El futuro es ahora: debemos unirnos a nuestras diversidades y luchar contra el colapso climático

El nuevo informe del IPCC enciende las alarmas para la humanidad, emitiendo cánticos apocalípticos que en sus estrofas entonan cambios irreversibles durante siglos y milenios.

9 de agosto de 2021
Santiago Magariños

Hoy, una vez más, se profundizan las contundencias científicas acerca del colapso socio climático ecológico a nivel planetario.  El gran interrogante es: ¿cuánta evidencia más sobre el diagnostico de situación se necesita para pasar a la acción, para asumir la crisis como tal y actuar en consecuencia?

Se acaba de publicar un nuevo informe científico del IPCC (Panel Intergubernamental del Cambio Climático, el órgano científico de mayor jerarquía en términos climáticos). El estudio fue  elaborado por 234 expertos de 66 países entre los que se encuentran científicxs argentinxs y es una síntesis enunciada de lo que ya venimos viendo estas semanas por las ventanas de las redes sociales: Turquía evacuada, arrasada por incendios forestales; Rusia en estado de excepción  por fuegos en Siberia de una magnitud sin precedentes.  Más incendios en Italia, Grecia  y España. Nieve al Sur de Brasil. Olas de calor en Canadá. Más fuegos y evacuaciones hoy en California.  Muertxs y desaparecidxs en Alemania y Bélgica por las peores tormentas del siglo. Alud en Japón. Inundaciones en China y en Londres. Bajada histórica del Río Paraná en Argentina. Y para coronar el Amazonas, ex pulmón del planeta,  emitiendo más dióxido de carbono del que  es capaz de acumular, debido a la creciente destrucción a la que viene siendo sometido, junto a todxs sus habitantes.

Todo un gran efecto dominó vertiginoso en el que nos encontramos inmersxs, donde el capitalismo colonial globalizado, profundamente extractivista en sus prácticas para su supervivencia ha creado el juego y volteado hace tiempo ya la primera ficha. ¿La última? El abismo inminente de una posible extinción de casi todas las formas de vida en el planeta, incluyendo la humana,  claro. ¿No será hora de ponerle un límite?

El nuevo informe del IPCC enciende las alarmas para la humanidad, emitiendo cánticos apocalípticos que en sus estrofas entonan cambios irreversibles durante siglos y milenios. Resume que incluso si los países comenzaran a reducir drásticamente sus emisiones hoy mismo, el calentamiento global muy probablemente aumentaría alrededor de 1,5 grados Celsius en las próximas dos décadas, lo que implica que los peligros a los que nos enfrentamos aumentan considerablemente.

El futuro es ahora

Casi 1000 millones de personas en todo el mundo pasarían a vivir en zonas de desertificación y stress hidráulico que pondrían en peligro su vida, dando lugar a migraciones masivas y disputas de supervivencia, sumado a la intensificación de fenómenos meteorológicos extremos. Una amplia mayoría de especies animales y vegetales seguirían en vías de extinción resquebrajándose aún más los ecosistemas, empeorando así drásticamente la situación global y el poder de resiliencia regenerativa del planeta.

Al día de hoy, a causa de la acción antropocéntrica, la concentración en atmósfera de dióxido de carbono (CO₂) es la más alta a la que se ha llegado en los últimos 2 millones de años; a la que hay que sumarle las de metano y óxido nitroso —los otros dos grandes precursores del calentamiento en términos de gases de efecto invernadero (GEI). En consecuencia directa el aumento de la temperatura media global está ya en 1,1 grados respecto a los niveles preindustriales; y el ritmo de calentamiento planetario es tal que no hay precedentes de un proceso similar en los últimos 2.000 años. La síntesis del informe es que hemos postergado tanto la reducción de emisiones de combustibles fósiles que ya no podemos evitar la intensificación e incertidumbre de los procesos de quiebre social climático-ecológico (colapso en curso) pero que aún estamos a tiempo de evitar las peores consecuencias.

A todo esto cabe destacar que los informes finales del IPCC suelen emplear un lenguaje conservador porque tienen que aprobarse por consenso entre los representantes de los 195 países que participan en las negociaciones climáticas ante la ONU. Lo que da lugar a considerar que el panorama podría ser aún peor.

Ahora bien, sería estratégico negarse rotundamente a sucumbir al desastre inevitable, a la idea apocalíptica como único destino, muy funcional a ese 1% corporativo que nos trajo hasta acá, porque eso representaría un suicidio colectivo, un alud a nuestras ideas, deseos, capacidades, creatividades, pluralidades de acción y potencialidades. Tomar las riendas de una transición paradigmática es urgente. Lo que está en disputa es quiénes y cómo afrontaremos esta nueva etapa civilizatoria; bajo qué dinámicas crearemos una transición justa, ralentizando el colapso, ejercitando una profunda resiliencia vincular y comunitaria. Antes de que sea demasiado tarde, antes de que los poderes hegemónicos impongan la suya propia. 

Ya no podemos dilatar más la acción. Estamos asistiendo a una masacre social y ecológica sin precedentes que pone de manifiesto los límites del planeta y por ende marca también los límites del capitalismo.  Necesitamos organizarnos, tejernos en redes de cuidado interseccional, aunar luchas bajo un mismo horizonte o piso de justicia socioambiental. No se trata  solo de mantener el planeta por debajo de determinados umbrales de calentamiento global. Estamos disputando la continuidad de la vida tal como la conocemos en este precioso planeta. Quiero negarme (y que te niegues) a ceder a su destrucción total por parte de un sistema depredador, carroñero y medularmente abusivo. Deseo que nos paremos en la defensa de la Vida como si no hubiera más tiempo, pues no lo hay. El futuro inminente está en disputa, y el campo de acción es hoy, urgente. La responsabilidad del mundo adulto no se puede postergar a la esperanza de las nuevas generaciones. Si hay amor por les que vienen, el tiempo de actuar con vehemencia es ahora.   

Lo que los pueblos indígenas tienen para decir

Para finalizar, casualidad o no, el nuevo informe del IPCC emerge en el Día Internacional de los Pueblos Indígenas. He aquí un profundo guiño a nuestras urbanidades, volcar nuestra mirada, atención, apoyo, acompañamiento, espacios y luchas hacía las naciones indígenas en territorios es imprescindible. La resiliencia de las Naciones Indígenas ante el exterminio es histórica y su capacidad para convivir durante milenios en reciprocidad con las demás formas de vida también. Mucho podemos aprender del desenvolvimiento del caminar por el buen vivir y buen morir ancestral. De la pluralidad de culturas y epistemologías no occidentales. Unirnos en nuestras diversidades para asegurar un futuro digno, posible, vibrante. En voz de Moira Millan, Weychafe mapuche: “Al fin y al cabo somos todxs los pueblos del mundo, todos los seres del planeta y las fuerzas que en él habitan una sola identidad: terrícolas, es por ello que el Terricidio debe terminar. Y no estamos solxs en esta terea, la sabiduría de la tierra, la Mapu, es nuestra principal aliada.”

Despertemos.

9 de agosto de 2021
Santiago Magariños

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