Investigación: Cómo se construye la cura del VIH
¿De qué hablamos cuando hablamos de la cura del VIH? ¿Qué revelan los casos de quienes lograron controlar el virus? En esta investigación, lo que sabemos hasta hoy pero también los caminos de la ciencia, los gobiernos y los activismos para buscar la cura.

Timothy Brown contó la historia cientos de veces: es la primera persona VIH+ que logró curarse. Nacido en Seattle (Estados Unidos), se había mudado a Alemania y vivía en Berlín en 1995 cuando recibió su diagnóstico VIH+. Un año después, se aprobó el tratamiento antirretroviral con tres fármacos. Gracias a eso logró convertir el vivir con el virus en algo crónico. En charlas, conferencias y entrevistas se lo puede ver con una sonrisa que matiza la calma con el dolor residual de una cura que todavía no puede aplicarse en el resto de las personas.
Quienes vivimos con VIH seguimos estos casos con la esperanza de descifrar en ellos alguna pista para la cura universal. Mientras tanto, necesitamos comprender cómo actúa el virus y qué están haciendo farmacéuticas y los gobiernos para hallar, no sólo la cura, sino también para mejorar la calidad de vida de personas positivas y negativas, trabajando en la prevención. La cura suele ilustrarse con imágenes de laboratorio: células y virus bajo el microscopio, en contextos aislados. Sabemos que la cura implica un recorrido científico pero también y sobre todo, en profunda conexión con la salud, la ética, los negocios y lo más importante: nuestras vidas. Ese es el recorrido que propone esta investigación.
El paciente de Berlín


La vida positiva de Timothy en los ´90 no era muy distinta a las de otras personas: trabajaba como traductor de inglés y alemán, y también atendía una cafetería, cuando, al poco tiempo le fue revelada una leucemia mieloide aguda (LMA). Lo trataron con quimioterapia y parecía responder bien. Si bien este cáncer no tenía relación con su diagnóstico VIH, su médico le propuso realizar un trasplante de médula ósea que podría dar respuesta a las dos situaciones. Existía una posibilidad de anular VIH y leucemia: Timothy era de las pocas personas en el mundo en tener compatibilidad para recibir células madres con un tipo de mutación que evitaba se alojara el VIH. Pero en aquel momento, no aceptó: “No necesitaba ser un conejillo de indias ni arriesgar mi vida recibiendo un trasplante que podía matarme”, contó en una carta en primera persona, donde explica que aproximadamente el 50% de las personas que se someten a este tratamiento mueren.
En 2006 la leucemia volvió. Timothy esta vez decidió someterse a ese trasplante. Tras pasar por eso, incluso habiendo dejado la medicación, el virus de VIH no reapareció. Al poco tiempo y por tercera vez el cáncer volvió. Debió realizarse un nuevo trasplante del mismo donante. “La recuperación no fue buena. Sufrí delirios, estuve a punto de quedarme ciego y estuve casi paralizado” -contaría después el hombre que durante años se conoció como “el paciente de Berlín” y que en 2010 decidió dejar ese anonimato para presentarse con nombre y apellido públicamente y compartir su recorrido. “Finalmente aprendí a caminar de nuevo en un centro especializado para pacientes con lesiones cerebrales graves. Seis años después, me había recuperado casi por completo”. Al día de hoy no existen más de diez casos similares del suyo.
La paciente de Esperanza
En Argentina vive una de las únicas dos personas que sin haber recibido ningún trasplante ni haber tomado medicación controla el VIH al punto de que puede haberlo hecho desaparecer. Se la conoce como “la paciente de Esperanza”, no solo porque en su cuerpo quizás haya una pista para la cura sino porque además vive en la ciudad argentina de Esperanza, provincia de Santa Fe.
En 2013, una ex pareja le avisó que era VIH+ en estado avanzado. Desde ese momento, ella se hizo el test varias veces: no le daba negativo ni positivo, sino “incierto”. “No había respuestas para mi situación y por ende era muy esperanzador. Pero a la vez, tuve que aprender a vivir con la incertidumbre de sentirme sana pero sin la certeza de estarlo”, explicó en una entrevista para el sitio Télam en 2021.
Qué son la cura remisión y la cura erradicativa


Una de las médicas que sigue su caso de cerca es Natalia Laufer, infectóloga e integrante del Instituto de Investigaciones Biomédicas en Retrovirus y Sida de la Universidad de Buenos Aires, (INBIRS UBA-CONICET). Natalia también investiga otros casos de “controladores de élite”, es decir, personas positivas que sin necesidad de tomar medicación controlan el virus naturalmente. En caso de que el virus siga presente pero bajo control, se habla de “remisión”. Las personas en esta situación representan un 1% del total de personas VIH+.
En cambio, cuando podrían haberlo eliminado se habla de una “cura erradicativa”. Es el caso de solo dos personas en el mundo: “Esperanza” y Loreen Willenberg (California, Estados Unidos).
Con algo más de 30 años, Esperanza atravesó dos embarazos y ni sus hijxs, ni su pareja son VIH+. “Ella ha sido súper generosa, dona sangre, donó su placenta y también su leche”, cuenta Natalia. Cuando “Esperanza” quedó embarazada fue el único momento que decidieron que tomara medicación antirretroviral para que no exista riesgo de transmisión. Si bien ella y su equipo médico decidieron evitar la lactancia, la leche que donó ayudó a realizar estudios y avances en el tema. Para esta paciente su mayor esperanza es que su situación sea “una puerta a la cura del VIH».
Natalia junto a otras profesionales como la doctora Gabriela Turk acompaña desde la investigación este y otros casos. Brinda charlas en diversos países, trabaja en el sistema de salud público argentino, fue co-coordinadora de la conferencia previa organizada por el programa Hacia la Cura del VIH (Towards an HIV Cure) en la Conferencia Internacional de la Asociación Internacional de VIH y sida (IAS) en 2025.
Desde su primera conferencia en 1985 y hasta la que se realizará a fines de julio de 2026 en Brasil, la IAS trabaja en la respuesta mundial al VIH enlazando ciencia, política y activismos. Esta iniciativa reúne voces y miradas globales de las diversas áreas relacionadas a la búsqueda, no solo de la cura, sino de la mejor calidad de vida de las personas positivas.
“De momento no tenemos una respuesta única porque no hay un patrón común en todas estas personas. Se está intentando entender si quienes logran este control extremo nos pueden mostrar hacia donde apuntar las estrategias”, explica. Estos son pocos casos frente a las más de 40.8 millones de personas VIH+ registradas hasta 2024.
Ser positivo y migrante en Londres
Adam Castillejo es la segunda persona VIH+ que eliminó al virus de su cuerpo. Fue luego de un trasplante de médula ósea con un tipo especial de mutación El paciente de Londres -así se lo conoce- es un chef venezolano migrante en Reino Unido. En una charla con Gastón Devisich, responsable de participación comunitaria en el departamento de Investigación de Fundación Huésped, (Argentina), le dijo que aún hoy “sentía la discriminación”. Como si ser positivo una vez significase ser positivo para toda la vida. «El estigma solo evoluciona, porque yo he sufrido más estigma ya curado que con la enfermedad», explicó en una nota con el medio Rtve.
Gastón explica que algo similar pasa con las personas VIH negativas que toman profilaxis pre exposición (PrEP) para evitar una transmisión en un encuentro sexual- “Una parte de la sociedad te mira como algo sucio, tengas o no el virus”. Hablar de VIH no es solamente hablar de un virus que tenemos o no en el cuerpo, existe mucho prejuicio e ignorancia.
Indetectable es intransmisible
Hoy sabemos que cuando una persona positiva toma su medicación antirretroviral regularmente puede alcanzar la indetectabilidad del virus: hay tan pocas copias del mismo que no se llega a detectar. Para que esto se sostenga, se requiere continuar con la toma de pastillas diarias. Una persona VIH+ indetectable no transmite el virus en un encuentro sexual. Esto se conoce como: Indetectable igual a intransmisible (I=I).
Gastón Devisich dice que la indetectabilidad es “un poco estar curado” ya que erradica el “contagio” como una posibilidad. De esta manera se puede reducir el estigma y la manera de vivir siendo positivo cambia profundamente. Tener un encuentro sexual sabiendo que no existe posibilidad de transmitir el virus, incluso si no se usa preservativo, cambia la manera en que las personas positivas viven no solo su sexualidad sino la seguridad en sus vínculos.
Para sostener esta indetectabilidad se necesita que la medicación esté asegurada por parte del Estado, a los precios más accesibles, y que esté acompañada de campañas de información. No es solo una pastilla, son muchos los factores que permiten (o no) que llegue a cada paciente. “Debemos cambiar los marcos regulatorios para que los estudios sucedan y sucedan también en nuestros países”, explica Gastón. “Hay que cambiar las leyes de propiedad intelectual, las de patentes, las de acceso a medicamentos, entre muchas más”.


“Debemos cambiar los marcos regulatorios para que los estudios sucedan, y sucedan también en nuestros países”, explica Gastón Devisich.
Cómo impacta el recorte de presupuesto local y global
En Argentina, desde el inicio de la gestión de gobierno de Javier Milei, la ciencia, la educación y la salud están entre los sectores que fueron víctimas de recortes de presupuesto y persecución en el discurso público. Esto los lleva muchas veces a no poder cumplir el trabajo diario mínimo indispensable. Tampoco es una situación aislada en un país del Cono Sur, se lee también en consonancia con las políticas del gobierno de los Estados Unidos. En su segundo mandato, los recortes de Donald Trump impactaron no solo en su país sino en lo que invertía esta potencia en cooperación internacional para la respuesta al VIH y sida.
Por una cura sostenible y universal
El profesor Christian Gaebler dirige el Laboratorio de Inmunología Traslacional de Infecciones Virales y el programa de Medicina Infecciosa Personalizada del Instituto de Salud de Berlín. “Si una terapia funciona en Berlín pero no en Buenos Aires o en Johannesburgo, no hemos resuelto el problema”. Su investigación analiza en el microscopio muestras de sangre pero también presupuestos: “La implementación de lo que hacemos tiene que pensarse en paralelo al desarrollo, no después. Significa diseñar formulaciones simples, vías de administración accesibles, esquemas de seguimiento realistas y precios sostenibles”.


«La ciencia no se hace en un vacío. Como investigadores nos movemos dentro de los espacios que abren los activismos», dice Christian Gaebler, desde el Laboratorio de Inmunología Traslacional de Infecciones Virales y el programa de Medicina Infecciosa Personalizada del Instituto de Salud de Berlín.
Este virus tiene más de cuatro décadas y hasta 2025 superaba las 40.9 millones de muertes relacionadas, según datos de ONUsida. Los logros y avances están relacionados, en gran medida, a la presencia de investigación de los Estados y a las luchas históricas de los activismos. En los años 80 y 90 la organización Act Up cubría los jardines de la Casa Blanca estadounidense con mantas recordando a las personas fallecidas, y Roberto Jáuregui iba a la televisión para hablar y educar a toda una población.
“La ciencia no se hace en un vacío. Como investigadores nos movemos dentro de los espacios que abren los activismos. Mantener ese vínculo forma parte de nuestro trabajo”, dice Christian Gaebler.
Ciencia, arte y VIH


Las batas médicas empezaron a convertirse en una manifiesto sociopolítico de Orgullo y activismo en Kigali (Ruanda) durante la Conferencia Mundial de IAS 2025, vistiendo a maniquíes en una muestra de moda y acción. Donde antes había tela blanca, pulcra e impoluta, había color, relieve y activismo. Una bata se transformaba en una capa negra con estrellas en diferentes telas, un mundo en el centro y un mensaje “Poder a lxs pacientes”. Otra ex-bata de las exhibidas en esta conferencia lucía una bandera chilena entre imágenes de manos trabajando y algunos tests de VIH. “El proyecto HIV Unwrapped se trata de unir arte y ciencia”, explica le artivista queer no binarie, neurodivergente y positivx Brent Allan.


Brent viene uniendo diseñadores de indumentaria con equipos científicos desde 2024 y les propone unificar sus miradas y mensajes en una pieza de diseño: lo que antes era una bata médica ahora es un manifiesto. “La investigación y la ciencia que no consideran la experiencia vivida por activistas y personas VIH+ puede traer muchos desarrollos pero corren el riesgo de que estos nunca se incorporen en esas vidas que pretendían transformar”, cuenta Brent desde Melbourne, Australia, donde vive.
Estas batas evolucionaron como los Pokemons más elegantes, difundiendo el poder de visibilizar luchas, unir posturas y comunicar realidades. Lo hacen con colores vibrantes, texturas que dan relieve al mensaje, se llenan de banderas que dicen presente en la respuesta al VIH. “La cura para el VIH no puede ser un único horizonte movilizador; debe entenderse como parte de un conjunto de aspiraciones sociales, médicas, políticas y prácticas, como un amanecer atravesando las nubes con brillantes haces de luz multicolor”, escribe Brent en sus respuestas a la entrevista que le proponemos para esta nota. En sus palabras se siente esa sonrisa con la que ve todo lo que hace. Cada bata y cada pasarela demuestra que el arte, el Orgullo y las alianzas también son parte de la cura.


“La investigación y la ciencia que no consideran la experiencia vivida por activistas y personas VIH+ puede traer muchos desarrollos pero corren el riesgo de que estos nunca se incorporen en esas vidas que pretendían transformar”, dice Brent Allan desde Melbourne (Australia).
Cuando la cura es noticia
En Argentina, la primera persona VIH+ visible fue el actor, periodista y activista Roberto Jáuregui. En 1989 se unió a trabajar junto al infectólogo Pedro Cahn en una recién nacida Fundación Huésped. Cahn fue pionero en la investigación y tratamiento del VIH y sida. Roberto ponía su cara y su voz en medios, televisión, entrevistas y VIHsibilizaba. Pedro cuenta que una noche en aquellos años, ya de madrugada, estaban enviando invitaciones para un evento para seguir recaudando dinero, cuando le dijo a Roberto:
–Vamos, tenemos tiempo.
–Vos tenés tiempo– respondió Roberto.


En esos años, el desafío principal era la visibilidad, el estigma y encontrar una respuesta urgente para continuar con vida. Hoy que las personas positivas cuando accedemos a un tratamiento antirretroviral podemos convertir esto en una situación de salud crónica nos enfrentamos a otros dilemas. En el acceso a derechos debemos siempre bregar por tener esa medicación y la calidad de vida que nos permita seguir tomándola. En la comunicación continuamos reclamando por la calidad de la información en los medios, por ejemplo cuando se habla de “El paciente de” suele haber más amarillismo que esperanza.
La organización Act Up Argentina -una extensión de las históricas en modo local- es una de las que en Argentina recorre espacios culturales y las marchas llamando a la acción, alentando y cuidando una comunicación adecuada. ¿Cómo ven la cobertura mediática?, les preguntamos para esta nota. “Vemos cómo el abordaje del VIH en los medios y en las redes sociales oscila entre discursos de odio y discriminación revitalizados, por un lado, y el reposteo acrítico e insistente de supuestas ‘buenas noticias’, por el otro”, nos respondieron a través de una vocería colectiva. Estas supuestas buenas noticias utilizan la expectativa como un anzuelo para llevar visitas a sus sitios cuando en el cotidiano VIH+ hasta el mismo paciente de Londres, Adam, explicó :»Mi trabajo es tratar de resaltar las deficiencias de productos considerados como buenos, las innovaciones en los tratamientos y la prevención». El dejó en claro que esa cura que a él le sirvió, de momento no se podría aplicar a cualquier persona positiva.
¿Qué significa curarse?
Si hoy aparece la cura, ¿cuántos años deberán pasar para saber que es efectiva? Una persona VIH+ que prefirió sostener el anonimato explica que, de momento, prefiere sostener su medicación antirretroviral cotidiana y, de esa manera, seguir indetectable. “No quiero ser parte de un estudio, dejar de tomar la pastilla, y andar por la vida sin saber si tengo o no tengo carga de virus. Si estuviese en pareja monógama, quizás lo haría. Porque si mi pareja se encuentra tomando PrEP y yo tengo un rebote, no se lo transmito”, dice.
La PrEP (profilaxis preexposición) es un tratamiento para personas VIH negativas. Consta de una toma regular de antirretrovirales para que, si llegaran a entrar en contacto con el virus, éste no se aloje y reproduzca. La PrEP es para que personas negativas lo sigan siendo. “Pero en este momento que estoy soltero y con múltiples parejas, y no me sentiría cómodo no sabiendo si tengo o no carga viral”, agrega.
La infectóloga Natalia Laufer explica que, si por algún motivo se suspende la medicación, los rebrotes de VIH suelen darse rápido. En caso de que no funcione alguna de las opciones de intento de cura, lo notaríamos sin mucho tiempo de distancia realizando controles periódicos. “Dos a cuatro semanas, en el caso de la interrupción del tratamiento”, dice Laufer. Durante toda la charla destaca que son la sociedad y las personas implicadas en los estudios quienes deberán preguntarse si quieren ser parte de las pruebas y de qué manera.
Estrategias científicas hacia la cura hoy
Actualmente son varias las estrategias que se están implementando camino a la cura del VIH. Para el profesor Christian Gaebler que centra su trabajo en el hospital público universitario Charité Universitätsmedizin de Berlin, hoy el esquema que más podría acercarnos a una cura consiste en inocular anticuerpos ampliamente neutralizantes (bNAbs) para reconocer y eliminar distintas variantes del virus. Gaebler explica que las células CAR-T -que modifican el sistema inmune del paciente para que destruya células infectadas- “tienen interés conceptual y datos iniciales prometedores”.


El profesor Christian Gaebler es una de las personas que investiga los esquemas que podrían acercarnos a una cura. «Llegará por combinaciones, no por una única vía», dice desde el laboratorio en Berlín.
Existen otras estrategias implementándose en distintos países, en especial en Estados Unidos, y en Europa. Los datos que conocemos son los de las investigaciones realizadas en universidades y espacios donde la financiación proviene del Estado o por alianzas mixtas con algún privado. Entre ellas se destacan dos líneas de terapia antiretroviral: el Block and Lock, que busca contener al virus latente sin eliminarlo, y su opuesto, el Shock and Kill, que lo despierta de sus reservorios para atacarlo.
En 2024, con la tecnología CRISPR – una suerte de «tijeras» que cortan el ADN viral integrado en las células humanas- un equipo de investigación en Países Bajos logró eliminar el virus de las células infectadas. Pero el logro está teñido de duda cuando se lo piensa en términos éticos y manipulación de ADN.
El camino a la cura no es uno solo: está lleno de senderos, curvas y cruces que llevan a distintos resultados. Algunos de ellos preocupantes como este último que modifica el ADN. ¿Qué puede pasar en el futuro con estos cuerpos modificados? ¿Sobre qué cuerpos se hacen estas pruebas? Cada posible respuesta llega con su necesidad de contemplar muchos aspectos que van más allá de lo social y económico. El mapa de opciones y posibilidades se amplía y ramifica enlazando las técnicas, como explica el profesor Christian Gaebler: “la cura llegará por combinaciones, no por una única vía”.


Pero entonces, ¿cuándo?¿Cuánto tiempo tardaremos en verificar que la cura sea efectiva? ¿Para quién estará disponible? Ya existen algunas pistas en “el paciente de…”, pero esos “pacientes” que llevan el nombre de las ciudades donde viven -desde Londres y Berlín hasta Nueva York y Düsseldorf- no llegan a ser más de diez. Miramos a la paciente de Esperanza mientras pensamos: para que esos equipos científicos puedan encontrar avances debe haber presencia de los Estados.
Nadie puede estar ausente en esta lucha porque nos incluye a todas las personas con y sin VIH. En este contexto, los activismos en las calles y en las redes tramadas para sostener este camino; el arte y la ciencia, transformamos la idea abstracta de la cura en un lenguaje cotidiano. Desde batas llenas de colores, furia en carteles y marchas hasta investigaciones que siguen trabajando con lo que ya tenemos y yendo a por lo que falta.
Roberto Jáuregui murió en enero de 1994. Él no llegó a conocerla. Pero nos legó un mantra que seguiremos repitiendo hasta que sea un horizonte de posibilidad al alcance de todas las personas: “Estemos aquí para el día de la cura”.
Este artículo es parte del proyecto que cuenta con el apoyo de la IAS (International AIDS Society) a través de Community Project Grants, en el marco de los preparativos rumbo a la Conferencia AIDS 2026.
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