Casi un siglo después vuelve a la luz la primera novela lésbica de Perú

"Confesiones de Dorish Dam", de Delia Colmenares, se publicó en 1929 y tiene una temática lésbica explícita en clave modernista.

23 de septiembre de 2021
Verónica Ferrari

Se presume que la primera novela lésbica del Perú se editó en 1929. Delia Colmenares, una autora que publicó su último poemario en 1950, fue silenciada durante décadas. Murió en 1968 y su obra cayó en el olvido. Hoy, gracias a la labor de la editorial feminista Gafas Moradas, su novela Confesiones de Dorish Dam vuelve a ver la luz.

Según cuenta Lizbeth Alvarado, fundadora de la editorial, sólo había dos ejemplares de esa novela en el mundo: uno en la Biblioteca Nacional del Perú, solo disponible para investigadores, y el otro en la Biblioteca de Wisconsin en Estados Unidos. Gracias al apoyo de la escritora Claudia Salazar, radicada en Estados Unidos, y quien había estudiado la obra de Colmenares, pudo acceder al libro.

 “Confesiones de Dorish Dam es una novela peruana fundacional con temática homosexual (junto con Duque, de José Diez Canseco). Desde Gafas Moradas queremos hacerle justicia a un clásico de la literatura peruana que debe estar otra vez en las librerías. Ese es el objetivo principal de apostar por esta novela. Más allá de esto, la novela me parece increíble. No solo la historia, sino la forma en la que Colmenares aborda la narración, los detalles con los que cuenta y pone en escena a cada uno de los personajes, de sus sentimientos y de sus realidades”, dijo Alvarado a Presentes.

Siendo un libro tan oculto, también iba tomar su tiempo la gestión de los derechos. Alvarado nos lo cuenta: “Fue un gran trabajo de muchos meses y aventura, porque no tenía ningún contacto con la familia. Hice miles de averiguaciones y logré, después de buscar y buscar, contactarme con el bisnieto de Delia Colmenares. Él me dio el contacto de su mamá, la nieta de Delia, y ella fue la pieza fundamental para poder firmar el contrato, pues habló con sus hermanos y todos estuvieron de acuerdo. No fue fácil, pero valió la pena”.

Periodista, poeta y mujer de vanguardia

¿Pero quién era Delia Colmenares? Es poco lo que se sabe de ella, pero su biografía revela a una mujer de vanguardia. Nacida en 1887 en Piura, tempranamente trabajó como periodista en la revista Lulú y luego en La Prensa, escribió obras de teatro que fueron puestas en escena (La fuerza del amor, La mecanógrafa Teresa Vernier), tres poemarios (Iniciación; Meteoro: versos; Colapsos) y dos novelas en donde le toma el pulso a la sociedad peruana de los años 20.

Confesiones de Dorish Dam es una obra transgresora: sus personajes femeninos destilan libertad y placer. Con fino lenguaje modernista retrata a la Lima de las primeras décadas del siglo XX, especialmente a la clase alta de la época, y sus vidas cargadas de lujos y deseos en busca de satisfacción.

Colmenares, no cabe duda, era una mujer de su época (y con influencia de la moral cristiana) pero su escritura escapa por momentos de su educación sentimental para retratar con una enorme carga erótica a mujeres fuertes, aventureras y con licencia para vivir la vida que querían.

En 1928, un año antes de la aparición de esta novela, se publicaron tres novelas lésbicas fundamentales: El pozo de la soledad (Radclyffe Hall), El almanaque de las mujeres (Djuna Barnes) y Orlando (Virginia Woolf). Confesiones de Dorish Dam es la cuota peruana a este largo legado de escribir sobre lesbianas y para lesbianas en tiempos en donde el silencio era la regla.

Y así como el año pasado el feminismo rescató a Miguelina Acosta; y desde el cine se revalorizó la obra de la crítica María Wiesse y de la directora María Barea, como pioneras de su época que luego fueron invisibilizadas, el rescate de Delia Colmenares trae a una mente extraordinaria con todo el derecho a pertenecer al canon literario que la ha mantenido oculta tanto tiempo.

Pasajes de lesbianismo explícito en clave modernista

Desde el prefacio, la novela se presenta como un manuscrito que Dorish Dam entrega a una escritora que conoce en un barco durante una travesía por el Pacífico. Esos escritos son “una confesión” de sus vivencias exóticas y cosmopolitas. Desde esa entrega, la atracción lésbica se hace evidente:  “La bella figura de esta mujer me llamó enormemente la atención. Diríase la sublime y diablesca creación de una estampa de Leonardo Da Vinci. Había en sus ojos de un azul de horizonte algo extraordinario de vida y misterio”.

Cuando Dorish Dam le explica su relación con la Baronesa de Solimán a un invitado a la fiesta: “¿No sabe? Voy a ser sincera con usted, voy a hablarle claro. No me da vergüenza, más vergüenza es para mí ser hipócrita. Sí… la Baronesa es mi gran enamorada, mejor dicho: ella me hace el amor a mí. ¡Es encantador! Cuando recién me conoció me regalaba continuamente flores, perfumes, bombones… iba con ella a todas partes; luego me besaba diciéndome palabras muy bonitas, como que yo era tan buena y tan linda que por ello me admiraba y me quería… Tal como si fuese un macho enamorado de una hembra. Después llegó lo sensual: querer verme el cuerpo para acariciarlo y de la caricia llegaba el vértigo y el espasmo…”.

Un encuentro sexual entre la Baronesa y Dorish: “Y el deseo lujurioso de la Baronesa se revelaba en la mirada ávida por ver y palpar nuevamente mis senos que saqué a su vista para convencerme de lo que iba a hacer. En seguida sus manos los cogieron y los acariciaron. Y luego los besó”.

23 de septiembre de 2021
Verónica Ferrari

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