Incendios en la Patagonia: voces clave para entender lo que está pasando

Otra vez incendios en la Patagonia: conversamos con científicos, brigadistas y vecines afectades. Todxs advierten: los gobiernos no invierten en políticas de prevención ni de ordenamiento forestal, pero buscan “culpables”. Algunas claves para entender lo que está pasando.

9 de enero de 2026
Agustina Ramos
Edición: María Eugenia Ludueña

El fuego avanza otra vez, desde hace varios días, en la Patagonia argentina. Las llamas se concentran en Puerto Patriada, un punto muy visitado de la comarca andina y núcleo de la reserva forestal de Epuyén en el departamento de Cushamen (Chubut). Allí está hoy el foco principal pero existen también otros dos incendios críticos: uno en la misma provincia, en el Parque Nacional Los Alerces, y otro en el Cerro Huemul en Santa Cruz, en el Parque Nacional Los Glaciares.

Más de 2000 hectáreas han sido arrasadas sólo en Puerto Patriada. «Miles de hectáreas de paraísos milenarios están siendo devorados por el fuego, decenas de familias lo han perdido todo, vidas de todas las especies están muriendo, muchas no sobreviven a las llamas, el llanto y la desesperación se ha instalado en nuestros corazones. El gobierno que invierte en aviones de guerra no ha sido capaz de incorporar más aviones hidrantes. A pesar de todo el pueblo organizado va resolviendo como puede y hasta donde se le permite, activar ayuda para mitigar el fuego», alertan desde un comunicado público desde Puelwillimapu/Chubut.

¿Por qué ocurre cada año lo mismo? Presentes conversó con científicos, brigadistas y vecines, quienes advierten: los gobiernos no invierten en políticas de prevención ni de ordenamiento forestal. Pero sí buscan “culpables” y apuntan a un enemigo interno conocido.

Más de 2000 hectáreas ya fueron arrasadas por el fuego en la Patagonia argentina.

Faltan políticas preventivas y se subejecuta presupuesto 

Las altas temperaturas, la falta de humedad y los vientos propagan el fuego estos días y dificultan el combate. Los servicios de manejo del fuego se ven excedidos. Especialistas advierten que también influyen la inacción y falta de políticas preventivas y de ordenamiento forestal. Tampoco ayuda que durante los dos años de gestión del gobierno de Javier Milei hayan caído las partidas destinadas a Ambiente. En 2024, solo se ejecutó el 22% del presupuesto destinado al manejo del fuego

Desde el Centro de Economía Política Argentina (CEPA), la politóloga y diputada (Unión por la Patria) Julia Strada advirtió que “en 2024 ejecutó, en términos reales, 81,0% menos que en 2023; en 2025, 70,8% menos y en el presupuesto 2026 (de ejecutarse el 100% de lo presupuestado) se consolidaría el ajuste real de 70,7% vs. 2023”.

El presidente además de negar el cambio climático, ha intentado y prometido derogar la Ley de Manejo del Fuego alegando que frena la actividad productiva. 

La estrategia de acusar al pueblo mapuche

El verano pasado y también el anterior, la estrategia del gobierno nacional y provincial fue culpar a las comunidades mapuche. Este año intenta apelar a argumentos parecidos.

Bajo el título “Tus acciones tienen consecuencias: las hacés, las pagás”, el Ministerio de Seguridad Nacional emitió un comunicado oficial en el que afirmó que “en la zona se investigan hechos deliberados con posible vinculación a grupos terroristas autoproclamados mapuches, con antecedentes probados de atentados contra la seguridad pública y la propiedad privada, bajo la modalidad de terrorismo ambiental”. Mientras, Ignacio Torres habló de la existencia de “violentos, con delirios revolucionarios y anarquistas”. 

El año pasado, en una estrategia calcada, y tras una serie de doce allanamientos violentos y en simultáneo contra el pueblo mapuche tehuelche quedó detenida Victoria Núñez Fernández, lagmien (hermana) de la Lof Pillan Mahuiza. Torres habló sobre ella y otras personas mapuche en conferencia de prensa, mostrando sus caras, nombrándolas terroristas y responsables de los incendios por los que se quemaron miles de hectáreas. Sin embargo, el Poder Judicial no la acusó por los incendios forestales, sino por el incendio de una maquinaria en Trevelin, sin que existan pruebas de ninguna de las dos cosas. Por eso quedó en libertad condicional. 

“Miedo a que nos llegue el fuego y el gobierno nos acuse”

Marilin Cañio, una mujer mapuche de 33 años, vive junto a su pareja en El Pedregoso, al pie del cerro Pirque. En medio de la desesperación, salió a buscar nafta para la moto y a pedir prestada una motobomba. “Acá es todo una columna de humo, no se ve nada más que los árboles y las casitas. Si bien estamos rodeados de río y lagos, no tenemos reservorio de agua para combatir a este gigante. Estamos rodeados de fuego: se está viniendo con todo”, comparte a Presentes.

“El miedo hoy es que nos llegue el fuego y que después del fuego el gobierno nos mande a patotear, a golpear, que nos armen causas injustas por algo que nada que ver. Esto lo estamos padeciendo todos. Es ilógico decir que los mapuches somos los que atentamos contra la vida en los territorios porque nosotros estamos defendiéndolos”, dice la lagmen mapuche Marilin. 

Falta de respuesta a una nueva dinámica

“Estos grandes incendios forestales ya no nos sorprenden porque se inscriben en la nueva dinámica que está sucediendo en la Patagonia Norte: el clima extremo que se está imponiendo, mayores sequías, altas temperaturas y la falta de manejo histórico de los bosques. Antes hablábamos de un gran incendio cada diez años y ahora de cuatro o cinco grandes incendios en un año. Es algo que vino para quedarse y hay que enfrentarlo”, comparte a Presentes Javier Grosfeld, doctor en Biología, investigador del Conicet y ex director (en 1999) del Plan Estratégico de Manejo de la Reserva Forestal Lago Epuyén, coordinado por el Centro de Investigación y Extensión Forestal Andino-Patagónica.

“Los incendios intencionales son la minoría de los incendios en Patagonia Norte –agrega, por su parte, el investigador Grosfeld–. Si uno hiciera un ranking, la mayoría son por negligencia. En el caso de Chubut, por ejemplo, están relacionados con la falta de mantenimiento de las líneas eléctricas, que es responsabilidad de la empresa provincial”.

“Es lo más fácil: el gobernador dice ‘Este es el culpable’. ¿Prueba? Ninguna. Marche preso tres meses. La Justicia lo libera porque no hay prueba. Pero, listo, se encontró ‘un responsable’. ¿Qué sucede después de eso? Parálisis, no se hace más nada”.

Hay que pensar en políticas forestales –concluye–. No repetir siempre lo mismo que nos lleva a estos resultados. Hay que preparar el paisaje para el incendio. Primero para prevenirlo; pero una vez que ya sucedió, para que uno sepa qué es lo que tiene que hacer”.

La Patagonia, «un fósforo cada verano»

Flavia Broffoni, activista y vecina de Epuyén (Chubut), se anotó como brigadista voluntaria, al igual que muchas personas de la zona.  “El año pasado tuvimos un incendio muy grande, pero nunca había visto lo que vi este año en el Pirque, una imagen muy parecida a la puerta del infierno. A esto se suma la desesperación de acompañar a las familias defendiendo sus casas y el absoluto desamparo frente a la asistencia oficial”, cuenta a Presentes. Y agrega: «Al no haber nevado, las reservas de agua están escasísimas. Un contexto en el que encima están intentando hacer minería sobre los glaciares que son la única fuente de recarga hídrica que se tiene en las provincias cordilleranas. Es todo un combo de malas decisiones públicas y sociales que hacen de la Patagonia un fósforo cada verano».

Estos incendios en algún momento iban a ocurrir. Puerto Patriada era una bomba de tiempo. Es una zona con muchos pinos, una especie pirófita que se lleva muy bien con el fuego y necesita de él para su correcta reproducción. Era una forestación que antes se quemó y volvió a tomar el lugar con más fuerza, algo que suele ocurrir con los pinos. Esta especie rodea todo el ingreso y egreso a una zona turística”, detalla a esta agencia Hernán Ñango, bombero forestal del Servicio Nacional de Manejo del Fuego.

“En general lo que se hace en estos incendios es contener –agrega–. No combatir, sino mitigar el menor daño posible. Y buscar alguna ventana en la que el incendio reduzca su velocidad de propagación. Es tal el tamaño que son semanas de trabajo y los días no son muy favorables de acá en adelante”. Por esto, considera que es fundamental “trabajar en resiliencia, en el antes, no solo cuando el fuego ya empezó”.

Actualmente hay al menos tres incendios forestales activos de magnitud en Chubut y Santa Cruz, mientras un cuarto fue controlado. La Agencia Federal de Emergencias informó que las provincias de Mendoza, San Luis, Córdoba, Buenos Aires, La Pampa, Neuquén, Río Negro y Chubut se encuentran bajo alerta por peligro de incendios.

Prevención, la política más necesaria

“La prevención empieza en estar informados, saber de qué se tratan los incendios forestales, saber que nos pueden afectar y que pueden suceder en cualquier momento, aunque hagamos buenas prácticas. Tener casas que sean defendibles y comunidades que sepan qué es lo que tienen que hacer. Cuando ocurren este tipo de incendios de tal magnitud, ya sea en Argentina, en Canadá o en Grecia, los recursos se ven sobrepasados”, sostiene el investigador Grosfeld.

Además considera que es necesario pensar en políticas que preparen el terreno para controlar los incendios. “Las políticas generalmente son muy cortoplacistas. Hay que pensar qué es lo que tenemos que hacer después de un incendio para el año siguiente. A priori hay que resolver lo que pasa con la instalación de una especie como el pino, que tiene estos ciclos de fuego en Patagonia. El pino fue traído en la década de 1920 de Estados Unidos, que tenía otro clima. Se instaló junto a otras especies y es muy competitiva. Entonces se puede invertir, por ejemplo, en contratar gente que quite los pinos para hacer que ese paisaje no se vuelva a quemar otra vez. También se pueden hacer quemas controladas para reducir la inmensa cantidad de combustible que hay”. 

Más brigadistas, menos precarización y mejor equipamiento

La otra necesidad para dar respuesta a los incendios forestales es contar con los recursos necesarios. El gobernador Ignacio Torres anunció, con bombos y platillos, la incorporación del avión hidrante Boeing 737 FireLiner, “el más grande de Latinoamérica” para combatir el fuego en Puerto Patriada. Sin embargo, el humo no permite el despliegue de naves aéreas la mayor parte del tiempo. Y brigadistas advirtieron que una hora de vuelo de un medio aéreo cuesta alrededor de 5 mil dólares, lo equivalente al sueldo de siete brigadistas. 

En este contexto, especialistas resaltan la necesidad de contar con más brigadistas con formación y equipamiento. “El gasto público no debe ser solamente comprar aviones, sino también tener más personal. Poder profesionalizarlo y quitarle la precarización. También hay cuestiones con las jubilaciones. Hay personas de 65 años que siguen trabajando bajo la línea de fuego porque la jubilación no es acorde al tipo de trabajo que hacen, que está catalogado como cancerígeno”, dice Ñanco.

Los focos en Chubut y Santa Cruz al 9 de enero

El fuego en Puerto Patriada, en la localidad chubutense de El Hoyo, comenzó el lunes pasado. Avanzó sobre el cerro Pirque y se dirige hacia Epuyén, lo que motivó la evacuación de unas 3 mil personas. Es el foco principal en este momento ya que lleva arrasadas unas 2 mil hectáreas. También porque está en una zona de “interfase”, como llaman a aquellas donde coexisten zonas forestales con las urbanas, donde el fuego alcanzó ya algunas viviendas.

También está activo el foco de incendio en Puerto Café, en el Parque Nacional Los Alerces (Chubut), que se extiende desde Lago Menéndez hasta Lago Verde y Rivadavia. Y el fuego avanza también sobre el Cerro Huemul, en el Parque Nacional Los Glaciares, en El Chaltén (Santa Cruz). Ambos parques fueron declarados Sitio de Patrimonio Mundial por la Unesco. En tanto, fue controlado el incendio en El Turbio (Chubut) que inició el 1° de diciembre y arrasó 3 mil hectáreas.

Las fotos que ilustran esta nota fueron cedidas por las personas entrevistas y tomadas durante los primeros días de enero de 2026.

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