Manolo Forno: “El clóset nos lleva a estar en una condición sumisa frente al sistema heteronormativo”

El activista peruano, Manolo Forno, publicó el libro ¿Rosca o imitación de rosca? donde cuenta su vida y la historia del movimiento LGBT de Perú.

7 de diciembre de 2023
Verónica Ferrari
Edición: Maby Sosa

LIMA, Perú. ¿Rosca o imitación de rosca? son las memorias de Manolo Forno, cusqueño, activista gay histórico con 70 años recién cumplidos y uno de los fundadores del Movimiento Homosexual de Lima, la organización lgtbiq+ más antigua en funcionamiento en Latinoamérica.

No es toda su vida, como él muy bien comenta a Agencia Presentes en esta entrevista. Pero es parte de ella y de lo que quiere dejar a las nuevas generaciones, para compartir el dolor y la alegría, las heridas y los sueños, las frustraciones y las esperanzas de una comunidad que aún sigue luchando por sus derechos en el Perú frente a los avances fundamentalistas y la ausencia de leyes que lxs protejan.

Cómo contar la historia LGBT+ en Perú

-¿Cómo te animaste a escribir tus memorias?

-Desde hace tiempo quería escribir cómo se había gestado el movimiento lgtbiq+, como se había desarrollado, cómo se habían construido las relaciones entre los grupos identitarios y las organizaciones. Qué era lo que realmente pasaba, si todo estaba bien, de qué manera podíamos resignificar y reconstruir nuestra historia. Siempre he dicho que nuestra historia está detrás, o lo que mucha gente conoce sobre nosotros es en función de la mirada de los heterosexuales y bajo la regla de la heteronormatividad. Eso me dio ánimos, impulso y ganas de escribir mis memorias.

Por otro lado, cuando termino mi maestría e intento tres veces hacer mi tesis de la maestría de Género, Sexualidad y Políticas Públicas, no encontraba ese vínculo entre lo que realmente yo había vivido y lo que planteaba la estructura metodológica para elaborar una tesis. Y siempre, en los intentos que tuve, los abandoné, eso me llevó a pensar en que tenía que escribir. ¿Pero a partir de qué? A partir de mí. Qué significó el ser maricón en la vida de Manolo Forno, pero no solamente desde el punto de vista del yo, de la parte identitaria, de este sentido de mismidad, sino también analizar el contexto social y político de lo que yo estaba viviendo en esos momentos. Y analizar las movidas de nosotros al interior del movimiento lgtbi. De esa manera, empecé a construir mis memorias, a elaborarlas, a escribirlas.

-¿Cómo fue el proceso de escritura y cuánto tiempo te demoró empezar y terminar el libro?

-Tuve un proceso de más o menos un año y medio en el que yo me animé. Fue un noviembre o diciembre del año pasado en donde participé de un taller de escritura, entonces empecé a contar historias. Al mismo tiempo, traté de identificar cuáles eran los hitos hacia afuera de los escenarios públicos y políticos que quedaron marcados en mi vida. Y medio año en toda la cuestión de la aceptación del libro con la editorial y la revisión de los textos por la correctora de estilo.

Contar, un acto fundamental

-¿Por qué son importantes estos testimonios?

-Son necesarios estos testimonios, porque nos vuelven no personas fantásticas, sino personas de carne y hueso, que hemos vivenciado claramente muchas cosas. Lo que significa el bullying, la violencia, el abuso sexual, en una sociedad que nos constriñe y que constantemente nos está recordando que somos extraños. Que no tenemos los mismos derechos, porque somos diferentes a ellos y que, además, la sociedad ha sido construida para ellos. Y que es mejor que nosotros entendamos que la única manera de vivenciarlo es siendo como ellos.

Entonces, empecé a escribir agarrando todos estos puntos para que las personas que han vivido su condición, ya sea por orientación sexual, por identidad de género, por ser mariconas, lecas, hombres o mujeres trans o personas de género no binario puedan identificar cuáles son los puntos en común que tienen mis vivencias con sus vivencias. Y qué podemos hacer para sacar de manera pública y no entre cuatro paredes esto. Porque lo que no se nombra no existe, y eso es parte fundamental. Nosotros somos cuerpas políticas, tenemos que salir adelante, eso para mí fue fundamental.

Lo que espero es que todas las mariconas jóvenes puedan leer lo que yo he escrito. Si hay alguna que se identifique, y encontrar y ver la manera cómo lo resolví. Para mí hay algo muy claro, que el clóset, el mundo privado, a lo único que nos lleva es a estar en una condición sumisa frente al sistema heteronormativo, frente al sistema patriarcal que nos ha construido. Y tenemos que resignificarlo, reconstruirlo, salir de ahí, transformar las cosas y vivir nuestra vida con orgullo y dignidad por ser mariconas, tracas, lecas, personas de género no binario, intersex. A mucha honra, a mucho orgullo, con mucha dignidad me enfrento a esta sociedad, porque soy una persona.

Acción del Movimiento Homosexaul de Chile, 1995.

Lo personal es político

-Hace poco te casaste con el amor de tu vida, con quien llevas 29 años juntos, ¿cuál es el secreto para tener una relación tan duradera?

-Me casé en México hace poco, pero yo convivo con Martín desde hace 29 años. Creo que no hay un secreto, hay una continua reflexión sobre tus procesos personales, entre lo que son los orígenes de tu familia, es como hacer una interseccionalidad interna. Aparte de eso, tener la capacidad de poder aceptar al otro tal cual es. No podemos pensar que nos metemos con alguien para que cambie, y a partir de ese proceso de reflexión conjunta, encontrar y construir una relación basada en los consensos. En tratar de no ocultarse las cosas, de no mentirse, de decirse las cosas con claridad, y frente a los nudos y las cosas que nos entrampan la vida como pareja, empezar a hablar, encontrar caminos para resolver. Y, para eso tenemos que consensuar.

Ahora, si hay espinas, heridas, historias de nuestras vidas pasadas que nos impiden consensuar con nuestra pareja, es ahí donde tenemos que recurrir a la psicoterapia. Voy a psicoterapia, mi esposo va a psicoterapia, cada uno por su lado, porque creemos importante que, para encontrarnos en la plenitud de nuestras vidas, y poder tener los recursos suficientes para amarnos, tener placer, tener confianza y construir algo entre los dos debemos resolver los nudos que tenemos cada uno de nosotros como personas.

Eso implica las traiciones, la inseguridad, el bullying, la violencia, la discriminación, el abuso sexual, muchas cosas. Hace que la relación constantemente se vaya construyendo. Hemos tenido momentos en los que hemos pensado en separarnos, pero a partir de esa reflexión nos hemos preguntado por qué y hemos asumido que somos así. Somos diferentes, él no me tiene que cambiar y yo no lo tengo que cambiar y adelante.

Otra de las cosas importantes dentro de ese consenso es aceptar a las personas tal cual son, por ejemplo, yo soy una persona abiertamente fuera del clóset, Martín no. No ha sido fácil para él convivir con Manolo Forno. Y para mí no ha sido fácil convivir con Martín. Eso lo hemos trabajado durante mucho tiempo y hemos llegado a acuerdos, sabemos las maneras por las cuales podemos convivir de una manera muy buena con los conflictos consensuados

Las canciones de la vida

-Tu libro es muy musical, ¿qué querías reflejar con ello?

-El libro tiene seis canciones, porque esas canciones son muy importantes como parte de la construcción de mi memoria dentro de la historia del movimiento lgtbi. “Yo te amo”, la canción de Sandro, tiene para mí un vínculo muy claro: el amar a una persona de tu mismo sexo cuando tenías 17 años y no se hablaba en 1970 del tema en absoluto. Para mí era “por ese palpitar que tiene tu mirar, yo puedo presentir que tú debes sufrir igual que sufro yo por esta situación” de amarnos, y quedó marcado toda mi vida. La canción de Alaska y Dinarama que está en función de “A quién le importa”, eso fue cuando ya Manolo estaba construyendo su mariconada, estaba enfrentándose a la vida, estaba empezando a sentirse orgulloso y quería alcanzar una vida digna y con respeto de los derechos humanos como cualquier otra persona.

La otra canción («Sálvame») es una canción que me recuerda mucho el trabajo en Villa El Salvador y lo que significa el vincularte con una organización de ahí. Y qué es lo que significa para ellos trabajar en condiciones de mucha pobreza y enfrentarse a la vida por ser marrones, por ser pobres y por ser maricones o travas. Esa canción me movilizó mucho y la recuerdo por un trabajo con niños.

La canción final («El pueblo unido jamás será vencido») es una canción intervenida, porque es lo que yo espero que el movimiento lgtbiq+ tome. Tome en el sentido de que es lo único que, en esta situación de contexto y coyuntura política en la cual nos movemos, lo único que queda es unirnos, consensuar y construir una agenda, y enfrentarnos al patriarcado, a los heterosexuales y plantear que la heteronorma lo único que nos genera es una violencia estructural.

El valor del arte

-En tu libro cuentas que el teatro, por un lado, y la terapia, por el otro, te ayudaron a curar una serie de heridas dolorosas que te dejaron en la infancia, adolescencia y juventud, ¿se lo recomendarías a los jóvenes que sufren actualmente?

El teatro me ayudó a aceptarme, a reconocerme a mí mismo y a saber que tenía esas heridas dolorosas. El teatro me ayudó a que esas heridas dolorosas y sangrantes que estaban lacerando mi vida vayan cicatrizando y me den fuerza para seguir adelante; además, por un lado, me dio elementos para construir recursos para protegerme; y, por otro lado, para entender a la sociedad que está a mi alrededor, y, por último, para conocer a las personas.

A través de la terapia yo me he encontrado con todos los procesos de vida que pensé que estaban cerrados. Pero en realidad no, estaban abiertos y dificultaban el fortalecimiento y la durabilidad de mi relación con Martín. Había que abordarlos y tocarlos con una persona que me ayude, no que me dé las respuestas, sino que me permita analizar para que yo pueda tomar las decisiones adecuadas en mi vida. Eso ha sido importante.

Yo creo que para todas las infancias, adolescencias y juventudes lgtbiq+, pero también para las otras, el teatro te ayuda a remirar el mundo, a remirar a las personas, a conocerlas e identificarlas. Y la terapia te ayuda a encontrar dentro de ti, en tu mismidad, esas cosas que pueden ser también buenas, pero a la vez un lastre para que cierres los ojos y no puedas salir adelante. Porque lo importante para nosotros es que podamos tener una vida digna, orgullosa y en la cual se nos respeten nuestros derechos.

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