Consulado niega repatriación de Kaory, mujer trans hondureña fallecida en México

Kaory había huido de Honduras amenazada de muerte. La activista mexicana Kenya Cuevas reclamó su cuerpo y solicitó su repatriación pero el consulado hondureño la negó.

29 de junio de 2021
Georgina G. Alvarez
Cortesía de Mishelle Calderón Mata (integrante de Casa de las Muñecas Tiresias)

La madrugada del 22 de junio Kaory Cantarero, una mujer trans de 27 años originaria de Honduras, falleció de un ataque cardíaco en un centro de rehabilitación en el Estado de México. La activista mexicana Kenya Cuevas reclamó su cuerpo y solicitó su repatriación, sin embargo, el consulado hondureño negó este servicio por no cumplir el protocolo.

“Ella ya tenía muchas convulsiones en la calle por el consumo de alcohol. El viernes (18 de junio) me llamó y me dijo que quería ir al grupo (de alcohólicos anónimos). La aceptaron, le dieron cuidados, la revisaron y se dieron cuenta que llegó muy deteriorada. En la hoja de ingreso constataron golpes y moretones de tanta convulsión”, explica Kenya en entrevista.

Durante su estancia en el centro de rehabilitación, Kaory presentó convulsiones y delirios y la madrugada del martes 22 de junio sufrió un ataque cardíaco fulminante. “Hablando con el médico legista me comentó que ella ya tenía varios preinfartos pero este fue el que terminó con su vida”, agrega la activista. 

La muerte de Kaory fue confirmada por paramédicos. A los minutos Kenya Cuevas fue notificada y ella a su vez contactó a la madre de Kaory, quien reside en España. “Cuando le di la noticia se puso mal y me dijo que quería ver a su hija, entonces la enlazamos por videollamada con el grupo (centro de rehabilitación)”, menciona Kenya.

Consulado niega repatriación de Kaory

Kenya tuvo que conseguir el número personal del cónsul de Honduras en México, Gabriel Rubio, pues no al marcar al Consulado no atendían. Tras múltiples intentos fallidos, el funcionario finalmente respondió: “ya no se va a poder hacer la repatriación por nuestra parte porque ustedes no respetaron el protocolo”. 

Presentes logró contactarse con Miriam Ávalos, asistente consular, y nos respondió lo mismo: “la señorita Kenya no respetó el protocolo”. Al cuestionar por qué, dijo que “para que se haga la repatriación se debe notificar al momento que fallece un connacional para que el Consulado se encargue de reconocer el cuerpo, de sacarlo de SEMEFO y hacer las diligencias. Una vez que los familiares lo sacaron o lo tienen velando, ellos ya no pueden venir a decirnos a nosotros ‘queremos que ustedes paguen por mandarlo a Honduras’, porque ese no es el protocolo que sigue la cancillería”.

La asistente también subrayó: “y solamente madre y padre son los únicos que pueden hacer la solicitud de la repatriación del cuerpo”. De acuerdo a esta hoja informativa de la Cancillería de Honduras, la solicitud de repatriación la puede hacer un familiar de primer o segundo grado de consanguinidad. 

Al solicitar el cuerpo, Kenya lo hizo como organización civil que tiene esa facultad, no como familiar. Asimismo, la Ley de Protección de los Hondureños Migrantes y sus Familias, menciona que “los recursos del Fondo de Solidaridad con el Migrante Hondureño (FOSMIH) se destinarán para repatriar los cuerpos de hondureños fallecidos en el exterior y cuyas familias no tengan recursos para hacerlo”.

El padre de Kaory desde San Pedro Sula solicitó la repatriación y la funcionaria Ávalos confirmó en entrevista que será él quien reciba el cuerpo en Honduras. Pese a ello, el pago por la repatriación a la funeraria que aún conserva a Kaory no correrá a cuenta del Consulado de Honduras en México sino gracias al apoyo del Comité Internacional de la Cruz Roja. La funeraria aún no da fecha para la repatriación.

Kaory huyó de Honduras por amenazas

“Era muy carismática, para todo le encontraba el chiste, reía mucho, también era muy solidaria”, así la recuerda Kenya Cuevas, quien conoció a Kaory de cerca pues estuvo dentro de la Casa Hogar Paola Buenrostro, un refugio para mujeres trans, fundado por ella.

En 2011 Kaory Cantarero tuvo que salir de San Pedro Sula, Honduras tras recibir amenazas de muerte, apenas tenía 17 años. Ese año y hasta 2015 esa ciudad fue catalogada como la más violenta del mundo, según el Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal. Otro factor para salir de su país es la violencia por prejuicio que enfrentan las mujeres trans; de 2009 a 2020 la Red Lésbica Cattrachas registró 119 asesinatos contra personas trans, mayormente mujeres.

“Entre las causas que obligan a una mujer trans a salir están las violencias estructurales, la ausencia de voluntad política para la creación e implementación de leyes en beneficio de esta población. Honduras no cuenta con leyes que protejan a las personas LGBTI+ y en particular a las personas trans, ni siquiera son reconocidas”, comenta en entrevista Osman Lara, activista LGBT hondureño maestrando ciencias sociales y migraciones internacionales.

El día de su cumpleaños, el 29 de agosto, Kaory decidió “egresar del refugio”. A las pocas semanas de salir empezó a vivir en situación de calle, a consumir alcohol y a ejercer el trabajo sexual en la zona de metro Revolución en la Ciudad de México.

“Durante las jornada en Revolución la intentamos convencer para que regresara (al refugio), pero siempre hubo resistencia y es que, yo lo he dicho siempre, venimos arrastrando muchos monstruos, cosas que nos han pasado. Y Kaory se sumió en una depresión muy profunda porque asesinaron a uno de sus hermanos, eso, más la droga, el alcohol que es una de las primeras demandas en el trabajo sexual para aguantar. Todo eso te envuelve en un círculo vicioso, y es muy difícil salir de ahí y de una vida totalmente precarizada de derechos”, sostiene Kenya.

“No estuvo solita”

El activismo de Kenya Cuevas la ha llevado a recuperar del SEMEFO (Servicio Médico Forense) a cerca de 40 cuerpos de mujeres trans para que no sean enterrados en fosas comunes, esto gracias al acta constitutiva de su organización, Casa de las Muñecas Tiresias, que le permite reclamar; identificar; velar y enterrar, y así dignificar sus muertes.

Kaory no fue la excepción. “Solicité el cuerpo porque sé que ellos no iban a investigar de dónde era, conozco el sistema y eso iba a provocar que ella fuera a una fosa común. En todo ese rato también estuve marque y marque y marque al Consulado de Honduras y nunca me contestaron”, cuenta Kenya en entrevista.

Kenya dice estar decepcionada, pues ante el llamado de apoyo no hubo respuestas. “Estoy indignada con toda la comunidad LGBT y los activistas. No hubo nada de apoyo, ni en redes, ni en el velorio, nadie se preocupó, ni el comité de la marcha. Las únicas que apoyaron fueron el CAIT, Haciendo Calle, las mismas trabajadoras sexuales y un joven que llevó café y se quedó hasta las tres de la mañana”.

Kenya asumió los gastos funerarios para velar a Kaory en la Ciudad de México: 5 mil pesos por dos días, pero se alargó a cuatro noches. Al cuestionar por qué, ella dice “es que solo así podían ir a verla las personas que sí la conocieron en Revolución. No estuvo solita”. Kaory fue despedida con shows de imitación, música y coronas de flores.

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