Franco Torchia: “Hay un cristianismo subcutáneo que sigue guionando nuestra vida”

Franco Torchia apuesta a la divulgación de la obra de Marcella Althaus -Reid, teóloga queer argentina a través de su trabajo en “Theodora”, una versión escénica sobre el oratorio de Händel, dirigida por Alejandro Tantanian y recientemente estrenada en el Teatro Colón.

1 de octubre de 2021
Carolina Balderrama
Arnaldo Colombaroli

Escritor, periodista, guionista, activista, y conductor del programa radial ¨No se puede vivir del amor¨ por la radio pública de la Ciudad de Buenos Aires, Franco Torchia hoy apuesta a la divulgación de la obra de Marcella Althaus -Reid, teóloga queer argentina a través de su trabajo en “Theodora”, una versión escénica sobre el oratorio de Händel, dirigida por Alejandro Tantanian y recientemente estrenada en el Teatro Colón. 

-¿Cómo fue esa operación de cruzar estos dos textos, el Theodora de Händel con la obra Marcella Althaus -Reid entendiendo lo lejano de las temporalidades? 

-Hace muchos años leí una nota que publicó el suplemento Soy de Página/12 firmada por  Dolores Curia sobre Marcella, no sabía de ella y me llamó mucho la atención que su obra no solo no fuese conocida en la Argentina sino tampoco por la diversidad sexual ni por los feminismos. Quedé perplejo al respecto de que semejante mujer con ese postulado no sea conocida en el país en el que nació, creció, se formó y luego se fue. Tiempo después entrevisté al artista visual colombiano Carlos Mota que trabaja performance a partir de la obra de Marcella  (él trabaja con shibari y Marcela tiene una zona de su obra vinculada a su práctica bondage y la relación con el sufrimiento, con el sacrificio y con el placer). En ese momento me puse a investigar no sabiendo para qué y ahí quedó. Cuando en marzo me llama Alejandro Tantanian y me propone actualizar o darle una mirada más contemporánea a Theodora, un oratorio de Händel sobre una mártir cristiana del siglo IV que yo no conocía, le propuse trabajar con la obra de Marcella. Ví las conexiones posibles, por supuesto había que sentarse a establecerlas no era fácil pero sí posible y sobre todo porque yo sentí que esta era una oportunidad muy propicia para que Argentina conozca a una intelectual feminista que la mayoría ignora.

-¿Cómo lograron esa contaminación entre los lenguajes?¿Cómo fue ese proceso de actualización de la obra? 

-Sobre el texto establezco la relación elemental, digamos entre aquella mártir del siglo IV (Theodora) y Marcella teóloga argentina autoproclamada indecente en los siglos XX y XXI que murió en 2009 a sus 53 años en Escocia a causa de una enfermedad y que vivió abrazada a la causa de una teología indecente hasta su último aliento. ¿Quiénes fueron indecentes en el siglo IV, cuando el cristianismo era considerado una secta y cuando el Imperio Romano, en una faceta muy decadente, reforzaba sus métodos de tortura y perseguía a los considerados diferentes? y ¿quiénes son en ésta parte de este siglo, o por lo menos durante la última parte del siglo XX, considerados indecentes? Esta es una primera dimensión interpretativa de la puesta. Luego, leyendo mucho a Marcella, descubrí que ella escribió para inundar las paredes, para pintar la catedral, con una escritura vandálica, poética. Todos esos lenguajes que están en la obra están al servicio de lo que queremos ocurra con la obra de Marcella, que la disidencias sexo genéricas, que los feminismos la conozcan. Me parece que su obra tiene fundamentos inmejorables. Hubo y hay otras teólogas disidentes en Argentina pero no estamos en un país en el que las teología disidentes hayan pregnado mucho y eso es para pensar.

-¿Qué sería hoy la defensa de la virtud tal cual aparece en Theodora pero desde los postulados de la obra de Marcella?

-Creo que sería la defensa de la insurgencia, la defensa de la desobediencia, del desacato, el inconformismo. A veces me he preguntado que estaría diciendo Marcella hoy y siempre es una pregunta bastante estéril, porque lamentablemente está muerta, pero estoy seguro que estaría apelando a la inconformidad. Su propuesta es tan profunda que atiende en todo caso el cristianismo que anida en nuestros cuerpos aún más allá de cómo los gestionemos o más allá de lo que queramos o no hacer. Es decir, lo que antes se denominaba la moral judío cristiana, por decirlo de una manera muy sintética, hoy, podemos señalar un cristianismo subcutáneo que sin darnos cuenta sigue guionando nuestra vida, relaciones, afectos, nuestra existencia. Es el triunfo de un cristianismo que olvidó por completo su carácter tan sectario y perseguido como en Theodora que al institucionalizarse en determinadas regiones del mundo, como en la Argentina, pasó a gobernar a las subjetividades en un nivel realmente muy profundo y difícilr de desmantelar. Estoy seguro que la virtud para Marcella hoy, estaría en quienes congregados, no solos, estaríamos tratando de desarmar eso que está en nosotros y que no depende solamente de una administración política o del estado, sino que es algo  que depende de organizaciones colectivas. Al mismo tiempo creo que estaría muy concentrada en el derecho a la fe.

-Hay una frase de Marcella que interpela ese derecho a la fe y se pregunta al mismo tiempo sobre la  ¨resurrección de las distintas muertes, volver a la vida porque la amamos¨.

-Como Jesús. Hoy podemos preguntarnos sobre quiénes son exactamente los resucitados hoy. ¿Qué cantidad de resurrecciones vivimos algunos y no otres? Tomo lo de la congregación, porque en Theodora el papel del coro montado en otras puestas en el mundo era multitudinario, y su papel es interesantísimo, cristianos que están siendo perseguidos pero que en ningún momento dejan de elevar sus plegarias ni doblegar su fe que por supuesto, se ve forzado a obedecer. Marcella pensó siempre en congregación, siempre en grupalidades, en una acción colectiva. Basta ver cómo se la conoce en el resto del mundo y encontramos católicos disidentes que la discuten, la piensan, no sucede esto aquí, tal vez hay que sentarse a pensar por qué. Me parece que además en este momento de la pandemia, la pregunta sobre Dios, la pregunta sobre lo trascendente, sobre el sentido de la existencia también era muy pertinente. Por otro lado, mundialmente las disidencia están afuera de todas las religiones, en mayor o menor medida. Por supuesto que el judaísmo tiene sus expresiones, pero no están reconocidas y así en tantas otras, hoy hay setenta países que criminalizan la homosexualidad, las disidencias y en seis de ellos con pena de muerte. Me resulta muy estimulante repensar el derecho a la fe, por un Dios Marica.

-La obra de Marcella invita a una “teología indecente”. ¿Qué sería eso?

-Creo que la categoría de indecencia puede instalarse. Repensarnos desde ahí tiene mucho que ver con la bienvenida a la mala conducta. Marcella convierte indecencia en un verbo que no está admitido por la Real Academia Española pero que es interesante, y ella propone poder ¨indecentar¨ nuestros cuerpos con nuestras expresiones, con nuestra estética. Podría decirse también, no dejar de molestar o de no dejar de intentar socavar las normas. Y repito, intentar desterrar del todo un catolicismo absolutamente incrustado en cosas que ni percibimos. O, en todo caso, hacer de este cristianismo que está en nosotros un cristianismo subversivo que no nos lleve necesariamente a enemistarnos con Dios o con Jesucristo.

Las cuatro funciones programadas se llevarán a cabo los días martes 28 y miércoles 29 de septiembre a las 20, el viernes 1 de octubre a las 20, finalizando sus presentaciones el domingo 3 de octubre a las 17.

Para seguir conociendo la obra de Marcella Althaus-Reid:

Jueves de octubre a las 18.00hs en  Tierra Violeta

¿La virgen María es la momia de los pobres?

Coordina Franco Torchia junto a invitades.

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