Heated Rivalry: la serie LGBT que no podemos soltar

¿Por qué Heated Rivalry -Más que rivales- se convirtió en una de las series del momento? Qué hay detrás de una historia de amor queer que desafía la discriminación en el deporte y cosecha fans reunidos en bares para verla? Tres fanáticas analizan los resortes que mueven una producción de bajo costo y alto impacto.

Por Emiliya Antonyuk, Laila Massaldi y Agustina Ramos

(Advertencia: esta nota contiene spoilers)

“¿Qué hacemos ahora con todo esto que nos pasa?”, dice Ismael, frente a cuarenta personas reunidas un domingo a la noche en el segundo piso de un bar en el barrio porteño de Palermo (Argentina). Acaban de ver el quinto capítulo de la serie Heated Rivalry y piden a gritos el sexto. En las paredes de ladrillo iluminadas por una luz cálida de baja intensidad se enfrentan de un lado los Montreal Metros y del otro, los Boston Raiders, los equipos de hockey sobre hielo de los protagonistas, Shane Hollander e Ilya Rozanov. Hace unos instantes, les espectadores –todes mujeres y personas LGBT+– repitieron al unísono una de las conversaciones emblemáticas de estos personajes. Están en la sala de un hospital y lo que dice pone un sello en su relación: “I was gonna ask you…”.

La escena de fans gritándole a la pantalla la vimos en cientos de reels y ahora, por fin, pertenecemos a ella. No nos bastó con ver una, dos, cuatro veces la serie entera. Necesitamos encontrarnos con otres para mantener despiertas las sensaciones que nos dejó. Y en un momento en el que son pocas las noticias que nos dejan embelesadas.

Cuando Emiliya nos aseguró tener la serie perfecta para que veamos y comentemos, no terminábamos de convencernos. “Otra serie porno sin trama y con cuerpos hegemónicos”, fue un pensamiento que se nos cruzó. Tardamos algunas semanas en materializarlo y asistimos al ritual con una bolsa de prejuicios. Pero Heated Rivalry (HR) nos sorprendió. En efecto, sus protagonistas son muy bellos, musculosos, sexys, millonarios y hay sexo explícito. Pero lo que nos mantiene imantadas a esta historia de amor es otra cosa. La ternura en los pequeños y grandes gestos, las complicaciones que aún viven les deportistas LGBT+ y el rol de las mujeres son algunos de los factores que la vuelven un producto diferente en el mundo audiovisual actual y de lo que queremos hablar en esta nota.

La serie del momento es LGBT+

Heated Rivalry (Más que rivales o Rivalidad acalorada, según la adaptación) cuenta en seis capítulos la historia de amor secreto entre dos jugadores estrellas de hockey sobre hielo que son, además, rivales. Está basada en el primer y segundo libro de la saga Game Changers –un éxito en ventas– de la escritora canadiense Rachel Reid. 

La escritora canadiense Rachel Reid hizo varias entrevistas con personas gays y bisexuales para escribir el libro que da origen a la serie.

Creada, escrita y dirigida por Jacob Tierney, la serie se estrenó en noviembre de 2025 en la plataforma canadiense Crave. Contó con el interés y apoyo del Estado a través de créditos fiscales y el aporte de 3,1 millones de dólares de parte del Fondo de Medios de Comunicación de Canadá. Nada menor en un contexto en el que el gobierno de Estados Unidos quitó fondos de cooperación que afectaron,  entre otras, a organizaciones por los derechos de personas LGBT+ de distintas partes del mundo. 

La serie tuvo un presupuesto ajustado, actores desconocidos y un mes de filmación. Aún así logró romper récords de audiencia. El episodio cinco de la serie alcanzó la puntuación 10/10 en la base de datos IMDb, igualando al capítulo «Ozymandias» de Breaking Bad. Un furor que llevó a sus protagonistas, los actores Hudson Williams y Connor Storrie – desconocidos hasta el lanzamiento de la serie– a portar la antorcha de los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán, entre otras de sus apariciones estelares del último tiempo.

Mientras el resto de las producciones del mundo del streaming se ocupan de conseguir grandes presupuestos y a los actores más importantes de Hollywood, el equipo de HR le da lugar a los dos actores que considera que mejor encarnan a sus personajes. “No nos importa cuántos seguidores en Instagram tenga alguien, ni si puede hacer un TikTok aquí en Canadá”, aseguró Kay, co directora de casting de la serie, en diálogo con la BBC, esperando sentar algún precedente en la industria. 

Cómo derribar prejuicios en el deporte

Game Changers surgió de mi enojo con la cultura del hockey y lo claramente homofóbica que era y es”, confesó Reid, la autora de la saga. Y es que, a pesar de que en los últimos Juegos Olímpicos de Invierno en Milán-Cortina se alcanzó un récord con la presencia de al menos 50 atletas abiertamente LGBTQ+, la realidad de les deportistas queer continúa siendo difícil. Tanto es así que el Comité Olímpico Internacional consideró que les atletas LGBTQ+ son el grupo con mayor riesgo de acoso y abuso en contextos deportivos.

Según resultados de dos investigaciones internacionales sobre homofobia y transfobia en el deporte –Out on the Fields (2015) y OutSport (2019)–, casi el 90% de les entrevistades consideró que la homofobia y transfobia siguen siendo barreras en el deporte. 

Aunque se la ha acusado de ser “otra serie sobre salir del clóset”, lo suyo es un acto de valentía si tenemos en cuenta que el 54% de los atletas masculinos admite haber usado insultos homofóbicos en las últimas dos semanas. En este contexto, una de las noticias de la semana en Argentina es que Nacho Lago, jugador de 23 años de Colón de Santa Fe, se convirtió en el primer futbolista profesional de primera división en Argentina que expresó públicamente su homosexualidad. El primero.

Sin ir más lejos, la National Hockey League (NHL), una liga privada de hockey sobre hielo profesional de Canadá y Estados Unidos, prohibió todos los símbolos LGBTQ+ en los uniformes en 2023. Tras la presión de patrocinadores, jugadores y aficionados, se anuló la regla.

En Rusia -de allí es oriundo Ilya, uno de los personajes protagónicos de la serie- el Tribunal Supremo calificó al «movimiento LGBT internacional» como «extremista». A pesar de no tener distribución oficial, y a través de la pirateria, la serie es furor entre les espectadores rusos. Alcanzó una calificación promedio de 8.5 sobre 10 en Kinopoisk –el equivalente ruso de IMDb– , mientras fans arman grupos en redes sociales como VKontacte –la versión rusa de Facebook– donde se comparten clips y comentan la serie.

Para escribir esos libros, Reid habló con muchos hombres gays y bisexuales. “En Heated Rivalry tenemos un final feliz LGBT, algo que no suele suceder mucho en las narrativas audiovisuales. Es como una curita. Uno quisiera que las cosas puedan ser así: tener una mamá que te apoya, una familia que te acepta y te incentiva”, nos compartió Ismael, una persona no binaria y bisexual de 35 años, que vio seis veces la serie completa.

Luego del lanzamiento de HR, Nicolás Keenan, jugador de hockey argentino, integrante de Los Leones y pareja del primer ministro de Países Bajos, Rob Jetten, habló sobre la identificación que sintió con uno de los personajes, Scott. “Cuando conocí a Rob, sentí que era la persona indicada para gritarle al mundo: ‘Estoy enamorado de este tipo‘. Él me dio la confianza para salir y decir: ‘Soy jugador de hockey y también estoy enamorado de este hombre’”.

De hegemonía y vulnerabilidad

Dos cuerpos agitados, cansados y relucientes de sudor están sentados en el suelo de un gimnasio. Se miran a los ojos y se observan buscando una excusa para hablar, el silencio duró demasiado. Lo que dicen no tiene nada que ver con lo que piensan. Uno de los dos muestra su deseo a través de la mirada con total seguridad. El otro, en cambio, necesita sacarle los ojos de encima por momentos para que sus pensamientos no griten tan fuerte. Comparten una botella de agua y aprovechan el intercambio para rozarse intencionalmente los dedos de las manos. Ese contacto físico mínimo es el que necesitan para dejar en claro lo que quieren. 

Mucho se ha dicho sobre la envolvente química y seducción entre los protagonistas de la serie. Sin embargo, entre los factores que la hacen tan atrapante, hace falta mencionar el exhaustivo trabajo de construcción de personajes que sostiene los seis capítulos. Los protagonistas son jóvenes, talentosos, hegemónicos y millonarios, pero sus vulnerabilidades son de una desnudez magnética. Y esta vulnerabilidad no se relaciona únicamente con su pertenencia al colectivo LGBTIQ+. Por el contrario, permite la identificación de la audiencia con sentimientos y experiencias casi universales: el juego de la seducción, lo confuso que es vincularnos con otres, el autodescubrimiento, las sensaciones de éxito y de fracaso, el miedo a ser como realmente somos. Y la valentía que requiere reconocer y seguir el propio deseo. 

El conflicto de los personajes es, sobre, interno y de comunicación, y como afirma Caroline Siede en Revista Paste, se parece mucho más a los problemas que las personas tenemos en la vida real que los recursos argumentales forzados que tantas veces mantienen separadas a las parejas en las comedias románticas más comunes. El vínculo entre ellos combina erotismo, ternura, humor y tristeza de una manera equilibrada y dinámica, de un modo que evoca nuestras propias experiencias vinculares.

Mujeres y roles de género

Si bien aparecen como personajes secundarios, las mujeres de la serie juegan un papel fundamental en el desarrollo de la historia y se alejan de muchos estereotipos del género. Lejos de ser frágiles, dependientes, excesivamente emocionales o un objeto pasivo de deseo masculino, son figuras con agencia, inteligencia y muchas veces con más recursos que los varones para comprender y actuar en su entorno.

Svetlana, Rose y Elena son empáticas y perceptivas, aspectos generalmente asociados a lo femenino, pero que se ponen en juego con una asertividad contundente para desafiar, de distintas maneras, a sus amigos o parejas hombres. Por dar un ejemplo, en la escena de Rose y Shane en el restaurante, ella lo impulsa suavemente a reconocerse gay, sin que eso signifique una amenaza a su ego ni a su capital erótico. Aprecia a Shane al punto de poder pasar del deseo romántico a una amistad genuina sin dolor o rencores. 

Las madres de los protagonistas también son personajes importantes que ellos respetan y con quienes se identifican, quizá incluso más que con las figuras paternas. La madre de Shane, Yuna, se pregunta qué hizo para que su hijo no confíe en ella, y en lugar de enojarse por ocultarle su vínculo con Ilya, le pide perdón. Shane no le dice que no hace falta pedir perdón, sino que encara algo más poderoso: la perdona. Incluso la madre de Ilya, que se suicidó cuando él era chico, aparece retratada desde la admiración de su hijo: “No quiero que pienses que era débil”.

Mejor futuro posible

Es quizá el realismo de la trama el que, a su vez, se otorga a sí mismo la licencia para tener un final casi de fantasía, típico de una rom-com, sin que se sienta forzado o apoyado en una serie excesiva de conveniencias. Este delicado trabajo en el guión, sumado a las performances excepcionales de los actores de las dos parejas que protagonizan esta temporada, hacen que el recorrido de cada personaje hasta llegar a los eventos de los capítulos 5 y 6 se sienta orgánico y profundamente satisfactorio. 

La sensación de final feliz merecido nos genera ese shock de serotonina que nos permite volver a nuestras vidas cotidianas sintiendo que quizá no todo es tan malo, en un contexto social y político de precarización de la vida donde la esperanza escasea. Esta serie no pretende denunciar ese contexto, nos ofrece imágenes y relatos que nos permiten imaginar un mejor futuro posible. Y a diferencia de otras comedias románticas en las que la distancia con nuestra realidad se siente abismal, en Heated Rivalry la conclusión evidente es que, tanto en la serie como en la vida, existe en las personas una enorme potencia de transformación cuando hay vínculos que nos sostienen y apostamos a la comunicación y la vulnerabilidad para construir eso que anhelamos.

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