Es la única teleoperadora trans de salud y le salvó la vida a un bebé

Alma Cristal Barraza ingresó al Sistema de Atención Médica de Emergencias hace cinco años.

19 de abril de 2022
Sandra López Maidana

MAR DEL PLATA, Argentina. Una camioneta llegó de contramano y se estacionó de manera caótica frente al COM (Centro de Operaciones y Monitoreo) de la ciudad de Mar del Plata. Las cámaras indicaron las 2.55 del domingo 10 de abril. Se bajó corriendo un hombre que parecía pedir ayuda y tras él una mujer que se dirigió hacia otra puerta y parecía llevar algo en brazos. Se desencuentran. Ella volvió a la puerta donde estaba el hombre gritando “mi hijo se muere”.

El bebé estaba sin signos vitales. Lo recibió una operadora del Sistema de Atención Médica de Emergencias, lo ubicó sobre su mano y apenas parte de su antebrazo, y comenzó a masajear la espalda mientras trataba de comunicarse con la madre.

La operadora es Alma Cristal Barraza, la primera y hasta ahora única teleoperadora perteneciente al colectivo trans del país del servicio de emergencias SAME. “Agarré al bebé, era un kilo de azúcar. Así de chiquito. Tenía los ojitos y la boquita cerrados y la cara y manitos moradas. No respondía, pero estaba un poquito tibio. Fui a todo o nada. Dado por hecho cómo entró él, yo dije: esto no puede quedar así. Lo primero que hago es darle calor sobre la espalda mientras le preguntaba a la madre -Mamá, mamá, qué pasó, con qué se ahogó, te dormiste, lo aplastaste, por favor, decime, ayudame”. Lo va diciendo de manera acompasada a los movimientos que hace con su mano sobre su pierna, como si aún Marquitos estuviera ahí.

La mamá es Yemina que estaba en total estado de shock y explica que “de esa noche me acuerdo muy poco. Solo puedo recordar que me lo dieron cuando ya estaba bien. Todo lo demás es borroso”.

En las imágenes del circuito de cámaras del organismo se puede ver a una madre estática en una mueca de dolor; un hombre hiperactivo, Marcos Etcheverry, el padre, que caminaba de un lado al otro, desesperado y Cristal con la mirada fija sobre el bebé, “me hice una cápsula impermeable entre Marquitos y yo”, recuerda. Fueron instantes donde el tiempo se detuvo para cuatro seres.

Luego de hacer ciertas maniobras sobre el bebé, y al ver que empezó a dar respuesta, le preguntó al padre qué tiempo tenía. Él dijo 20 días. “Era muy chiquito y muy chiquito para una maniobra de reanimación. Cualquier cosa que hubiese cometido mal le podía romper una costilla, por ejemplo. El desenlace habría sido otro”.

Salvar, siempre

Dice que también hubiera podido excusarse porque no era su función, lo cual es una realidad. Cristal es teleoperadora formada en RCP y en maniobras de emergencia en neonatología y pediatría en cursos dictados por los médicos del SAME para dar instrucciones por teléfono. Alguna vez tuvo que hacerle maniobras de reanimación a un adulto, pero jamás a un niño y menos a un infante.

¿Qué le pasó a Marquitos? Yemina explica que el bebé tiene laringomalacia, una condición que presentan los bebés cuando aún no tienen los músculos de la faringe bien desarrollados y pueden ahogarse.

Cristal cuenta que él es glotón, toma y hay una parte que no llega a ingresar porque se cierran los músculos queda lactancia y se broncoaspiran. Por cuatro meses va a estar así, por lo tanto, los padres tienen que estar atentos, porque puede volver a pasar. Ellos pidieron capacitarse y Cristal se comprometió a conseguirles un curso. “Pertenezco a la Secretaría de Salud (de la Municipalidad de General Pueyrredon) y tengo compañeros que dictan RCP de infantes y adultos. Las herramientas están, y ellos se pueden capacitar y entrenar para una situación que les puede ocurrir y ojalá que ya no”.

Cristal y Marcos, el bebé al que le salvó la vida.

Números que aún no cierran

Reconoce que Mar del Plata es una ciudad inclusiva que apuesta a la diversidad y cuenta con una agenda en la que se celebran las fechas importantes para el colectivo como la Ley de Identidad de género, el Matrimonio igualitario, la Marcha del Orgullo.

Dice que “en su momento con ciertas gestiones se opacan un poco o pierden fortaleza esos derechos bien ganados, pero todas aquellas que ocupamos ciertos lugares hacemos un avance al colectivo. Éramos una minoría súper vulnerable, perseguida, criminalizada. Nuestra estadística de vida era baja y está subiendo porque logramos derechos, acceso a la salud y tener más dignificada nuestra vida”.

Aun así sigue siendo la única en el SAME. Sólo hay una chica en Pilar, Wanda, que entró hace dos años como chofer de ambulancia. “Es una deuda que siguen teniendo las gestiones. La pandemia ya está. No hay excusa. Hay que gestionar todo lo que quedó pendiente, entre ellos, el cupo laboral trans que permitió que tres o cuatro personas entren”. Desde el ministerio de Trabajo de Nación, sede Mar del Plata se gestionó el cupo laboral trans en diciembre del año pasado.

Las últimas estadísticas del 2017 recabaron que, de diez chicas trans, siete carecen de contenidos educativos. “Es discriminatorio hablar de eso, porque si no le das la oportunidad a alguien a que se desarrolle, se cultive y demuestre superarse, es lógico que esa persona va a seguir quedándose ahí”, concluye Cristal.

La visita de la mamá y el papá de Marcos a Cristal.

Estudio y lucha

Antes de entrar al SAME, hace cinco años y ser la primera teleoperadora trans del país en ese cargo también fue pionera como la primera en Argentina en lograr el cambio registral en un certificado analítico de estudios secundarios, al pasarlo del género biológico al autopercibido. Le demoró un año el trámite, pero una vez conseguido lo presentó en (secretaría de) Salud y entró al SAME.

Cursó dos bachilleres, uno pedagógico y otro contable por el Fines avanzado. Se recibió de Orientadora en cuidados de adultos mayores y ejerció casi tres años en el Hogar Ipanema, uno de los más importantes de Mar del Plata.

“De las veinte chicas trans que se anotaron para la capacitación que se dictaba en la Universidad Nacional de Mar del Plata, quedamos cinco y egresamos cuatro. Yo les insistía que tenemos que terminar, tenemos que ocupar otros espacios, son herramientas que nos van a servir para el día de mañana», recuerda Cristal.

«Dejar de pensar que al ser una mujer trans lo único que tenemos destinado era una esquina. Porque así nos hicieron creer, y así creí yo también. Y no. No es así. Estuve un tiempo ejerciendo en la calle sin que mi familia lo supiera y era para ayudarlos. Para vivir, pagar mis gastos, pero no era el lugar que elegía, que quería. Era el lugar que se me imponía. Hay trabajadoras sexuales que eligen estar en ese trabajo, pero el daño corporal que provoca estar en la calle, los fríos, el peligro, las infecciones y los consumos de alcohol, drogas, hace que no sea un ambiente agradable para nadie, pero las que lo eligen, lo respeto”.

Contó con el apoyo, desde siempre, de su familia a la que denomina ‘de diversidad’. “Por una desgracia, recuerda Cristal, me encontré a un montón de primos, primas y tíos que pertenecen a la diversidad. Somos una familia humilde, con padres muy laburadores de ocho hermanos y tengo uno gemelo. Mi otra mitad y me adora. Si bien me alejé para ser yo, para hacer mi proceso de identidad, siempre estuvieron al lado mío”.

Orgullo trans

Con su metro ochenta, melena larga, rubia y muy hegemónica, se sabe llamativa. “Me encanta ser una mujer trans, me encanta decirlo, me encanta que se note, que choquen conmigo y me digan guau, vos estás en Emergencia, portás un uniforme, ayudás vidas. Vos, tu persona, tu estilo de vida. Sí. Yo. A mí me enaltece. Es quien elegí ser.

Vuelve a esa madrugada de tiempo detenido. “Cuando vi que Marquitos salió de su estado, lo llené de besos y le dije bueno, ya estás bien. Se lo llevaron en la ambulancia para la evaluación y volví a mi puesto de trabajo. En eso vi a compañeros que lloraban. No fui consciente de que le había salvado la vida. Después en mi casa me di cuenta que esto es muy importante. Primero porque salvo la vida de un bebé y segundo porque lo hice yo. Porque podemos estar a la altura de cualquier ser humano en cualquier tipo de trabajo, pero carecemos de esas oportunidades”.

Cristal tiene 45 años y hace 27 que está en pareja con su compañero de vida, Luis. La vida la iba a sorprender cuando el mismo día que le dieron el alta al bebé su mamá y papá volvieron al COM, pero esta vez para buscarla específicamente a Cristal. Yemina fue concreta: “Con mi marido decidimos proponerle que sea la madrina, es una forma de agradecerle a ella por todo lo que hizo y porque queremos que sea parte de la vida de Marquitos”.

Y Cristal le dijo a Marquitos una vez más que sí.

Cristal fue la primera persona trans que realizó un cambio registral en su certificado de estudios.
19 de abril de 2022
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