Centro trans Laura Moyano: "Un grito de igualdad ante el silencio”

El centro sociocultural trans “Laura Moyano”, en Córdoba, nació para luchar contra el travesticidio social. Ofrece un espacio donde completar estudios primarios y secundarios. También funciona puertas afuera, en la llamada «zona roja».  Presentes escuchó las historias de las travestis que acuden a ella y buscan torcer la exclusión de otra zona: la de los…

27 de junio de 2017

El centro sociocultural trans “Laura Moyano”, en Córdoba, nació para luchar contra el travesticidio social. Ofrece un espacio donde completar estudios primarios y secundarios. También funciona puertas afuera, en la llamada «zona roja».  Presentes escuchó las historias de las travestis que acuden a ella y buscan torcer la exclusión de otra zona: la de los derechos. «No queremos que nos regalen nada. ¡Pedimos laburo!». Por Alexis Oliva, desde Córdoba Fotos: Micka Hubeli (Centro Sociocultural Trans «Laura Moyano») Atardece en un sábado gris, mientras van llegando a la casa de barrio Güemes en Córdoba. La mayoría recién se despierta, porque la calle está cada vez más dura para las travestis obligadas a vivir de su cuerpo. Unas entran con familiaridad y otras con timidez al Centro Sociocultural Trans, que lleva el nombre de una de sus pares: Laura Moyano. En la madrugada del sábado 25 de julio de 2015, Laura Moyano fue ahorcada con un cable y golpeada con una piedra en el rostro. Su cadáver apareció en una obra en construcción de barrio Villa 9 de Julio, al noroeste de la ciudad de Córdoba. Un año después fueron detenidos y acusados por “homicidio calificado por alevosía” tres hermanos y la novia adolescente de uno de ellos, pero los liberaron tras las pruebas de ADN. Y el crimen sigue impune.

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“Laura Moyano representa a las travestis de las zonas más marginadas de Córdoba. Además de ser «trabajadora sexual», hacía trabajo comunitario y tuvo una militancia activa en las ollas populares durante la crisis social de 2001. Las propias compañeras quisieron hacerle honor y eligieron su nombre”, dice Franco Bonino, militante de la agrupación Putos Peronistas, que impulsó este proyecto.

Educación y contención contra los estigmas

El Centro Sociocultural Trans “Laura Moyano” abrió sus puertas el 31 de marzo. “Un grito de igualdad ante el silencio pedagógico”, es el lema que expresa una de las tareas del Centro. La alfabetización y el apoyo educativo en distintas materias, para que las trans puedan terminar la escuela primaria o secundaria, en coordinación con un programa semipresencial del Ministerio de Educación de la Provincia. Además, un equipo de psicólogos aporta el abordaje terapéutico de cuestiones vinculadas a la identidad trans. “Si bien las compañeras viven su identidad de género, los estigmas sociales hacen que todavía sientan vergüenza, porque la gente las mira mal. Y tienen miedo a la policía–explica Bonino–. Entonces, hay un trabajo psicológico para aceptarse tal cual son. Y también para poner en tensión su idea de la femineidad. Ser mujer no es ser una chica Barbie. También es lo que son ellas, y no pasa por lo corporal sino por lo que sienten”. En torno a una mesa larga y frente a un pizarrón, se reúne una decena de chicas. Acuden al Centro por primera vez. Casi todas son peruanas y la posibilidad de terminar el secundario les parece remota. Están allí por necesidad, la misma que las trajo huyendo de la marginación y el acoso policial en su país. Sobre una mesa de ping-pong, un grupo de militantes acomoda bolsones con alimentos no perecederos y varias pilas de ropa. Son producto de donaciones, obtenidas a partir de una campaña en redes sociales. También les entregan preservativos y una ayuda económica de entre 200 y 300 pesos, fruto de la venta de comida vegana en ferias populares, a cargo de la mesa de Tortas Peronistas. Tras el reparto, algunas chicas se quedan a la clase de historia argentina. Otras se van, porque en unas horas hay que volver al «trabajo».

Travesticidio social

“Si las chicas no tienen ni qué comer, no van a poder terminar el secundario. La situación precariedad también afecta el modo de subsistencia y a veces hace que tengan que vender droga. Es un círculo vicioso”, plantea Franco. En un contexto donde “la discriminación laboral se combina con el resurgir transfóbico y de la violencia institucional» hacia este colectivo, y genera “un travesticidio social”, lo urgente y prioritario es salir a buscarlas en las coordenadas de su trabajo: calle y noche. Un viernes frío a las 21.30, se despliega el trabajo territorial del Centro trans Laura Moyano. Transcurre puertas afuera y se focaliza en los alrededores del Mercado Norte cordobés. Franco Bonino, Anabella Romagnoli, Claudio García y Micka Hubeli se instalan en la esquina de Oncativo y Rivadavia. Cuelgan la bandera con la foto de Laura Moyano y se dividen para recorrer la llamada “zona roja”.

Zona de exclusión

En realidad, es una zona de exclusión. Allí las travestis -colectivo para el que el acceso al trabajo digno, a la educación y a la salud es una deuda urgente del Estado-  comparten el territorio y sus tensiones con otras mujeres que subsisten trabajando en esa zona. Para algunxs son «trabajadoras sexuales». Para otrxs, personas en situación de prostitución. Lo cierto es que fueron desplazadas a la calle desde que en 2012 la ley provincial 10.060 contra la trata de personas prohibió los prostíbulos y whiskerías. Cuando seis meses atrás hacían la primera visita a la zona, sólo unas pocas se animaron a acercarse a conversar. En aquel momento, lxs coordinadorxs comenzaron a distribuir preservativos y bolsones alimentarios. Natalia Bocanegra, peruana de 39 años, hizo de puente para establecer vínculos con las travestis. “Nosotras somos desconfiadas –dice Natalia–. Por ser chicas trans, ya nos meten que somos ladronas, que estamos en la droga, que esto. Una amiga en común, Yohana, me habló de los chicos del Centro. Un día que llegaron y repartían bolsones, los observé. Me cayeron bien, empecé a difundir entre las chicas y las llevé, casi todas extranjeras y algunas cordobesas, porque a mí me aprecian en la zona. Soy muy tranqui y laburo, no tengo vicios, tengo códigos y algo de respeto me tienen”. La demanda al principio los desbordó. Hoy, al rato de iniciar la recorrida se congregan unas veinte trans. En poco más de dos horas, se han entregado medio centenar de bolsones, cada uno acompañado por una caja de 130 profilácticos. El encuentro tiene mucho de catarsis, pero también de organización solidaria.

No queremos que nos regalen nada. ¡Pedimos laburo!

Natalia dice que la gente las juzga.  Que les reprochan “Es dinero fácil”. Ella sabe que fácil es una palabra que casi no tiene puntos de contacto con su vida. «Porque puede ese sea dinero ‘rápido’, pero no fácil. Fácil es hablar. A nosotras no nos dan laburo. Yo no pido de secretaria. Vas a buscar en una verdulería o un kiosco, y no te dan. Yo tengo buenas manos, trabajo y sé hacer de todo. Sin embargo, como ayudante de cocina no me dan trabajo. No queremos que nos regalen nada. ¡Pedimos laburo! Y hay que venir acá, estar parada en la calle y agarrar el frío, con cada loco que pasa, te tiran botellas y te dicen cosas».

El «tour» de las agresiones

Un auto con dos o tres tipos a bordo y las ventanillas bajas pasa frente a dos chicas. Dan vuelta a la manzana, reducen la velocidad, uno se asoma y grita: “¡Travas culiados!”. Otros se detienen, las llaman, fingen interés, arrancan de repente y desaparecen. “Lo de siempre, una especie de city tour por la zona roja, provocando a las chicas –dice Franco con gesto de fastidio–. Las hacen ir y hablar, las bardean, pero no van a consumir. Aparte, si son dos o más las chicas no suben. Y está el ataque en patota. Hay un morbo de ir a pegarles, porque hay impunidad. Como le pasó a esa chica en barrio General Paz…”. A fines de abril, una travesti oriunda de Tucumán fue golpeada brutalmente en la calle Américo Vespucio, al costado del Hospital Neuropsiquiátrico provincial. El ataque fue filmado y publicado en el Facebook por los propios agresores. Sus contactos lo viralizaron. En el video se ve el acoso, la alevosa trompada en el rostro, la víctima que se desploma, las risas. Y de fondo, el edificio del Centro Cívico cordobés.
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El episodio causó indignación y temor entre las travestis que trabajan de noche. Micka cuenta que más de una vez presenciaron cómo les arrojan agua desde los autos. Y que un grupo de chicas, hartas de los hostigamientos, tuvo que juntar algunas piedras, “por si necesitan defenderse”. “Por todo esto nos ha costado muchísimo construir confianza con ellas”, dice. “Yo he tenido que defenderme muchas veces –dice Natalia–. Si te ven sumisa, te pueden golpear. Y cuando ven que tienes más carácter que ellos, se acobardan y te dejan ir. Pasa también con los clientes. Saben que levantan a una “mujer”, pero con pene, hablemos claro. Te aman y te van a dar una estrella, pero cuando culmina todo es impresionante cómo les cambia el estado de ánimo. Ni te miran, ni te saludan, te quieren pegar y se ponen violentos. Así es la vida de nosotras: tienes que salir a guerrearla todos los días”.

«Somos excluidas del sistema educativo»

En el Centro Sociocultural, la clase de Historia Social y Política Argentina aborda el tema de la independencia en 1810-1816. Anabella, Franco y Romina Orellano hablan de la explotación y esclavitud durante la Colonia; de la Revolución de Mayo y la puja entre morenistas, más revolucionarios, y saavedristas, menos; de la Asamblea del año 1813 y la “libertad de vientres”; del proyecto de José de San Martín y Simón Bolívar de una Latinoamérica unida. Y explican qué es ser revolucionario y conservador hoy; la democracia, sus conflictos y derechos; entre ellos, los de la diversidad sexual. Entre las que se quedaron a clase está Karla Vivas, cordobesa: “La mayoría somos excluidas del sistema educativo a raíz de un montón de cuestiones que tienen que ver con la discriminación. Yo abandoné los estudios en cuarto año por eso: sufrí mucho acoso, bullying, discriminación y agresión verbal y física. Eso te excluye, inevitablemente, porque ¿con qué ganas vas al colegio? Es un factor común entre nosotras. Ahora estoy a siete materias de terminar el secundario, en un acelerado a distancia”. –Si no podés estudiar, ¿cómo te ganás la vida? -No por querer o no querer, pero la exclusión del sistema educativo trae la exclusión del sistema laboral. Entonces, como único recurso nos queda la prostitución. La mayoría recurre a eso. Yo me tuve que ir de mi casa, no por mi inclinación sino porque no me brindaron recursos y tuve que ejercer la prostitución. Se me hizo bastante duro y hasta viví bajo un puente. Igual es todo muy limitado, porque si no sos prostituta, sos peluquera o costurera. Y ahí queda.

«Hay que seguir con sus luchas, porque hay demasiado por hacer»

-¿Qué te motivó a sumarte a un proyecto colectivo? -Dos de los referentes de este espacio, Fran y Anabella, estudian Ciencias Políticas, y nos brindan la enseñanza en estos espacios que necesitan de esas cuestiones. El tema de la lucha y las conquistas, de saber que hay personas trans que vienen luchando desde hace años. Hay personas que ya no están pero dejaron su marca, como Pía Baudracco con la Ley de Identidad de Género. Hay personas que están pasando por situaciones directamente de indigencia. Karla tiene 34 años –la edad de Laura Moyano cuando fue asesinada– y quiere “cerrar los círculos” que le hacen daño. “Yo empecé a consumir droga con un cliente –relata–. El mismo contexto me fue llevando a eso. No todos los clientes son Brad Pitt, entonces recibiendo algún estímulo se hace un poco más tolerable la cuestión. Así el consumo se hace más intenso y habitual, hasta que se crea la adicción. Es un problema muy metido entre nosotras, y un círculo que quiero cerrar”. -¿Te considerás una sobreviviente? -Este año, el 13 de noviembre, cumplo 35. Las estadísticas hablan de una expectativa de vida de las personas trans de 35 años. Cuando tenga 35 y un día, me voy a considerar una sobreviviente. Pero hay otras que pueden considerarse sobrevivientes, con una vida mucho más dura.

AGENDA

El miércoles 28 de junio y por el Día Internacional del Orgullo LGTBIQ+ en Córdoba habrá actividades en la Plazoleta del Fundador. A partir de las 16 horas, convocan a concentrar en Obispo Trejo y 27 de Abril. Habrá lecturas, entrevistas y micrófono abierto para quien quiera participar. Organiza la Mesa Coordinadora de la Marcha del Orgullo Córdoba, espacio integrado por múltiples organizaciones.]]>

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