"La lucha LGBTI también se inscribe en Memoria, Verdad y Justicia"

Silvia Delfino, académica, analiza cómo se enlazan las luchas del movimiento por los derechos humanos y los colectivos de la diversidad sexual. Y reflexiona sobre la construcción de memoria y la falta de visibilidad de los testimonios de la represión del terrorismo de Estado contra la población LGBTI. Por Silvia Delfino* Foto: Ariel Gutraich En…

24 de marzo de 2017

Silvia Delfino, académica, analiza cómo se enlazan las luchas del movimiento por los derechos humanos y los colectivos de la diversidad sexual. Y reflexiona sobre la construcción de memoria y la falta de visibilidad de los testimonios de la represión del terrorismo de Estado contra la población LGBTI. Por Silvia Delfino* Foto: Ariel Gutraich En Argentina y en América Latina, los movimientos por los derechos de la diversidad sexual se inscriben en las luchas contra la represión en nuestro continente. Es una singularidad de estos movimientos respecto del resto del mundo. Al historizar dictadura y genocidio, hay una distinción importante -y siempre lo menciona  Flavio Rapisardi (activista LGBTI y doctor en Comunicación) cuando habla de las luchas en la clandestinidad de las personas lesbianas, gays, bisexuales, trans y travestis. A diferencia de Estados Unidos o Europa, los movimientos por la diversidad sexual resaltan algo propio de nuestra región: que la represión y exclusión no solo producen pobreza sino también proscripción política. Los códigos contravencionales y de faltas, los edictos policiales, son algunos de los modos en que un estado liberal conservador busca desarticular las formas de organización política. Mientras en otros lugares del mundo los derechos de las personas LGBTI se viven como reclamos por las libertades individuales, en Argentina y América Latina son derechos contra la represión y la exclusión. Luchamos por la emancipación colectiva. A partir de 2003, el Estado argentino reconoce las demandas sostenidas durante años por el movimiento de derechos humanos a partir de reconocer su responsabilidad en la planificación del genocidio. La lucha de las personas LGBTI también se inscribe en ese proceso de Memoria, Verdad y Justicia, es parte de los 30 mil.

«Los testimonios dan cuenta de la represión a personas LGBTI»
En los juicios por delitos de lesa humanidad que se llevan a cabo en distintos tribunales de la Argentina, los testimonios dan cuenta de la represión a personas LGBTI. Esa información aparece todos los días, pero el proceso de Memoria, Verdad y Justicia es muy complejo. Y todavía falta avanzar en la visibilización. Así como también fue muy complejo que apareciera la visibilización de temas como la violación y la violencia sexual en los centros de tortura y exterminio, los tratos degradantes a mujeres, hechos que tuvieron su propia especificidad y no fueron simples prácticas subsumidas en la tortura. Es una tarea que tenemos. Eso que se escucha en los juicios y no tiene aún la dimensión que podría tener, pero se está produciendo esa memoria. El testimonio de Valeria del Mar Ramírez (primera travesti en recibir su documento rectificado) que fue secuestrada dos veces y sufrió tortura en el Pozo de Banfield, muestra cómo la persecución era parte de los tratos degradantes al colectivo trans en dictadura. Sufrió una doble negación no sólo persecución policial sino ser sometida en un lugar absolutamente clandestino. Por eso es tan importante la visibilidad que se da a la violencia de género y el pánico moral y sexual, la acción de represión especifica a las sexualidades no hetenormativas, que se basan, entre otras cosas, en la construcción de la figura del enemigo interior y también en la criminalización de las formas de organización política. Hoy se está desplazando la persecución a personas trans, que antes se hacía a través de códigos contravencionales o edictos (por ejemplo, contra el uso de ropa no correspondiente al sexo biológico), y se las persigue por la Ley de estupefacientes. En la marcha internacional de mujeres del #8M una de las estategias para la represión que se realizó horas después fue esgrimir que los vecinos se habían quejado por vendedores de droga en una esquina, cuando se trató claramente de una persecusión que combinó la identificación con haber estado en una marcha con la discriminación de género. Y así como las luchas por los derechos humanos se inscribieron en luchas regionales, la represión también: por ejemplo, Plan Cóndor. La lucha por Memoria, Verdad y Justicia siempre fue regional y territorial. Porque la represión nunca es excepcional sino planificada, acompaña un modelo de Estado y económico. El neoconservadurismo convoca a un sentido común en que la discriminación, enunciada por el Estado mismo, implica al sentido común en la incitación a la violencia contra esos grupos. Lo vemos en Estados Unidos con Donald Trump, el enunciado denigrante contra personas trans y migrantes, por ejemplo. O cuando Mauricio Macri apela a «una cárcel para migrantes». Por eso los movimientos LGBTI ponen tanto acento en hacer visible la represión planificada y la construcción de representaciones donde los colectivos aparecemos «habilitados» o «inhabilitados» para la vida en común.
«No hay una identidad homogénea, única y estable»
Es el caso de la noción de identidad de género, como dijeron las compañeras que impulsaron esa ley, y de matrimonio igualitario, cambian todo, porque la identidad de la patria es otra. Llegar a la plena ciudadanía no es solo eliminar obstáculos sino cambiar la historia colectiva. Y no hay una identidad homogénea, única y estable sino una identidad construida por prácticas y luchas en común. Del mismo que las luchas por la recuperación de la identidad de bebés, niñas y niños apropiados hay una articulación a través de la identidad colectiva. Madres y Abuelas nunca sostuvieron un derecho a la recuperación de identidad solas ni en términos de patriarcado o de familia: se trataba -se trata- de recuperar la historia. La que construimos en común. La que escuchamos en los juicios.  Los hijos plantean el recuperar o conocer su identidad que no fue un momento simple ni instantáneo. Como no lo es para la persona trans que cambia su nombre. Se trata del reconocimiento de parte del Estado y la Justicia de que todas las personas tenemos derecho a una identidad compleja y construida a través de luchas colectivas.   Silvia Delfino *Silvia Delfino es Licenciada en Letras (Universidad de Buenos Aires (UBA), miembro de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre y de la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans (FALGBT). Da clases en carreras de grado y posgrado en la UBA, Universidad Nacional de Entre Ríos y Universidad Nacional de La Plata.
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24 de marzo de 2017

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