Lactancia y VIH: Historias en primera persona y avances de la ciencia
En 2025 la Organización Mundial de la Salud reconoció la lactancia como posibilidad para personas viviendo con VIH bajo tratamiento efectivo. Las experiencias, los apoyos imprescindibles y las últimas investigaciones científicas sobre lactancia y VIH.

“Acá está prohibido el chupete” y “Prohibida la mamadera” decían dos carteles en la sala del hospital porteño donde Sofía Ocampo se recuperaba luego de parir a su primer bebé. Cada vez que entraba una enfermera, le preguntaba: ¿Cómo viene el pecho? Ella, cada vez, aclaraba que no daba la teta. “¿Por qué?”, insistían. “Porque soy una mujer con VIH”. Rápidamente cambiaban de tema.
A nivel mundial, la Organización Mundial de la Salud estima que alrededor de 1,3 millones de personas con VIH cursan un embarazo cada año. Con el paso del tiempo, el riesgo de transmisión vertical del VIH disminuyó del 30% a menos del 5%, a partir del diagnóstico precoz, la ampliación de la terapia antirretroviral (TAR) y el uso de profilaxis antirretroviral infantil.
En más de 170 países se celebra en agosto la Semana Mundial de la Lactancia Materna. La información sobre su importancia se replica en todos lados. Posteos en redes sociales, carteles en la vía pública y en hospitales, notas periodísticas e informes televisivos sobre la mejor alimentación para tu bebé, “la hora dorada” y la conexión madre-hijo. Sin embargo, hasta hace muy poco, las personas con VIH no podían siquiera pensar en la posibilidad de hacerlo.
“Mis primeros dos hijos fueron alimentados con leche de fórmula. Con la primera no existía la posibilidad de amamantar. Con el segundo había más información y madres que lo estaban intentando, pero yo estaba con miedo. Cuando vino la tercera, tenía el mismo pensamiento de seguir con la fórmula. Pero esta vez, en el hospital me hablaron de la posibilidad de amamantar. Me preguntaron: «¿Tenés ganas?’”. Sofía habla por teléfono con Presentes, mientras le da la mamadera a su beba de seis meses.
Un hito en derechos reproductivos
En 2025, la Organización Mundial de la Salud (OMS) actualizó sus recomendaciones y marcó un hito en materia de derechos reproductivos. Por primera vez reconoció la lactancia como una posibilidad para las personas viviendo con VIH bajo tratamiento antirretroviral efectivo.
Cuando la persona que vive con VIH mantiene una carga viral indetectable, el riesgo de transmisión al bebé durante la lactancia se reduce a menos del 1%, aseguran las nuevas recomendaciones. La posibilidad de transmisión es “extremadamente baja”, sostienen las investigadoras consultadas para esta nota, aunque no llega a cero. Es decir, aún no se puede asegurar que indetectable sea igual a intransmisible (I=I) en el 100% de los casos durante la lactancia, como sí ocurre en el plano sexual.
“Logramos pasar de un paradigma en el que la OMS recomendaba la suspensión de la lactancia, hacia otro en el que considera su posibilidad. Esto después de un trabajo de más de ocho años de instalar el tema y hacer incidencia política. Fue a partir del involucramiento de muchas organizaciones, el sistema de Naciones Unidas, los ministerios y de mujeres que pusieron el cuerpo”, cuenta Mariana Iacono, la activista y trabajadora social.
Desde la Comunidad Internacional de Mujeres Viviendo con VIH/SIDA (ICW), la organización donde se desempeña como coordinadora nacional en Argentina, iniciaron la campaña U=U, cuya iconografía se asemeja a la imagen de dos pechos. A su vez, hace referencia a la campaña “indetectable = intransmisible” (I=I) que en inglés es “undetectable = untransmittable” (U=U).
“Colectivamente es un logro muy grande. Me pone muy feliz y me da un poco de nostalgia porque yo no logré amamantar, algo que quería hacer con todo mi cuerpo y alma. Lo intenté, hice toda la ruta, pero no recibí acompañamiento médico. Y sola no me animaba. Pero en ese momento pensé que si yo no podía amamantar iba a hacer todo lo posible para que la que quisiera amamantar después, pudiera hacerlo”, recuerda Iacono.
Qué dicen diversos estudios científicos
El ensayo clínico PROMISE –Promoting Maternal and Infant Survival Everywhere (Promover la supervivencia materna e infantil en todo el mundo)– es uno de los más citados. Publicado en 2014, se llevó a cabo en la India, Malawi, Sudáfrica, la República Unida de Tanzania, Zambia y Zimbabwe.
“En esos entornos, la lactancia materna está recomendada porque no hay disponibilidad de agua potable para que pueda darse vía leche de fórmula. Entonces había mucha más morbimortalidad asociada a las complicaciones de darle leche de fórmula que a la que eventualmente podía existir asociada al riesgo de transmisión de VIH”, explica la médica infectóloga e investigadora Natalia Laufer. El ensayo habla de un riesgo de transmisión de menor al 1% en madres bajo tratamiento antirretroviral. Sin embargo, no todas se encontraban con cargas virales indetectables.
“Un meta análisis publicado en julio de 2025 en The Lancet estimó que el riesgo de transmisión posnatal es del 0,1% por mes. Los estudios fueron hechos sobre mujeres que están en tratamiento antirretroviral. La mayor parte de esas mujeres estaban indetectables, pero no todas”, detalla Laufer.
Lactancia y VIH: ciencia, ley y criminalización
En Argentina, la actualización de las orientaciones sobre lactancia y VIH tuvo lugar antes que en la OMS. Implicó dos años de diálogo entre las organizaciones; las sociedades de infectología, obstetricia y pediatría; la sociedad civil y el impulso del entonces Ministerio de Salud de la Nación. El proceso inició en 2022 a partir de un caso de criminalización en la provincia de San Luis a una madre de 26 años con VIH, quien se encontraba con cargas virales indetectables y decidió amamantar a su bebé.
Según la Base de Datos de casos de criminalización de VIH de la Red de Justicia del VIH, al menos 15 personas con VIH vivieron procesos judiciales motivados por la lactancia materna en distintos países (Argentina, Rusia, Zimbabue, Kenia, Uganda, Zambia, Kazajistán, Malawi, Botswana y Austria). A su vez, el artículo “Cuando la ley y la ciencia se separan: la criminalización de la lactancia materna por parte de mujeres que viven con el VIH”, publicado en 2022, subraya que en varios países mujeres con VIH recibieron amenazas con procesos punitivos de salud pública e intervenciones de “protección infantil” por amamantar a sus hijes.
La historia de Paula, el VIH y su lactancia
Desde que cumplió 18, Paula, una urbanista de 38 años que vive en Bogotá, Colombia, donaba sangre dos veces por año. En 2012, unos meses después de haber donado la llamaron para comunicarle que estaban listos los resultados del examen de su sangre, aunque no los había pedido. Justo viajaba a ver a su novio a México, así que los retiró al volver. “Se me cayó el mundo”, dice sobre aquel momento la mujer, cuyo nombre fue modificado porque no vive públicamente su diagnóstico.
En 2022 se casó con quien es su compañero de vida y decidieron tener un bebé. Comenzó a tomar la medicación para ser indetectable y le compartió a su médico tratante que deseaba amamantar. “Ya había leído mucho sobre los beneficios de la leche materna en los bebés. Me dijo que era difícil, pero que iba a investigar. Cuando quedé embarazada, volví a ir con ilusión. Le pregunté qué vamos a hacer con la lactancia y me dijo: tú no puedes amamantar. Fue muy duro”.
Paula comenzó a investigar por su cuenta, a contactar con organizaciones, activistas y madres que lo habían logrado. “Mientras gestaba un hijo y tenía mi trabajo, estaba estudiando una maestría o doctorado en lactancia con VIH”, se ríe. Su marido, quien al principio no estaba convencido, fue ganando confianza y finalmente la apoyó. La charla con el esposo de otra mujer que decidió amamantar fue clave: “Si ella está segura de que puede amamantar y ha investigado todo lo que investigó, yo solamente estoy aquí para apoyarla”.
Horas antes del nacimiento de su bebé vivió una serie de violencias inesperadas. Luego de firmar varios disentimientos en los que se responsabilizaba en caso de que su hijo se infectara de VIH, se acercaron unas trabajadoras sociales. “Llevaba horas sin dormir, sin comer, me habían inyectado un montón de vainas, estaba con dolores, y vinieron a amenazarme. Me decían que yo no podía amamantar y que si insistía iban a tener que llamar a Bienestar Familiar, la entidad que recoge niños que están en riesgo por sus familias y luego los entregan en adopción. Entré en llanto, en un estado de ansiedad terrible”, cuenta. Desde ICW lograron que un abogado se acerque a la clínica para que nadie pudiera volver a contactarse con ella para hablar sobre su decisión.
Paula pudo, finalmente, tener su “gran momento” cuando le dieron a su bebé luego de la cesárea. Le dio de amamantar durante seis meses y no se infectó de VIH. Hoy vive junto a él, que ya tiene casi tres años, su esposo y su perrita.


Cuáles son las condiciones óptimas, según la ciencia
Las condiciones óptimas para que personas con VIH puedan realizar una lactancia con un riesgo de transmisión muy bajo implican tener adherencia al tratamiento antirretroviral y mantenerse indetectables durante el embarazo y la lactancia. Idealmente, al menos seis meses antes del embarazo.
También hay una serie de factores a tener en cuenta. Por un lado, la importancia de hacer bancos de leche para poder continuar la lactancia si surge cualquier inconveniente, como mastitis, grietas sangrantes en el pezón, fiebre o enfermedades gastrointestinales tanto de la madre como del bebé. “Otro recaudo es que no se les dé leche de fórmula al bebé mientras se esté amamantando. Si bien la evidencia va tendiendo a demostrar que la mezcla de alimentos no influye en la transmisión, no nos podemos arriesgar porque no tenemos la suficiente evidencia”, dice Soledad Méndez, doctora en Bioquímica y puericultora.
“Cuando se empieza a trabajar con las familias que plantean este deseo, vemos qué herramientas tienen de acompañamiento. Es muy difícil sostener los tratamientos antirretrovirales durante un momento tan importante y desregulador como es el puerperio. Entonces, son fundamentales el acompañamiento profesional y una buena red de contención”, comparte Méndez.
Apoyo clave: afuera y adentro del hospital
Sofía Ocampo nació con VIH y hace muchos años se mantiene indetectable. Vive en La Matanza, provincia de Buenos Aires (Argentina), y es madre de tres hijes. A los dos primeros los alimentó con leche de fórmula. Mientras estaba embarazada de la tercera, por primera vez le ofrecieron la posibilidad de amamantar desde el hospital.
“Me lo propusieron como a los ocho meses. Yo no estaba segura. Empezaron a contarme de qué se trataba, me decían que íbamos a hablar con todo el equipo, que me iban a acompañar. Así que decidí probar. Todo venía bien, pero después hubo una serie de eventos desafortunados”, cuenta.
Luego de la cesárea, la enfermera que iba a acompañarla con la técnica para amamantar no apareció hasta varias horas después, en la noche. Le dijeron que le iban a dar el alta médica, pero, por una falta de comunicación entre el área neonatológica y la obstétrica, terminaron postergándola. Una enfermera le dio una botella de leche de fórmula a su bebé, algo contraindicado en su historia clínica. Finalmente, el equipo médico la llamó para decirle que, como su beba no aumentaba de peso y los análisis de bilirrubina le daban mal, habían decidido suspender la lactancia materna. “Salí de ahí y me largué a llorar. Justo cuando estaba más decidida a que funcione la teta. Me habían dicho que iba a poder y que me iban a acompañar, pero eso nunca sucedió”, dice, todavía molesta con el desempeño del equipo que la trató. Llegó a dar de amamantar a su hija durante unos pocos días. “Tuve que duelar la teta”, recuerda. Su hija, al igual que sus otros dos hijos, no contrajo VIH.


Para Sofía “es clave que haya un apoyo, tanto dentro como fuera del hospital, para acompañar la decisión de amamantar”. También, resalta que “es importante saber que si una no quiere dar la teta, podemos darle fórmula. Nuestro bebé no va a estar desprotegido y no le va a faltar amor ni comida por eso”, dice.
“Tuve un fuerte respaldo médico para amamantar”
Para Isabel C., oriunda de Ciudad de México, la experiencia fue diferente. En un viaje de vacaciones empezó con síntomas agudos –fiebres muy altas, dolor de huesos, artrosis y pulmonía– hasta que un mes y medio después dieron con el diagnóstico de VIH. Inició su tratamiento en el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y afrontó un largo proceso de recuperación. La noticia destapó una casa de pandora en su familia, religiosa y conservadora.
Tiempo más tarde conoció a quien se convirtió en el padre de su hija. “A mi hijo más grande, que hoy tiene 16 años, lo lacté dos años y medio, cuando aún no tenía mi diagnóstico. Y pensé: no voy a dejar a la niña sin lactancia. Entonces hice toda una investigación y decidí lactarla por nueve meses. Tuve un equipo muy fuerte de respaldo médico del Hospital Español de México y del Instituto. El director de Pediatría del hospital me ayudó con mucha información”, cuenta. Para ella fueron “nueve meses hermosos”. Luego decidió empezar el destete, porque a su hija le hacían constantemente las pruebas para ver si tenía VIH y consideró que ya era suficiente. En ninguna resultó positiva. Más allá del disfrute que vivió durante la lactancia, también sintió miedos. Por eso considera que es necesario que exista más información pública relacionada al VIH.
Con su hija, que tiene siete años, aún no habló sobre su diagnóstico, pero con su hijo de 16 sí. “Trato de decirle siempre que sin globito no hay fiesta. Además del VIH hay muchas otras enfermedades”.


Beneficios y desafíos
Cuando una persona con VIH se acerca a la puericultora Soledad Méndez para compartirle su deseo de amamantar, ella acompaña el proceso con información y, si desea continuar, con una contención técnica y emocional. “La lactancia sigue siendo una práctica con mucho valor. Aporta protección inmunológica al bebé, favorece el desarrollo de una microbiota óptima para su salud y fortalece el vínculo, entre muchas cosas que se siguen estudiando”, comparte.
“Ahora, también hay desafíos importantes que es necesario conocer –agrega–. Es una decisión compleja, que no es igual para todas las personas. Y tene que ser acompañada con información clara, seguimiento médico y respeto por la decisión de cada familia”
Más investigación y cooperación en VIH y lactancia
Desde el Instituto de Investigaciones Biomédicas en Retrovirus y SIDA, UBA-CONICET (INBIRS), Natalia Laufer junto a su equipo investigan desde hace años la leche de mujeres con supresión viral. Evaluaron el virus libre y el ADN del VIH asociado a las células en la leche materna durante las primeras siete semanas de lactancia en dos pacientes. “En uno de los casos no encontramos ningún virus. En el otro sí encontramos virus, pero totalmente defectivo (no puede generar un nuevo virus ni transmitir VIH). Lo trascendental de este primer estudio es que nos permitió demostrar que podemos saber cómo son las características del virus que está asociado a las células de la leche materna”, explica. Sin embargo, advierte que es necesario que existan más investigaciones e incrementar la cantidad de muestras.
“Nuestro principal problema es el desfinanciamiento en investigación que hay a nivel mundial. Nos está dejando en una situación muy compleja para poder seguir. Hay una comercialización de la investigación y eso nos deja a los países con menos recursos con pocas opciones. Además de haber menos subsidios, los que aún se mantienen tampoco dan una cantidad de dinero que permita afrontar los costos”, explica Laufer. En la región, el país que lleva adelante el apoyo más importante a la investigación en VIH es Brasil.
En Argentina, desde la asunción del gobierno de Javier Milei, el presupuesto destinado a Ciencia sufrió una fuerte reducción. Para marzo de este año, la Función Ciencia y Técnica (FCyT) de la Administración Pública Nacional acumuló una caída real del 50,8% desde 2023. Representa el 0,14% del PBI, el porcentaje más bajo desde 1972.
“Toda la gente se está yendo a la industria. La debacle que hay desde 2024 nunca la había visto. Ha caído dramáticamente”, dice Laufer, quien es investigadora en INBIRS desde 2005.
Además del financiamiento, considera que para impulsar la investigaciones sobre lactancia y VIH es necesario incrementar la cooperación. “Podríamos generar cohortes internacionales y tener un dato fuerte y firme que nos permita estimar el riesgo, estandarizar pautas de seguimientos y a partir de ahí sacar conclusiones”.
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Este artículo es parte del proyecto que cuenta con el apoyo de la IAS (International AIDS Society) a través de Community Project Grants, en el marco de los preparativos rumbo a la Conferencia AIDS 2026.
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