24M: Ocho historias de sobrevivientes trans y travestis víctimas de la dictadura

A 50 años del golpe que instauró la última dictadura cívico militar en Argentina, compartimos estos testimonios y memorias de personas travestis y trans sobrevivientes del terrorismo de Estado.

20 de marzo de 2026
Entrevistas y testimonios: María Eugenia Ludueña, Alexis Oliva, Agustina Ramos y Lucas Gutiérrez.
Archivo Agencia PresentesArchivo de la Memoria TransCarolina RojoAriel Gutraich

Pasaron décadas para que en los relatos sobre el Terrorismo de Estado en Argentina se empezaran a escuchar las voces de las víctimas travestis y trans de la dictadura. Recién en marzo de 2024, la Justicia reconoció que a partir de los testimonios de ocho de ellas en el juicio Brigadas que “las detenciones arbitrarias e ilegales, la violencia sexual, la tortura, los tratos crueles, inhumanos y degradantes, y la reducción de servidumbre” sufridas por estas ocho mujeres trans y travestis “en manos del personal policial y militar, se encuadra en el ataque que sufrió la población civil en la Argentina durante el periodo investigado. Y corresponde calificar tales sucesos como delitos de lesa humanidad”. Así lo expresó “un fallo o único, inédito en el mundo” -tal como lo destacó la auxiliar de fiscal Ana Oberlin- que condenó a 11 acusados por delitos contra un total de 610 víctimas.

Mujeres trans y travestis del Archivo de la Memoria Trans el día que declararon en el juicio Brigadas, en abril de 2023. Foto: AMT

Las víctimas trans y travestis que en aquel juicio hablaron ante la Justicia  fueron Valeria del Mar Ramírez, Julieta Alejandra González, Claudia, Judith Lagarde, Analía Velázquez, Paola Leonor Alagastino, Carla Fabiana Gutiérrez y Marcela Viegas Pedro. Todas ellas estuvieron en el Pozo de Banfield. Allí estuvieron detenidas muchas víctimas, entre ellas al menos 30 mujeres embarazadas, según los registros que existen. Entre 1976 y 1977 funcionó una maternidad clandestina, donde nacieron al menos ocho bebés, de los cuales seis recuperaron su identidad. 

Desde el golpe del 24 de marzo de 1976, el colectivo travesti trans sufrió detenciones sistemáticas en comisarías y centros clandestinos, torturas y abusos por parte de militares. En democracia la persecución continuó a través de los edictos policiales. En 2012 la sanción de la Ley de Identidad de Género marcó un antes y un después. Aunque para muchas la violencia estructural sigue haciendo muy difícil el acceso al pleno ejercicio de todos sus derechos. 

A 50 años del golpe cívico militar más letal que sufrió la Argentina, desde Presentes queremos difundir y amplificar las voces de las víctimas trans y travestis de la dictadura. 

Los testimonios fueron extraídos de dos entrevistas realizadas por Presentes en la sede del Archivo de la Memoria Trans, de una entrevista realizada en Córdoba (Ivanna Aguilera) y de las declaraciones testimoniales del juicio Brigadas. 

“Carne de cañón para los soldados”

Sonia Torrese Hernández

Sonia nació el 31 de diciembre de 1959 en Sierra de la Ventana y al cumplir 8 su familia se mudó a Morón. Desde 2022 trabaja en el Archivo de la Memoria Trans, donde se formó en conservación de fotografía y trabaja en el área de digitalización. 

“Crecí en dictadura. Cuando empecé a ser adolescente y a adoptar mi personalidad de chica, un instinto fue dedicarme a la prostitución, con Videla como presidente. Yo no sabía lo que hacía. Me escapaba a la noche de mi casa e iba a una calle céntrica de Morón. No me daba cuenta del peligro. A la sexta o séptima noche me agarraron los Falcon, donde andaban los militares de civil. Primero me detuvieron en la Comisaría Primera de Morón. La citan a mi mamá, le dicen que si no ponía mano dura conmigo, me iban a mandar con un juez de menores. Mi mamá me castigó mucho y yo me asusté. Me quedé quieta en mi casa, no salía. Pero seguía pensando que era una nena. 

Un momento que me marcó fue cuando tenía 18 años. En esa época se llamaba a los varoncitos a hacer el servicio militar obligatorio y me citaron. Mi mamá me dice: “Vas a tener que cortarte el pelo y vestirte como un varón”. Yo no lo hice: fui como una nena al Destacamento Militar Distrito N° 1 de Tandil. Cuando me ven, me ponen aparte, me llevan a otro lugar y dicen: “Carne de cañón para los soldados”. En ese momento Argentina estaba en conflicto con Chile. “Que se lo coman los leones” fueron las palabras del militar que me dejó ahí adentro. Me tuvieron 37 días escondida y secuestrada. Yo no daba más, era un infierno. Me pegaban. Había que estar con 200 soldados. Después de esos 37 días hubo una junta médica de psiquiatras. Yo estaba desnuda como Dios me echó al mundo. Trajeron a un soldado para que yo le hiciera un bucal, para ver si yo estaba fingiendo el papel de mujer. Hasta una relación sexual me hicieron tener. Pensé que no iba a salir viva de ahí. Después de los tres días de psiquiatría me pegan un gomazo en la espalda y me dicen: “Cambiate que se firma la libreta en rojo y te vas de acá”. Después de eso estuve muy mal psicológicamente. Lloraba, me deprimía. Le tenía terror a los militares. 

“Vivía presa, incluso siendo menor de edad”

Carola Figueredo

Carola Figueredo nació en Adrogué, provincia de Buenos Aires, el 29 de septiembre de 1962. En 1976, tenía 14 años cuando su padre la echó de la casa familiar. Carola se fue a vivir a Cipolletti, en Río Negro, donde vivió con su mamá de corazón, Elsa Capella.

A los 18 fue convocada para la revisión médica del servicio militar, obligatorio para los varones, por la Compañía Comando de Neuquén, de Ejército. La declararon no apta por homosexual.

Durante la dictadura vivía presa, incluso siendo menor de edad. Me llevaron desde el porche del cine cuando terminó la película que estábamos viendo. Teníamos que vivir escondidas.

Lo que marcó mi vida fue esa persecución de odio que había hacia nosotras. Yo personalmente no entendía por qué tanta maldad hacia una. Caíamos presas, nos pegaban, nos maltrataban. Iba más allá de cumplir con una ley contravencional: era una persecución de odio contra nuestro colectivo, las mujeres travestis. La prostitucion era una excusa.

La democracia para mí llegó en el 2012 junto con la ley de Identidad de Género y fue justo cuando el Archivo llegó a mi vida. Ahí sí tuve la oportunidad de sentarme en una confitería, tomarme un café y que nadie me moleste. 

“Para el Ejército éramos carne sexual”

Ivanna Aguilera

Ivanna Aguilera, activista travesti y sobreviviente. Foto: Carolina Rojo

En 1976 Ivanna Aguilera tenía 13 años, vivía en Rosario, y con una amiga solían visitar a Poropá, madrina iniciadora de su identidad travesti. Cuando anochecía, Poropá las despedía antes de pararse en la esquina del Automóvil Club rosarino. Una fría noche de agosto se demoraron de más y una partida del Ejército las sorprendió.

Paró un camión seguido de dos jeeps. Se bajaron de golpe, agarraron a la compañera mayor de los brazos y la empezaron a insultar y decirle de todo. A nosotras nos tiraron arriba. Imaginate, éramos criaturas. También se llevaron a otra compañera que justo estaba ahí, siempre profiriendo un montón de insultos contra nuestra sexualidad. Yo nunca había escuchado esas palabras: puto, degenerado, invertido… todo eso. Fuimos conducidas en ese camión durante un trayecto, entramos a un lugar, nos metieron en una especie de oficina y nos separaron a todas. Yo estaba en un baño grande, con duchas y mingitorios de esos que eran paredes de mármol. Entonces fuimos sometidas a violaciones grupales. Mi primera relación sexual fue una violación grupal, luego de golpizas y descargas eléctricas en el cuerpo. Ahí fuimos violentadas durante 72 horas, hasta que nos volvieron a meter en un camión y nos dejaron tiradas desnudas, lastimadas y quebradas –en los huesos, yo en una pierna y la muñeca, pero también moralmente– en un descampado detrás del frigorífico Swift.

Con el cuidado de sus hermanxs, le llevó tres meses recuperarse y un tiempo más para animarse a volver al centro a buscar a su amiga Poropá: “No la pude encontrar nunca más, ni supimos más de ella. A partir de ahí, yo era una mujer que me visualizaba. Como cualquier compañera en ese momento, vivía de noche y corría muchos riesgos, porque teníamos que trabajar y traer el sustento a la casa”.

En ese tiempo, las llevaba presas la policía rosarina, a la ex Alcaidía –donde las alojaban en el PH (Pabellón Homosexual)– y en la sede del Servicio de Informaciones de la Policía de Rosario, que también funcionó como centro clandestino de detención, tortura y exterminio. “Pero además cada tanto nos secuestraba el Ejército, para usarnos como carne sexual y después tirarnos por ahí”.

En 2021 la militante trans y sobreviviente de la dictadura fue “demorada” en Córdoba, donde vive actualmente,  por una orden de captura de 1988, fundada en un código contravencional que desde 2016 no existe y un artículo derogado en 1994. 

“Para comer teníamos que pagarles con sexo”

Carla Fabiana Gutiérrez

Entre 1976 y 1977 Carla Fabiana Gutiérrez, “la Cariñito”, era una adolescente. Fue detenida varias veces. En el juicio Brigadas, declaró cómo fue su cautiverio en el Pozo de Banfield, donde la liberaron después de tres días y fue detenida nuevamente cuatro o cinco veces más. Vive en Italia desde 1986. 

“Yo era muy chica. Vivía cerca de La Tablada, tenía 14 o 15 años, y empecé a trabajar en la ruta. En 1976 o1977 fui llevada en un coche particular. Yo era menor, lloraba. Fui detenida a la fuerza. Fue la primera vez que me detuvieron. Me sacaron del auto a las patadas, me tiraron en un lugar que no se podría decir que era una celda. 

Nunca fui registrada. Había otras chicas, me decían no vayas a decir que sos menor porque es peor.

Me sacaron los zapatos, me dejaron media desnuda. Para comer teníamos que pedirles que por favor nos dieran las sobras, y teníamos que pagarles con sexo. Si querés comer tenés que hacer eso. Hacer esto era chuparle el pene. A veces te daban un mate cocido o un pedazo de pan.

Para ellos nosotras éramos monstruos. No se puede entender cómo nos trataban. Haces sexo con una persona y a la vez la odias, no se puede entender. Creo que tenían problemas psicológicos. Yo vi cuando le doblaban los brazos a una compañera. O cuando me pegaron un palazo en la cabeza, que me dejó secuelas hasta hoy.

“Hacían lo que querían con nosotras”

Leonor Alagastino

Paola Leonor Alagastino declaró en el juicio Brigadas por videconferencia desde España, donde vive. En el invierno de 1977  tenía 17 años cuando la metieron en el baúl de un Falcon Blanco, en Camino de Cintura. 

Cuando me bajaron, pensé que me iban a matar. Gracias a Dios no sucedió eso. Pero fui maltratada, violada, me pegaron con palos. Algunos estaban ahí de civil y algunos llevaban esas ropas no de policía, sino una ropa gris con botas negras. Teníamos miedo, nos trataban mal, nos insultaban, nos decían de todo. Querían sexo y si no había sexo, eran palos. No era sexo, eran violaciones. Ellos hacían lo que querían con nosotras. A estos putos hay que matarlos, decían. 

Nos daban el borde de la pizza. Nos decían puto, maricón, ustedes tienen que morirse, los vamos a matar, los vamos a tirar por ahí y quién los va a buscar.

Escuchábamos la picana a las chicas y chicos en otro piso arriba. Era un infierno todo eso.

Nos dábamos cuenta cuando llegaban al lugar los militares por esas botas que hacían ruido. Pum, pum. Gritaban y le daban picana. Nosotras pensábamos que nos tocaba. Hubo palo, violaciones, hambre, frío, insultos. 

Estábamos en un lugar como si fuese que no existíamos. Después me quedó miedo hasta de salir a hacer las compras. Cuando llegué a España fui la personas mas feliz del mundo porque sabía que no iba a sufrir más. 

“Fui secuestrada en la casa de mi familia”

Analía Velázquez

Analía Velázquez también declaró en el juicio Brigadas. Lo hizo sentada ante una mesa desde donde colgaba una bandera del Archivo de la Memoria Trans.  El Archivo colaboró con la investigación aportando datos de personas trans y travestis sobrevivientes del Terrorismo de Estado. 

Yo tenía 22 o 23 años. Fui secuestrada de la casa de mi familia y llevada al Pozo de Banfield, donde estuve en varias oportunidades. Por lo general siempre nos llevaban de madrugada. 

He pasado todo tipo de torturas, también psicológicas. Me han violado. He escuchado cosas muy horribles por las noches. Ellos decían “máquina”, se sabía que eso era picana, y advertían que en cualquier momento me podía pasar. En una oportunidad me hicieron desnudar, llegué a conocer una cama elástica, toda de metal. Decían que ya me iba a tocar. 

Cuando querían nos sacaban de la celda y nos hacían hacer strip tease, querían que bailáramos para ellos, a veces estaban alcoholizados. Recuerdo estar con una compañera y nos sacaban fotos y nos preguntaban cuál de las dos era más linda. Me he negado. Estaba muy nerviosa, siempre fui de temperamento nervioso. Y creo que el cuadro de ella estaba puesto en una de las oficinas del comisario. Esa chica se llamaba Claudia Lescano, creo que ya no está. 

Nos soltaban de madrugada. Me llevaban a una estación de trenes, yo iba pidiendo plata para poder llegar a mi casa. Nunca sabía dónde estaba, por donde salía.

“Querían que yo dijera los nombres de los chicos”

Marcela Viegas Pedro

Marcela Viegas Pedro llegó a Camino de Cintura escapando de Rosario, provincia de Santa Fe. Estaba por cumplir 15 años cuando la subieron al patrullero, tal como declaró en el juicio Brigadas. En 2018 recibió la reparación histórica otorgada por la provincia de Santa Fe y reclamada en todo el país.

Una de mis amigas en Florencio Varela, que colaboraba con la policía, me ofreció de ir a trabajar a su lugar. Era un lugar en la ruta donde había un montón de fábricas. Todas las noches tenía que pagar un canon al patrullero y cada tanto hacer favores sexuales. Cuando me agarraron yo dije: hoy me toca hacer el favor sexual. 

Esa noche fue diferente porque cuando estoy adentro del patrullero me ponen unas bolsas de cebolla en la cabeza, me llevan no sé adónde, me entregan a otras personas no sé a quiénes. Termino en una celda. Y me acuerdo de todas las palabras: Ahora vas a saber lo que es bueno, puto. 

Al día siguiente empezó el calvario. Sistemática y metódicamente todos los días me venían a buscar. Me ponían una capucha. No sé adónde iba. Teníamos una venda y yo podía espiar por abajo. Me tiraban en una cama. Me ataban. Y me ponían 220 (electricidad). 

Ellos querían que yo dijera los nombres de los chicos con los cuales salía, su domicilio y de qué hablaban, pero mi única relación con ellos era sexual, no conocía sus nombres. Además de eso también me violaban. Y después me volvían a la celda.

Soy una persona que mide 1,77 y pesa entre 78 y 80 kilos y salí con 40 kilos.

“Nos hacían lavar los autos y abusaban sexualmente”

Julieta Alejandra González

Julieta Alejandra González, La Trachyn, fue secuestrada en 1977 mientras ejercía el trabajo sexual a metros del Club Atlético San Isidro (CASI), sobre avenida del Libertador, junto a otras dos personas.

Al Negro (Claudia Gómez) y a Judith los ponen a picar cascotes. A la mañana vemos que era grande el lugar. Tenían como dos fosas donde nos hacían lavar los autos. Tenían barro, pero adentro muchos tenían sangre. Siempre recuerdo mucha sangre en un Falcon amarillo. Nos hacían cocinar, lavar la ropa, lustrar borcegos. También abusaban sexualmente de nosotras. 

En un momento escuchábamos llorar a una chica. Y después escuchamos llorar a un bebé. Y después la chica no se escuchó más y el bebé tampoco. Como que nació el bebe. Tenía unos re pulmones porque lloraba fuerte. Pensar que nosotros estuvimos en ese nacimiento, decíamos después. Gritos de gente joven se escuchaban. Chicas y chicos. Cuando gritaban se sentía como que la luz subía y bajaba.

La vida de La Trachyn y la de Fabiana Guitérrez  se cuentan en este documental, Donde habite la memoria. 

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