ChemSex: sexo, drogas y la necesidad de políticas públicas

El chemsex es la práctica sexual acompañada de drogas: una realidad cotidiana entre la comunidad gay donde hay placer pero también mucho desamparo y la necesidad de políticas públicas.

26 de febrero de 2024
Lucas Gutiérrez
Edición: Ana Fornaro, María Eugenia Ludueña

Con una coreografía heredada de los videoclips que nos legaron nuestras diosas pop de los ‘90, los cuerpos se mueven y se funden deslizándose entre transpiración y lubricante. El sol se filtra y no se sabe si es el de la tarde o la mañana, si es jueves o domingo, porque esto comenzó hace varias horas, a veces hace días. La música es dura y repetitiva. Hay olor a fluidos y perfumes de parejas, triejas y conglomerados sexuales anónimos. Hay caras desorbitadas, otras gozantes. Y hay droga. Droga en líquidos, tubos, alcoholes y sedas. La sacan de medias, calzoncillos, tangas, bolsillos, bolsillitos, fondos falsos de estuches y hasta de culos. Es la estrella de Belén que guía a tantos para reunirse ahí. Se goza, pero se niega desglosar lo sucedido. Un blackout, y otra vez la vida cotidiana. Hasta el próximo colocón. ¿Pero qué pasa cuando ya no se puede esperar más? Cuando el lunes es igual de pasado que el viernes, cuando coger ya no interesa si no es puesto. 

El chemsex es la práctica sexual acompañada de drogas para desinhibir, aumentar la excitación, durar más y potenciar las experiencias. Desde hace algunos años se ha ido convirtiendo en un problema de la salud pública mundial. El uso de sustancias en estos contextos puede conducir a conductas sexuales de riesgo, sobredosis y derivar en problemas de salud mental como depresión, ansiedad y adicciones. Y sobre todo está sucediendo en gays, bisexuales y hombres que tienen sexo con hombres (GBHSH). 

Desde España a los países del sur 

En Madrid entre 2017 y 2021 aumentaron un 602% los casos de personas con adicción que practican chemsex según un informe del Instituto de Adicciones de Madrid. Arrojando que el 99,1% eran hombres, 54% tenían estudios superiores, 40% estudios secundarios, 62,4% estaban trabajando, 42% vivía solo y el estado civil del 80,5% era soltero. 

En 2021 se realizó en España un informe más específico junto a las organizaciones Apoyo Positivo e Imagina Más con población GBHSH en el que se comparte que las sustancias más consumidas eran el alcohol (85,9%), seguida de poppers (78,7%), mefedrona (67,0%), GHB/GBL (65,8%), fármacos para la disfunción eréctil (65,8%), cocaína (53,9%), éxtasis (51,9%), metanfetamina (43,4%), ketamina (40,2%), hachís/marihuana (37,9%), y LSD (11,3%). Las drogas más usadas son las que fomentan la euforia y la duración en detrimento a las más sensoriales y tranquilas. 

Iván Zaro tiene formación en Trabajo Social y Sociología, es activista LGBT+ y de los derechos de las personas con VIH. Forma parte de Imagina Más, una ONG española, y su voz es firme al decir que “no todo consumo de chemsex es problemático”. 

Si bien explica que “algunos de los riesgos están relacionados con algunas sustancias especialmente adictivas como la metafetamina que puede exponerte al desarrollo de adicciones, a la imposibilidad de tener sexo sobrio o de conectar con otros iguales en espacios de ocio que no tengan que ver con el sexo”, destaca la importancia de no demonizar los consumos. 

«También somos ciudadanos»

Tener encuentros sexuales con sustancias es algo que pasó siempre, entre todas las personas más allá de su orientación sexual e identidad de género. El pedido de no estigmatizar es para ayudar a delinear donde sí existe un problema y cuándo esta práctica se convierte en problemática y adictiva. Y los indicadores que suben hablan de varones gays, bisexuales y hombres que tienen sexo con hombres. Este recorte no tiene que ver con algo discriminatorio sino que sirve para abordar el problema con las herramientas necesarias. 

En Madrid tanto la comunidad como el ayuntamiento tienen planes de respuesta a las adicciones pero como plantea Iván: “Estamos hablando de drogas sexualizadas, aquí entra en juego la esfera de la sexualidad, las diversidades relacionales, la diversidad erótica, las ITS (infecciones de transmisión sexual) y algunos centros aún no están al día integrando todo esto dentro de sus acciones”.

En estos casos la especificidad no puede leerse como discriminación sino como una búsqueda exhaustiva y especializada de factores y respuesta. Y sigue: “La comunidad LGTB y queer somos también ciudadanos y ciudadanas y por tanto nuestra cultura también tiene que estar integrada dentro de acciones o respuestas normativas o públicas”. 

Intimidad y salud pública

A Andrés* le gusta coger muy puesto de cocaína. Es alto, musculoso, el pelo rubio lo corona pero también delata una edad. Mientras la mayoría de los hombres heterosexuales a esta edad continúan un proceso de decaimiento físico, en el mundo gay gran parte de los cincuentones se convierten en lo que nos gusta llamar ‘daddys’. Andrés es tremendo daddy. 

“Todavía no puedo disfrutar plenamente de los encuentros sexuales si no estoy drogado. La seguridad que me da el uso de drogas para estabilizar mi cuerpo y para amplificar las sensaciones físicas y mentales no logro me lo dé nada más”, explica.

Tanto las drogas como el sexo operan en nuestro cuerpo como un sistema de recompensa. Estimulan el cerebro creando una euforia que luego, si no consumimos, no podemos generar. Y aunque lo leamos en redes sociales, en papers universitarios y hasta charlas TedX hay algo irrefutable como es la piel propia y esa experiencia. Para Andrés “está bastante fuera de control, lo estoy viendo en terapia y hasta tratando con medicación”. 

Hablar de chemsex es hablar de muchas cosas: de clase, de poblaciones, de acceso a la salud, de educación sexual integral, de relaciones de poder, de vínculos, de goce, de ausencia del Estado, de conservadurismo dentro del colectivo LGBT+, de estigma, de punitivismo, de silencio incluso entre amigxs, de familia, de familia elegida, pero sobretodo es hablar de la necesidad de visibilizar antes de castigar, juzgar o estigmatizar. El goce es posible con y sin drogas. Con y sin sexo. Pero la vida no parece ser posible sin esta urgencia de hablar. Y de repensar, preguntarnos, disentir, acordar, encontrarnos y desencontrarnos.

Si bien son necesarias las políticas específicas sobre GBHSH, ¿acaso el hecho de que falte información, respuesta integral y acceso a la salud no debería ser algo que le interese a toda la sociedad? Si hoy falta acá, mañana faltará allá. 

Las redes y los códigos

Charly es un poco más joven pero comparte mucho del universo de Andrés. Según el informe Aproximación al ChemSex 2021 la mayor parte de los encuentros se arreglan por aplicaciones de contacto en el celular y a través de amigos. En Charly es una mezcla. Su perfil de redes tiene una serie de emojis que desconcertaría a un egiptólogo pero que en la jerga gay son jeroglíficos cotidianos: una nariz, un berenjena y un durazno. A Charly le gusta la cocaína, el pene y el culo. O puede leerse que tiene un gran pene y le gusta que le den por el culo y a todo esto le sumamos esnifar. Si vamos por las letras un VC nos dice ‘vicio’ y un MK no propone jugar Mortal Kombat sino merca y un MB es para morbo.

Días atrás Charly compartió en redes una serie de capturas y de mensajes alertando que alguien que fue a su casa vía Grindr lo había querido dormir, que le había dado cocaína y que luego de eso se empezó a marear y cuando sintió eso logró echarlo antes de sentirse peor. Él también dice no estar pudiendo tener sexo si no es con sustancias. Y esto suma dos riesgos: uno es terminar quedando con cualquier persona sin saber con qué fines viene o nos invita, y otro es que se termina despersonalizando al otro.

“El con quién o el compartir los consumos para mí no es lo importante, hay un grado de cosificación propia y del otro que es extrema. Para mi lo importante fue/es sostener una performance ambiciosa, ambiciosa en su duración en el tiempo, ambiciosa con la cantidad de compañerxs sexuales y ambiciosa en lo extremo de las prácticas y para eso las drogas en el sexo son ideales” dice. Y suma que si te roban o te golpean es difícil ir a denunciar a un sistema de justicia que no está preparado, ni quiere estarlo.

Hace unos meses en Argentina Pablo denunció que en un encuentro de Grindr lo agredieron y la policía a las horas liberó a los atacantes. Gracias a la visibilidad que le dió al hecho aparecieron más casos de estas personas que finalmente y luego de seguir violentando personas gays fueron atrapados. Pero imaginemos tener que denunciar frente a una sistema tan LGBTodiante como es este y a eso sumarle que había drogas. La revictimización es extrema y lleva a la impunidad. 

Los límites

Pero de nuevo, no todo encuentro de chemsex es problemático. Se visibilizan éstos porque necesitan una respuesta urgente, pero hay otros mucho más amorosos que también conviven en nuestra fauna sexoafectiva y consumidora. En el podcast SEIM José Ernesto y Sergio comparten sus experiencias y puntos de vista marica de varios temas. En uno de los episodio José Ernesto contó que cuando organizan encuentros sexuales grupales y van a tomar sustancias como por ejemplo GH (gamma-hidroxibutirato/- gamma-butirolactona – GHB/GBL) tienen una planilla de Excel abierta dónde poder anotar este y otros consumos, la cantidad y la hora. 

“Pasa que crea un poco de disociación, puedes tener lagunas de memoria. Entonces si no lo anotas es muy difícil que sepas exactamente cuando la tomaste y si se vuelve a tomar te puedes pasar. Generalmente hacemos un Excel si estamos en nuestra casa y si no, nos mandamos un mensaje para luego ver la hora de envío y saber cuándo debería salir el próximo”, explica el host del podcast en charla con Presentes. 

Al escucharlo hablar y seguir su cotidiano en redes se puede entrever que estamos frente a una persona metódica, pero además tiene un grupo de amistades y pareja con el que charlar estos temas.

Sus bacanales, que ante una mirada prejuiciosa y falta de información podrían parecer exageradas, no se exceden, pero “hay veces en los que los lunes digo ‘Uy, creo que este finde hicimos un montón, deberíamos bajar tres cambios”.

Cuando Iván Zaro hablaba de las especificidades de ser personas LGBT+ y la necesidad de que esto se contemple en las políticas públicas, ahí se incluye el hecho de que nuestras  nuestras familias suelen ser las elegidas más que las biológicas. 

Los bordes

José Ernesto dibuja en el aire de la charla ese gris tan complicado del momento de decidir cuando estás bien o cuando te pasaste de consumo. 

“Si estás con el hype de la droga, con el hype del sexo, con los sentimientos a flor de piel, con la emoción súper fuerte que te hace sentir invencible, súper energético, poderoso, un ser socialmente activo, con la libido en el techo, en ese momento es cuando menos te preguntas hasta dónde debería llegar, ¿sabes?”.

 Y ahí nuevamente la red de contención se teje con las amistades que están en la ronda, una que te pregunte si necesitas agua, otra que está atenta a tu estado y pueda ver esa cara que uno no registra; esto siempre con ese autocontrol de poder decir “esta vuelta paso, me sumo a la próxima” sin que te genere miedo a perderse algo. 

En el grupo de José Ernesto las cosas son más horizontales, no tan aspiracionales y bastante habladas. Y como el suyo hay muchos dónde el consumo (de drogas y de sexo) es parte de una dinámica que todo el tiempo se autoevalúa, se repregunta, y se piensa. Cada sesión, cada encuentro, abre un nuevo universo de posibilidades, si bien hay muchos factores a tener en cuenta, no deja de ser una moneda en el aire girando. Cara o cruz.

Placer y dolor

El fisting es una práctica que requiere procedimientos de cuidado y un conocimiento de la actividad. Y aunque de placer y sea en un contexto consentido, a veces algunas drogas hacen que pierdas el registro de ciertas alertas que da el cuerpo. Del “esto mañana va a doler” a “vamos a la guardia del hospital” puede haber poca diferencia. 

¿A dónde y a quién se le puede reclamar si en algún momento de consumo perdés la conciencia y al incorporarte tenés a alguien penetrándote o manoseándote? Esto es un abuso, no hay medias tintas. Pero cuando quién lo denuncia es una persona LGBT+ y además en un contexto de uso de drogas, la justicia no se implica. Muchas veces los activismos tampoco.

“Cuando hablamos de esta realidad es importantísimo no juzgar a las personas que lo practican o que tienen un consumo problemático, conocer cuáles son las motivaciones, los riesgos y establecer respuestas adultas dirigidas a personas adultas, no infantilizar. Es importantísimo como para vencer el estigma hacer uso de la palabra y sobre todo aproximarnos, no hablar desde una superioridad moral”, dice Iván Zaro.

Chemsex en México 

Es difícil pensar que bajo el término “chemsex” se puedan agrupar todas las prácticas y consumos, pasando por alto las diferencias de clase social y geografías. 
“La clínica y la Academia le roban cosas a las comunidades. Deciden nombrar una práctica de una comunidad de hombres que tienen sexo con hombres en Londres y lo exportan a todo el mundo cuando a lo mejor no tenía nada que ver con nuestra experiencia como  latinoamericanos”, dice Pablo Caisero. Él se presenta a sí mismo así: “Pablo vive con VIH, es drogadicto y puto”. Actualmente colabora con Inspira Cambio A.C. Es una organización de la sociedad civil con base en Ciudad de México donde se promueve y defiende el libre y responsable ejercicio de la sexualidad y la reducción de riesgos y daños para las personas consumidoras de sustancias.

Pablo cuenta su historia con la risa e irreverencia del sobreviviente, muy lejos del drama y con los dedos plagados de una realidad tangible para todes. “Yo no maldigo ni le echo la culpa a ninguna sustancia de nada. Yo soy un adicto diagnosticado clínicamente, además de joto (gay) y de sidoso”, dice con total impunidad entre risas que saben que cada palabra suya es molotov. 

Su adicción estalló con el consumo de cristal, un estimulante del tipo anfetamínico (ETA) que según el Observatorio Mexicano de Salud Mental y Consumo de Drogas aumentó un 80% en ese país durante 2022. El peor momento lo cuenta con sensaciones, no con hechos: “Vinieron un montón de sentimientos y emociones que yo no conocía. Que decía que las conocía pero en realidad no las conocía. Fue una cosa muy desbordante. Era mucho dolor. Me di cuenta que para volver a sentir eso tenía que ir por más cristal. Pero el tema es que cada vez era más violento conmigo y mucho más triste con más gente”. En ese momento decidió pedir ayuda, quería abrazar todo lo maravilloso (y no) de la vida pero sin esto. “Y creo que lo he podido hacerlo. lo que pasa es que el cristal abraza toda tu vida y luego no te suelta”.

“Hasta ahorita el estado no ofrece muchas opciones en el cuidado de la salud mental. Menos en el cuidado de la salud mental de las personas que consumen sustancias. El creciente uso del cristal ha expuesto que el acceso a la atención para personas usuarias de sustancias es muy limitada”, dice Misael Muñoz, activista VIH+ y también parte de Inspira Cambio A.C.

“No se habla del tema porque al ser una actividad criminalizada, automáticamente está estigmatizada y viceversa, las políticas prohibicionistas de los gobiernos en México no permiten que haya información basada en ciencia y en investigación real”, continúa Misael. 

Pablo se crispa al hablar del Estado: “que no estorbe”, dice y ríe. Pero luego se pone serio: “Estamos perdiendo vidas. Trabajo, dinero, casa, es decir estamos perdiendo el sentido de vida”. Y se pregunta qué puede hacer un Estado puntivista ante esto que termina siendo ”una selección de las vidas que sí valen la pena vivir y las que no. Necropolítica”, y deja en el aire este término que recupera Paul B. Preciado y remite al uso del poder social y político para controlar la vida (y la muerte) de las personas. 

ITS y estigmas

El VIH es parte de las ITS relacionadas a esta actividad. A veces las personas ya llegan con un diagnóstico, otras lo descubren durante o después. El descontrol y la euforia muchas veces lleva a no usar preservativo y los resultados positivos también incluyen clamidias, gonorreas, sífilis y hasta hepatitis. Y de nuevo: ¿quién puede comprar medicamentos? ¿Cuánto tardas en ser atendido en una clínica privada y cuánto en un hospital público? Incluso dentro del arcoiris de la diversidad cada uno tiene el color que puede comprar. 

“La sociedad en general estigmatiza las prácticas que se centren en el placer. La herencia de las religiones y los régimenes que establecen la concepción o la familia como el centro de cualquier actividad sexual nos han heredado también la culpa sobre cualquier práctica que salga de estos márgenes, por eso la sexualidad diversa es considerada en gran parte como abyecta o disidente y esto incluye a prácticas desde el BDSM hasta el Chemsex. Es crucial que abandonemos estos patrones de pensamiento y entendamos que también es válido ejercer la sexualidad para sentir placer y abordar desde ahí las prácticas”, explica Misael. 

Crisis y la necesidad de encontrar nuevas palabras 

Actualmente en Argentina en contexto de crisis, inflación y un gobierno que llevó los precios a la estratósfera la terapia pasó a ser un lujo. Con medicamentos que aumentaron más de un 40%, sistemas de salud prepaga que aumentaron un 100% (y no tienen techo) y las sesiones de psicología y psiquiatría también se encarecen. Y esto sin contemplar internaciones. 

En este contexto, el término ‘chemsex’ parece algo lejano. Se llega a naturalizar que en las fiestas o encuentros “alguien se de vuelta”. No hablar de lo que está sucediendo impide tener registros que se traduzcan en acciones. En este contexto algunos espacios de encuentro como la Fa Got Party organizó en junio del añó pasado un conversatorio para hablar de políticas públicas en reducción de riesgos y daños, salud sexual promiscua, ITS, consumos y los roles de les actores de la escena de la nocturnidad. 

Fa, uno de los organizadores, sabe lo que significa la ausencia del Estado y suma la necesidad de que en estas realidades también hablemos entre las amistades: “Creo que al haber más información hay menos estigmatización”. Y junto a más espacios como Carroza Loca invitan a bailar y recolectar insumos para las compañeras que están en situaciones más vulnerables. Esto que se canta en las marchas de “me salvan mis amigas, no la policía”, se hace carne y baile.

Pero muchas veces esa ausencia del Estado que tanto se denuncia es acompañada de un silencio muy selectivo por parte de la sociedad que solo elige hablar en determinadas situaciones. Como cuando en 2022 el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires había lanzado una campaña concientizar sobre el uso de drogas y el aluvión de críticas no se hizo esperar. Y eso que ni se estaba hablando de sexo, ¿se imaginan esa combinación en boca del Estado? Los conservadurismos que nada dicen ante las muertes y vaciamientos de programas de respuesta a la salud mental sí se pronunciaron contra esta iniciativa. 

Un poco de esperanza

“Ha sido un camino muy doloroso”, cuenta Pablo y por primera vez el tono se le quiebra. Y no es todo por la droga, pide -demanda- que le quitemos esa agencia a una sustancia “como si fuera por ella todo lo malo que nos sucede. Se crían seres humanos insensibles, incapaces de hablar, incapaces de expresarse. Ese es el verdadero problema”. 

La expresión es vital en él. Cuando estaba en rehabilitación leía a Bell Hooks, Paul B. Preciado y al momento de repensar el término “chemsex” cita a la filósofa, poeta y ensayista Sayak Valencia quien recupera la necesidad de crear “gramáticas de las disidencias”. Y completa: “las gramáticas de las disidencias son las que harán las revoluciones próximas. Tenemos que volver a nombrar las cosas incluso si ya sabemos cómo se llaman bueno, ponerles otro nombre y además apellidos, eso se me hace clarísimo”.

Pablo sigue trabajando junto a Inspira Cambio en actividades de capacitación y acompañamiento. Cuando se le pregunta cómo se ve a sí mismo en este momento,  responde con una frase del político, dramaturgo, ensayista y último presidente de Checoslovaquia Václav Havel: «La esperanza no es la convicción de que las cosas saldrán bien, sino la certidumbre de que algo tiene sentido, sin importar su resultado final. Mi situación hoy es: esperanzado”.

* Algunos nombres fueron cambiados a pedido de los entrevistados para resguardar su intimidad.

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