Ni Una Menos: los feminismos masivamente en las calles contra la violencia machista

A once años del primer Ni Una Menos, la lucha contra la violencia machista y el dolor por los femicidios de Agostina, Dulce y Noelia movilizó masivamente a la Argentina. También se reclamó justicia con perspectiva de género, más ESI y derecho a una vida sin violencias. Voces de una plaza repleta que se multiplicó en diversos puntos del país.

Cobertura colaborativa de Presentes y Tiempo Argentino: Aldana Somoza, Clara Pardi, Ayelén Cesare, Emiliana Delgado y Eugenia Siman , Maby Sosa, Agustina Ramos y María Eugenia Ludueña. Fotos: Ayelén Cesare, Antonio Becerra, Eduardo Sarapura.

CIUDAD DE BUENOS AIRES, Argentina. “Si mañana me desaparecen, abracen mucho a mi mamá”, dice un cartel que lleva una chica de menos de 20 años en el subte de regreso a su casa. Viste el guardapolvos cuadrillé azul de maestra jardinera y va con otra compañera cuyo cartel dice “La seño te cree. Ni Una Menos”. Vienen de llenar la Plaza del Congreso en otra manifestación contundente de los feminismos. El entramado que envolvió el femicidio de Agostina Vega en Córdoba fue determinante para que este año mujeres, diversidades y varones salieran a la calle a pedir una vez más por el fin de la violencia machista y de la justicia patriarcal. 

El pedido de un Estado y un Poder Judicial con perspectiva de género es un reclamo constante de los transfeminismos, frente a un gobierno que niega la violencia de género como el de Javier Milei. En los últimos días, marcados por la noticia de tres femicidios, estos conceptos se vieron finalmente materializados. Los crímenes de Agostina, de Dulce y de Noelia se podrían haber evitado si la Justicia y el Estado no hubieran mirado para otro lado. Y es esto lo que otro miércoles 3 de junio, 11 años después, demandó masivamente la sociedad argentina. Y lo que Patricia Bullrich intentó ayer minimizar, criticando la marcha en línea con el discurso oficial.

El acto central comenzó cerca de las 18 y tuvo como cierre la lectura de un documento en las voces de la música Cazzu, la actriz Thelma Fardin y la periodista Liliana Daunes. A las 20 y cuando ya había caído la noche en la plaza, seguía llegando gente a manifestarse: el espíritu se renovaba continuamente. “Vinimos a pasarnos todos los pueblos” repetían varios carteles, en un guiño a la estigmatización de las demandas feministas ninguneadas por diversos sectores en los últimos años.

El 3J volvió a ser una respuesta política desde la transversalidad de los feminismos organizados pero también de grupos de amigas, madres, hermanas que se sienten interpeladas por la magnitud de la violencia machista y por la falta de políticas de prevención. Este año hubo muchas niñeces en la plaza y también varios varones jóvenes que se animaron a participar. 

Memoria y pedido de familiares de víctimas

Foto: Ayelen Cesare/TIempo Argentino

Antes de las 15 la plaza Congreso y sus alrededores comenzaban a llenarse de gente y de actividades. Por la mañana la agrupación Atravesados por el femicidio comenzó a desplegar la instalación de cada año. “Celeste Encina”, “Julieta Mena”, “Ruku Silva”, “Vanesa Bulacio”, “Janet Zapata” son algunos de los más de 200 nombres que los familiares bordaron en una bandera violeta dolorosamente extensa, extendida sobre el suelo de la plaza. Este año, la agrupación estrenó una bandera para marchar. Después del mediodía, dieron una vuelta en la plaza y repartieron mariposas con el nombre de sus familiares asesinadas. La mayoría pide por el fin de los femicidios, pero también por la Ley Brisa que no se cumple y por las causas estancadas en los tribunales. 

Patricia Ortiz, mamá de Micaela Rascovsky se sumó a la agrupación al ver lo poco que avanzaba la investigación judicial por el femicidio de su única hija, caratulado inicialmente como “muerte dudosa”. A pesar de las pruebas, la Justicia exculpó a la expareja de la joven, el abogado Guido Pascuccio. “Estamos esperando que la Corte Suprema analice el caso. Sabemos que puede tardar porque la Justicia tiene otros tiempos. Pero no vamos a bajar los brazos”, nos decía conmovida tras marchar con la organización alrededor de la plaza de Congreso. 

Contra el patriarcado en todas sus formas: la violencia económica

Desde temprano, se instalaron los puestos de merchandising feminista y militante -ayer volvió con fuerza masiva el pañuelo violeta- y los de comida. “Soy madre soltera, vendo pan, milanesas y facturas”, se leía en uno de los carteles señalando un puesto. La marcha estuvo repleta de mujeres feriantes: la crisis económica pesa mucho más en los hogares monoparentales a cargo de mujeres. 

La Poderosa recuperó para este nuevo 3J la instalación de “La mujer pulpo”. “Es la que hace todas las tareas de la casa y comunitarias, sosteniendo comedores, merenderos, apoyos escolares, casa de las mujeres y las disidencias”, explicó La Negra Albornoz, referente de los barrios populares de La Poderosa. “Muchas mujeres toman deudas con los prestamistas de los barrios, que en general son los narcos, quienes después te empiezan a exigir de una manera particular, y te amenazan. Entonces las compañeras viven con mucho estrés”.  

La mujer pulpo, instalación de La Poderosa.

“Nuestra instalación tiene que ver con la violencia económica. Peleamos contra la violencia machista y contra la violencia institucional. Jorge Macri te tira la policía adentro pero no busca a los narcos y termina robándose hasta las garrafas”. Sobre los femicidios recientes, expresó: “Nos duele mucho, mucho más que sean niñas y adolescentes pero nos preguntamos ¿por qué un varón ejerce toda esa violencia sobre una niña o una adolescente? ¿Qué les pasa en la cabeza? Queremos que ellos también respondan”, agregó. “Tenemos que trabajar, cuidar a las familias y a nuestro barrio mientras los varones están dolidos y frustrados por la falta de trabajo y de recursos. Que Milei niegue que existe esa desigualdad también es violencia”, dijo Albornoz. 

Más ESI, menos violencia

El 3J también pidio Basta de lesbicidios: un espacio recordó a La Pepa, a Pamela, Mercedes y Andrea, víctimas de lesboodio.

En un sector de la plaza un grupo de trabajadoras de la Educación pintaban carteles con consignas contra la violencia. Julieta Rojo, docente de grado y directora de la Escuela 11 del distrito de San Vicente, decía: “La sociedad no se puede acostumbrar a lo que le pasó a Agostina. Mi primera noción de un femicidio fue el caso de Candela, yo era muy chica y estamos en 2026. Se siguen vulnerando nuestros derechos y vuelve a pasar. La costumbre también te hace decir: lamentablemente es otra más”. 

Para Julieta, la educación es uno de los grandes desafíos para prevenir las violencias. “Hay que educar. Y a todos los géneros. El ‘cuiden a sus hijas’ está muy presente pero la educación al varón también es fundamental”, -decía-. “Los varones y las nuevas masculinidades tienen que acompañar esta lucha que atraviesa el feminismo. Es indispensable porque son luchas por los derechos básicos: la educación, el trabajo digno pago”. 

Lourdes Patzi llegó con un grupo de compañeras de la 31 y recorría la Plaza del Congreso con una wiphala, la bandera de los siete colores de los pueblos andinos. “Algo crucial para frenar la violencia machista es seguir financiando políticas con perspectiva de género. Y una de las grandes herramientas de transformación en ese sentido es la ESI (Educación Sexual Integral) en las escuelas, en los jardines, en las universidades. Porque es una herramienta que puede transformar la realidad de todas y todos. Como mujeres villeras, indígenas y racializadas pedimos más ESI en todos los espacios educativos, que se siga financiado, es una política que plantea empezar a hablar de violencia y puede ayudar mucho a erradicarla”. 

Ni Una Menos con varones y niñeces

Foto: Eduardo Sarapura/Tiempo Argentino

“¡La primera marcha!, ¿qué tal estuvo?”, le preguntaba una mujer a un grupo de adolescentes. Una imagen que reflejó una característica marcada de esta movilización: la presencia de muchas niñas, niños, adolescentes e incluso bebés a lo largo de la jornada. 

Diego llegó a la plaza con su hija Juli de 10 años. “Vine porque ella me lo pidió”, comentaba. “No es la primera vez que venimos pero me parece valorables que la inquietud haya surgido de ella. Hay que continuar por este camino”. Y Juli agregó:  “Hemos hablado varias veces con nuestros profesores y profesoras sobre la violencia de género. A veces hacemos actos sobre eso también. Me parece que está muy mal y me parece que es algo que luchamos por eso para que no se vuelva a repetir e intentar siempre que no pase más”. 

Sobre avenida Rivadavia, hacia la 9 de Julio, una combi ploteada con la cara de Gardel advertía: “Entre broma y broma tu machismo se asoma”. Es Sanata, tango itinerante, que además de los parlantes de donde se escuchan tangos, tiene sobre el techo un escenario. “Tal vez en un rato lo armamos para que pasen a bailar”, decía David, el responsable de la instalación. “Estamos acá porque decidimos apoyar la marcha, para que no sigan ocurriendo femicidios. Queremos estar siempre». Padre de dos hijas, con su compañera ven con preocupación que “no pueden andar solas en la calle o en altas horas de la noche”. Dice que sus amigos varones también advierten esta situación. “Todos tenemos familia y todos pensamos que esto se tiene que acabar”. 

Santiago, 18 años, estudiante de la UNSAM, llegó con dos amigas desde San Andrés. “Vengo a acompañarlas pero también en representación de mi familia que trabaja y no puede estar. Por mi hermana, porque todavía es chica y no pudo venir. Como varones esto es algo que nos interpela, no podemos verlo como flor de invernadero. Antes de poder hablar  de este problema tenemos que reconocer que somos parte. Que a veces también somos opresores, tal vez no nos damos cuenta pero tenemos que empezar a escuchar y a cambiar lo que estamos haciendo mal”, nos decía mientras sostenía un cartel que reclamaba “Justicia”. 

Foto: Eduardo Sarapura/TIempo Argentino

Frente al vallado de la Policía de la Ciudad que cercaba al Congreso se encontraba, junto a otras personas, el padre Paco Olveira. Decía: “Desde mi fe tengo que acompañar las luchas que son justas. Si hay una lucha justa es la de las mujeres y los feminismos. Formo parte de una iglesia absolutamente patriarcal (la católica) y ustedes nos dan el ejemplo de que en la calle y en la lucha se transforman las cosas”.

¿Cómo frenar la violencia machista?

Flor Guimaraes es activista travesti feminista. Llegó a la movilización con el mismo cartel que la acompañó en el primer Ni Una Menos, en junio de 2015: Basta de travesticidios. “Frente a la violencia machista, es urgente organizarnos como lo hicimos hace muchísimos años. Hoy con más fuerza que nunca ante el contexto de odio, crueldad y precarización que estamos atravesando las mujeres trans, las travestis, las diversidades. Es importante, es necesario gritar fuerte y colectivamente ‘vivas nos queremos, ni una menos’, ‘basta de muerte por crímenes de odio’, ‘basta de violencia machista y patriarcal’”

La actriz y cantante Lucía Adúriz Bravo fue a la plaza junto a su compañero y un cartel que levantaba con los brazos en alto. La imagen impresa mostraba a Ángeles Rawson, cuyo femicidio conmocionó a la Argentina en 2013, con una cobertura mediática cargada de prejuicios y morbo. “El desafío es revisar esas formas de acuerdos, hacer una autocrítica de cómo pensamos el lenguaje sobre los cuerpos de las mujeres, de las masculinidades y feminidades trans. La mejor manera siempre es la organización, la resistencia tierna, el arte que viene a ayudarnos a pensar las cosas de otro modo. No estar solas, acompañarnos y venir a poner el cuerpo por las que no están”.

Foto: Antonio Becerra/TIempo Argentino

Y eso fue exactamente lo que sucedió ayer en muchas ciudades del país. El mensaje se expresó articulado de miles de maneras y lenguajes, desde un amplio arco de identidades y generaciones. En el cartel de Florencia: Basta de travesticidios. En la instalación de lxs familiares de víctimas. En las columnas de las mujeres de los gremios, de los barrios y de las universidades. En las quinceañeras que se movilizaron con su vestido de fiesta y un cartel “Me lo pongo por la que no pudieron”. En las niñas detrás de cartulinas que decían: “No quiero vivir con miedo”. En las luchadoras pioneras como Nelly Minyersky, la abogada feminista que ya pasó los 90 años y que apoyada en su bastón y sus compañeras se quedó hasta la noche en la plaza. 


En un escenario global donde, en palabras de Gabriela Borrelli Azara, “la violencia y el poder machista están al desnudo, y su representación máxima son las figuras del poder:  Milei, Trump”, ¿cómo hacemos para que Ni Una Menos sea una realidad?. “No creo que la violencia machista tenga un freno inmediato pero sí creo en lo que estamos haciendo hoy”- nos dijo la escritora y poeta. “Creo en la insistencia en esta gran convicción que tenemos en defensa de la vida los feminismos en la Argentina. Me parece que es el momento de unir las luchas de los jubilados, de los universitarios, de todos los afectados por la violencia machista que nos condena al hambre y mata a nuestras pibas. Reforzar nuestra convicción en la vida es un camino”.

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