Daniel Nizcub: «Escribir poesía fue parte de mi transición»
Daniel Nizcub es un poeta, gestor cultural y locutor de Oaxaca. "Mi máximo sueño es que nadie más viva una transición en soledad", dice a propósito de su poemario, Poesía en transición.

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Daniel Nizcub es un poeta, gestor cultural y locutor oaxaqueño. Originario de una familia con raíces mixtecas y zapotecas, Daniel creció en un constante vaivén entre la Ciudad de México y Zaachila. La migración cotidiana moldeó su identidad y su sensibilidad artística. Obra y vida están marcadas por lo que él denomina “dualidades habitadas”
Daniel comenzó a escribir como una herramienta para nombrar el dolor y la soledad que sentía en 2010, cuando en Oaxaca no encontraba referentes transmasculinos. Su poemario, Poesía en transición (disponible de manera libre en internet), es un puente para acompañar a otros hombres trans/transmasculinidades y asegurar que nadie más viva este transitar en soledad.
Con una carrera en la radio comunitaria que inició en 2006, uno de sus mayores temores al iniciar su tratamiento hormonal fue perder su «voz radiofónica». Esa voz luego lo llevaría a ser reconocido con la tercera mención honorífica en la categoría de arte sonoro en la Bienal de Radio 2025. Allí presentó un diálogo poético entre su voz actual y una carta grabada por él mismo diez años atrás.
Para Daniel, la poesía no está solo en los libros, sino en la vida cotidiana de su pueblo, en los cerros y en la figura de su abuela, a quien define como la máxima expresión de la poesía.
En proyectos como “Oaxaca Trans: historias de vida» se dedicó a contar cómo viven las personas trans en distintas regiones del estado, combatiendo el centralismo y el extractivismo cultural, usando como forma de expresión la entrevista, la crónica y la poesía escrita por elles mismes. Daniel además ha participado en Cono de Luz, una antología que reúne textos de personas cuir de América Latina.
Trabaja en la autogestión de la tercera edición de su poemario y su objetivo a futuro es crear un espacio para editar a otres autores trans y seguir reclamando el derecho de las personas trans a contar sus propias historias sin intermediarios.


-¿Recuerdas cómo fue tu primer acercamiento con la poesía?
-Tuve el privilegio de que mi papá tenía una antología de Atahualpa Yupanqui, este trovador de Argentina que habla mucho del campo y de la tierra. Yo no sabía exactamente qué era la poesía, pero lo que sentía es que lo que él escribía me hacía recordar mi casa, Zaachila: las piedras, los caminos, los gallos, los cerros, a mi abuelita. Me emocionaba mucho poder entender esas letras; de chico le decía a mi hermana que cuando aprendiera a leer, ya nunca iba a poder dejar de hacerlo.
Para mí, la poesía es algo que se siente físicamente en un lugar que no sabías que te habitaba; parece que vuelves a conocer el mundo y, aunque hables de un árbol que has visto mil veces, la poesía te lo dice de una manera en la que parece nuevo para ti. Es complejo decir qué es la poesía para mí, porque se trata más de algo que siento en el cuerpo.
-Me has hablado de las «dualidades» que te habitan. ¿De qué manera tu historia de migración entre Ciudad Neza (municipio periférico a la Ciudad de México) y Oaxaca moldeó tu acercamiento con la escritura?
-La migración me atraviesa desde que nací. Crecí en un contexto donde mis padres estaban en la Ciudad de México pero querían estar acá; me inculcaron mucho el extrañar el pueblo. Crecí entre Ciudad Neza, la Jardín Balbuena, y cuando vine a Oaxaca, era repetir lo mismo: ir y venir de Zaachila (Oaxaca). Me habitan esas dualidades: saber caminar la ciudad y el metro, pero también la parte de la calenda y la fiesta del pueblo. Cuando llegué a Oaxaca en la pubertad, fue una revolución: pasar de esa ciudad enorme a un lugar donde todo el mundo te está viendo, donde todo el mundo es tu tía o tu primo y ya saben tu vida. En ese choque cultural, al darme cuenta de que me gustaban las chicas, mi identidad de género, lo que hice fue escribir y callarme. Fui muy callado, solo escribía.
Por eso escribo. Cuando algo me llama para escribir siento que está apretado, anudado, como que algo no está bien dentro de mí. Si no escribo es como sentir mi cuerpo enfermo.
-¿Tu primer poemario Poesía en Transición parte de esa necesidad vital de escribir?, ¿cómo nació?
-Escribía del amor y sobre mi identidad, porque me dolía y no sabía cómo nombrarla. En 2010 yo no sabía qué era eso de ‘trans’; no tenía a nadie al lado en Oaxaca para preguntarle a qué endocrinólogo ir. Solo tenía a uno que otro chico del YouTube en la pantalla. Mi poemario no nació como un proyecto en sí, sino cuando me di cuenta que estaba viviendo lo que pasaba y me dolía. Yo escribía un poema como esos chicos trans que graban su voz mes con mes usando testosterona y lo suben a YouTube. Cuando me di cuenta, ya tenía un grupo de poemas que expresaban temores que yo ni notaba. Escribir y escribir poesía fue parte de mi misma transición: fue una forma de reconocerme, de soltar y, sobre todo, de diluirme hacia otros lugares que no fueran el dolor.


-En tu labor como gestor impulsaste Oaxaca Trans. ¿Por qué es importante que las personas trans escriban su historia?
-Es necesario que existan espacios gestionados por nosotres mismes. No es lo mismo la mirada de un editor cis a una mirada trans: ¿qué tipo de lecturas va a ver? ¿en qué va a poner la mirada?. En Oaxaca Trans, mi papel fue buscar a las personas, porque todos pensábamos que estábamos solitos cada quien en nuestro cerro. Hicimos una red para que se sepa que habemos más gente trans en Oaxaca, que no solo está el que salió en el periódico, por decir algo. Importa que escriban de su puño y letra porque es una historia que nadie más va a interpretar por elles. Es tiempo de tomar la palabra.
-Noto una relación estrecha entre las personas trans y la poesía. ¿Qué regala la poesía a las personas trans?
-Creo que la poesía es uno de los lugares más tranquilos, más silenciosos, al mismo tiempo más ruidosos y más seguros que podemos habitar. Porque lo pienso así, a diferencia del teatro o la danza que implica mostrar nuestra corporalidad, ponerla, exponerla. En lo que escribimos no sucede así de manera explícita. E incluso, en lo que escribimos podemos ser quienes querramos sin esa exigencia de mostrar el cuerpo físico. También en lo que escribimos podemos crear nuestros universos, entendernos y crear un diálogo constante. Pienso que por eso, por los múltiples silencios. La poesía, o el escribir, es algo que tenemos cerca ahora con el celular. Me gusta escribir a mano y cargo conmigo una libreta para todos lados en donde escribo solo por el pulso de hacerlo, más no con una necesidad de ya crear un poema. La poesía también es una forma de conectar entre nosotres. En mi experiencia, ha sido la forma de acompañar transiciones y ha sido lo más hermoso que me ha pasado de alguna forma yo la viví un poquito en soledad al principio y ahorita es compartida totalmente. Es mi máximo sueño: que nadie más viva una transición en soledad.


-En estos tiempos de fascismo y discursos de odio contra las personas trans, ¿para qué nos sirve la poesía?
–La poesía dice todo sin tener que bombardear; puede ser algo tan sutil como hablar de una gota cayendo de un árbol en paz. Es un espacio al que acudir espiritualmente cuando hay un caos afuera. En este mundo capitalista que nos enseña a ser productivos aunque nos estén matando, la poesía nos permite regalarnos sentires y reflexiones para apapacharnos, acompañarnos o sacar la rabia. Es darnos un espacio de espiritualidad y ánimo que podemos hacer en silencio con nosotres mismes y en colectivo.
-¿Qué mensaje le darías a una persona trans que tiene miedo de mostrar lo que escribe? ¿Cómo le invitarías al mundo de la poesía o simplemente de la escritura?
-Para empezar les diría: seguro que ustedes están escribiendo y lo tienen escondido en el cajón. Pero también entiendo que hay mucho miedo, sí, obviamente a la exposición. El miedo a que nos lean y con eso, nos vean. Le tenemos miedo al qué van a leer de mí, porque le estoy entregando al mundo mi corazón. Entonces de eso escondido en el cajón, elijan qué quieren mostrar y háganlo porque es necesario que sean leídes… es tiempo de tomar la palabra y que nadie más nos la arrebate. No dejemos que nadie más hable por nosotres.
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