Una patota atacó a mujeres campesinas y a una niña en Santiago del Estero

Fue en una vivienda rural de la comunidad La Armonía. Luego de atacar a la familia, quemaron el rancho donde vivían.

SANTIAGO DEL ESTERO, Argentina. El miércoles 29 de junio a la madrugada, una patota de más de 15 hombres encapuchados y con armas se presentó en una vivienda rural de la Comunidad La Armonía, a 60 kilómetros de Monte Quemado (Santiago del Estero), atacó a la familia que la habitaba, quemó el rancho y muchos de sus bienes, denunció el Movimiento Campesino De Santiago del Estero (MOCASE).

La vivienda estaba habitada por dos mujeres, una niña y un joven. “La nena quedó asustada, ve luces o escucha ruidos y se alarma” contaron las mujeres a Presentes. “Cuando duerme tiene pesadillas”. Por los golpes que recibieron, lxs adultxs sufrieron heridas físicas y la niña, un fuerte impacto emocional y psicológico. Las víctimas realizaron la denuncia, pero reclaman que hasta el momento la justicia y la policía no se presentaron en el lugar.

Qué pasó esa noche

Días después de la agresión, Caterina Goncebat está junto a su familia y algunos compañeros del Movimiento Campesino de Santiago del Estero en el mismo campo de donde fueron echados por una violenta patota hace apenas unos días.

De acuerdo a la denuncia de la familia agredida, los atacantes llegaron en dos camionetas. Rosa Mazza, de 60 años, y Ángel Goncebat fueron hasta el portón y les pidieron que se fueran. También estaban allí Caterina Goncebat y su hija Antonia.

“Esa noche estábamos mi mamá, mi hermano, mi hija de cuatro años y yo. Eran las 1.53 de la mañana cuando llegaron dos camionetas. Se acercaron mi hermano y mi mamá a ver quiénes eran. Mi hija y yo nos quedamos dentro de la casa”, cuenta Caterina, de 22 años.

 “Cuando llegaron a la camioneta estos hombres se bajan apuntando a mi hermano y mi mamá con las escopetas. Ahí nos dijeron que nos fuéramos o nos iba a sacar ‘por las buenas o las malas’”, detalla.

El hermano, cuenta, sacó su teléfono para filmar. Los agresores lo golpearon, les quitaron el teléfono a él y a Rosa, la mamá de Caterina e ingresaron a la casa. “Desde donde ellos estaban hay más o menos 50 metros hasta la casa, desde ahí vinieron golpeando a mi mamá y a mi hermano y nos sacaron a nosotras”, cuenta.

Los cuatro pudieron subir a la camioneta de la familia. “Tenemos una camioneta viejita, no nos dejaban salir y a mí me querían quitar la nenita para que yo les entregue el celular, porque había podido filmar algo. Afortunadamente no pudieron porque arrancó la camioneta y logramos salir. Fue una locura, nos tiraban con balas de goma y cartuchos de escopeta”, detalla la joven.

«Cuando pudimos salir ellos nos hacían tiros de atrás para la camioneta. Nos fuimos y quedaron aquí, quemaron lo que había. Lo que no podían llevar lo quemaron», relató.

Una situación común: empresarios apropiadores

Al día siguiente la familia regresó al lugar porque luego de hacer la denuncia les dijeron que iría la policía a constatar los hechos. “No vinieron ese día, esto pasó hace cinco días, todavía no aparecieron. Hace dos días nos informaron que esperan una supuesta orden de Santiago capital para que la policía pueda ingresar con el patrullero. El tema es que los rastros se van borrando. De hecho, los rastros de la camioneta, con el viento ya casi no se ven”.

Caterina cuenta que las tierras son de los pobladores y que estas situaciones de empresarios apropiadores son comunes. “Somos nacidos y criados acá. De todas las partes, cuando hubo problemas, las autoridades no actúan. Cuando los campesinos hacen las denuncias no vienen, pero cuando nos denuncian a nosotras vienen en ese momento, para agarrarnos a nosotros.”

Una película de terror

“Parece una película lo que vivió esta familia y esta nena” expresó Rosa Córdoba, consejera de la comunidad indígena de origen lulevilela. “Rosa está golpeada, haciendo tratamientos para recuperarse y a Ángel le pegaron mucho”.  

Cuando la familia huyó, los atacantes quemaron el rancho en el que vivían, un corral con gallinas y patos adentro, herramientas de trabajo y se retiraron llevándose celulares y una motocicleta.

“Sabemos quién es porque es la única persona que disputa el campo. Las camionetas entraron por el campo de él”, dice Caterina.

La joven se refiere al empresario Matías Orue quien asegura ser el dueño del lugar. “El conflicto con el empresario cordobés Matías Orue comenzó hace un tiempo” contó. “Él dice que compró estas tierras a familias de otra localidad, pero en el año 2006 hicieron un relevamiento y establecieron que este territorio pertenece a nuestra comunidad. Desde el 2012 tenemos reconocimiento de los estados provincial y nacional a través de la personería jurídica Nº 174”.

“Cada vez que quería cercar”, explicó, “nosotros le sacábamos los alambres, pero en las últimas semanas quiso arrendar estas tierras entonces una familia se quedó a vivir en el lugar porque nosotros queremos cuidar nuestro monte. Cómo puede ser que venga un empresario a querer tirar todo un bosque”.

La organización de las mujeres

La Armonía es una comunidad del Pueblo Indígena Lule Vilela, ubicada a 60 kilómetros al noreste de Monte Quemado, en la provincia de Santiago del Estero. “La comunidad del pueblo lule vilela es un territorio organizado hace 20 años por el Movimiento Campesino de Santiago del Estero (MOCASE). Desde sus comienzos en ese territorio han sido las mujeres las que han encabezado la lucha, la resistencia en defensa de sus no solamente hogares y de todo el territorio”, dice Deolinda Carrizo.

“Las mujeres son las que han salido a parar las topadoras, a parar los alambradores o a cortar alambres, a correr a quienes estaban usurpando productos forestales”, agrega. “Todo se lleva con organización, una organización mixta, pero con mujeres conduciendo y llevando adelante la organización y estrategias territoriales.

“Los compañeros han estado también, pero han sido ellas las más activas. Son las compañeras quienes tienen esa impronta enorme de participación. Ellas han construido en Monte Quemado un Centro Integrador Juana Azurduy. Recuperaron un espacio que estaba abandonado y han puesto el cuerpo limpiando y acomodándolo. Ese centro hoy está en funcionamiento”.

Un relevamiento fundamental

Las inquietudes de las mujeres de La Armonía terminaron en grandes logros. Por ejemplo, un relevamiento territorial en el marco de la ley 26.160 del cual se sabe que en ese territorio hay 400 familias en 38 parajes de aproximadamente 60 mil hectáreas.

“Ellas controlan o sostienen como territorio de vida, de producción, desde generaciones. Esto es una cuestión que está presente en todo”, cuenta. “Rosa, la mujer golpeada es nacida y criada en ese territorio. Tiene 65 años”.

El empresario Oure intenta desde hace un tiempo meter las máquinas y los tractores en ese lugar y Rosa lo denunció. “Ella no dejaba ingresar las máquinas y esa es la respuesta que han tenido”.

La provincia con mayor cantidad de desmontes

De acuerdo a un estudio elaborado por la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (FAUBA), “durante el período 2000-2012 la tasa de transformación relativa de bosques nativos por cultivos de grano en Santiago del Estero fue mayor a la producida en la ecorregión entera, en Sudamérica e incluso en el mundo”.

Según detalla el informe, “se calcula que en Santiago del Estero se desmontaron 4 millones de hectáreas entre 1976 y 2012. El 50% de esa superficie (2 millones de hectáreas) se desmontó entre 2000 y 2012”.

Agrega que, en 2019, Greenpeace Argentina informó que Chaco (130.177 hectáreas) y Santiago del Estero (127.527 ha) fueron las provincias con más pérdida de bosques nativos en el período 2015-19, y que en el 2021 Santiago del Estero tuvo 52.290 hectáreas desmontadas.

Este avance de la frontera agropecuaria generó conflictos en distintos puntos del territorio santiagueño entre familias campesinas e indígenas que defienden sus territorios frente a empresarios que buscan ocupar esos lugares. Algunos de esos conflictos terminaron con ataques de bandas o patotas que hirieron o asesinaron a campesinos o indígenas.

Falta de reacción de la Justicia

El Movimiento Campesino de Santiago del Estero (MOCASE-VIA Campesina) está presente en 25 departamentos de la provincia. La mayoría de sus integrantes pertenece a comunidades rurales, indígenas, pero también trabajan en barrios populares de zonas urbanas.

“En el norte de Santiago del Estero hay muchos conflictos latentes” explicó Deolinda Carrizo. “En Florida, Nueva Esperanza, Copo, Monte Quemado, Quimili, Pinto, Añatuya, hay muchos focos y la justicia no actúa”. 

“El territorio de la comunidad La Armonía”, detalló, “viene teniendo conflictos y con este tipo de acciones quieren meternos miedo, pero las compañeras siguen firmes. Doña Rosa crió a sus hijos sola, vivió situaciones de violencia, pero ara, siembra, cosecha, hace queso, cría chanchos, gallinas, genera alimento. No depende de nadie. Ya hicieron la denuncia en el juzgado de Monte Quemado y con el fiscal Gómez, pero preocupa la falta de reacción, hasta el momento no hubo ninguna actuación”. 

Amenazas y resistencia

Luego del ataque que sufrieron, la familia volvió al lugar. “Lo único que quedó en pie fue una pieza de material, pero toda la comunidad los va a ayudar para volver a reconstruir su hogar” apuntó Córdoba.

“Ellos nos amenazan, nos dicen que estemos atentos en la noche, que tengamos cuidados en los caminos, pero somos conscientes y estamos organizados, sabemos lo que es la lucha y la resistencia”, resaltó.

“Estas tierras no tienen ninguna plantación de soja, tenemos una represa, una siembra sin fumigaciones, que nos da agua y alimentos a nosotros y a nuestros animales” describió. “Lo que paso nos da más fuerzas, queremos un futuro para nuestros hijos. La Pachamama tiene estar sana”.  

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