El oficio de cuidar: Un grupo de personas trans se prepara para los cuidados en la vejez

Alrededor de 30 personas trans se capacitan para aprender el cuidado de mayores.

5 de mayo de 2022
Agustina Ramos
Ariel Gutraich

BUENOS AIRES, Argentina. Un curso de cuidadorxs de personas mayores busca brindar más posibilidades de inserción laboral al colectivo travesti trans y resignificar este tramo de la vida. Se trata de una formación dictada por la Dirección Nacional de Políticas para Adultos Mayores (Dinapam), la Universidad de Tres de Febrero (UNTREF), Cruz Roja y la Asociación de Fomento Federico Lacroze, en articulación con el Bachillerato Popular Travesti Trans Mocha Celis. ¿Su objetivo? Repensar las vejeces desde la diversidad sexual y funcionar como puente para el acceso a un empleo formal.

Desde el 14 de febrero de este año, un grupo de 30 personas, de las cuales el 80 por ciento pertenece al colectivo travesti trans, van a cursar tres veces por semana, cinco horas cada vez.

Lo hacen en un espacio brindado por la Asociación Federico Lacroze del barrio porteño de Chacarita y se espera que culminen sus estudios a mediados o fines de mayo.

“Del curso tengo como expectativa aprender, conocer y lograr una salida laboral a futuro totalmente plena. Este trabajo tiene que hacerse con dedicación. Espero que salga algo bonito, ya sea una salida laboral o recibirme y conocer a les viejes en más profundidad: sus cuidados, tratos y derechos”, dice Luciana Micaela Méndez, una mujer trans de 33 años, oriunda de la localidad bonaerense de Ciudadela, que asiste a la formación.

El curso se dicta en la Asociación Federico Lacroze, en el barrio de Chacarita.
Foto: Ariel Gutraich.

Repensar los cuidados

Desde la Mocha Celis resaltan que este curso trabaja en dos líneas necesarias. Por un lado, la cuestión laboral y, por otra, pensar a las vejeces desde una mirada con perspectiva de género y de diversidad.

“Ellas terminan y se les entrega un certificado oficial, además de quedar anotadas en el Registro Nacional de Cuidadores. Implica, entonces, un acceso real a un trabajo formal y pensarse como profesionales con saberes específicos”, explica, por su parte, Agustina Ayub, integrante del equipo de Acceso a Derechos del bachillerato y coordinadora del curso de cuidados para personas mayores.

Agustina trabaja en equipo con Andrea García, que es trabajadora social. Sobre pensar la vejez, suma a las palabras de su colega que se trata de una temática “súper importante” y con poca visibilidad.

“Lo que pasaba antes es que la expectativa de vida del colectivo travesti trans era de 35 años. Ahora se empezó a extender y con eso empiezan a aparecer el pensar cómo van a ser cuidades. Nunca había estado esa posibilidad porque con una expectativa de vida tan corta, era difícil pensar en un futuro. Es una oportunidad ahora de poder entenderse viejas y con la posibilidad de una buena calidad de vida y un buen envejecer”, dice Andrea.

Mónica Navarro, integrante del programa Ancestras de UNTREF, agrega: “Es importante que pensemos, deconstruyamos y performemos otras vejeces fuera del modelo heterosexista patriarcal”. Además, señala que desde su equipo buscan “ese cambio cultural, por vejeces dignas y diversas”.

Luciana, por ejemplo, contó a Presentes que desea para su vejez “tranquilidad”. “Quiero a determinada edad descansar, no ser vaga, pero no trabajar. Despegarme un poco de la locura de la ciudad. Estar en una casita, muy tranqui, en algún terreno grande”, imagina.

El curso le hizo pensar en la importancia que tiene dar apoyo a las personas mayores para que puedan desarrollarse de la mejor manera. Y en este punto, la labor de las cuidadoras se vuelve fundamental. “Les viejes con les que hablo están muy solites. Las cuidadoras son una gran ayuda para la compañía, para tratarlos. El rol de ellas es muy importante, por eso creo que debería ser más valorado, más reconocido o más conocido”, sostiene.

Las palabras de Luciana coinciden con datos del panorama actual. El 10% de las personas mayores de 60 años (alrededor del 743 mil) se encuentran en una situación de dependencia básica, es decir, no pueden realizar por sus propios medios actividades esenciales como alimentarse, bañarse o vestirse. Así lo grafica la Encuesta Nacional sobre Calidad de Vida de Adultos Mayores del INDEC realizada en 2012.

Al mismo tiempo, la población de Argentina se encuentra envejeciendo por lo que la necesidad de cuidados será cada vez mayor. Para el año 2040, la población de 60 años y más crecerá en casi 3,5 millones de personas, mientras que la población de hasta 19 años se mantendrá igual, según proyecciones del INDEC.

Andrea García es trabajadora social y una de las impulsoras del curso.
Foto: Ariel Gutraich.

Cuidar es una cuestión de Estado

En línea con la necesidad de reconocer la labor de los cuidados, el Poder Ejecutivo nacional envió esta semana al Congreso el proyecto de ley conocido como “Cuidar en Igualdad”.

En principio, este proyecto busca crear un Sistema Integral de Políticas de Cuidados de Argentina (SINCA) con perspectiva de género. Esto implica “un conjunto de políticas y servicios que aseguran la provisión, la socialización, el reconocimiento y la redistribución del trabajo de cuidado, entre el sector público, el sector privado, las familias y las organizaciones comunitarias y entre todas las identidades de género para que todas las personas accedan a los derechos de cuidar y ser cuidadxs en condiciones de igualdad”.

Además, entre otras cuestiones, reconoce y promueve el trabajo de cuidados remunerado. En este sentido, obligaría al Poder Ejecutivo Nacional a crear un registro nacional de trabajadorxs del cuidado remunerado en pos de facilitar la instrumentación del SINCA. También buscaría promover “la capacitación, la certificación de conocimientos, la remuneración adecuada y el reconocimiento de profesiones, tareas y oficios considerados trabajo de cuidados”.

Un lugar de aprendizaje y encuentro

En el salón amplio donde se dicta la formación en cuidados hay un pizarrón con el mensaje “Bienvenides!!!” escrito en fibrón. Rodean dos mesas blancas de plástico les alumnes, entre quienes se encuentra Tamara Mori con cuaderno y lapicera en mano. Tiene 42 años, es peruana y hace 15 años se casó con un argentino, lo que la motivó a instalarse en el país. Vive en el barrio porteño de Balvanera y es decoradora de eventos, pero con la pandemia tuvo que cerrar su microemprendimiento. Por esa razón comenzó a buscar capacitaciones “donde pueda volver a insertarse en el mercado laboral”.

“Me avisaron de este curso de cuidadoras y dije bárbaro, porque es algo que además me gusta. Durante mucho tiempo cuidé a mi abuela y lo acepté con gusto”, cuenta a Presentes. Además, destaca el entorno en el cual se dicta la instrucción: “Me gusta que sea dado en un lugar del colectivo LGBT en el cual me siento cómoda y no mirada ni juzgada quizá como sí hubiese sido en otro lado”.

Para ella, “si bien el curso está enfocado en los cuidados del adulto mayor, también nos sirve a nosotras para ver cómo vernos más adelante, en la vejez. No solo cómo vernos sino cómo cuidarnos, cómo estar preparadas para afrontar esa etapa de la vida. Por suerte, gracias a leyes que se han generado a favor del colectivo, sumado a la existencia de lugares donde una puede asistir no solamente a asesorarse sino a obtener un tratamiento de salud, se ha permitido que esos 35 años de esperanza de vida se extiendan para muchas de nosotras. Aunque sigue habiendo muchas necesidades”, dice.

Tamara Nori, una de las alumnas del curso.
Foto: Ariel Gutraich

El viernes 27 de abril dieron presente en una hoja que circulaba por el aula ocho personas que fueron a la clase dictada por Florencia Cascardo, docente e investigadora del Centro de Estudios de la Economía Social de la UNTREF, sobre cooperativas de trabajo. Andrea García cree que por el frío esta vez no pudieron ser todes les estudiantes, que son alrededor de 30 personas.

Para Florencia, “la creación de un sujeto colectivo, que es la cooperativa, fortalece la labor de cuidados” sobre todo porque “es un trabajo que al desarrollarse al interior de los hogares está expuesto a situaciones de vulnerabilidad o de explotación”. Además, considera que es una organización de trabajo interesante de explorar en el marco de la inserción laboral para travestis y trans dadas las dificultades de acceso al empleo que suelen tener.

“¿Quién solventa lo económico en las cooperativas?”, pregunta una estudiante que participa mucho a lo largo de la clase. La docente no tarda en responder, explicando que depende de cada cooperativa, pero que algo en común es que se trata de “otra forma de pensar lo económico que está centrada en las personas y no en el capital”.

Las historias

La alumna es Freditica Murillo y tiene 53 años, “aunque mucha gente no lo crea”, aclara. “Yo soy una persona grande, aunque por fuera se me ve muy joven. Llevo por dentro el peso de la edad”, dice a Presentes. Lleva puesta una campera de jean, una bufanda color mostaza y bebe de una taza con la bandera de Brasil, aunque no condice con su origen dado que hace 10 años llegó a la Argentina desde la capital de Perú.

En los primeros meses en el país del sur del continente se desempeñó en supermercados, hasta que tuvo la posibilidad de trabajar, gracias a otras compañeras trans, en la cooperativa textil Estilo Diversa LGBT. Allí estuvo hasta que “lamentablemente tuvo que cerrar durante la pandemia”, cuenta.

“Este curso me salió como una bendición porque aprendo más, me capacito más y me gusta. Ojalá que yo y mis compañeres tengamos la suerte de tener alguna oportunidad de experimentarlo con una salida laboral para que este aprendizaje se exprese en la práctica”, desea Freditica.

Freditica Murillo trabajó en la cooperativa textil Estilo Diversa.
Foto: Ariel Gutraich.

En línea con ella se expresa Paris Donatella Del Valle, para quien este curso “es una fuente de trabajo”. Paris viene de familia de militares y a los 15 años dejó su hogar porque no aceptaban su identidad de género. También llegó a la Argentina desde Perú y hace 13 años que vive en el país.

Paris Donatella del Valle vive hace trece años en la Argentina.
Foto: Ariel Gutraich.

Actualmente se encuentra desempleada. “Yo soy estilista, pero acá no pude construir trabajo. Me presentaba, pero ya todo estaba completo, no necesitaban personal. Por eso no trabajé, he dejado de lado mi profesión”, cuenta y cree que le “costó conseguir trabajo por ser trans”. “A nosotras nos catalogan como lo peor”, sostiene.

Actualmente está por iniciar el primer año de la secundaria en el Bachillerato Mocha Celis. Luego, le gustaría estudiar periodismo y dedicarse a la sección de Espectáculos.

Al curso llegó para aprender el cuidado de adultos mayores. “Me interesa bastante, es mi primera vez”, dice, y anhela: “Dios quiera que al terminar el curso podamos conseguir un trabajo”.

5 de mayo de 2022
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