Cuerpos gestantes: La experiencia de los hombres trans en el sistema de salud de Guatemala

La discriminación y la mala atención son factores comunes para los hombres trans en los espacios de salud.

26 de abril de 2022
Pilar Salazar
Pilar Salazar

CIUDAD DE GUATEMALA, Guatemala. En 2015, el Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social (MSPAS) de Guatemala aprobó «La estrategia de salud integral diferenciada para personas trans», que llevaba cuatro años en el “cajón”. En ese mismo año, a falta de información sobre la atención en el sistema de salud hacia personas trans, la Agencia Ocote realizó un cuestionario para buscar más información sobre cómo es la atención ginecológica y obstétrica para las mujeres cisgénero y los hombres trans en el norte de Centroamérica. Los resultados muestran que cuerpos gestantes en Guatemala respondieron han sufrido algún tipo de violencia ginecoobstétrica.

Presentes conversó con Alex Castillo, un hombre transexual de 50 años, administrador de empresas y defensor de derechos humanos. Co fundador del colectivo de hombres trans, Trans-Transformación instituido en el 2013 en Guatemala. La colectiva es la primera organización centroamericana y del Caribe dedicada a atender y acompañar de manera integral a hombres trans y personas no binarias asignadas femenino al nacer. 

Para Alex, su proceso de transición al inicio fue muy confuso ya que la hizo a los 43 años. Entonces, no había nada de información sobre identidad de género y salud. Además, fue muy duro renunciar a parte de su historia como su récord laboral, comenta en esta entrevista.

Maternidad impuesta

Alex tuvo la experiencia de pasar por una maternidad impuesta. En ese momento tuvo conflictos muy fuertes, pues según indica, pasó por un proceso de gestación por imposición y no por decisión.

“Siento que fue una de las pruebas más fuertes que me ha tocado vivir. No toco mucho el tema. Por haber sido asignado femenino al nacer, decir que esta etapa era fea para mí, lo único que me ha ocasionado, es crítica y mucho castigo, porque te dicen que un hijo es una bendición y no sé cuántas cosas más… Por eso hablo poco de lo mal que lo pasé.”

El Instituto Guatemalteco de Seguridad Social —IGSS— le negó un servicio en ginecología por un problema de salud causado por el uso de testosterona en el cuerpo. El personal del IGSS argumentaba que él “se había causado eso” y que no tenían experiencia para atenderlo.

Alex Castillo- ¿Han documentado casos de violencia médica desde el colectivo?

-Sí, se han documentado. A través de los estudios que realizamos, podemos ir recabando información, ya que la mayoría de muchaches, no les gusta denunciar, porque el mayor agresor es un miembro de su familia.

– ¿Cómo describirías la atención a las personas disidentes del género femenino asignado al nacer en el sistema de salud público?

-Aunque desde el año 2013, estamos luchando por la implementación de la “Estrategia en salud diferenciada para personas trans”, sigue completamente inoperante en el sistema de salud tanto pública como privada. La mayoría prefiere no asistir, por el tipo de violencia que les toca afrontar en este espacio.

Alex Castillo junto a su nieta.

Los datos de la violencia

Un estudio exploratorio reciente del colectivo Trans-Formación de una muestra de 50 hombres trans demostró que el 88% que respondieron el cuestionario afirmaron que su identidad de género les hace propensos a recibir violencia y discriminación. La violencia más común, indica, es la violencia verbal (65%) y el irrespeto al nombre y los pronombres (63%). Pero también está el acoso sexual callejero, el bullying, el acoso sexual y la violación sexual.

Este medio también conversó con la doctora Yusimil Carranza Hernández. La médica, de origen cubano, llegó a Guatemala con la Brigada Médica Cubana y que ahora se hace cargo de la clínica del colectivo Trans-Formación.

Estudió una especialidad en Atención Primaria e Integral en Salud y también es miembro activo desde el 2019 de la Asociación Mundial para la Salud Integral de personas Transgénero, Transexuales y de género no conforme (WPATH), que promueve los más altos estándares de atención médica a estas poblaciones.

Conocí de la existencia del colectivo a través de su coordinador Alex Castillo Hernández, hombre Trans que rompe todo tipo de barreras existentes”, cuenta la doctora Yusimil.

“Él evidenció la necesidad de una clínica donde no se discrimine, estigmatice y violente a dicha población. Suceso muy común en los espacios institucionales estatales por la falta de información científica e ignorancia respecto al tema. Mi vinculación a la atención de las personas disidentes de género femenino asignado al nacer, nace de esta misma necesidad. Al no contar esta población con espacios amigables, solo con esquemas impuestos por la sociedad”.

Una mirada profesional y empática

La profesional de la salud atiende a una variedad de personas que forman parte del “gran abanico de la diversidad sexual”, dice. Ella se ocupa de lesbianas, gay, bisexuales, intersexuales, queer y más.

Presentes consultó cómo fue su experiencia de atención en general y en las áreas ginecológica y obstétrica hacia las personas disidentes del género femenino asignado al nacer, en general en Guatemala.

“Como especialista en Atención Primaria e Integral en Salud en la clínica no solamente me encargo de la transición hacia el género con el cual se identifican, sino también del control de las enfermedades agudas y crónicas trasmisibles o no, con los respectivos exámenes de laboratorios u otros estudios de ser necesarios. Haciendo énfasis en la gratuidad de la asistencia prestada en todo momento”, afirma.

“No podemos olvidar que los hombres trans tienen vagina. En la mayoría de los casos conservan aún en terapia de reemplazo hormonal, su útero y ovarios. Por lo tanto, dentro de la asistencia ginecológica corresponde una vez al año realizarles papanicolau y según las necesidades encontradas en el examen visual con espéculo y el examen de IVA-A (inspección visual con ácido acético del cuello uterino)”.

La doctora Yusimil Carranza en el consultorio de Trans-Formación.

Violencia en el sistema de salud

El Ministerio Público de Guatemala indicó a este medio a través de la solicitud de acceso a la información pública que del 2019 al 2021 se registraron solamente 200 denuncias a profesionales de la salud.

De ese total: 143 denuncias a médicos y cirujanos donde predominan las lesiones culposas y violencia contra la mujer, mientras que en la especialidad de ginecología solamente registró nueve.

La salud de los hombres trans en Guatemala

El estudio exploratorio encontró que dentro del acceso a la salud se reporta que el 32 % asiste al médico privado cuando se enferma; el 24 %, a hospitales privados; un 28 % acude a hospitales públicos, mientras que el 20 % restante no recibe atención médica de ningún tipo (Martínez & López 2019:26).

Estos datos responden a las deficiencias generales del sistema de salud pública en Guatemala. De 31 reportes de hombres trans que afirman haber sentido discriminación en centros de salud; 65 % de esta población manifestó haberla enfrentado en servicios públicos (Martínez & López 2019:26). 

El estudio recoge que del total de los hombres trans encuestados un 37% ha considerado mayor discriminación de parte de otros pacientes, un 35% han confirmado que la discriminación ha venido de personal de enfermería y un 28% ha afirmado que proviene de médicos y médicas del sistema público.

La experiencia de Giulia

Presentes también conversó con Giulia Maero quien se ha formado como Doula (Asistente profesional para el trabajo de parto que brinda apoyo emocional y físico durante un embarazo, el parto y el puerperio también disponible para personas no cisgénero).

Contó que el haber asistido a un hospital público en Huehuetenango por sospecha de embarazo tuvo repercusiones en la atención que le brindaron como la mala experiencia. Hubo falta de certeza en la prueba de laboratorio para confirmar su embarazo y la confidencialidad del personal médico, que la llevaron a tomar medicamentos contraindicados para su estado de gestación.

Posteriormente la atendió un ginecólogo quien le hizo un supuesto examen médico que Giulia consideró innecesario y lo vivió como una experiencia de violación.

“Hay violencias sutiles que se ejercen sobre los cuerpos gestantes, y me referiré a mujeres porque en esta sociedad otros cuerpos gestantes no son considerados cuerpos. Se cruzan un montón de experiencias más. A parte de estas violencias”, indica.

“Lo que se le exige a las mujeres gestantes y puérperas es un sacrificio total de la existencia de su cuerpo por esta nueva vida. No importa lo que estas sintiendo, físico, emocional sino el bienestar y salud del feto”.

“Todo el mundo se siente con el derecho de tocarte el vientre porque ya no es tu vientre sino porque allí hay un bebé. Todo el mundo opina, y ya sabe que te va costar parir y que no tendrás un parto normal (todo el mundo se vuelve experto en partos).”

“Se necesita extender la maternidad a otros cuerpos gestantes”

Giulia menciona que el médico le impuso la manera en que iba a tener al bebe “porque su pelvis no alcanzaba para que le bebé saliera” cosa que no se basa en ningún conocimiento médico o científico. Además de obligarla colocarse la epidural (una inyección que se coloca en el área de la médula espinal para aliviar el dolor) cosa que según Giulia bloquea todo el proceso fisiológico.

– ¿Cómo deconstruir el concepto de maternidad sobre todo cuando hablamos de cuerpos gestantes?

– Es importante y urgente deconstruir la maternidad. La idea de maternidad es totalmente idealizada, nadie encaja con ese ideal. La violencia reside en el idealizar la maternidad que no tiene que ver con los cuerpos, las emociones y procesos fisiológicos que se dan. Cuando se les exige a las mujeres sentirse felices y plenas, que nada importa más que su criatura esa es una violencia. Y es tan sutil a la vez, que genera tanto sufrimiento en las personas, porque nadie puede caber en concepto de sacrificar la existencia para estar al servicio de otra criatura. Tampoco es sostenible y justo. 

– ¿Cómo ve la sociedad a los cuerpos gestantes?

-No sólo se necesita hacer temblar la tierra un poco más respecto a eso sino tomar posición más radical acerca de lo que la maternidad puede y debe ser. Por otro lado, sí se necesita extender la maternidad a otros cuerpos gestantes. Las instituciones sociales están invisibilizando completamente a otros cuerpos gestantes y todo el sistema está construido alrededor de esta visión de un cuerpo de mujer con su fragilidad femenina, con su abnegación total, su cuerpo al completamente al servicio.

No es una cosa que hay que deconstruir sino un aparato enorme que sostiene todo un sistema, porque al final la reproducción de la vida es una industria. Es un fenómeno natural que se ha convertido en hipertecnologizado, súper controlado por un sistema de poder biomédico que está aliado a todo el sistema político y económico del mundo donde se controlan esos cuerpos.

Los hogares son los lugares más saludables y seguros en condiciones normales. Se convence a las personas que no pueden parir solas y que tienen que tenerle miedo al parto. Que será algo doloroso y que tienen que atravesar ese sufrimiento para ser mujeres dignas y madres. Que no lo pueden hacer solas y necesitan pagarle a un médico.

Aquí la autoridad es el ginecoobstetra para intervenir un parto. La medicina ha estandarizado las intervenciones en los partos cuando realmente no se puede estandarizar, la vida no se puede estandarizar, las necesidades son muy distintas. Deconstruir la maternidad al descontruir las necesidades en el parto y el tipo de atención que las personas necesitan.

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