Deo Molina: “el descanso y el placer son actos políticos”

El artistas trans multidisciplinario habla sobre su trabajo sexual y cómo el capacitismo estigmatiza los cuerpos discas.

CIUDAD DE MÉXICO, México. Deo Molina es una persona transmasculina no binarie. Ejerce el trabajo sexual, es usuario de silla de ruedas y artista multidisciplinario que vive en Guadalajara, México. Utiliza su propio cuerpo como herramienta de protesta frente a un sistema que históricamente ha invisibilizado a las personas con discapacidad, relegándolas a una supuesta «asexualidad» o «infantilismo». En sus performances, propone meditaciones guiadas para conectar el placer lejos de las lógicas genitales.

A partir de la crisis sanitaria de covid-19, Deo encontró en el trabajo sexual una vía de subsistencia económica ante la precariedad de la pandemia. Y también un espacio de exploración personal sobre la autonomía,  el erotismo, el placer y el descanso como un acto político. 

En sus intervenciones artísticas y de performance propone dejar de ver el placer como algo exclusivamente genital o productivo para entenderlo como un estado de descanso y conexión sensorial. Y ese camino también le ha llevado a la creación de redes de apoyo que construye junto a otras personas trabajadoras sexuales. 

Así nació Sombrilla Roja, que recientemente celebró su tercer aniversario. Esta colectiva es una red de apoyo entre personas que ejercen el trabajo sexual en donde comparten sus experiencias. Además, tienen un grupo de cuidados y monitoreo para quienes salen a dar servicios presenciales. 

En esta entrevista recorremos un pedacito de su historia, sus experiencias como trabajador sexual, su experiencia en ballroom y su búsqueda por reclamar el derecho al goce.

-El 2020 fue un punto de quiebre para muchas personas. En tu caso, significó empezar a ejercer el trabajo sexual. ¿Cómo fue iniciar este trabajo y qué descubriste sobre la percepción de los cuerpos con discapacidad?

-Empecé en el trabajo sexual en el 2020 cuando se inicia la cuarentena por la pandemia. Antes de esto mis ingresos mayores venía de la joyería artesanal que hacía, además del arte circense callejero. Pero nos encierran a todes y ya no encontré otras formas de generar ingresos. Y tenía amistades que se dedicaban al trabajo sexual, desde la creación de contenido para adultos hasta servicios presenciales. Poco a poco fui confiando en que yo también podría hacerlo y así inicié. 

Entré un poco a ciegas, porque es todo un proceso personal el que lleva a una persona a ejercer el trabajo sexual. Empecé a ver tanto pros como contras, porque me di cuenta de que siempre iba a haber alguien que le pareciera atractivo un cuerpo con discapacidad o que lo sexualizara. Así que ahí empiezas a notar también el estigma. 

Me he enfrentado a comentarios muy capacitistas, al querer malbaratar mi servicio por el simple hecho de tener un cuerpo con discapacidad. O incluso comentarios de gente pensando que alguien «me tiene trabajando», como si no tuviera autonomía para decidir sobre mi propio cuerpo y mi trabajo.

Has mencionado situaciones de exclusión dentro de espacios de trabajadores sexuales. ¿Cómo opera este capacitismo y esta «infantilización» de la que hablas?

-Hay muchísimo de eso. He vivido situaciones en grupos de venta, que son espacios creados por las mismas trabajadoras para anunciarnos, donde una de mis estrategias siempre ha sido ser muy claro y decir explícitamente en mis anuncios que soy una persona con discapacidad y usuario de silla de ruedas. En algún momento, una chica le puso atención a eso, fue con la administradora y me sacaron del grupo de venta. Me dijo: «es que mis clientes se quejaron de cómo te tengo trabajando aquí».

Se me hizo muy ilógico. Pero ahí ves que está muy fuerte el estigma y esta parte capacitista de infantilizar a las personas con discapacidad y quitarles su autonomía sexual. Es grave porque se piensa que somos seres ‘asexuales’, como angelitos, y eso nos hace más vulnerables. 

O sea, en México la mayoría de personas que viven acosos o violencias sexuales son infancias. Y la gran mayoría son infancias discas, precisamente porque no tienen acceso a una educación sexual y muchas veces estas violencias ocurren dentro del mismo núcleo familiar. Por eso es vital incluso que haya referentes y además, visibilizar que seguimos siendo seres sexuales. Que la discapacidad no es un factor que te impida disfrutar del placer.

-Ante la falta de referentes que mencionas, ¿en qué espacios has encontrado una representación que realmente resuene con tu experiencia no sólo disca y transmasculilna sino erótica?

-Creo que el lugar en donde más he encontra8do algo parecido a mi experiencia ha sido el postporno y los espacios de performance. También en la comunidad BDSM y en las prácticas sexuales alternativas a través de la fetichización consciente. 

—¿A qué te refieres con fetichización consciente?

-Para mí tiene que ver con la experiencia consensuada y consciente en que se le da valor erótico a un cuerpo que se aleja de lo normativo. Es casi como un juego, como las dinámicas kinky en donde se reconocen entre las partes que se tiene esos deseos y fetiches. Y por ende la fetichización consciente es en sí una práctica sexual alternativa. 

Hay una comunidad que en español se les llama «devotos». Es gente que erotiza específicamente a las personas con alguna discapacidad visible, como personas cuadripléjicas o amputadas.

Mucho de mi proceso tiene que ver con referentes como Malicia Sabina, que es de mis mayores maestras en el postporno y de prácticas alternativas. Desde hace muchos años leo sobre esto (postporno) y me replanteo el concepto tan amplio que puede llegar a ser el placer si lo concientizamos. También están referentes como Liz Misterio o la Pornoterrorista; escuchar cómo hablaban de una amplia gama de placer me hizo mucho sentido, me ayudó en mi camino personal y al momento de ofrecer mis servicios.

Como trabajador sexual, ¿qué derechos faltan por garantizar desde tu experiencia?

-Hace falta muchísimo. Para todas las personas trabajadoras sexuales faltan derechos laborales y, sobre todo, derecho a la salud pública. Eso ayudaría a que dejemos de ser una población tan vulnerable. También es urgente la educación sexual para infancias con discapacidad, hablar sin tabúes para poder acompañar correctamente y prevenir violencias. Necesitamos una visión amplia de los derechos humanos de las personas que hacemos trabajo sexual y que somos discas, que se reconozca que cada experiencia es diferente, y que no se patologicen nuestras vivencias.

En la escena ballroom de Guadalajara eres un referente también, ¿qué encontraste en ballroom y cómo ha sido tu camino?

-Llegué al ballroom aquí en Guadalajara a partir de una situación de violencia que tuve con una expareja y la comunidad me acuerpó. Aprendiendo más de la historia, supe que sex siren es una categoría que nace precisamente de las trabajadoras sexuales; era el espacio que ellas tenían para que fuera celebrado ese performance que utilizaban para su trabajo. Me pareció interesantísimo ver ballroom como este escenario que puedes tomar para visibilizar vivencias muy específicas.

Ballroom fue el lugar que encontré para decir: ‘hay cuerpos discas también disfrutando de su sexualidad, ejerciendo trabajo sexual, y también pueden ser bellos y sensuales’. Yo llegué antes de vivirme como transmasculino y fue muy padre hacer presencia en la pasarela para decir que estas corporalidades existimos.

Últimamente me he alejado un poco del Sex Siren para explorar el Old Way y categorías de performance como el posing. Pero la experiencia particular de sex siren para  apropiarme de la sexualización bajo mis propios términos fue fundamental.

Te conocí dando una de tus intervenciones en un espacio sobre placer y goce, una especie de meditación guiada. Allí hablabas de descentralizar el placer de los genitales y del descanso como acto político ¿por qué es importante para ti esto?

-Sí justo fue una meditación guiada pensada en el descanso y el placer. La idea es repensarnos el descanso como algo político y el placer no solamente como lo sexual genital o lo penetrativo, sino como los diferentes tipos de placer que experimentan nuestros cuerpos. A veces, cuando te concientizas de relajarte, te das cuenta de que tienes apretada la mandíbula o tensos los hombros; cosas que haces en automático como en modo defensa de la vida.

En estas sesiones me enfoco mucho en lo sensitivo, en el tacto y el resto de la piel. A mí me remueven mucho los sentimientos, a veces me vienen lágrimas de pura relajación por poder agradecer llegar a ese punto. El descanso nos trae placer, y poder tomarnos ese espacio para repensarnos fuera de la lógica de producción. Es algo que se me hace importante siempre. El trabajo sexual incluso me ha dado la autonomía para decidir mis horarios y darle prioridad al descanso como una de mis principales fuentes de goce.

¿Qué ejercicios recomendarías para reconectar con el placer ?

-Como ejercicio diario, recomendaría empezar a concientizar los momentos que nos permitimos para descansar o hacer actividades que no sean meramente productivas. A veces pasan días y no nos hemos sentado realmente a descansar sin preocuparnos por mensajes o pendientes; es vital saber ‘qué estoy haciendo por mí’. 

Personalmente, reclamo espacios como la comida; el simple hecho de comer algo que me gusta o compartirlo con personas queridas me brinda mucho placer. Y me permití esto después de haber estado mucho tiempo peleado con las violencias que hay a través del alimento hacia las corporalidades.

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