Incendios en la Patagonia: 5 desafíos críticos cuando el fuego se apaga
En Chubut acaban de declarar la extinción del incendio de Puerto Patriada, iniciado el 5 de enero. En total fueron 230 mil hectáreas arrasadas en cinco provincias de la Patagonia. Las deudas pendientes cuando el tema deja la tapa de los medios.

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El Servicio Provincial del Manejo del Fuego de Chubut declaró extinguido el incendio de Puerto Patriada, que afectó 30677 hectáreas de bosque. Iniciado el 5 de enero, la causa aún no ha sido determinada. Ese fue sólo uno de los diversos incendios, que en total arrasaron con más de 230 mil hectáreas en cinco provincias de la Patagonia argentina. ¿Qué pasa con las personas damnificadas, las casas destruidas, el bosque quemado? Las tareas de reconstrucción viviendas y restauración de áreas afectadas forman parte de un proceso extenso que impacta en la vida de todos los seres que habitan cada lugar.
“Las pérdidas no son solo forestales: se ven afectadas también la fauna, los bienes materiales, la economía local y, en casos extremos, se ponen en riesgo vidas humanas”, explicó la brigadista Valentina Palermo sobre las consecuencias de los incendios forestales.
Presentes conversó con personas damnificadas, especialistas en restauración y brigadistas sobre cinco puntos clave para pensar el después del fuego.


1. La restauración
“Después de un incendio, el bosque inicia una sucesión ecológica secundaria y el ecosistema se recupera gradualmente. La velocidad de recuperación depende del tipo de ecosistema. En aquellos sensibles al fuego (como lo es el de la Patagonia), el proceso es más lento y puede tardar más de 150 años en volver a su estado de clímax o paisaje original”, explicó Palermo.
Entre las acciones que implica la restauración se encuentra el control de las especies exóticas. El pino es una especie invasora con gran capacidad de adaptación al fuego y de desplazar a plantas nativas. Aunque se volvió un rasgo característico de los cerros patagónicos, es un elemento central en la propagación e intensidad de los incendios. “Hay que eliminar los pinos en cuanto salgan. Si bien los pobladores pueden ayudar, esto debe hacerse desde una política de Estado”, compartió la bióloga Estela Raffaele, quien estudia estas especies desde 2013.
La experta dice que es necesario establecer prioridades para hacer las remociones: “Los lugares más cercanos a las poblaciones, los bordes de los bosques donde están las nativas para controlar la invasión ecológica, los caminos y las áreas alrededor de las vertientes de agua, son prioridad”. A esto se suma la necesidad de controlar las plantaciones y el material combustible, como la hojarasca.
2. La reconstrucción


El avance del fuego en enero destruyó al menos 70 viviendas en Chubut. El gobierno provincial aseguró que entregará viviendas destinadas a las familias damnificadas. Según fuentes oficiales, el gobierno avanza en la construcción de 57 viviendas en Epuyén, con una inversión total de $2.736 millones, mientras en El Hoyo se desarrollan 13 viviendas, con una inversión de $596.284.065.
Sin embargo, pobladores que resultaron damnificados en los incendios del año anterior en la misma zona advierten que las promesas, en su caso, no se cumplieron. Del total de viviendas que resultaron destruidas por el fuego, solo el 17% pudo ser reconstruida.
“El año pasado, el gobernador Ignacio Torres prometió que no iba a abandonar a los vecinos. Meses después nos dimos cuenta que la promesa se venía desplomando. Recibimos 20 millones de pesos en materiales y ahí quedó toda la respuesta. Hay adultos mayores, familias que trabajan y cuidan a sus hijos, ¿cómo hacen para ponerse a reconstruir? Somos 70 familias con distintas historias. El tiempo va pasando y muy poquitas han podido empezar a hacerlo”, compartió a Presentes Alejandra Romero, damnificada e integrante de la Asamblea Reconstruyendo Epuyén. El tendido eléctrico aún no pudo ser reinstalado en algunas de las zonas afectadas.
3. La economía local
Una amplia proporción de las personas que viven en las zonas afectadas por los incendios necesitan de la temporada turística del verano para sostener sus economías. En Epuyén es el segundo año consecutivo que el fuego impidió esta actividad.
“Estamos dejando de lado todas nuestras vidas y economías cuando atendemos el fuego. Esta situación después nos acarrea mucha pobreza: escasea el turismo y se pasa la temporada de verano que es el único momento donde corre algo de plata”, sostuvo Azu Noah Gatti Yapur, joven trans vecino de Epuyén.
El fuego también quemó el alambrado que las familias usan para contener a sus animales y el pasto del que comían. No fueron asistidas por el gobierno, pero reciben colaboraciones de la comunidad.
“Lo que antes nos podía generar una entrada de dinero a través de los animales, de la leña, la madera, ahora ya no está. Los animales ahora son más una carga que algo positivo. Se quemaron los potreros, los alambrados y el pasto. Entonces los tenemos que tener encerrados y alimentarlos nosotros. Desde la Escuela 9 nos ayudan con viandas y la lof Cañio recibió algunas de nuestras ovejas”, compartió Marilyn Cañio, una mujer mapuche de 33 años, vive junto a su pareja en El Pedregoso, Chubut.
4. La salud
Días o meses de vivir combatiendo al fuego, respirando cenizas y con la preocupación constante de que no llegue el incendio a las casas, impacta fuerte en la salud de las personas.
“No es únicamente la casa lo que se quema, es una forma de vida que elegimos desde hace años. De repente eso queda devastado y con eso también nuestras mentes, nuestros corazones y nuestros cuerpos. Después de una catástrofe así viene aparejada una crisis sanitaria”, analizó Gatti Yapur.
“El año pasado hubo un aumento increíble de la cantidad de gente con neumonía –agregó–. También hubo muchos casos de ACV (accidente cerebrovascular), ataques de pánico y depresión por el estrés de vivir esto. En un momento estaba todo el pueblo absolutamente rodeado de fuego: no hay mente que quede cuerda después de vivir esto. Es un miedo que te queda en el cuerpo”.
5. La organización y pedido de informes
Con la mayor intensidad y propagación de los incendios, en los últimos años en la Patagonia fueron surgiendo brigadas voluntarias e iniciativas que buscan dar respuesta de forma colectiva. Cada año mejoran su capacidad de organización, de difusión y su profesionalismo.
“La organización popular que está ocurriendo acá es increíble. La red solidaria es única y eso es lo que nos sostiene hoy. Cada cuadrilla está empezando a equiparse, a formarse, a tener conocimientos del manejo del fuego. Estamos aprendiendo, no nos queda otra”, sostuvo Rocío Chiappe, una de las fundadoras de la Brigada Andina.
En este sentido nació la red de vecines Reconstruyendo Epuyén. Desde este colectivo se organiza una “cocina solidaria” para brigadistas, familias afectadas y voluntaries. Llegaron a brindar mil viandas por día y hoy, con el fuego ya bajo control, continúan entregando cien por día. También llevan adelante las “mingas”. Se trata de jornadas de trabajo colectivo de voluntarios ad honorem para la reconstrucción de hogares, ante la ineficacia del Estado para responder de manera integral a todes.
Desde la comisión de legales de Reconstruyendo Epuyén, además, realizan pedidos de informe sobre el “daño ambiental” generado. Para esto invitan a la comunidad a sumarse con su firma para onocer qué medidas se adoptaron y cuáles se implementarán en el futuro.
Para colaborar con las familias de Epuyén está abierto el alias COCINA.MINGAS.EPUYEN (a nombre de María Carolina Benavides y de Jazmín Azul Gatti Yapur).
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