Carmelitas Clown: las payasas travestis que responden al odio con cumbia, comunidad y humor disidente

Carmelitas Clown es un dúo de payasas travesti. Gemma ríos y Carmín Lupe llevan una década ganada de humor disidente, música y comunidad como respuesta política a la coyuntura argentina.

BUENOS AIRES, Argentina. Humor, militancia y diversidad. Carmelitas Clown es un dúo de payasas travestis que transita hace más de diez años los escenarios del país. Está integrado por Gemma Ríos y Carmín Lupe. Ambas reconocen como punto de inicio las varietés de Tierra Violeta donde se encontraron artísticamente. En esa época, una militaba en Varones Floreciendo (de Haedo) y otra en Varones Antipatriarcales (CABA). Hoy radicadas en Córdoba, siguen tejiendo redes para expandir los alcances del arte. 

“La complicidad surgió desde habitar la escena con la incomodidad que representaban nuestras identidades. Nos conocimos cuando nuestra identidad sexual era otra, maricas, todavía nos autopercibíamos así. No había en ese momento muchas personas del colectivo LGBTQ+ que sean disidentes sexuales y atraviesen el clown desde esa mirada marica, con todo lo que eso implicaba”, cuenta a Agencia Presentes, Gemma Ríos.

Expertas en tejer redes y crear comunidad, en 2024, formaron La Simbiótica. Es una banda “no sólo de cumbia” que mixtura música, humor y activismo disidente sexual. “Una grupalidad integrada por amigxs travestis, travos y lesbianas que pisa fuerte”, agregan.

Gemma Ríos y Carmín Lupe se multiplican y potencian en Carmelitas Clown. Foto: Guillermo Schierff

El arte de ocupar la escena 

Desde que nació, Carmelitas Clown puso en escena Travesía, un homenaje a Federico García Lorca que tiene ahora otra versión, Travesía Reciclada. Luego realizaron Vestigios donde reescriben la historia de Medea y tienen en cartel Conflagración, una tragedia travesti, con dirección de David Piccotto. 

“Fuimos creando y armando nuestras distintas obras, distintos espectáculos. Hemos ido mutando como compañía, siempre trabajando colectivamente”, comenta Gemma. “A lo largo de los años hicimos obras de teatro que nos han representado y que siempre tuvieron un mensaje, sabiendo que lo que hacemos también es un poco, político. Es ocupar espacios, tener un mensaje, no perpetuar el humor chabacano, ponernos en otro lugar como protagonistas cuando estamos actuando”, agrega. 

Todas las obras tienen la impronta del dúo de clown. En Travesía, por ejemplo, incluían escenas de una actriz corriendo por el escenario con la luz en rojo, gritando y pidiendo por su amiga que no estaba al lado de ella para salir juntas, para cuidarse. “Ese mismo conflicto está en nuestra última obra en Conflagración porque nosotras trabajamos sobre el exilio. Nos preguntamos por la necesidad que tenemos las travestis de crear nuestro ecosistema travesti, de crear nuestras complicidades para simplemente salir a la calle, y sobrevivir”, agrega la actriz. 

La década ganada en el escenario 

Carmelitas Clown nació un tiempo antes de la llegada del macrismo. Durante ese gobierno que trabajó mucho para cercenar derechos, ellas se cobijaron en el activismo feminista y luego transfeminista para fortalecer su camino artístico. 

Recuerdan que vivieron “mil anécdotas de camarines y miles de secuencias” donde fueron ninguneadas o burladas. También que batallaron contra “esa cuestión histórica que tiene la representatividad de los cuerpos femeninos no hegemónicos en la escena. Le fuimos dando la vuelta no dejamos pasar una”. 

Foto: Guillermo Schierff

En nuestros inicios, el cambio político era bastante fuerte. Por eso nos plantamos principalmente como disidencias. En cualquier contexto, las disidencias estamos siempre un poco por lo bajo o en el borde. La diferencia era que como movimiento habíamos tenido avances de leyes como la Ley de Matrimonio Igualitario o la Ley de Identidad de Género”, agrega Carmín Lupe, la otra Carmelita Clown. 

En ese momento, era una irreverencia ocupar el escenario. Buscamos la manera de hacerlo, por ejemplo, hubo un momento donde hacíamos besazos en todos los espacios que íbamos ocupando. Nos parecía que era lo que rompía con el machito frágil. Llegábamos, éramos dos payasas, -no era una-, espalda con espalda, cuidándonos, porque realmente era muy hostil. Ahora ves un montón de artistas, de travitas, de pibes trans, de mariquitas en escena, y es satisfactorio porque antes no sucedía”, aporta Gemma. 

Foto: Guillermo Schierff

Remar contra el odio 

El boca en boca del público fue creando la comunidad de Carmelitas Clown tanto en Buenos Aires como en Traslasierra, Córdoba, donde viven. El dúo batalló la discriminación desde el escenario. “Venimos teniendo experiencias en relación a este contexto de muchos ‘haters’ (odiadores) en las redes sociales. Hace unas semanas subimos un video de promoción que tuvo muchas visualizaciones. Pero también tuvo mucho odio, mucha gente comentando cosas horripilantes. Lo terminamos tomando un poco para reírnos y no morir en el intento. Al haber una legitimación de este odio, es más una moneda corriente”, cuenta Carmín. 

“Pero sucede algo también. Venimos trabajando hace 12 años, y más allá de que tenemos público que nos conoce y nos apoya, nos queda la sensación de que todavía sigue habiendo dificultad en que el público vaya a ver un espectáculo de travestis. Nuestro público en general son disidencias sexuales. Tenemos mucho público travesti y muchas mujeres cis. Pero vamos a un festival, y de repente ves que hay un montón de bandas de música, de chabones cis tocando y hay un montón de público, de chabones y de mujeres. Pero ese público no se acerca a vernos. Todavía hay una separación de público, de gente que no consume arte travesti, no se nos acerca, no se anima, no quiere, no le llama la atención. O sí, pero le da miedo. Es como un llamado de atención.”

La representación trans

Desde el surgimiento de Carmelitas Clown, se ven más sexodisidencias en espacios culturales. Carmín Lupe afirma: “A mí me encanta todo el material, producción cultural, de cine, series y demás, donde hay personas trans. Lo he visto todo Pero venimos viendo también que tanto en el cine, el teatro más comercial y demás, siempre son corporalidades trans hegemónicas. O como le decimos el ‘cis passing’, es decir, travestis que pasan como cis, que no se ven como travestis o pasan más suavemente. Hay una mirada construida en los medios de una mujer trans con cierta hegemonía y cierto passing también”. 

Y Gemma agrega. “Esto no es un punitivismo entre nosotras mismas. Cada una construye su feminidad desde donde quiera. Pero sí es una crítica concreta al mercado, porque a las mujeres cis también les pasa”. 

El clown como identidad disidente

Para Gemma Luna el clown llegó a su vida en la infancia, apenas decidió hacer teatro. “Aprendí esa técnica que es muy ninguneada en el mundo actoral y es un trabajo sobre la espontaneidad y sobre la ingenuidad. Para mí fue lo que me identificó desde siempre”.

Recuerda también a Batato Barea. “Fue la primera en nombrarse clown travesti literaria y lo hizo en un contexto de postdictadura. Ese paso que ella abre es un estandarte que nosotras llevamos. Y representa un poco nuestro universo, el clown nos ayudó a encontrar las potencias que cada una traía y la capitalizamos a favor”. 

Las Simbióticas

Era verano de 2024 y hacía un mes que había llegado el nuevo gobierno de Argentina. Tanto a Carmín como a Gemma se les ocurrió ponerle música al difícil futuro que avizoraban para las diversidades. Así nació Las Simbióticas, una banda de música que sintetiza humor y baile. 

“Hemos tenido varias fusiones como Carmelitas Clown. Hicimos la obra Vestigio junto a las Opera Queer, por ejemplo. Pero cuando llegó este gobierno fascista tuvimos la necesidad de hacer un proyecto nuevo. Pensamos qué era lo que queríamos transmitir y qué queríamos trabajar como público y se nos vino a la cabeza la cumbia”, cuenta Gemma. 

Así crearon una banda de cumbia atravesada también por las identidades travestis y disidentes sexuales con un mensaje concreto. Está integrada, además de ​Gemma (vocalista) y Carmín (vocalista y guitarrista) por la bailarina Denn Semperena, Aleja Zannina en percusión, Anika Bartolomé en primer acordeón y Ramón Uriel en segundo acordeón. “Tenemos todas las identidades”, cuentan entre risas. 

Bailar, decir, agruparse 

“¿Cómo hacemos para nombrar a Palestina? ¿Cómo hacemos para nombrar a Sofía Fernández a quien asesinaron en una comisaría? ¿Cómo hacemos para nombrar la lucha de la comunidad mapuche?”, se preguntaron desde el colectivo La Simbiótica Cumbia. Así surgió “Llamado de emergencia”, su espectáculo más reciente. 

El nombre refiere al tema de Daddy Yankee, un reggaeton que tiene casi 15 años que se reconvierte en la grupalidad disidente. Pero también se refiere a otras inquietudes del grupo. “Estamos en una época donde hay que hacer un llamado de emergencia ante un montón de cosas”, explica Carmín Lupe. “Estamos haciendo cumbia, pero también estamos trabajando sobre un mensaje que es ‘acá nos están matando’, ‘nuestras vidas importan’”, agrega Gemma. 

Fotos: Gentileza de Guillermo Schierff
El trabajo de Carmelitas Clown se puede ver y seguir en sus redes sociales @carmelitasclownoficial

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