Venezuela: una mirada desde las diversidades y los derechos humanos
La intervención de los Estados Unidos a Venezuela demanda una mirada amplia sobre la soberanía y la autonomía. El rol de las organizaciones LGBT. Opinan Siobhan Guerrero, Raúl Caporal y otras voces de las diversidades y feminismos.

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CIUDAD DE MÉXICO, México. El 3 de enero de 2026 el ejército estadounidense bombardeó la base militar de Fuerte Tiuna, la principal de Caracas, ubicada al sur de la capital venezolana, además de otras ciudades del país. El ataque culminó con el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores. Hasta ahora se tiene un registro de al menos 80 personas asesinadas por el ejército estadounidense.
Desde el lunes 5 de enero Maduro es sometido a un juicio en Nueva York bajo delitos de narcotráfico, terrorismo, corrupción y conspiración, en el que se declaró inocente. Este juicio se extiende a su esposa, uno de sus hijos y otros altos funcionarios de su gobierno.
Esto sucede después de que el 4 de diciembre Donald Trump presentara su Estrategia de Seguridad Nacional (NSS, por sus siglas en inglés). En ella revive explícitamente un “corolario Trump” a la Doctrina Donroe, afirmando que Estados Unidos hará cumplir su dominio regional excluyendo ‘competidores no hemisféricos’ como China y Rusia. El documento prioriza la seguridad nacional estadounidense para frenar la migración masiva y tiene una visión militarista sobre la guerra contra el narcotráfico al calificar a los carteles como grupos terroristas.
Voces de América latina
Referentes feministas y de la diversidad se pronunciaron respecto a lo ocurrido en Venezuela. Incluso desde el Consejo Regional de ILGALAC expresaron su «preocupación por la intervención militar de los Estados Unidos en Venezuela y la escalada de amenazaas hacia países como Colombia, México y Cuba».
En la Argentina, el Movimiento de Mujeres Indígenas manifestó: «sabemos y entendemos que hay intereses terricidas fatídicos detrás las acciones disfrazadas y la peligrosidad que está representando para la vida toda. No se equivocan nuestros hermanas y hermanos originarios en los territorios al denunciar desde hace tiempo, la articulación represora y antidemocrática imperialista aplastando la cultura y libertad de los pueblos en Indoamérica y otros países del mundo.»
Una historia conocida en la Región
Este ataque militar de Estados Unidos en Venezuela reabre la memoria de las intervenciones estadounidenses que hubo en América Latina en el siglo XX. La última vez que el gobierno estadounidense intervino militarmente en la región fue un 3 de enero de hace 36 años. Invadió Panamá y capturó al presidente Manuel Noriega, para juzgarlo también por narcotráfico.
Los hechos provocaron una disputa narrativa alimentada por la polarización que mantiene el gobierno de Estados Unidos sobre “liberar” a un pueblo y “proteger la democracia”. Y por otro lado, la alerta que implica una acción en donde el gobierno estadounidense interviene con el uso de sus fuerzas armadas y discursos autoritarios en la región.
En Presentes conversamos con Siobhan Guerrero, investigadora y filósofa de la ciencia; y Raúl Caporal, activista y presidente de Casa Frida, -organización dedicada a la protección, acompañamiento de personas LGBTI+ migrantes y expulsadas de sus hogares-, sobre las repercusiones de este hecho. Para entender cómo esta intervención no solo afecta la soberanía venezolana y de la región, sino que sirve de “laboratorio para una ideología ‘anti-woke’ que busca desarticular las resistencias colectivas.


La trampa de las agendas acotadas
Para Siobhan y Raúl, el escenario actual en Venezuela y la respuesta internacional liderada por Estados Unidos representan una señal de alarma que obliga a repensar las estrategias de resistencia desde una perspectiva mucho más amplia y menos fragmentada.
Uno de los puntos más críticos que comentan es la urgencia de superar la «visión estrecha» con la que se han construido históricamente las agendas de género y diversidad. Lo cual ha permitido que estos temas sean aislados del contexto político global.
“Esta construcción fragmentada es funcional a intereses ajenos porque no muestra cómo se engarzan los movimientos LGBT y feministas dentro de paisajes geopolíticos más complejos. Esto no nos conviene justamente porque no deja ver que no son temas ni de minorías ni en exclusiva de mujeres. Son temas que tienen que ver con cuestiones geopolíticas complejas, con derechos humanos, con el derecho internacional y con los derechos de convivencia. No solo entre los Estados, sino entre las poblaciones», explica Siobhan.
Y agrega, “lo sucedido en Venezuela representa una afectación al derecho internacional y pone por delante el interés económico, ni siquiera de un país, sino de su élite gobernante. Cuando se pone eso por encima del derecho internacional y además se hace de una manera muy cínica, diciendo, ‘venimos por el petróleo’, hay un mensaje de que todos los marcos de derechos humanos están perdiendo fuerza normativa. Eso es lo grave. Y entiendo que hay población venezolana que lo festeja, que sienten que lo que están viendo es la liberación de un régimen autoritario, pero todo indica que eso no es lo que pasó. De hecho, a Trump no le interesa nada que tenga que ver con derechos humanos ni con intereses colectivos. Es muy claro que entonces no hay ninguna emancipación de nada”.


La militarización no es democracia
Desde el trabajo humanitario que hace Casa Frida, Raúl analiza con una perspectiva atravesada por el acompañamiento a personas venezolanas que huyen de la precariedad y la persecución. Si bien reconoce el «infierno» vivido bajo el régimen de Nicolás Maduro, advierte que “la solución militarista no es un camino hacia la libertad”.
«Ningún sistema democrático se puede restaurar a base de las armas. Nos estamos oponiendo a la narrativa de que las democracias se restauran a partir de intervenciones militares. La diplomacia a lo largo de las décadas nos ha enseñado que hay otras formas… Al final creo que nada va a justificar el uso de la fuerza militar para esto».
Para Raúl, el problema no es solo Venezuela, sino una tendencia regional hacia la toma de instituciones por la fuerza militar. Un fenómeno que se observa en El Salvador, Nicaragua, Ecuador y también en México. «La historia nos lo ha contado ya muchas veces. La toma a la fuerza de las instituciones democráticas, además de su debilitamiento, son a partir de la fuerza militarizante y esto no exenta a México”.
El éxito de la ideología «anti-woke”
Otra de las repercusiones que ven Siobhan y Raúl es la eficacia del discurso de ultraderecha que se cuela para captar apoyo popular en América Latina. Aclaran que hay una conexión directa entre este fenómeno geopolítico, que sirve de catalizador para el avance de la ultraderecha, y el desmantelamiento de los derechos humanos de las personas LGBT+ y de las mujeres en toda la región.
“La narrativa contra lo ‘woke’ se está convirtiendo en un puente para legitimar intervenciones imperialistas. Sirve de laboratorio para una ideología ‘anti-woke’ que busca desarticular las resistencias colectivas”, comenta Siobhan.


“Estados Unidos sí está luchando una guerra ideológica. Ya no solamente hablando de comunismo sino creando otro tipo de enemigos. Y está siendo terriblemente exitoso porque está capturando no sólo a las élites, sino a amplios sectores de la población en países como Chile, Argentina, Brasil y México”.
“Este discurso que han construido anti-LGBT, pro racista, anti-migrante, anti-feminista, les ha servido para legitimar esta intervención en Venezuela. Por eso vemos a los regímenes de ultraderecha celebrar. La población LGBT, sobre todo la más crítica, igual que el feminismo, sí ve esa conexión entre el avance del imperialismo a nivel geopolítico y el retroceso de los derechos LGBT y de las mujeres».
La urgencia por una educación sobre los puebl
Esta “captura ideológica” de la que habla Siobhan se nutre, en gran medida, de una crisis de la memoria histórica en la región sobre las dictaduras y las violaciones de derechos humanos que ha traído consigo las intervenciones de Estados Unidos en América Latina.
En concreto Siobhan explica que no se ha podido educar a la mayoría de la población latinoamericana para reconocer que las invasiones y las violaciones al orden internacional violentan la autonomía de las naciones y afectan directamente a las personas. Y tampoco hay margen a la reflexión cuando se interpela a los actores involucrados en dichos hechos.
«Parecería que la memoria está contenida en ciertos espacios. No hemos sido capaces de crear una memoria transversal. Lo vemos en Argentina, cómo pese a toda la construcción de memoria de la dictadura, llega alguien como Milei y le da una patada a esa memoria. Y tiene un enorme apoyo popular de gente que tampoco parece interesada en esa memoria. Además, muchas veces la interpelación no se recibe de una manera exitosa como una invitación a la reflexión, sino que se recibe como un ataque simbólico que lleva a responder a través de la negación”.
¿Qué pueden hacer hoy los movimientos feministas y LGBT?
Siobhan y Raúl coinciden que para construir una resistencia efectiva es necesaria una alianza transversal entre los movimientos sociales feministas, LGBT+, decoloniales, y no el aislamiento de las causas. Para eso es necesaria una integración de saberes y “combinar narrativas”. Así lo explica Siobhan.
«En la medida en la que se engarzan todas esas luchas, entender qué pasa requiere combinar elementos narrativos de todas las resistencias. Eso requiere salir de nuestros pequeños cuadraditos de ‘yo lucho por esto, tú luchas por aquello’ . Nos toca aprender de geopolítica a las poblaciones LGBT y quienes hacen activismos anti-imperiales tendrán que aprender sobre feminismos y activismo LGBT. Y vamos a tener que cruzar narrativas».
Complementando esta visión, Raúl enfoca esta problemática en la migración. Denuncia que incluso dentro de los movimientos sociales persiste una resistencia por parte de las organizaciones de derechos LGBT+ al no incluir la migración como algo prioritario dentro de sus agendas
“Esta falta de madurez en la agenda política impide ver que el desplazamiento forzado de miles de personas venezolanas no es un tema ajeno. Es una consecuencia directa de la erosión de las instituciones democráticas y de la violencia sistemática que afecta especialmente a personas trans y con orientaciones sexuales diversas. Superar esta visión estrecha implica, entonces, entender que la defensa de los derechos LGBT en México o en cualquier otro país es inseparable de la solidaridad regional y del análisis crítico sobre cómo se están normalizando las intervenciones militares bajo el pretexto de ‘restaurar la democracia’”.
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