negación y no quería aceptarlo. Mi psicólogo también me hizo todo más fácil con ellos, porque juntos diseñamos el plan para contarles. De hecho fue él quien les dijo, no yo, porque le parecía mejor estrategia que un especialista “validara” de alguna manera todo aquello, les explicara que ser gay era algo normal, que no era un problema ni una enfermedad. Y así fue, yo solo me preparé para contestar preguntas. Pero sí, el primer año fue muy duro. 

-¿Cómo ves la posibilidad de convertirte en el primer activista de la diversidad sexual en llegar al Congreso?

 Quiero ser el primer activista gay en llegar al Congreso, ser parte del grupo que tome las decisiones en temas de diversidad sexual en mi país y también en muchos otros ámbitos. Lo veo como un proceso natural. El hecho de pensar en un Congreso más diverso que el que tenemos hoy es un valor agregado. Me encantaría que todos los grupos y todas las diversidades estuvieran incluidas y sientan que tienen un representante, no como hoy, que hay un sesgo muy hegemónico. También es un honor y una tremenda responsabilidad, porque tendría varios ojos sobre mí. Los ultra conservadores religiosos probablemente van a estar pendientes de todo lo que yo diga o haga para interpretarlo como un acto demoníaco. Luego están quienes me apoyan, porque probablemente van a estar atentos y van a exigir que lo haga bien porque me dieron su voto y porque confiaron en mí. También estará un grupo de algunos activistas más críticos, más disidentes. A ellos básicamente les va a parecer malo todo lo que yo haga o diga, de eso estoy seguro.

-¿Te refieres a los que alguna vez te han tildado de “activista cuico”?  

-Sí, en Chile hay muchos activistas más históricos, más antiguos, que llevan muchos más años que yo luchando por esta causa. Pero tienen una visión muy miope y muy autoritaria de este asunto. Muchos son de izquierda y no comparten el enfoque que le dimos a Iguales, porque yo soy de ideas liberales. Pero en general, sus críticas siempre me han parecido bastante torpes.

-¿Por qué?

-Hace mucho tiempo, una activista me dijo que ella no podría trabajar conmigo sólo porque sus antepasados eran las nanas de mis antepasados. Todavía no logro entender esa actitud, aunque sé que eso es perfectamente posible, porque yo no niego la historia, pero es algo de lo que no puedo hacerme cargo, son decisiones que no he tomado. A mí me parece una buena noticia que viniendo de mundos opuestos, con visiones políticas distintas, exista la posibilidad de trabajar por un fin común, pero esta mirada más disidente ve las cosas al revés. Con esto no pretendo victimizarme, pero sí debo decir que es una especie de clasismo a la inversa, que es mucho menos dañino que el tradicional, ese que le quita oportunidades, derechos y dignidad a los grupos no hegemónicos, pero al final es igual de dañino porque perpetúa odiosidad y genera desunión. Cuando uno quiere que algo realmente avance, en este caso los temas de la diversidad sexual, la estrategia correcta es querer que el mayor número posible de personas se adhieran a la causa, no criticar para dividir. Y dentro del activismo y de la política, eso pasa mucho, a veces cuesta ponerse de acuerdo, o hay rencillas muy antiguas que salen a la luz. 

-¿Cómo ves a Chile en temas LGBTI en comparación con el resto de la región?

-Estamos muy atrasados. El matrimonio igualitario ya existe en Argentina, Uruguay, Brasil, Colombia, México y acá no, aunque hemos estado trabajando muy duro en eso en el último tiempo. Es un tema que además tiene harto apoyo ciudadano y creo que será muy importante en el próximo Congreso. Me encantaría que quedara finalmente aprobado en este gobierno, pero lo veo muy difícil porque ya no le queda casi nada, tendremos que impulsarlo el próximo año. Pero va depender mucho de quién sea el próximo presidente. Si es Sebastián Piñera, claramente no le dará prioridad. Por otro lado, también está el proyecto de ley de identidad de género. Lleva cuatro años de atraso y cuando por fin fue aprobado por el Senado, ocurrió sin algunas de las conquistas que habíamos logrado. No se incorporaron a las personas menores de 18 años, entre otras cosas. Lo otro es que introdujeron exámenes psiquiátricos como requisito para realizar el procedimiento de cambio de nombre y sexo legal, lo cual considero patologizante. Deja en manos de un tercero la identidad de una persona que es algo que sólo esa persona conoce. Esperamos revertir eso.

-¿Qué cosas quisieras que se replicaran acá?

-Si hablamos de copiar buenas prácticas o personajes, me encantaría que para estas elecciones presidenciales hubiese un candidato liberal de centro, con una mirada moderna, pero la verdad es que no lo veo. No hay un Justin Trudeau, como en Canadá, o un Macron, como en Francia. Eso sería un sueño. Pero estamos en Chile y lamentablemente no vamos por ahí. 

-Casi todos los fines de semana estás en Instagram transmitiendo desde alguna feria de verduras y siempre conversando con mucha gente mayor, ¿cómo te reciben? 

-Lo entretenido de ir la feria es que me encuentro con gente con un perfil muy distinto al que estaba acostumbrado en mis días de activismo intenso. Es un público que en su mayoría no me conoce, o no me ubican tanto, que no saben que soy gay. A veces pasa que no les importa mucho el tema gay pero siempre trato de buscar algo para enganchar. Últimamente las señoras me dicen que me parezco a Ricky Martin y eso me da mucha risa pero es una buena manera de enganchar, sondear opinión y en general la conversación termina en buena onda. Cuando me tocan evangélicos es distinto, porque no tengo tanto tiempo de enfocarme en tratar de abrirles la mente, como hacía antes cuando estaba en Iguales. Ahora lo primordial es buscar votos y lamentablemente no puedo extenderme con ellos porque ya entendí que a esos sectores religiosos no hay nada que las haga cambiar de parecer o de mostrarse más tolerantes. Si su pastor les dice que alguien como yo es el demonio, no puedo hacer nada porque con la campaña no me dan los tiempos.

-¿Pones en pausa el activismo?

-No, sólo se trata de ocupar las mejores estrategias en el momento. Yo siempre seré activista y trabajaré por la inclusión.

-Además de la causa de la diversidad sexual, ¿cuáles son tus otras causas?

-En el Congreso quiero ampliar los temas y hablar de inclusión en general, incluyendo la discriminación hacia la mujer, niños, adultos mayores y migrantes. Pero por ahora a lo que quiero darle mucha más fuerza es al tema de la salud, que ha sido una especie de mini activismo para mí y me toca muy de cerca. Padezco una enfermedad renal genética que me ha significado ser trasplantado dos veces. Constantemente estoy reclamando contra las farmacias, contra las Isapres, contra Fonasa que es el seguro público acá en Chile. Me he reunido con muchos actores de organizaciones de pacientes, médicos, fundaciones, que me han ido contando sus experiencias. Entre todos vemos que muchas cosas funcionan muy mal. Otros temas que son característicos míos y que quizás no son tan públicos son los temas de ciudad, porque soy peatón, ando en metro, en micro (colectivo, autobús) o en bici y creo que en eso también hay muchísimo por mejorar.

-Tu hermano está formándose para ser sacerdote y fue uno de tus donantes, ¿cómo es su relación?

-En mi familia somos muy unidos. Para todos fue muy duro cuando salí del clóset, pero eso fue hace casi 13 años, cuando yo tenía 23. Ya no hay ningún drama. Por suerte mi hermano Pedro ha sido un seminarista bastante abierto en algunos temas, en otros no. Es bastante crítico de la iglesia y me parece que es lo esperable porque como institución, ha tenido un triste desempeño últimamente. Me gusta eso, que sea cuestionador igual que yo y que no sea ningún cordero que sigue la masa, aunque evidentemente cada uno desde sus causas y sus convicciones. Aunque pensemos distinto y tengamos discusiones, como en todas las familias, yo siempre le voy a estar eternamente agradecido por haberme donado un riñón.

-¿Qué es lo que consideras más urgente de atender en políticas LGBTI en Chile?

-La ley de identidad de género, sin duda. Las personas trans son las más discriminadas, las que menos oportunidades laborales tienen, las que menor escolaridad tienen, las que menos expectativa y calidad de vida tienen, por lo tanto eso es lo más urgente, mucho más que el matrimonio igualitario. Sin que se entienda que estoy menospreciando la causa, porque sé que hay parejas del mismo sexo que tienen hijos y que están en una situación muy vulnerable también. Creo que hay que avanzar en paralelo, pero la comunidad trans es una comunidad mucho más golpeada y maltratada. Creo que la prioridad en este minuto son ellas y ellos, por el derecho a vivir y existir. 

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10 de septiembre de 2017

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2 comentarios

  1. Cola clasista! lucha por los privilegios de su clase, si no fueras Larraín nadie te tomaría en cuenta, eres parte de una de las familias poderosas de Chile! eres el palo blanco de la derecha para decir que avanzan en materia de minorías! cuando en verdad sólo nos denigran y maltratan! eres un vende humo! anda a casarte solo, loca de patio!

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