Entrevista a Sayak Valencia: Del capitalismo gore al necropatriarcado
Desde Tijuana, la filósofa transfeminista Sayak Valencia analiza cómo la violencia vertebra un sistema de poderes y consumos. Explica la lógica falocentrista que fortalece los ultraconservadurismos y da algunas pistas sobre cómo contrarrestar las narrativas del necropatriarcado.

Compartir
Sayak Valencia vive y trabaja en Tijuana, una de las fronteras más transitadas del mundo. Muchas de las ideas que hacen al recorrido de esta filósofa transfeminista -violencia, feminismos, estudios queer, capitalismo, consumo, explotación- tienen que ver con cuestiones que observa y analiza desde esa ciudad mexicana en Baja California, puerta de entrada a Estados Unidos.
Cuando ella era una adolescente, a mediados de los 90, Tijuana se leía en los estudios culturales como uno de los mayores laboratorios de la posmodernidad. Así la había definido el antropólogo Nestor Garcia Canclini. Pero Sayak, que también se dedica a los estudios culturales, nacida y criada en esa ciudad, moldeó nuevas interpretaciones. Y creó una nueva categoría para hablar de ella, y decir que el fenómeno ya no se limita solo a la frontera: Capitalismo Gore. Así se llama el libro que publicó en 2010 y que reviste cada día mayor actualidad. Allí desmenuza esta fase actual del Nuevo Orden Mundial, el lado más cruel, inhumano, avasallante y contradictorio del proyecto capitalista.


El capitalismo gore -término que toma del género cinematográfico de violencia extrema explícita- es «la dimensión sistemáticamente descontrolada y contradictoria del proyecto neoliberal. Producto de las polarizaciones económicas, el bombardeo informativo/publicitario que crea y afianza la identidad hiperconsumista y su contraparte: la cada vez más escasa población con poder adquisitivo que satisfaga el deseo de consumo”.
Sayak habla de “sujetos endriagos”: personas que utilizan la violencia para adquirir capital y poder. “Han asimilado la lógica del consumo extremo y, ante la falta de medios legales, convierten su propia capacidad de destruir y matar en su única moneda de cambio”. Lo hacen a través de violencias múltiples: “desde el asalto automovilístico ejecutado por comandos armados en plena vía pública, para un ajuste de cuentas entre los cárceles de droga, hasta técnicas ultraespecializadas que implican desechos tóxicos, químicos y radiactivos”.
En el capitalismo gore, el derramamiento de sangre es un “precio a pagar por el Tercer Mundo que se aferra a seguir las lógicas del capitalismo, cada vez más exigentes”. Sus palabras ayudan a comprender las múltiples dimensiones de la violencia como columna vertebral de un sistema. Sayak construye una mirada que es al mismo tiempo un marco teórico del territorio en México y cartografía de las resistencias y desafíos de los transfeminismos desde una perspectiva latinoamericana.
Desde su casa en Tijuana, donde vive y es profesora investigadora del Departamento de Estudios Culturales de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (SECIHTI), conversó con Presentes telefónicamente. Días antes, el Mencho, líder del Cártel de Jalisco Nueva Generación, había sido capturado. Las imágenes de la violencia desatada a partir de eso recorrían el mundo. Trump e Israel aún no habían atacado Irán pero la conversación empezó hablando de esto que ocurre con las noticias: “Estamos frente a un bombardeo de hechos que están siendo superados constantemente por uno más grave que otro”.


Del fascinante fascismo a la fascinante violencia
– El capitalismo gore se consolidó y expandió con nuevas capas. Durante la captura del Mencho, por ejemplo, se viralizaron imágenes falsas generadas con IA que provocaron pánico. Y vos venís estudiando, justamente, la espectacularización de la violencia y la efectividad del miedo.
-La capacidad de viralización no existía en 2010 o no tenía una influencia tan importante en las redes sociales digitales. Tampoco la construcción de una narrativa a través de ellas. Después de capitalismo gore, empecé a trabajar con la idea “del fascinante fascismo a la fascinante violencia”. Eso me llevó a la construcción de otro concepto: el régimen live streaming. Una forma de gobierno de las emociones a través de la viralización de contenidos. Por un lado, cosméticos, o sea, muy embellecidos, en clave de moda y superficialidad. Por otro, imágenes muy cruentas de mucha violencia, que ahora se ven además incrementadas y transmitidas en tiempo real a través de la de las fake news y de la IA.
No se veía en capitalismo gore. Lo intuía, porque la espectacularización de la violencia es un mercado casi tan importante como el de las drogas. Los medios lucran mucho con esto. Y las agendas políticas del neoconservadurismo crean una viralización de sus contenidos y se ayudan de estas imágenes de violencia para crear una mano aun más dura, y un repliegue hacia los valores tradicionales. Que en Argentina serían “familia, patria y Estado”, y en Estados Unidos, el supremacismo blanco contra la migración.
“Entre el terror y el consumo de la belleza”
-¿Cómo opera el régimen live streaming hoy?
-Lo que veo es una hiperinflación de los contenidos y la capacidad de viralizar esa narrativa como la única posible. La espectacularización de la violencia no solamente rentabiliza a través de los clics o del morbo, sino que difunde agendas muy conservadoras. En otro momento nos parecerían inconcebibles, pero Donald Trump o Javier Milei pasaron de sus propuestas delirantes al ultraconservadurismo, porque ya lo de Trump ni siquiera entra en el conservadurismo. Creo que este régimen live streaming se ha afianzado, configurando y remozando los autoritarismos a través de la difusión de imágenes cosmetizadas y espectacularizadas. Nos tienen entre el terror y el consumo de la belleza.
En el texto “El régimen está transmitiendo en vivo” escribí acerca de esta relación entre la violencia fascinante, la construcción de nichos de mercado para poblaciones que no se dedican al crimen organizado pero que consumen violencia cotidiana a través de los medios de información, y también de la cultura del odio. Los comentarios odiantes, el acoso, el asedio, incluso entre personas población civil, crean una agenda cada vez más polarizada y que renta a favor de los autoritarismos. El autoritarismo necropatriarcal se está polarizando. Pareciera que la única forma de resolución de conflictos es a través de la guerra.
-Cómo vinculás este rasgo de lo necropatriarcal con la violencia asociada a características de la masculinidad dominante y despótica de líderes de ultraderecha.
-Después del capitalismo gore yo decía: la violencia de los sujetos endriagos -así denomino a los sicarios y participantes en el crimen organizado- no se detiene solamente en las poblaciones fragilizadas económicamente. También tiene que ver con la construcción de la masculinidad como una cartografía de gobierno del cuerpo de los varones y de las personas que se identifican como masculinas. «Si no participas de esto, estás fuera de la construcción de la masculinidad”. La capacidad de hacer daño, de matar, la vemos en quienes encarnan el epítome de la necromasculinidad. El señor Donald Trump haciendo guerra todo el tiempo. O mandando a detener o a matar a través de ICE a personas migrantes. El necropatirarcado no sólo es feminicida de manera individual, trabaja con la necropolítica y la institucionaliza.
En Argentina, Javier Milei con su ridícula motosierra logró cambiar y tener una nueva ley de trabajo. ¿A quién va a motosierrar? A la ley, a las personas, a todo. Hay una especie de extensión falocéntrica del poder que ya no se limita a la amenaza. Corta cabezas, presupuestos, vidas, desplaza familias, contamina. Esa necropolítica de baja y alta intensidad ya no es es excepcional, ni sólo de los narcos o criminales. Su base está incrustada al interior del Estado que es masculino, más allá de todo el trabajo que se ha hecho desde los feminismos para incluir la participación de las mujeres y de las personas feminizadas. Estamos viendo una refeudalización del mundo, a través de los valores más conservadores que se detentaban en otros momentos, pero también a través de la precarización económica, de la migración exacerbada y del tecnofeudalismo.
-¿Qué podemos hacer desde los feminismos, diversidades y masculinidades no hegemónicas frente a estos modos de destrucción y control de las vidas?
-Por un lado, seguir saliendo a la calle. Por otro, no creer la narrativa ni recrear la postal catastrofista de la masculinidad necropolítica. No creer en la fatiga apocalíptica a la que nos están aporillando. Ellos son los que tienen el relato en este momento. Básicamente lo que podemos hacer construir un diálogo intergeneracional. Y sí revertir las imágenes, que sean cuestionadoras de esta situación.
-¿Por ejemplo?
-Por ejemplo, en el caso de Jalisco y Guanajuato, estados con gran número de desaparición forzada en México, algunas personas que se dedican a la ingeniería y a la programación están haciendo los perfiles de los desaparecidos. Y a través de fotografía y tecnología, los están haciendo hablar y contar su historia. Un poco recordando al rostro de de los detenidos desaparecidos en Chile o en Argentina, donde vemos sus caras, no los despojos o el cuerpo fragmentado, como si fuéramos personas desechables o basura.
El encuentro con esas personas de esa manera, resignificada con su voz, crea una sensibilización distinta a la de una imagen de desvalorización. Así no los perdemos, actualizamos nuestros modos de ver y nuestro afecto también. El rostro sigue siendo un lugar de dignificación de lo de lo humano. Por eso es tan fácil odiar en las redes. Cuando te enfrentas a otra persona y le ves a los ojos, capaz que te modulas un poco con tu tontería. Hay gente que lo puede hacer, pero no es tan impune ni tan fácil. Tienes que arrancarte también tus propias emociones frente a esa persona, ¿no?
-¿A nivel narrativo qué crees que se puede hacer en una lucha tan desigual?
-Aunque suene muy básico, tenemos que seguir construyendo una narrativa que no sea solamente confrontacionista con la oficial. Que tenga memoria histórica y política de la lucha que ya hemos recorrido. Que no nos olvidemos de que hemos llegado aquí y hemos conseguido los derechos luchándolos, no nos los regalaron. Y por otro lado, la construcción de comunidades en terreno, no solamente en el online, sino también las comunidades offline de afecto, de la solidaridad construida en nuestro continente a través de los siglos. Hay comunidades con cada vez más capacidad de respuesta a nivel interno y externo. Y por supuesto, no seguir reproduciendo la narrativa triunfalista de los mileístas o de los trumpistas, que parece que ya ganaron, cuando en realidad sólo tienen muy buenos publicistas y toda la maquinaria para realizar sus contenidos.
Nosotros tenemos mucha menos capacidad de difusión en tecnología, pero hacemos mejores contenidos, por eso nos lo roban. Muchas de las gramáticas que utiliza la derecha han venido de sus lecturas de la izquierda y de los movimientos sociales y decoloniales de nuestro continente. La de los nazis no era glamorosa hasta que se dieron cuenta de que si le robaban a las vanguardias artísticas del siglo XX, podían llegar más lejos. La parte afectiva y político-estética no las debemos ceder. Seguimos teniendo una imaginación política muy desbordante que podemos poner en las calles y en las redes redes. Y encriptar imágenes para volverlas no consumibles y no agotables de manera rápida y fácil por parte de la ultraderecha.
-¿Cómo leíste la reacción que desató la detención del Mencho, hace un par de semanas, a nivel político y mediático?
-Antes de eso estábamos viendo los archivos de Epstein. Allí aparece el vínculo del cartel de Sinaloa en relación con la provisión de personas, sobre todo niños y mujeres, para consumo y tráfico sexual. Esto es importante porque el cartel de Sinaloa tiene un par de años más debilitado, a sus integrantes los extraditaron a Estados Unidos para juzgarlos allá, pero estas extradiciones regularmente en la historia del narco mexicano son para ponerlos a salvo.
En la frontera pasan cosas antes que en otros lados del país. Tenemos casi siempre una perspectiva más avizora. El cartel de Jalisco Nueva Generación, liderado por Mencho, estaba aliado con el de Sinaloa. Y fue el reforzamiento de una especie de cárteles militares que empezaron a surgir entre 2008 y 2010, que empezó con los Zetas y que se transforman. Era un cártel de drogas, pero también era una milicia, ha sido entrenado por el ejército de Israel, y está completamente alineado a las fuerzas militares y estadounidenses.
Conocemos estas figuras de desestabilización política que implementó Estados Unidos desde hace muchos años en nuestro continente. Lo que ha sucedido con las maras en Centroamérica, los carteles aquí en México y que han mutado en una especie de ejército paralelo indirecto que contraviene la voluntad del Estado. Y crea terror social, pero también un desmantelamiento de los derechos no solo humanos, sino civiles y culturales, de todo tipo, porque básicamente impulsa que todo el presupuesto se vaya a seguridad tanto en Estados Unidos como en México.


-¿Cómo se reconfiguran las fronteras en este nuevo escenario?
-Hace muchos años yo había dicho que el país se estaba fronterizando. Se está reconfigurando la relación de estado de Estados Unidos con México y la frontera. La narcocultura había llegado a muchos lugares donde ni siquiera existe la frontera. Pero después de tres años investigando, me he dado cuenta de que la frontera ya no está en el norte sino en el centro de México, la nueva frontera económica, por tanto la desestabilización social se va a dar a través de esta zona.
En Jalisco es en donde mayor desaparición forzada ha habido y va a haber una Copa Mundial de fútbol. La sociedad civil se está organizando muy fuerte en contra del gobierno: hay más de 15.000 desaparecidos jóvenes y están las familias buscándolos. Las metodologías de desaparición alimentan las economías criminales pero no solamente eso. Están surgiendo organizaciones muy fuertes y presionando al Estado mexicano. Hay otros estados aledaños que también tienen este problema, pero que ya no son la frontera. Creo que esto puede darle de nuevo poder al ejército, y crear una mano dura más fuerte desde un estado que se siente muy debilitado por la presión de los cárteles. México se ha estado militarizando de manera muy fuerte desde 2006 y el ejército ha tenido mucho que ver con los problemas de violencia en contubernio con los narcos. Entonces, no creo que suceda más que una desestabilización muy espectacularizada del régimen live para darle valor simbólico al Estado mexicano a través de su milicia. No se va a hablar del intervención de Estados Unidos porque básicamente quieren que se siga sosteniendo la soberanía. En realidad, se están reconfigurando los mercados en favor de otras formas de explotación y de saqueo que ya no serán solamente los narcos, sino otras otras cuestiones que todavía no me queda bien claro hacia dónde van, pero es un truco que quienes vivimos en la frontera ya lo tenemos muy sabido. Esto no significa que la gente no tenga miedo o que los hechos no sean reales, sino que los réditos simbólicos y políticos están encaminados a a una agenda muy nacionalista por parte de los dos gobiernos.
Somos Presentes
Apostamos a un periodismo capaz de adentrarse en los territorios y la investigación exhaustiva, aliado a nuevas tecnologías y formatos narrativos. Queremos que lxs protagonistas, sus historias y sus luchas, estén presentes.
APOYANOS
SEGUINOS
Notas relacionadas
Estamos Presentes
Esta y otras historias no suelen estar en la agenda mediática. Entre todes podemos hacerlas presentes.


