Coser para enfrentar la crisis: trabajo y diseño diverso en la cooperativa textil Claudia Pía Baudracco

La cooperativa Claudia Pia Baudracco funciona en Moreno. Brinda talleres de capacitación y trabajo a un grupo de personas trans.

28 de julio de 2022
Vanina Pasik
Ariel Gutraich

BUENOS AIRES, Argentina. La textil Claudia Pía Baudracco busca resolver dos problemas a la vez: crear una fuente de trabajo estable -cooperativo y comunitario- y confeccionar prendas que el mercado no ofrece: ropa sin género, talles grandes con diseños para jóvenes conurbanes, binders para moldear torsos masculinizados, por ejemplo. Además, la textil autopercibe su propia existencia y visibilidad como un hecho político.

Sobre una callecita recién asfaltada hay una piecita separada, adelante del chalet donde viven Bruno y Seba, en Trujui, partido de Moreno. Está en el fondo del segundo anillo gris que rodea la Capital, donde la trama urbana se desgrana. Se casaron a principios de 2022, aunque, aclaran, “están juntos hace años”.

En un jardín pequeño, un árbol ofrece mandarinas dulces. Para llegar hay que atravesarlo, allí se abre la puerta y lo primero que ve en la pared opuesta a las dos máquinas, es un mural que pintó Eideen (20) con su hermana.

– ¡Y yo también di algunas pinceladas! – grita alguien desde el fondo.

El mural de Claudia Pía Baudracco sintetiza la identidad colectiva. “Se caminó todo el país”, subrayan, “para construir la ley de identidad de género (que no llegó a gozar), la ley de matrimonio igualitario, fundó ATTTA (en 1995), lideró el movimiento por la derogación de códigos de faltas discriminatorios en 15 provincias (lo logró en 14). Y en 2005 fue miembro fundadora de la creación de la FALGTB”, enumeran casi sin respirar.

El taller de la cooperativa se ubica en el municipio de Moreno, Buenos Aires.
Foto: Ariel Gutraich

Generar trabajo luego de la crisis

“Es muy complicado para las masculinidades trans, y mismo para las mujeres trans, conseguir un trabajo estable”, lamenta Eideen, con la crisis post pandemia como escenografía.  “Y más difícil es que te respeten como uno es”, agrega. Afirma que está dispuesto a trabajar muchas más horas cuando el negocio empiece a rendir frutos.

El rubro textil tiene mala fama: explotación, malos tratos, trabajo no registrado, mal pago, cuerpos uniformes. La Claudia Pía se propone encarar este oficio con otra perspectiva, con otro trato y de forma autogestiva.

El espacio primero es escuela, y reconoce económicamente el tiempo que se requiere para la capacitación en el oficio. El grupo está conformado por 14 personas, que por ahora se encuentran aprendiendo a usar las primeras dos máquinas -una recta y una Overlock-. Dos veces por semana y durante cuatro horas se dedican a coser carteritas y riñoneras, con retazos reciclados, para sí mismes. El objetivo es aprender los gajes del oficio. Ahora que concluyeron una primera etapa de formación, empezarán a producir para vender, y lo recaudado será para fortalecer el emprendimiento.

Las clases están a cargo de Seba, que ostenta 25 años en el rubro textil; y Lidia, dueña de @bychabelita (en IGM), emprendimiento que (la) sostiene desde hace 10 años.

Un lugar para trabajar con amor

Mientras Eideen fuma en el jardincito se presenta: “Soy un varón trans bisexual. Nunca tuve la aceptación de mis padres, no saben que soy una masculinidad trans, tampoco lo aceptarían si se enteraran. Encontré este espacio en el cual me siento cómodo”. Agrega que siempre vivió en Las Catonas, un complejo habitacional de 1.600 unidades construido por el FoNaVi entre 1978 y 1989.

A los 16 años, en 2018, Eideen estaba pasando un momento difícil, en situación de calle, y pidió ayuda llamando a un 0800 del INADI. Leandro, un empleado sensible, con su mamá, Zulma, le acercó un bolsón de alimentos, y se hicieron amigos. En 2020, cuando ingresó como directora nacional Ornella Infante, la pusieron en contacto con Vale Roxy, militante del peronismo diverso de la zona noroeste de conurbano, que se acababa de mudar a Moreno. Andaba buscando encender el motor de la textil trans, muy cerca de su casa. “Vine a una primera reunión y me sentí bien por las buenas vibras de la gente”, recuerda.

Cada vez que busca trabajo, la conversación se repite:

-No, acá están buscando hombres.

-Pero yo soy un hombre.

-No, pero… 

Diseñar y producir para todes

Eideen sigue buscando otro trabajo. Pero, sobre todo, desea hacer binders al por mayor, para que a nadie le falte. “Me he vendado con faja postquirúrgica, con retazos de tela, y eso te llega a lastimar. Las vendas te cortan y te queman. Tengo todas las cicatrices y con el tiempo te puede llegar a agarrar cáncer”, explica.

“Yo a los 13 años no sabía, y lo primero que agarraba eran vendas. Y es un problema de salud a futuro que estaría bueno evitar, y que estuviera como contenido de ESI (Educación Sexual Integral) en todas las escuelas”, completa.

Su novio también es una masculinidad trans, que está teniendo problemas de discriminación en la escuela secundaria (tiene 17 años). Tanto Eideen como su grupo lo están acompañando en el diálogo con las autoridades. Lo mínimo que necesita una masculinidad trans en su adolescencia es poder cubrir su cuerpo como se le antoje, construir su imagen.

“Un binder sale 6.000 pesos, y nosotros lo podemos fabricar por mucho menos”, dice ahora Gaby. “Y para nosotres poder darles una mano a las diversidades es un montón. Es algo que nos atraviesa, que nos interpela, porque somos todes personas que venimos de espacios dónde hemos sido discriminado/a/es. Desde muy jóvenes”, saca cuentas Gaby, que tiene 35 años y una migración de por medio. “Yo vengo de Córdoba, una provincia que es bastante conservadora”, y para colmo de Alto Verde, un barrio “cheto”. Como lesbiana no binarie, se asentó en Moreno, el segundo distrito más pobre del Conurbano bonaerense, donde vive de una manera “mucho más fluida”, trabajando mientras toma mates compañeros, con una vida “comunitaria”.

“Y este espíritu también se refleja en los productos, pensando en causar un impacto social”, advierte. 

Cooperativa textill Claudia Pia Baudracco.
Foto: Ariel Gutraich

Espíritu de lucha  

“Acá nos organizamos con compañeres de todas las diversidades, y para poder tener una base, un ingreso, les compañeres son parte del Programa Potenciar Trabajo. Tal vez a las personas travestis y trans les cuesta mucho más el acceso a la educación y a la salud. Pero a las lesbianas, no binaries, y maricas del conurbano también nos cuesta conseguir trabajo por nuestra expresión de género”, aclara Vale Roxy (38). Ella es lesbiana no binarie, respecto de la amplia composición de la colectiva, que articula con el Estado en sus distintos niveles. 

Antes de recibir las máquinas ya habían hecho una primera capacitación con el IMDEL (Instituto Municipal de Desarrollo Económico Local de Moreno). “En el armado de la unidad productiva algunos nos estamos encargando de la gestión del entramado institucional, el armado de la cooperativa, para poder hacer convenios con el municipio y demás áreas institucionales”, cuenta Vale, que también trabaja en el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad de la Provincia de Buenos Aires.

En Moreno la relación con el municipio está allanada, porque desde diciembre de 2019 gobierna Mariel Fernández, la primera intendenta mujer, feminista, y de una organización social (el Movimiento Evita).

La textil también cuenta con el apoyo del INADI, y con una estrecha relación con Onella Infante, a quien Claudia Pía despertó a la vida política en su Santiago del Estero natal. El próximo paso es la máquina que sirve para el armado de las prendas y tapa costuras, la collareta, y la inclusión en ferias de todo tipo, para vender la producción, además de las ventas online y la difusión por redes sociales.

La Claudia Pía produce prendas para que abracen cuerpos rebeldes, pero tal vez su producto más valioso sea el espacio de conversación, visibilidad y lucha. Como remarca Gaby: “Nosotres somos del conurbano, somos pobres, somos travas, tortas, putos”, y “esa identidad es una fortaleza para llegar a más lugares, para competir con el mercado, un mercado para el que somos invisibles”.

Talleres de la cooperativa textil Claudia Pia Baudracco.
Foto: Ariel Gutraich.

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