Eug Krla: “Probé ser travesti en escena y me animé a ser travesti en la vida”

Actriz y dramaturga, Eug Krla cuenta por qué Aquí va una canción para tí es la primera obra de teatro donde se posiciona como travesti. Y cómo el trabajo con la discapacidad la llevó a los discursos de Maite Amaya, Lohana Berkins, Diana Sacayán, Susy Shock y Marlene Wayar. La relación con su padre y con las redes sociales.

24 de abril de 2026
Agustina Ramos
Edición: María Eugenia Ludueña

CIUDAD DE BUENOS AIRES, Argentina. Cuando entiende que “es por ahí”, Eug Krla va a fondo. Le pasó con el teatro y con la discapacidad, los dos ámbitos a los que dedica su vida profesional, y luego, con lo travesti. Esta tríada –teatro, discapacidad y travesti– marcó su identidad: una llevó a la otra y a la otra. 

En Aquí va una canción para ti, por primera vez Eug Krla está al frente de una de sus creaciones nombrándose como travesti. Aunque varias personas crean que es su ópera prima, ha dirigido diez obras teatrales y participó en dieciocho. Pero esta es especialmente diferente a las anteriores. Pasó de guiones que eran una bofetada en la cara a otro con más luminosidad: tiene que ver con su identidad, pero también con la relación hoy con su papá, el vínculo con el público y el deseo de que exista otra humanidad posible.

Tiene 35 años y viene de una familia amorosa y bastante queer, con une hermane lesbiane y una hermana visiblemente bisexual desde joven. Siempre fue la histriónica de la familia, aunque no era un niño amanerado, “la típica mariquita”. Creció entre juegos de mesa, el Final Fantasy, mangas, películas y series. “Un niño nerdo”, dice. Ni en su infancia ni en su adolescencia se preguntó por su identidad. 

Quería ser Leonardo DiCaprio. En los “concert” de su escuela primaria, cada fin de año quería encarnar, siempre, a los personajes protagónicos. No siempre sucedía y para “calmar a la criatura” terminaban creando personajes secundarios a fin de que pudiera participar. “Lo que más recuerdo era que me avasallaba la emoción al momento del final de la obra. Lloraba en el saludo mientras nos aplaudían. La sensación de estar en escena, la relación con el público, todo para mí era mucha emoción”, recuerda. 

En el medio pasó una vida. Estrenó en 2026 Aquí va una canción para ti. Está a cargo de la dirección –con la asistencia de Belén Italia Caprara– y la dramaturgia, e interpreta a una travesti. Con conversaciones fragmentadas, silencios y stickers de WhatsApp, cuenta la transición de une joven, el apoyo de sus amistades y de un padre que lo intenta. 

En Aquí va una canción para ti, por primera vez Eug Krla se nombra travesti al al frente de una de sus creaciones. Foto: Florencia Tagliabue

Correr la mirada sobre la humanidad

Su primera maestra fue Patricia Palmer del Teatro Taller del Ángel. Luego tuvo una experiencia trunca en la Universidad del Salvador: no terminó la carrera, pero dio con su segunda maestra, Corina Fiorillo. En la Universidad Nacional de las Artes conoció a quienes la acompañaron en sus primeros proyectos. Se licenció en Actuación y luego realizó la Diplomatura en Dramaturgia por el CC Paco Urondo.

Una de sus amigas que conoció en aquel tiempo, Agus Grova, le presentó en 2015 el Espacio de Teatro Inclusivo de la Municipalidad de San Martín. Quedó flasheada con el universo sensible de las personas con discapacidad. Desde entonces y hasta hoy trabaja en talleres de teatro inclusivo. Uno de los actores que conoció en aquel espacio es Ricardo Goldberg. Ricardo tiene síndrome de down y es intérprete en varias de sus obras.

“Me convocó la singularidad expresiva. Ahí entendí que no hay una sola forma expresiva ni estética. El teatro que insiste en una estructura específica es demasiado rígido, cierra la posibilidad a las cosas que abisman. Cuando una se encuentra con ese otro u otra que funciona de una manera inesperada y absolutamente singular, te abisma. Te invita sensiblemente a correr la mirada sobre una, y sobre lo que se supone que es la humanidad”, comparte.

“El mundo no tenía sentido hasta que entendí la posición travesti”

Presentes conversó con Eug Krla para conocer su visión sobre el rol del arte en tiempos difíciles; los cruces entre discapacidad, teatro e identidad; y el futuro posible que imagina para la comunidad.

–¿Qué lugar tuvieron el teatro y el universo de la discapacidad en la pregunta por tu identidad?

–Trabajando con discapacidad, de a poco, fui interesándome en el capacitismo: la idea de un mundo que está diseñado para determinadas personas que son capaces de determinadas cosas. Un imaginario que no contempla la diversidad que compone al ser humano. Eso me abrió la cabeza completamente: la humanidad tiene una capacidad infinita en términos de cómo habitar este planeta. Una cosa llevó a la otra: de entender al capacitismo y a la diferencia, terminé llegando a los discursos travestis. Así conocí a Marlene Wayar, Susy Shock, Diana Sacayán, Lohana Berkins, Maite Amaya. Todas ellas, voces que terminaron de darle sentido a esa sensibilidad que yo ya estaba percibiendo en relación al mundo, y a cómo yo me veía y me sentía. 

«Hasta que entendí la posición travesti, el mundo no tenía sentido para mi».  Foto: Lina Etchesuri

–¿Qué implicó empezar a reconocerte travesti?

Hasta que entendí la posición travesti, el mundo no tenía sentido para mí. Fue el único momento en el que empecé a sentir que había una construcción de esperanza en vivir la vida, que había una vida digna de ser vivida. Para muchas travestis, el mandato de masculinidad a veces es una opresión insoportable a la que una debe revelarse de sobremanera, aunque eso signifique arriesgar la vida. Y otras veces es una trampa tan sigilosa en la que una cae sin siquiera saber qué le está pasando. Es mi caso, pero también el de otras muchas chicas trans que conozco: crecimos 30 años de nuestras vidas como varones funcionales y felices, sin siquiera preguntarnos qué significa ser varón. Y con una depresión galopante.

La construcción de su identidad fue de la mano con su desarrollo teatral. “Fueron tres procesos donde yo pude acompañar mi transición con mi creación”, dice. En 2019 entrenó ¿Y qué vamos a hacer con esas manos?. La obra hacía foco en que el mandato de masculinidad mata. Un niño marica, se llama Tierno, busca subsistir en un mundo triste y opresivo. Se desarrolla en un baldío mágico que a la noche produce música. Todos los jóvenes del barrio se juntan a bailar clandestinamente, mientras un grupo de vecinas junta firmas para cerrar el baldío y taparlo con cemento. En las narices de un padre que ve al mundo pasar frente a sus ojos, las vecinas logran, finalmente, tirar cemento en el baldío. El final es trágico: Tierno queda atrapado y muere aplastado.

Del teatro a la vida

Dirigir un grupo de investigación de actrices -a sus 27 años- también hizo mella. “El trabajo era muy sensible, de mucha vulnerabilidad, de compartir y abrazar. Ahí empecé a, progresivamente, permitirme transformar mi expresión de género”. Finalmente, una conocida le extendió la invitación para dirigir un espectáculo en el ciclo Clásicxs LGBT. Reformuló La gaviota de Antón Chéjov en una obra que llamó Soy (una Gaviota). Fusionó a dos personajes y creó a Niné, una persona no binarie, a quien decidió interpretar. “Primero probé ser travesti en escena y después me animé a ser travesti en la vida”, confiesa.

–¿Cómo te encuentra hoy Aquí va una canción para ti?

–Esta obra es la primera en la que yo me posiciono como creadora travesti. No solo eso, sino que asumo el rol del personaje travesti que acompaña a la mariquita. Fui durante muchos años esa mariquita que está en escena. Hoy soy la trava que acompaña a esa mariquita a transicionar.

–Es una obra en la que aparece algo del vínculo con tu familia en esa transición.

–Hay conversaciones con mamá que son casi, palabra por palabra, las que que tuve con mi madre. La dinámica de comunicación con papá, a través de mensajes y links a canciones, es la vinculación que hoy sigo teniendo. Lo que ha cambiado es que ahora le respondo los mensajes. Ya no me cuesta tanto escucharlo, darle bola. Una de las grandes tensiones que tenía es que yo había cambiado mucho, pero él se comunicaba conmigo como si yo no hubiera cambiado nada. Ahí es donde sentía que mi padre negaba mi transición. Desde un lugar que no era violento, sio que tiene más que ver con su recorrido de vida: mi padre históricamente ha tenido la necesidad de cristalizarnos en una imagen de nuestra infancia que ya no nos pertenece.

–El formato de la obra pone en el centro a la comunicación contemporánea, a los mensajes vía WhatsApp, ¿por qué tomaste esta decisión?

Hay un lugar crítico en la falta de comunicación, en los malentendidos, los silencios y vacíos que deja la comunicación en una virtualidad que nos simula una presencialidad que no es tal. Sin embargo, también pone de manifiesto la potencia: la posibilidad de estar –aunque sea una fantasía– a un mensaje de distancia. Tiene un grado de esperanza en poder saldar, de alguna manera, el sentirse menos sola en un mundo que quiere que te sientas sola. 

«El teatro es una posibilidad de iluminar». Foto: Florencia Tagliabue

–¿Por qué es tan distinta a tus obras anteriores?

–Hay un cambio en mi relación con el público. He tomado una decisión en relación a eso. podría seguir haciendo obras para que el público salga destrozado, que sean una cachetada. Yo me hago cargo de la frase de Susy Shock: “No queremos ser más esta humanidad”. Pero, si bien la oscuridad es algo que nos acompaña, también empecé a entender que el teatro es una posibilidad de iluminar determinadas cosas y acercar luz a las vidas de las personas que se toman el esfuerzo de ir hasta el teatro a ver la obra.

También tiene que ver con el cambio de relación con mi papá. Y porque a mi papá lo amo (se emociona). Es un pesado, pero un pesado hermoso. Elijo toda la vida al papá que te lo querés sacar de encima, que al papá que te expulsa a la calle a los 15 años. Muy decididamente lo que quise acercar al público es una visión de lo posible. A veces hacemos lo que se puede y me parece importante valorar ese esfuerzo.

–La obra habla de una conversación posible en la diferencia. ¿Cómo creés que se inscribe en el contexto de un país gobernado por la ultraderecha?

Mis faros siempre fueron y son Marlene (Wayar) y Susy (Shock). Ellas y todo el movimiento de las travas históricas vienen diciendo hace años que hay que cambiar la imagen del mundo que estamos soñando. Hay que dejar de enamorarse de la fantasía del apocalipsis y empezar a soñar el mundo que queremos construir en serio.

Toda mi vida trabajé sobre la potencia del encuentro con la diferencia. Y hoy hay una instancia de confrontación –de la que habló hace poco Lucrecia Martel– que tiene que ver con la lógica de la guerra. Nos venden esa radicalidad con una sola lectura: la de estar contra el otro. De vez en cuando, rendirse al deseo de prenderlo fuego todo no tiene nada de reprochable. Pero hay una trampa en eso que nos venden: no solo que somos el enemigo sino que entonces tenemos un enemigo.

Siento hace años que esta humanidad ha demostrado su fracaso. Tengo todavía la esperanza de que hay otra humanidad posible y creo que solo es desde el vacío y el silencio, de desidentificarse de esa guerra –que es desidentificarse de la narrativa hetero cis patriarcal–, que hay una conversación posible.

Aquí va una canción para tí se puede ver los domingos a las 20 en Teatro del Pueblo, Lavalle 3636 (CABA). Integran el elenco Agustina Sena, Aldana Hilen, Amilcar Ferrero, Julián Vila Graca y Rocío Caldés. Diseño sonoro y la música en vivo, a cargo de Tomas Pol, junto a la asistencia de dirección de Belén Italia Caprara.

 Fotos: Lina Etchesuri (Eug Krla) y Florencia Tagliabue (obra).

Somos Presentes

Apostamos a un periodismo capaz de adentrarse en los territorios y la investigación exhaustiva, aliado a nuevas tecnologías y formatos narrativos. Queremos que lxs protagonistas, sus historias y sus luchas, estén presentes.

APOYANOS

Apoyanos

SEGUINOS

Estamos Presentes

Esta y otras historias no suelen estar en la agenda mediática. Entre todes podemos hacerlas presentes.

COMPARTIR