“A mí no me va matar el VIH, me va a matar tu indiferencia”

Por @LucasFauno Foto: Marianella Pietraccone UNO- CAUSAL DE MUERTE  Me agota la necesidad que tiene la sociedad de que yo sea “el sidoso”. Mi cuerpo positivo es una calma para la derecha más fascista. Se regocijan en una culpa católica que saben imponernos. Si yo soy el que carga la cruz, ellos podrán andar livianos.…

1 de diciembre de 2016

Por @LucasFauno

Foto: Marianella Pietraccone

UNO- CAUSAL DE MUERTE 

Me agota la necesidad que tiene la sociedad de que yo sea “el sidoso”. Mi cuerpo positivo es una calma para la derecha más fascista. Se regocijan en una culpa católica que saben imponernos. Si yo soy el que carga la cruz, ellos podrán andar livianos. Es más probable que muera de tristeza a que me muera por alguna enfermedad relacionada al VIH y Sida. No señalen al VIH ni al sida de sus ganas de verme culpable y muerto para vivir un día más en su santa tranquilidad.

En el secundario aprobé todos mis trabajos de VIH y sida con 10. Hoy vivo con el virus. Será que la educación sexual en este país sigue siendo rehén de un Estado católico, apostólico y nada romántico. Picadora de carne que vomita chivos expiatorios. Desedúquennos y nos vencerán. Ni mi mamá me va mimar cuando se entere que cojo sin forro, ni mi papá me va a amar cuando sepa que soy trolo.

Me deseduqué en los noventa. Década infame en la que el sida fue un gran tema de novelas y películas. Al ritmo de la marcha neoliberal y las remeras de Cancún para un pibe que ni siquiera conocía su propia sexualidad, el tema era muy “más allá de la General Paz”: acá no pasaba. En esa misma época se aprobaba la Ley nacional de Sida: la 23.798 que hoy queda vieja, obsoleta. La que evidencia una falta de abordaje en temas de Derechos Humanos. Ley vetusta que no contempla a lxs pibxs que crecieron, porque claro, en esa época de Mtv y Ferraris nadie imaginaba que iban a hacerlo. Ley con tanto olor a rancio como todos los diputados que hace poco se levantaron y se negaron a votar la nueva Ley Nacional de Sida. Una que contempla las demás ITS (infecciones de transmisión sexual), que habla del ámbito laboral, que se centra en que la muerte por VIH y sida no siempre es física: nos asesinan socialmente. Pero para los y las diputadxs no somos urgencia.

DOS-  CULTURA DE LA CURA 

Si yo padezco depresión por los efectos secundarios de mi medicación y por eso decido suicidarme, desde el infierno al que espero ir –el paraíso me parece muy careta-, responsabilizaré a todos y cada uno de los que calló el tema de lo que pasa cuando nos medican. ¿Decido yo? Poco. Soy un cuerpo mercantilizado. Rehén del miedo y de las corporaciones, seguro. Pero yo deseo vivir. Y para eso quiero mi medicación. La que me corresponde, no la que les reditúa más. Y hoy en los hermosos informen de VIH y sida nadie habla de los faltantes de reactivos. No hay voces oficiales por parte del Gobierno. Son las organizaciones las que abren el diálogo, las que acompañan ese andar de cuerpas agotadas que van por hospitales. No me está matando el virus, me está matando la angustia de andar como si fuese un criminal. Debemos testearnos entre tres y cuatro veces al año, pero no hay reactivos. Hay silencio.

Y para los medios lo único que importa acá es la cura. Cada dos meses se me llena el muro de Facebook de amigxs agitando felices una falsa bandera de la victoria. Miles de veces compartido un titular que dice que ya está, que la cura viene de una abeja o de un ciudadano radioactivo y no sé qué más. ¿Por qué les importa tanto? ¿Por mí? No creo, permítanme dudar. Una cura significa que si algún día tienen que atravesar el umbral de la vergüenza y quedar de mi lado, existiendo ésta ya no será tan grave. Celebran su salvación a futuro, no mi salud. ¿Y por qué digo esto?  Porque cuando hay una noticia como la falta de medicación o de entregas de preservativos, son infinitamente menor la cantidad de veces que se comparte. No les urge mi vida, porque claro, se sigue pensando que tenemos “la pastilla” para vivir. ¿De qué vida hablamos? ¿de qué calidad de vida? Si me cago o me mareo todos los días, si me deprimo, si no me animo a tomarla delante de mi chongo por el estigma que esto supone, eso no lo veo en ningún muro. Eso se trata closet para adentro. Para afuera todavía soy un “portador de sida”… SIDA… porque siguen usando terminología noventosa. Quizás se note menos porque vivimos un rebrote neoliberal, pero qué quieren que les diga, a mí me sigue doliendo.

TRES- VOZ ALZADA 

Y mientras me leen y se les cae un “qué resentido este puto”, o un “si lo tiene es porque no se cuidó”, les comparto (no confieso) que esta situación de salud es mi responsabilidad, es mi error, sin duda. Pero también los invito a que nos pensemos y repensemos. No faltó educación porque memoricé todo lo que debía. Estoy seguro que a mí me faltó confianza e información. El placer del dedo acusador se los dejo a ustedes, yo no voy a marcar al que me lo transmitió. Me quedo pensando que si no hubiese pensado que yo era un puto feo e incogible, capaz hubiese podido haber charlado con mi pareja y decirle de testearnos antes de dejar de cuidarnos. Pero claro, cuando en la noche un falo te elige como pila bautismal de su fluir, a uno -que le brota sangre de todas las agresiones- poco le va importar lo que pueda pasar. Me sentía elegido, amado. En el cajón se quedaba el preservativo y también todos los compañeritos que me decían ‘putito’, todas las publicidades de boxers que me decían ‘flaco de mierda’, todos los garches ocasionales que no querían ni saber mi nombre ni mi horóscopo. Dejé mucho en ese cajón. Hoy lo entierro todo. Todo. Las metáforas están servidas.

Hoy dejo de ser solo una estadística y le pongo rostro al VIH, mi orgullo no es un virus sino la visibilidad que me permite hablar y me libera de la muerte. Hoy descubro mi placer de las mil maneras que ustedes suponen que prohibirme.Y cuando digo “ustedes”, que cada santo se haga cargo de a quién le hablo. Y que el 2 de diciembre no se te olvide que nosotrxs vivimos con el virus todo el año, no solamente en esta fecha.

Hoy les invito a dialogar, a gozar de la lengua tanto en los genitales como en la voz alzada. En la mano alzada. En la libido alzada. Repugno esa mamushka de closets dónde pretenden esconder nuestra sexualidad. Porque tanto adolescentes como adultos mayores se infectan por descarte de no ser el centro del universo macho falocentrista. Porque la información escasea o peor aún, se silencia. Acá ya no se calla nadie más. No se calla nuestra voz ni nuestro cuerpo, nuestro llanto ni nuestro placer. Somos muchas las voces positivas que necesitan dudar y hablar, pero por temor a ser humilladas nos quedamos en el molde. Y con total impunidad dirán: “lo mató el sida”. No. El sida no obliga a que nos quedemos calladxs, ni te niega datos, ni lucra con tu cuerpo. Eso lo hacen gobiernos y corporaciones.

CUATRO- NO

A mí no me va matar el VIH, ni el sida, a mí me va a matar tu indiferencia.

Bueno, no lo voy a permitir. Ni a mí, ni a nadie.

 

1 de diciembre de 2016

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1 comentario

  1. Querido Lucas… La indiferencia es un terrible maltrato porque es un abandono. Más allá de las religiones y los religiosos, cuando se nos abandona y la soledad es tan insoportable que aterra, el único que nos tiende una mano es Dios. Aclaración. Descreo de las religiones y los religiosos pero no de Dios porque he entendido que para toda creación, y eso es lo que somos, hay un creador.
    Soy uno de esos “santos” que se hace cargo de quien hablas porque yo juzgo al homosexual, no desde su condición sino desde su decisión, entendiendo que la decisión hace a la condición de la misma manera que la ocasión hace al ladrón. Bien sabrás que como adultos somos lo que decidimos, reyes o esclavos, héroes o villanos, dioses o diablos y de esas decisiones tenemos que hacernos cargo sabiendo que cada reproche que hagamos es un intento de responsabilizar al otro por lo que fue nuestra decisión. Esto no tiene nada que ver con el estado de debilidad (depresión) donde el otro aprovecha para dominarnos o el de indefensión (la niñez) donde el otro aprovecha para abusarnos; estas son situaciones que están más allá de nuestro poder de decisión, pero también es bien cierto que “a cada chancho le llega su San Martín” y llegado ese momento será nuestra decisión cobrar justicia.
    No te escribo para reprocharte. Voy a levantar mi bandera por tu causa porque el estado no puede abandonarte, a vos ni a nadie. Está para eso, para socorrer, asistir, interceder por sus ciudadanos. Debe ser como la sangre, que acude al lugar de la herida sin esperar que la llamen. Y cuando no acuda seremos nosotros, vos, yo, la infección los que le reclamaremos so pena de arrojar nuestros cadáveres sobro su soberanía sino responden como corresponde, sin dádivas, demagogias ni autobombo. ¡Cómo corresponde! Pero hasta aquí… No voy a llorar por ti. Yo no quiero que vivas penando, reprochando por indignación, desahuciado por los que deberían y no te socorren, no quiero los efectos secundarios de tu medicación, ¡QUIERO QUE TE SANES!
    Creo en la auto-reparación del cuerpo (lo hacen los animales y las plantas ¿por qué no el humano?), en las opciones alternativas que la medicina rechaza como la R.P.I (Relajación Profunda Inducida) del neurocientífico John C. Lilly. El PERÓXIDO DE HIDRÓGENO de M. Cavagnaugh. LA SANACIÓN DEL AGUA del doctor Masaru Emoto armonizada con alta frecuencia, EL ZAPPER bactericida electrónico de ondas cuadradas de la Dr. Hulda Clark. El VEGANISMO práctica que rechaza la utilización y consumo de productos y servicios de origen animal como reorganización conductual alimentaria sanadora. ¡Creo en mí! ¡Creo en Dios!
    YO NO PROMETO NI VENDO NADA por la sencilla razón que no puedo generar falsas expectativas. Muchas de las cosas que he mencionado fueron desarrolladas por personas de la ciencias (así se identifican) y apoyo mi convicción en los informes de la Dr. Guylaine Lanctôt. Solo digo que creo más en estas alternativas que en cualquier otra cosa. Como dice la canción… ¿Quien dijo que todo está perdido? Yo vengo a ofrecer mi corazón. Como dije al principio sostengo al final… Somos lo que decidimos y las decisiones son nuestras. Saludos cordiales.

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